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Capítulo 9

—¿No crees que últimamente el jefe Baek se está pasando?

El tipo con el tatuaje de tigre, sacudía vigorosamente las sábanas y las extendía en el tendedero mientras miraba a su alrededor. El hombre que se encontraba a su lado interrumpió su comentario chasqueando la lengua, moviendo su barriga prominente al emitir aquel sonido.

—Cierra tu maldita boca, te están escuchando.

—Que escuchen, qué más da. Últimamente está tan obsesionado con el agujero de ese fiscal que nos tiene a todos olvidados.

—Bueno, sí, siempre me pregunté cuándo se iba a tirar a ese guapo fiscal. 

—Si me dieran la oportunidad de cobrarme lo que me debe ese cabrón, no me bastarían tres días y tres noches. Pero ahí está, sentado todo el maldito día, lamiéndole el culo. ¡Maldita sea! —El hombre apretó sus dientes con fuerza, mientras continuaba sacudiendo las sábanas de Jihoon las cuales previamente estaban cubiertas de semen seco.

—Al paso que vamos, terminaremos lavándole también los calzoncillos.

—Si solo fueran los calzoncillos sería algo, nosotros estamos acostumbrados, pero el tipo de la cicatriz, el que siempre ha sido su mano derecha, ahora ha perdido su puesto ante el fiscal, mientras ese prostituto le chupa la polla, él se queda de guardia. ¡Qué ridículo!

—¡Ja, ja, ja! Al menos el hyung cicatriz debe disfrutar, ¿no? Viendo cómo le chupan la polla al jefe mientras hace de guardia.

De repente, el gordo con la barriga enorme golpeó con el codo al tipo con el tatuaje de tigre, haciéndole una señal con el rostro. Cicratriz, con una expresión de furia desfigurada, se acercaba hacia ellos.

—Oye, recoge eso.

Frente a ellos cayó una prenda, evidentemente era la ropa interior del fiscal empapada en semen.

—H…hyung, esto es….

Cicatriz no pudo contener su rabia y se desplomó en el suelo, agarrándose el cabello con desesperación. Aunque él era un delincuente, fuera de estas paredes mantenía cierta reputación como un tipo duro, pero ahora lo habían reducido a lavar los calzoncillos empapados de semen de un prostituto.

—¡Maldita sea! ¡En toda mi vida, nunca pensé que acabaría lavando los calzoncillos sucios de un prostituto después de una sesión de sexo! ¡Todo por culpa de ese maldito cabrón! —Cicatriz empezó a golpear el suelo con sus puños, presa de la furia.

—¡Aaah! ¡Maldita sea, duele mucho!

Cicatriz había perdido por completo el control, saltaba como si le hubieran prendido fuego a sus pies, sus ojos se encontraban desorbitados mientras maldecía una vez más como loco.

—¡Maldita sea! ¡Está tan obsesionado con el agujero de ese tipo que ha perdido la cabeza!

El gordo y el tipo con el tatuaje de tigre voltearon rápidamente, nerviosos de que alguien los escuchara, no sabían si fingir que no oían nada o asegurarse de que nadie estuviera cerca. Lo único claro era que ninguno de los dos tenía el valor de intentar calmar a cicatriz, que seguía despotricando fuera de sí.

—¿A ustedes no les pasa lo mismo?

—¿Qué, qué quiere decir, hyung?

—Me refiero a ese maldito Doksá*, ya saben, el bastardo.

Doksa (독사) significa serpiente venenosa

—Hay.

Debido al enorme tatuaje de serpiente que empezaba en ambos omóplatos y se extendía por su brazo izquierdo, Baek Hyeon era conocido en secreto como ‘Dokkaebi’ dentro de la prisión. No obstante, nadie se atrevía a referirse a él de esa manera tan informal, hablando de Baek Hyeon, líder de la organización “Cheongsanpa”, un matón común y corriente no tenía derecho a mencionar su nombre tan a la ligera. Era una regla tácita, un tabú que todos respetaban, Cicatriz había cruzado esa línea con demasiada facilidad, lo que puso a los otros dos en estado de alerta, pues con solo haber escuchado esas palabras, ya se sentían como cómplices, llenos de miedo y ansiedad.

—¿Creen que el jefe puede mantener su dignidad así? Eso es lo que digo.

—H…hyung…

—¡Maldita sea! ¿Cómo diablos se supone que un tipo que antes fue fiscal, un simple bastardo, de la nada lo tiene comiendo de la palma de su mano? ¡Está perdiendo el control por completo!

La verdad es que nadie estaba del todo satisfecho con la situación y no era para menos, ya que Seol Jihoon, el fiscal en cuestión, había sido despreciado por muchos de los prisioneros, quienes esperaban con ansias el momento de su encarcelamiento para vengarse de él.

Pero en lugar de venganza, todo lo que hacían era lavar sus calzoncillos, limpiar su celda y llevarle comida a su cama cuando no se sentía bien. Lejos de cumplir su venganza, ahora se encontraban sirviéndolo como sus lacayos.

Para ellos, ver a su jefe, a quien respetaban y seguían, completamente atrapado por el encanto de un fiscal cualquiera, era una humillación insoportable. Los gánsteres vivían y morían por su orgullo.

—Bueno, eso puede ser cierto… pero si el jefe Baek lo cuida tanto, no hay mucho que podamos hacer, ¿verdad?

—¿Que no hay manera? ¡Claro que la hay! Solo hay que eliminarlo.

—¡Hyung!

Esta vez, los dos se quedaron helados, como si acabaran de oír a un traidor conspirando contra el jefe.

—Pero, pero… ¿Y si nos descubren…?

—¿Descubrirnos? ¡Por Dios! ¿Crees que no tengo cabeza? Siempre podemos culpar a otro idiota. ¿Acaso tienen el cerebro solo de adorno?

—¿Q-qué planea hacer…?

El gordo contuvo la respiración, nervioso. Las sábanas, ondeaban con el viento, era un buen día, ideal para que la ropa se secara rápido.

—Pronto van a soltar a Park Pildu de la celda de aislamiento.

—…

—¿No te acuerdas? Ese bastardo terminó ahí por romperle el culo a otro tipo después de sodomizarlo.

—Pero… el fiscal está bajo la protección del jefe Baek…

—¿Y cuándo demonios ha sido un problema para ese imbécil lanzarse sobre alguien? Solo espera. Si montamos bien la escena, podríamos deshacernos de ese maldito en un abrir y cerrar de ojos.

El gordo y el tipo del tatuaje de tigre se miraron el uno al otro. Este tipo, con su cicatriz en la cara, realmente pensaba diferente… No era como ellos, que solo habían pasado sus vidas arrastrándose por callejones como matones de poca monta.

Ambos tragaron saliva, sintiendo una mezcla de fascinación y miedo. ¿Realmente algo podría perturbar la paz establecida por la fuerza en este lugar? Sus ojos brillaban con una mezcla de curiosidad y terror ante la posibilidad.

***

Jihoon, se encontraba doblando algunas mascarillas y metiéndolas en una bolsa de plástico transparente antes de levantar la cabeza.

—¿Por qué sigues mirándome?

Casi se le escapaba un “maldito” al final de la frase, pero logró contenerse. Miró a su alrededor; todos estaban con la cabeza metida en su trabajo, concentrados en la tarea de empaquetar. Jihoon se había ofrecido como voluntario para trabajar en la fábrica, ese día su tarea consistía en empaquetar mascarillas en bolsas de plástico.

—Y tú, ni siquiera trabajas. ¿Por qué viniste?

—Se supone que hoy empiezo con esto.

Baek Hyeon levantó una de las tiras de las mascarillas y la dejó caer sin más. Aunque era evidente que no estaba trabajando de verdad, llevaba ya 30 minutos sentado junto a la fiscal, fingiendo que trabajaba.

Si Jihoon no salía a hacer algún tipo de tarea, su destino sería pasar el día entero encerrado en la celda, siendo usado por Baek Hyeon, así que cualquier oportunidad de salir era mejor que quedarse encerrado.

—¿No te aburres? Ya llevamos 30 minutos haciendo esto.

Jihoon quiso preguntarle si no se aburría de estar todo el día usándolo sexualmente, pero no quería ni mencionar, ni siquiera insinuar tal acto, por lo que apretó los labios y lo ignoró.

—Si estás aburrido, deja de hacerlo.

—Me aburro de trabajar, pero nunca me canso de mirarte, fiscal.

—Vete a la mierda.

Ante la respuesta irritada del fiscal,  Baek Hyeon se recostó en la silla, apoyando su hombro izquierdo en el respaldo y luego gritó al hombre que hacía ruido con las bolsas de plástico.

—¡Oye!

—¿Eh? ¿Sí?

—Acaba tú con esto.

—¿Qué? Pero si ya estoy haciendo el trabajo del jefe…

—¿Y qué? ¿Acaso estás ocupado? ¿Tienes algo mejor que hacer, vago de mierda? Tienes todo el tiempo del mundo.

El guardia que asomó la cabeza para ver qué estaba pasando, retrocedió cuando Baek Hyeon lo miró directamente.

—Déjalo ya, haré mi propio trabajo, así que no toques nada. Te lo ruego.

Jihoon había oído rumores sobre otros reclusos molestos porque Baek Hyeon siempre les hacía hacer su trabajo. Aunque Baek Hyeon no se molestaba en escuchar esas quejas, el fiscal era diferente. No soportaba la idea de no hacer su parte, y menos aún que su falta de esfuerzo aumentara la carga de otro.

Además, sabía que esas quejas, aunque reprimidas por el momento, algún día estallarían. Y cuando la protección de Baek Hyeon se desvaneciera, la furia acumulada caería sobre él.

Jihoon temía más a los matones sigilosos que ocultaban sus dientes afilados y garras, que al mismo Baek Hyeon, que exigía constantemente su satisfacción.

Baek Hyeon se acarició la frente unas cuantas veces, visiblemente molesto, antes de levantarse. Luego, de un solo movimiento, barrió todas las mascarillas que estaban asignadas a Jihoon con el brazo, haciendo que cayeran al suelo.

—…

—¡Oye! Ven aquí y recógelas.

No estaba enojado con el fiscal directamente, cuando no lo obedecía, Baek Hyeon descargaba su ira en cualquier otro que se cruzara en su camino. Era un hecho conocido que el jefe podía explotar en cualquier momento, como un perro rabioso atacando al azar.

Finalmente, el hombre que estaba detrás de ellos se levantó y empezó a recoger las máscaras que habían caído al suelo, su cicatriz en la cara se crispaba visiblemente. Desde el principio, Baek Hyeon lo había traído  solo para que hiciera el trabajo de Jihoon.

La nuca de Cicatriz se erizaba mientras recogía las máscaras del suelo.

Jihoon no pudo hacer otra cosa más que quedarse allí, inmóvil, sabía que si se ponía a recoger las máscaras, Baek Hyeon tiraría todas las que quedaban en la sala de trabajo, revelando su carácter explosivo.

—Tú. Levántate y sígueme.

La regla que dictaba que no se podía abandonar la estación de trabajo durante el tiempo asignado nunca aplicaba para el jefe Baek Hyeon y ahora tampoco aplicaba para Jihoon. Este último se levantó lentamente, preparándose para seguirlo. El fiscal estaba harto, tanto del tiempo que parecía no avanzar como del deseo insaciable de Baek Hyeon, que nunca parecía apagarse.



RAW HUNTER: DONACION
TRADUCCIÓN: IDGAMEOVERXX
CORRECCIÓN: ROBIN



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