Capítulo 10
Contrario a lo que Jihoon esperaba “ser llevado nuevamente a la habitación para seguir cogiendo”, Baek Hyeon lo condujo al invernadero del jardín de la prisión. A pesar de ser una temporada fría, dentro del invernadero la temperatura se mantenía estable, lo suficiente para no sentir frío con solo el uniforme naranja.
—… ¿Qué es esto?
—Pensé que los hermosos ojos del fiscal estarían cansados de ver siempre a los mismos tipos aburridos.
El jardín era comunitario y estaba gestionado por la prisión. Dicho jardín era parte de un programa terapéutico diseñado para mejorar la salud mental y emocional de los reclusos y dado que había una alta demanda para participar, conseguir un lugar allí era casi imposible por lo que rara vez se aceptaban solicitudes adicionales,
dentro no había nadie más por lo que Baek Hyeon probablemente había arreglado que dejaran vacío aquel lugar, ya que su influencia podía lograr cualquier cosa.
—Lo más agotador es tener que verte a ti.
—Maldita sea, ignoras mi esfuerzo como si fuera nada ─contestó Baek Hyeon, rascándose la nuca con irritación, visiblemente molesto por el desprecio.
«¿Estaba intentando recrear una especie de cita?» Jihoon solo sentía más cansancio acumularse sobre él y aunque podía pasar por alto la “consideración” que Baek Hyeon había tenido al traerlo aquí, el simple hecho de estar en ese lugar no hacía que su fatiga desapareciera, el fiscal giró un poco la cabeza para relajarse aunque no esperaba alivio alguno.
El invernadero era modesto, geranios en tonos blancos, rosados y rojos crecían en pequeñas macetas de barro, mientras las suculentas se mantenían hinchadas y saludables en la tierra arenosa.
Jihoon nunca había prestado atención a los nombres de las flores. Sumergido en su rutina diaria, entre documentos y criminales, ni siquiera notaba cuándo las plantas en su ventana morían por falta de riego, siempre que una maceta marchita era retirada por el encargado, otra nueva la reemplazaba, por lo que, para él, las plantas eran simplemente objetos inmóviles que ocupaban el mismo lugar una y otra vez.
—No me digas que no te gustan las flores —murmuró Baek Hyeon, frustrado, como si hubiese esperado que Jihoon se conmoviera por haberlo traído allí.
Simuló patear una maceta de suculentas en el suelo, aunque Jihoon se sorprendió de que no lo hiciera de verdad. Tal vez, por eso, decidió hacer un pequeño esfuerzo para corresponderle.
—Nunca me han interesado mucho…
—¿Cómo puede alguien tan lindo como tú no tener interés en las flores? ─Interrumpió Baek Hyeon, cruzando los brazos y pateando el suelo con la punta del zapato.
—…¿Qué?
—Eres tan bonito, debe ser porque te gustan las cosas bonitas, ¿verdad?
—¿Y tú qué has visto en tu vida para terminar siendo un desgraciado? ─La pregunta de Jihoon fue secamente ya que no podía encontrar humor en la situación.
—Yo no he visto cosas bonitas, por eso soy así ─replicó Baek Hyeon, con un tono que lo dejó desconcertado.
—¿Y por qué no has visto cosas bonitas en toda tu vida?
—Maldita sea, porque te conocí muy tarde, ¿Qué esperabas que hiciera?
—…
—¿Quién sabe? Si te hubiera conocido un poco antes, puede que hubiera vivido sin cometer crímenes.
—Si me hubieras conocido antes habría sido porque empezaste a delinquir aún más temprano ─Jihoon frunció el ceño incómodo por las tonterías que Baeek Hyeon no paraba de decir. Con los brazos cruzados, Baek Hyel jefe de la organización se inclinó hacia él, acercando tanto su rostro que sus narices casi se tocaban.
─Ah… Maldita sea, si te hubiera conocido antes no te habría dejado ser fiscal, te habría hecho mi esposa.
─Déjate de estupideces y lárgate.
Después de todo lo que había hecho al forzarlo a abrir las piernas y hundirlo hasta lo más bajo, usar palabras como esas no iban a crear una historia de amor entre ellos. Baek Hyeon ni siquiera parecía estar hablando en serio ya que no paraba de reírse.
—No esperaba que te gustara, pero es muy propio de ti, fiscal.
—Si lo sabes, deja de decir idioteces.
—Aún así, en el mundo en el que me muevo, esta es la mayor muestra de romanticismo que tengo.
—¿Romanticismo? ¿Obligándome a hacerte una mamada y metiéndome un consolador?
—Ese es solo mi modo de reclamar lo que es mío.
Jihoon ya no quería seguir hablando, ellos no vivían en el mismo mundo y aunque usaran el mismo idioma, no se entendían. Cualquier intento de conversación entre ellos era una pérdida de tiempo y le resultaba extremadamente desagradable, sin dudarlo más, Jihoon se giró y comenzó a caminar hacia la salida.
No tenía sentido gastar palabras en un tipo como él.
—¡Eh, fiscal! ¡Espera un segundo!
Escuchó los pasos de Baek Hyeon apresurarse detrás de él. Este se le adelantó y se plantó frente a Jihoon con los brazos abiertos, sosteniendo en los labios una flor de geranio rojo que acababa de arrancar.
Baek Hyeon, sin ninguna vergüenza, tomó la flor de sus labios y se la colocó detrás de la oreja izquierda, sabía muy bien cómo sacarlo de quicio, y no tenía problema en hacerlo de la manera más absurda posible.
—Estás loco —Jihoon arrancó la flor de su oreja y la tiró al suelo, para luego pisotearla con fuerza, destrozándola.
—Oh… —Pero Baek Hyeon, sin inmutarse, rebuscó en su bolsillo y sacó otra flor, esta vez un geranio blanco. Con el mismo descaro, se la colocó en la oreja derecha.
—¿Ves? Hubiera sido mejor si solo hubieras cooperado desde el principio, casi me rompes el corazón.
Era algo tan absurdo que podría hacer reír hasta a un perro.
—Maldito imbécil, siempre con lo mismo.
—Yo no me disculpo.
—Ya lo veo.
—Nunca lo he hecho.
Baek Hyeon esbozó una sonrisa que Jihoon no pudo descifrar, pero entendió el significado. Ese bastardo nunca se había disculpado en su vida, si alguna vez hubiera llegado a un punto en que tuviera que hacerlo, seguramente habría preferido matar a la persona en lugar de pedir perdón.
Jihoon volvió a tirar la flor al suelo, dispuesto a pisotearla también, pero esta vez Baek Hyeon se arrodilló rápidamente y la recogió antes de que su pie pudiera aplastarla. El jefe de la organización sopló la flor para quitarle el polvo y volvió a colocársela, ahora en la oreja izquierda.
—El fiscal tampoco se disculpa, ¿verdad?
—No lo haré contigo.
—Entonces, ¿qué esperas a cambio? ¿No quieres nada?
—No quiero nada de alguien como tú.
—¿Por qué no?
—Porque me desagradas.
No tenía expectativas de que le ofreciera algo como un gran servicio o un favor, ni de que le diera algo que realmente valiera la pena. En realidad, no quería nada de eso.
Lo que más deseaba en ese momento era que Baek Hyeon desapareciera de su vista. No, en realidad, lo que más anhelaba era salir de este lugar, limpiar su nombre y regresar a su vida como Seol Jihoon.
No deseaba nada más.
—¿Y cuando tú quieres algo, qué haces, fiscal? —Baek Hyeon, curioso como un perrito, inclinó la cabeza y preguntó.
—Intento conseguirlo, y si no lo logro, entonces lo dejo ir.
—¿Por qué dejarlo ir?
—Porque, maldita sea, la gente no puede tenerlo todo. Las personas que luchan y matan por conseguir lo que desean son las que se convierten en criminales.
—Yo siempre he conseguido lo que he querido de esa manera —Baek Hyeon continuó con voz baja y seria. La chispa juguetona de antes se había desvanecido junto con su sonrisa—. Nunca he pensado que esté mal lo que hago.
—Eso se nota.
—Por eso es raro.
—¿Qué es raro?
—Que me odies.
—… —Baek Hyeon acarició la flor blanca de geranio que tenía en la oreja, como si acariciara un rostro. Su toque era delicado, pero no mostraba vacilación.
—Joder, ¿por qué no te gusto?
—…
Jihoon pensó que la percepción distorsionada del afecto de este hombre estaba mal desde el principio, era una deformidad que no podía corregirse y él no tenía ningún deseo de corregirlo, creía que vivir así hasta la muerte le quedaría bien.
Sacó la flor de su oreja y la dejó en la palma de Baek Hyeon, luego tomó su mano con fuerza, apretándola hasta que los suaves pétalos se arrugaron feamente en su mano.
—¿Crees que tener una flor así tiene algún significado para ti?
—…
Jihoon dejó caer la flor hecha trizas al suelo.
Ya no era una flor a sus ojos, sino solo un trozo arrugado rodando por el suelo. Para demostrar su desprecio, la pisoteó antes de darse la vuelta.
—¡Ay! ¡Suelta! ¿Qué estás haciendo?
De repente, la altura de Jihoon se elevó cuando Baek Hyeon lo levantó, agarrándolo y lanzándolo bruscamente al suelo, aferrándose a una columna, Jihoon sintió cómo sus pantalones se deslizaban con facilidad.
—Ugh, ugh. Ugh.
No había más que ese muro de estantería con macetas en el que Jihoon pudiera apoyarse. , por lo que se aferró ahí, soportando el peso que lo empujaba desde atrás.
—Hijo de puta, a mí me gusta.
UGH, UGH.
—Para mí algo así también es increíblemente hermoso.

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TRADUCCIÓN: IDGAMEOVERXX
CORRECCIÓN: ROBIN