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Extra 5

Ya era el final del invierno y, como siempre, se acercaba el festival de primavera, el que era bien conocido como el día de la Santa Flora.  

Preparar dicha celebración primaveral era tarea de la Emperatriz, Chloe. Además, en esta ocasión, la delegación de Borta, un nuevo país con el que recientemente habían establecido relaciones diplomáticas después del Año Nuevo, llegaría al Imperio de visita, por lo que había aún más preparativos que hacer.  

El día de Santa Flora conmemoraba a la divinidad de las flores, quien se dice que había aparecido hacía cien años. Originalmente, el festival se celebraba cada cuatro años, pero, debido a un accidente inesperado que sucedió el año pasado, se había cancelado. Es por eso que, en esta ocasión, debían prepararlo de nuevo.  

Sentada frente al escritorio, y sumamente ocupada con la organización del evento, Chloe, de repente, sintió una inusual curiosidad al leer uno de sus documentos.  

[La última Santa de las flores, que había visitado estas tierras, fue “Santa Flora”. Desde entonces, en cien años, no ha aparecido ninguna divinidad…]

En silencio, un pensamiento surgió en su cabeza.

«Ni una sola vez…  ¡Qué extraño…! ¿Realmente existió la Santa?» 

La joven Emperatriz, abstraída, repitió, para sí, una palabra, que la atraía de forma misteriosa.

—Santa…  

En trance, sus memorias se volvieron turbias, con frases sin sentido completo, pero que no podía evitar decir para sus adentros.

«… Algún día, la gente del futuro… La conmemorará… Quizás con un festival a su nombre…»  

Al instante, Chloe se encontró con un dilema. Algo le impedía recordar quién era esa persona y, a su vez, la cordura luchaba buscando el olvido de ella. Pero, una cosa estaba clara: la joven Emperatriz, no se sentía dueña de aquellos pensamientos.

 

«Eso no puede ser… Pero, ¿quién…? ¿Quién era ella? Alguien muy importante para mí… Con la que compartía más de una conversación… Ella era…»  

¡PANG!*

*Un pinchazo de dolor. 

De repente, le empezó a doler la cabeza y, ante esto, Chloe se llevó una mano a la frente y soltó el bolígrafo que sostenía.

 

—¡Ugh! ¿Qué me acaba de pasar? Debe ser agotamiento… Ya no sé ni lo que estoy haciendo… 

Al recostarse en el respaldo de la silla, la Emperatriz vio el cielo azul a través de la ventana. Estaba despejado y, la sensación que la invadió fue como si alguien la estuviera cuidando y observando desde aquel firmamento azul, como si hubiera un ángel en el cielo. 

En ese momento, su mente se volvió a nublar. 

 

«¿En quién estaba pensando…?»  

Mientras Chloe preparaba el Festival de primavera, alguien había venido a su mente, pero al final, no logró recordar nada. Era algo impropio de ella y, de hecho, se trataba de un suceso insólito. No obstante, la joven Emperatriz siguió con los preparativos del evento como si nada hubiera pasado, quedando, nuevamente, en el olvido. 

  • ┈┈┈••✦ ♡ ✦••┈┈┈•  

Con la llegada del día de la Santa Flora, invitados distinguidos de todas partes acudieron al Palacio del Imperio de Astart. Aunque el festival aún no había comenzado, el baile de bienvenida para los nobles los mantuvo ocupados.  

Después de recibir a los enviados de Borta y otros visitantes extranjeros, Chloe, con su cuerpo cansado, se retiró a un rincón de la sala.  

—Dicen que establecer relaciones con Borta fue mérito de Su Majestad la Emperatriz. ¿Ves? Siempre dije que en diplomacia superarías a Raymond.—dijo Daria, que había llegado un día antes de lo previsto.

Ella agitaba su abanico con elegancia mientras hablaba con Chloe, quien se encontraba a su lado.  

Desde el Año Nuevo pasado, Chloe y Daria habían llegado a conversar con confianza en privado. Además, la Duquesa de Carolina siempre aprovechaba para recordar a los demás que Chloe, aún no cumpliendo un año como Emperatriz, era asombrosa al ya mostrar logros notables en asuntos diplomáticos.  

—Fue suerte.—respondió Chloe, retorciendo un mechón de pelo con el dedo, pues se sentía algo avergonzada con las alabanzas de su amiga.  

Resulta que un joven, que había visitado el Imperio durante el Año Nuevo, era nada menos que el Príncipe Heredero de Borta, quien ocultaba su identidad en ese momento. Es más, para colmo, él, como muchos hombres del Imperio, se había enamorado de ella. Por supuesto, a Raymond no le había gustado nada, pero, al final, fue la oportunidad para establecer relaciones con Borta.  

Mimy: ¿WTF? Entonces no es por habilidad diplomática… Esto debería ser un Omegaverse. No quiero pensar qué pasaría si hubiera alphas cuando Chloe estuviera en celo. En fin, voy a hacer un meme en honor a mi teoría loca que, inesperadamente, empieza a cobrar demasiada forma al punto de asustarme. Lo siguiente será un Doujinshi, o algo por el estilo.

 

—La belleza también es una habilidad, ¿sabes?—continuó la Duquesa. 

Mimy: No, Daria, no. Esto no es solo belleza, lo cual es algo muy subjetivo. Por muy hermoso que uno sea, hay cosas como personalidad, carácter, etc. Y no, no es la excusa de los feos, con los años el aspecto joven y lindo se pierde, es efímero y las tendencias, sobre lo que se considera bello en la sociedad, cambian. 

—Pero es un poco frustrante… Me esforcé tanto para estar al lado de Raymond, con mis estudios y responsabilidades como esposa… Sin embargo, al final, parece que solo me ven como una mujer un poco más bonita que las demás.  

—No te preocupes, Chloe. Tus habilidades no se limitan a tu belleza. Si fuera solo por eso, entonces, ¿por qué incluso hasta las mujeres nobles más orgullosas te mostrarían simpatía?—contestó Daria con una suave risa burlona—. ¿Acaso la Emperatriz del Imperio Astart cree que su belleza es suficiente para seducir a todos, sin importar género o edad?  

—No es algo que Daria, quien alguna vez vio a Raymond como su rival en el amor, debería decir.—rebatió Chloe de inmediato, recordando cómo Daria, una vez, le había hecho la broma de proponerle matrimonio.  

—¡Qué dices! ¿En serio te lo creíste? ¡Soy heterosexual! ¡El próximo otoño incluso tendré mi boda!—protestó la Duquesa indignada mientras sus mejillas se teñían de rojo. 

En ese momento, Chloe no pudo evitar mirar de reojo al novio de Daria, Walter Lucas. A diferencia del temperamento fogoso de ella, él tenía una apariencia de carácter amable y apacible. 

Mimy: Me alegro tanto por ti, Daria. 🥹 

Después de convertirse en la Duquesa de Caroline, Daria había logrado estabilizar rápidamente el Ducado, el cual estaba en caos debido a la rebelión del anterior Duque. Sin embargo, durante su visita al Palacio en el Año Nuevo, Sir Lucas aún no estaba a su lado.  

La noche antes del banquete de Año Nuevo, es decir, la última noche del año, Chloe se había colado en la habitación de Daria para beber vino a escondidas de Raymond y charlar con ella.  

Cuando las botellas vacías empezaron a acumularse, Chloe sacó el tema de Walter Lucas.  

—¿Todavía no te has reunido con Sir Lucas, Daria? 

—Bueno, es que…

  

—¡Me dijiste que encontrarías el valor!—exclamó Chloe, cuya voz sonó más fuerte de lo normal debido al alcohol. 

Con el mismo gesto que solía hacer Besty para demostrar su determinación, Daria también se levantó de un salto y cerró los puños.  

—¡Sí, valor! ¡Me falta valor!

Dicho esto, Daria abrió otra botella de vino y la vació de un trago.  

—Gracias, Chloe. Creo que por fin me siento capaz de hacer esto. Necesitaba algo de coraje y valentía.  

Y así, esa misma noche, la Duquesa montó en su caballo y desapareció en la oscuridad.  

Cabalgar de noche era peligroso, y hacerlo bajo los efectos del alcohol era aún peor, tanto, que estaba prohibido por la Ley Imperial. De hecho, al intentar detenerla por violar dicha normativa, se armó un gran escándalo, en parte, porque estaba tan borracha que sus protestas eran farfulladas sin sentido. 

—Beber y montar a caballo… Mira que…—murmuró el Emperador—. ¿Aún no ha podido dejar ese hábito de la infancia? Le haré pagar una buena multa… 

—¿Qué hacemos, Ray? Si Daria sufre un accidente y se lastima gravemente…—balbuceó Chloe cuya voz patinaba por la borrachera.  

—¿Ahora es momento de preocuparse por ella? Mira cómo estás tú también.  

Chloe, inquieta, movía los pies nerviosamente, pero Raymond solo suspiró y presionó suavemente la frente de su esposa con el dedo índice mientras decía:  

—Prometiste no beber más de una botella de vino cuando tomas alcohol. ¿No es así, mi querida Chloe?  

— Pero, Raymond… ¿No estás preocupado por Daria?

  

—Los caballeros de la Casa de Carolina la están siguiendo. No pasará nada grave. Solo espero que su caballo no destroce objetos de personas inocentes.  

Chloe, que en su embriaguez, no había pensado en la escolta que siempre acompañaba a Daria, finalmente se sintió aliviada y se apoyó en el pecho de Raymond.  

Al día siguiente, durante el evento de Año Nuevo, Daria de Carolina no apareció. En su lugar, se difundió por la capital el escándalo nocturno que generó la Duquesa en busca de su futuro esposo, además de miles de especulaciones sobre quién sería el nuevo Duque.  

Pasaron unos diez días y, mientras los nobles, invitados al Año Nuevo, abandonaban el Palacio Real, la rumoreada Duquesa reapareció con un hombre de rostro impecable, montado en el mismo caballo, detrás de ella.  

—Pasemos a las introducciones, Will.—susurró Daria al hombre con una sonrisa inusualmente dulce—. Te presento a Su Majestad la Emperatriz del Imperio de Astart.  

A su vez, él le respondió, cariñosamente, acariciando su cabeza antes de bajar del caballo para anunciar con cortesía propia de un Lord: 

—Es un honor conocer a Su Majestad la Emperatriz del Imperio Astart. Soy Walter Lucas. 

 

—¡…!  

Chloe, estupefacta, los observó alternativamente con una expresión un tanto conmocionada.  

La sonrisa amable de Daria era sorprendente, pero Walter Lucas lo era aún más. Chloe siempre se había imaginado que él tendría un carácter igualmente intenso que el de ella, y si no, algo parecido. Sin embargo, era completamente opuesto.  

—Perdone mi atrevimiento, Su Majestad. Pero he oído que usted le ha dado muchos buenos consejos a Daria. Así que, quería agradecerle personalmente.—prosiguió Sir Lucas con un tono de voz que transmitía serenidad. 

Walter Lucas resultó ser un hombre de temperamento gentil y, al mismo tiempo, excepcionalmente hábil para manejar el carácter fogoso de Daria, pues se comportaba como si fuera un astuto lobo con piel de cordero.  

Luego, ella explicó brevemente la historia de ambos. 

Walter, quien había sido exiliado del Imperio debido a una conspiración de Arnold de Carolina, su tío y anterior Duque, lo chantajeó amenazando la vida de Daria. Después de eso, él vivió en secreto en un pequeño Reino del este, ocultando su existencia incluso a su familia, mientras seguía las noticias que le llegaban sobre Daria, quien era la Emperatriz, en aquel entonces.  

—¡Qué duro y triste debió haber sido para los dos…!  

Tan pronto dijo eso, Chloe se vio incapaz de continuar, ya que sus lágrimas brotaron al pensar en los diez años perdidos de la pareja. No obstante, ellos, ya sin lágrimas que derramar, permanecieron serenos. Parecía que, por fin, habían encontrado la paz y alegría que ambos tanto habían anhelado.  

Tras esto, la Emperatriz les deseó dicha y felicidad en sus futuros días. El ambiente habría sido perfecto si Raymond no hubiera aparecido para exigirle a Daria el pago de la multa.  

—¡Eres terrible, Ray! ¡Daria acaba de reunirse con su amor después de diez años!—protestó Chloe con sendos lagrimones corriendo por sus mejillas.

  

—Mis diez años de paz, perdidos por culpa de ella, también valen.—respondió Raymond con descaro.  

Daria, riendo a carcajadas, le dijo a Chloe que no lo regañara, pues él solo quería aligerar el ambiente, pero, lamentablemente, sus habilidades sociales no eran su fuerte.  

Claro que Chloe lo sabía. Pero unirse a Raymond para molestar a Daria iba en contra de su naturaleza.  

«Lo sé… El hombre del que me enamoré, Raymond de Astarot, es así. Siempre finge indiferencia, pero en el fondo es el más considerado de todos.» 

Sin embargo, la voz repentina de Daria la sacó de sus pensamientos.   

—¡Por si acaso, te lo advierto, Chloe! ¡No mires a mi hombre por más de diez segundos!  

—Eres demasiado celosa, Daria.—respondió Chloe riendo  

No obstante, la Duquesa argumentó con seriedad el motivo de su preocupación. 

—Tu rostro es peligroso y tu belleza es la enemiga de las mujeres.  

—¡Por Dios Santo, Daria! ¡Qué exageración…!—exclamó Chloe, quien, fingiendo estar herida, corrió hacia Raymond mientras añadía—. Raymond, estoy muy triste. Daria me dijo algo horrible.  

La joven Emperatriz, quien buscaba bromear con picardía, le contó todo a su esposo, y él, con igual seriedad, repitió:  

—¡Pues me parece bien! ¡No mires a otros hombres por más de diez segundos!  

—¡¿Qué clase de arbitrariedad es esta?!—protestó Chloe, atónita.  

—No es ningún desvarío. Me cuesta admitirlo, pero esta vez Daria tiene toda la razón. Es por tu seguridad, Chloe.

  

—¡…!  

Chloe, que quedó impactada con aquella respuesta inesperada, se quejó: 

—¿Lo dices en serio, Ray? ¿Tú también crees que soy peligrosa, como dice Daria? 

 

—¡El peligro no eres tú, sino que son esas miradas depredadoras que te siguen allá por donde vas!—rebatió Raymond, quien miró al personal masculino de alrededor y, ellos, al darse cuenta de que habían sido atrapados, desviaron rápidamente la vista—. ¡¿Ves?! ¡Esto es insoportable! ¡Todos te están mirando! 

 

—¡Eso no es cierto! Nadie me mira.—replicó ella, molesta, frunciendo los labios para intentar calmar sus celos, pues era bien sabido que el personal femenino también le robaba miradas a su esposo—. Todos están mirándote a ti, Raymond. 

Pero él arrugó las cejas, incrédulo, mientras cuestionaba a su mujer.   

—¡Ja! ¿A mí? ¿Quién?

Sin embargo, Chloe giró la cabeza hacia un lado, refunfuñando para sus adentros.    

«Seguro que él también notó las miradas de las damas que lo observan desde hace un buen rato, pero no lo quiere admitir…»

Mientras ellos estaban inmersos en aquella trivial y pícara conversación, llena de suaves pullas con celos de por medio, el soldado, que custodiaba la puerta principal, anunció la llegada de los invitados de la Orden de Ramie. Chloe, al percatarse de la llegada de los tan esperados sacerdotes, salió a recibirlos con alegría en su corazón.

—Gracias por visitarnos nuevamente.—dijo la Emperatriz.

El joven Arzobispo, que representaba a la Orden, era el mismo hombre que había oficiado la boda del Emperador y la Emperatriz el año anterior. Mientras intercambiaba saludos con él, un vago recuerdo, cargado de nostalgia, surgió en su mente, pero al final se desvaneció por completo, como si nunca hubiera existido.

Pero, en ese mismo instante, Chloe se percató de algo. Entre los caballeros del templo, que se alineaban detrás del Arzobispo, ella distinguió un rostro familiar.

—¡Sir Brans… Tu eres… ¿El caballero del Gran Ducado de Ludwig, verdad?

—¿Me recuerda, Su Majestad?

—¡Cómo no iba a conocer a Sir Brans! ¡El hombre tan admirado por tantas damas del Imperio!

El caballero, de brillante cabello platino, abrió los ojos como platos antes de soltar una risa suave y hermosa.

La verdad era que los recuerdos de Chloe sobre su estancia en el Gran Ducado de Ludwig eran extremadamente difusos, como si estuvieran cubiertos por una espesa niebla.

Lo mismo ocurría con sus memorias acerca del Gran Duque Kylos de Ludwig, quien había sido su tutor. De él solamente quedaba, en un rincón de su mente, una vaga reminiscencia de que, aquel hombre, había cometido algo terrible en el Imperio.

—Veo que ahora te has convertido en un Paladín, ¿no es así?—preguntó Chloe, con curiosidad.

—Sí… Bueno, más bien, cuando recobré el sentido, ya estaba sirviendo al Dios Ramie.

«Sir Enoch Brans… Mis recuerdos sobre él también son muy tenues e imprecisos… ¿Por qué será?»

La joven Emperatriz solo podía recordar que, el hermoso caballero, había sido alguien extremadamente amable con ella y que muchas damas de la capital lo admiraban por doquier. Pero al parecer, ella no era la única con sus memorias borrosas.

—Los recuerdos de esa época son… Extrañamente, muy difusos —comentó Enoch, jugueteando con un collar que, curiosamente, atrajo su mirada.

—¿Es un objeto de alguien importante para ti?—tanteó ella

—Mms… Eso creo… No estoy seguro.—respondió él con una vaga sonrisa, como si intentara evadir la pregunta.

Cuando Chloe apartó la vista de su collar y se encontró con su serena expresión sonriente, él dijo:

—¿Puedo obsequiar a Su Majestad la Emperatriz con un regalo?

—Por supuesto, sería todo un honor.—contestó ella, asintiendo con suavidad.

En ese momento, él tomó una flor amarilla de entre las decoraciones florales del salón de baile y se la entregó.

—El amarillo te sienta muy bien en primavera, Su Majestad.

Por unos segundos, Chloe parpadeó, desconcertada, pero pronto dejó escapar una risita y aceptó la flor.

—Muchas gracias, Sir Brans.

Tras ese breve intercambio, Chloe se dio la vuelta, escuchando los murmullos de sus doncellas.

—¡Dios mío! No me lo puedo creer… ¡¿Sir Brans se ha convertido en un paladín…?!

—¡Increíble! ¡No puede ser!

Las Damas de compañía de Chloe, Jayce* y Luna, se agarraron las manos con caras de desolación.

*Por si no os acordáis, es el nombre de la Condesa Gloah, que aparece varias veces.

—¡Si esto sigue así, lo único que nos queda es el joven Sir Kennen!

Mimy: Los Paladines no se pueden casar. Sirven al Dios Ramie y a las Santas que él pueda enviar en su nombre, como Lette. Aunque ella ahora ya no existe porque era “el olvido”, hay otras como Flora que es “la primavera”. 

—¿Te refieres a él? ¡Entonces, ya no me queda ninguna esperanza!—exclamó Rodel, apretando los puños, mientras Amelia ponía una expresión de horror.

La razón de las quejas de Rodel, se debía porque, entre ellas, Besty lanzaba miradas furtivas al joven Kennen, quien conversaba con el joven Vincent a lo lejos, y, cuando sus ojos se encontraron, ella apartó su vista y se sonrojó. 

Al ver la escena, Chloe se acercó con una sonrisa traviesa y susurró en el oído de su amiga:

—Betsy, te gusta el joven Sir Kennen, ¿verdad?

—¡¿Q-qué dices?!—tartamudeó ella, sobresaltada, agitando las manos con las mejillas al rojo vivo—. ¡En absoluto! ¡Para nada!

—Oh… ¿Es así?—continuó Chloe fingiendo ignorancia—. Entonces… ¿Lo odias?

—No hay ni una sola Dama en la capital que odie al joven Kennen.—respondió ella con altivez y seriedad, volviendo la cabeza hacia Chloe, quien la miraba con picardía.

Al darse cuenta, repentinamente, de que había caído en la pequeña trampa de la Emperatriz, que buscaba descubrir los verdaderos sentimientos de su tan querida doncella, Betsy bajó la mirada, avergonzada, y vio cómo sus dedos se movían inquietos entre los pliegues de su vestido.

—¡Vamos, Betsy! ¡Anímate y acércate a él con confianza! Ya verás cómo todo sale bien.—la alentó Chloe, quien sí se había dado cuenta de la sutil atención que él le había mostrado a ella en alguna que otra ocasión.

Mimy: Chloe, después de deshojar todas las margaritas Imperio, con el:

{“quiero” / “no quiero” a Raymond} Ahora va, y actúa de celestina… 

En fin, surrealista. Dedico un meme en nombre de mi frustración corrigiendo esta novela XD



RAW HUNTER: ACOSB
TRADUCCIÓN: ROBIN
CORRECCIÓN: MIMY



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