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Extra 2

En un día de invierno, una niña apareció en el frío Palacio Ducal. Enoch se sorprendió al ver llegar a la chiquilla tomada de la mano del Gran Duque.

«Chloe…»

Era aquella pequeña de la casa de al lado, la razón por la que él había querido convertirse en caballero. La niña que había olvidado durante mucho tiempo, pero que aún brillaba en un rincón de su memoria como un lucero.

Después de pasar largos días en una, no muy grande, habitación del Palacio Ducal, la joven, finalmente, salió al exterior cuando el frío invierno dio paso a la templada primavera.

El lugar donde él la encontró de nuevo fue en los jardines del Palacio Ducal, donde ella paseaba de forma habitual.

Mientras la chica recogía flores, tropezó con una piedra, pero Enoch la atrapó rápidamente antes de que cayera.

—¿Estás bien?—preguntó él, un poco emocionado por volver a verla.

Ella lo miró con timidez y, la respuesta que le dio, fue un interrogante que Enoch no se esperaba.

—¿Quién eres?

A diferencia de él, que la había reconocido de inmediato después de seis años, ella no parecía recordarlo en absoluto.

—Soy Enoch… Enoch Brans.

—¡Ah! Entonces, debería llamarte Sir Brans…—dijo ella sonriendo de forma cohibida mientras añadía—. Mi tío me dijo que así es como debo llamar a los caballeros.

Tan pronto terminó su breve explicación, la chica levantó ligeramente el dobladillo de su vestido con ambas manos y se inclinó con gracia, como una joven dama de la nobleza.

—Ah…

En ese instante, Enoch sintió cómo su corazón, que había estado entumecido durante tanto tiempo, latía con fuerza. Por eso, él se quedó sin poder decir nada más y simplemente observó su espalda mientras se alejaba. Hipnotizado por la etérea presencia de su amiga de la infancia, su mirada quedó fija por un largo momento, capturando aquel hermoso cabello plateado que ondeaba suavemente con la brisa primaveral.

Durante los ocho años que ella pasó en el Palacio Ducal, creciendo de niña a mujer, Enoch se enamoró de ella. No podía evitarlo, pues no solo él se sentía así, sino que varios caballeros del Palacio Ducal también habían sido encantados con su sublime belleza. De hecho, tal era su efecto en los hombres del Ducado, que se podían contar con los dedos a aquellos los cuales tuvieron el valor de no enamorarse de una chica que creció de forma tan adorable.

Sin embargo, el amor de Enoch era un poco más profundo que el de los demás, y, por supuesto, era muy diferente al cariño infantil que había sentido antes.

Cada vez que la chica aparecía, su mirada siempre la seguía allá donde fuera, incluso sin querer quererlo. Por eso, Enoch pronto se dio cuenta de que, en el corazón de la joven, ya había alguien más. Al ver su amor ciego por el Gran Duque, Enoch ocultó sus sentimientos y mantuvo su distancia. Simplemente, la observó, para estar allí, como caballero, siempre y cuando ella lo necesitara.

Ese era el amor de Enoch Brans. Un amor que observaba desde lejos y que la protegía, apoyándola en silencio.

Sin embargo, no mucho después, él se arrepintió de no haber hecho nada por ella antes, ya que, el resultado de aquel amor ponzoñoso, fue una chica que perdió completamente la cordura.

  • ┈┈┈••✦ ♡ ✦••┈┈┈• 

Kylos de Ludwig finalmente se había convertido en Emperador de Astart después de muchos años de ambición por ese puesto. 

Confiaba mucho en Enoch Brans, el caballero plebeyo que había criado, pues nunca le fallaba. Así que, la principal tarea de Enoch Brans era asistir al Emperador de cerca.

En una noche, particularmente oscura, Kylos de Ludwig, con un fuerte olor a alcohol, le ordenó:

—Esta noche, tráeme a Chloe.

—¿A Lady Garnetsch…?

—Sí.—afirmó Kylos de Ludwig, quien sonrió torcidamente mientras levantaba elegantemente su copa de vino—. Voy a darle un hijo. Seguramente estará feliz.

El cáliz se inclinó, al mismo tiempo que el hombre tragaba el líquido rojizo. Enoch lo observó en silencio, lo que le dio pie a que el Emperador siguiera hablando sobre ello.

—No quería tener un hijo ilegítimo, pero imaginarla a ella, cargando a un vástago de mi estirpe, no estaría mal…

Kylos de Ludwig se limpió los labios húmedos con el dorso de la mano y dejó la copa sobre la mesa. Enoch Brans lo miró fijamente, perplejo por aquella noticia de mal gusto.

El hombre que ella amaba era más brillante y radiante que nadie. Alguien tan grande que un simple caballero plebeyo como él no podría jamás compararse.

Por eso, Enoch Brans ni siquiera pensó en intentar arrebatársela. Es más, si no hubiera visto lo destrozada que Chloe estaba después de reencontrarse con ella, quizás nunca lo habría hecho.

—No quiero un hijo. Solo quiero ver a Estel…

Ella había ayudado fervientemente a convertir al hombre que amaba en Emperador, como siempre había deseado, pero, al contrario de las expectativas, no parecía feliz en absoluto.

Enoch Brans estuvo en silencio frente a ella por un momento, y luego, de repente, se decidió.

—Te ayudaré.

El precio por desobedecer al Emperador y ayudarla fue severo. Perdió un ojo, y gradualmente la vista del otro también se nubló, perdiendo su hermoso color esmeralda. 

En medio de todo eso, Enoch, un día, escuchó la noticia de que ella había muerto.

«Muerta… Ella está… ¿Muerta…? No… ¿Por qué? No, no puede ser…»

Lágrimas calientes brotaron de sus ojos nublados.

La chica, que había sido tan querida y preciada para él, a quien no se había atrevido a acercarse y solo la había observado desde lejos como algo sagrado, finalmente se había quitado la vida.

El día que supo de la muerte de Chloe Garnetsch fue el primer y último día en que Enoch Brans recordó haber llorado.

Incluso en la fría prisión, llegaron rumores de que el nuevo Emperador se había vuelto loco. La historia de que abrazaba el cadáver de la mujer muerta y vagaba como un lunático por las noches era tan increíble que parecía inventada.

Enoch Brans cerró los ojos y los oídos a los rumores. Si no lo hacía, sentía que enloquecería por la creciente añoranza y el vacío. Así, pasó bastante tiempo antes de que saliera de la húmeda mazmorra y volviera a ver la luz del mundo.

Habiendo perdido tanto uno de sus hermosos ojos verdes, como a la mujer a quien amaba, al igual que la confianza de su Señor, Enoch Brans ya no sabía qué hacer ni a dónde ir. Hasta que un día escuchó a gente rumoreando acerca de una niña confinada en el castillo.

—Dicen que tuvo una hija.

—Sí, cierto. Está encerrada en la torre del oeste. Ese viejo lugar que ha estado vacío durante mucho tiempo.

—¿Por qué el Emperador dejó con vida a la hija de esa mujer?

—No lo sé, pero he oído que la hija tiene el mismo rostro que la mujer muerta…

«Su hija…»

En un instante, Enoch Brans recordó la última vez que vio a Chloe. Ella estaba en un estado deplorable, gritando el nombre de su hija mientras era brutalmente arrastrada por Kylos.

Después de su muerte, asumió que la niña también se había enfrentado al mismo desenlace de su madre. No era de extrañar dicha conclusión, pues pensó que un hombre como Kylos de Ludwig no dejaría con vida a la hija del anterior Emperador. Sin embargo, ahora sabía que la pequeña, a quien Chloe tanto luchó por tenerla a su lado, aún estaba con vida.

—Se dice que al principio la cuidó con mucho cariño, por eso no lo entiendo… ¿Por qué de repente la encerró en la torre?

—Bueno, aunque es una hija ilegítima, es de la sangre del anterior Emperador. ¿No será para prevenir que surjan fuerzas desleales? Escuché que la Duquesa de Carolina, quien estaba muy unida al anterior Emperador, pidió a la niña.

—No creo que sea solo eso. Hay rumores mucho más sórdidos. Como que el Emperador, que no podía olvidar a la mujer, aisló a la hija para esperar a que creciera un poco más para…

—¡Dios mío! ¡Qué locuras dices! Si es de la sangre del anterior Emperador, también es pariente del actual Emperador.

—Bueno, al final y al cabo solo son rumores…

Conforme pasaba el tiempo, todo el mundo comenzó a esparcir rumores sobre la joven muchacha. Cada día que pasaba, las habladurías se hacían cada vez más viles, sucias e indecentes.

—Si se parece a su madre, seguro que es una seductora de mucho cuidado…

—Por supuesto, no lo dudes. Su madre fue una gran zorra que manipuló tanto al anterior como al actual Emperador con sus encantos.

—Pues ahora tengo curiosidad… ¿Qué clase de belleza tendrá…?

«No. Ella no era esa clase de mujer. Era una chica común y corriente, víctima de la codicia de un hombre egoísta que la engañó para que actuara a favor de sus propios fines.»

Con un flash, Enoch Brans recordó la vida de Chloe Garnetsch, y realmente, no había otra manera de describirlo; fue un destino trágico.

Con esto en mente, Enoch se dirigió a la torre donde decían que estaba encerrada la hija de Chloe. La seguridad del Palacio Imperial ya no era tan estricta como antes. Después de que el Emperador enloqueciera, el poder del Imperio decayó y la majestuosidad del Palacio se desmoronó, así que no le fue para nada complicado el poder infiltrarse. 

En el piso más alto del castillo, tras subir las escaleras y eludir a los guardias, Enoch Brans se encontró con la joven Estel.

—¡…!

Una niña, que estaba sentada en el frío suelo de piedra, lo miró sorprendida. No solo ella estaba atónita por la aparición de Enoch, sino que él también se sintió de igual forma, ya que se parecía tanto a la chica de su infancia que él recordaba que eran difíciles de distinguir. 

—Hola, Estel.—pronunció Enoch lentamente.

La niña lo miró con ojos cautelosos y él, al darse cuenta, añadió con un tono mucho más suave:

—Vine a ayudarte.

—¿Quién eres?

—Enoch… No tengo apellido. Solo llámame Enoch.

Él sonrió dulcemente, tratando de tranquilizar a la hija de la mujer que había amado hace mucho tiempo, tal y como lo había hecho cientos de veces con la mismísima Chloe Garnetsch.

—¿Me sacarás de aquí?—preguntó Estel.

—Sí.

—Entonces te seguiré.

La niña tomó su mano, y en ese instante, su corazón se llenó de emoción por el cálido contacto de su piel.

De ese modo, Enoch escapó del Palacio con la joven Estel. Claro, que no pasó mucho tiempo antes de que los soldados de Kylos los persiguieran. Aun así, los días huyendo de ellos no fueron del todo difíciles.

—Esto no sabe bien, Enoch. Como mucho, es para que tú lo comas, ¿verdad?

—Lo siento, Estel… Pero tienes que comer un poco ahora y recuperar fuerzas. Te prometo que esta noche te prepararé algo realmente delicioso.

—¡Bah! Patrañas… 

Aquellos días en que ambos compartían comidas simples y reían juntos en la mesa eran extremadamente felices y pacíficos.

Con el tiempo, Enoch, que al principio solo podía cepillar su cabello con torpeza, se volvió hábil para atar su larga melena y hacerle hermosos peinados.

La joven Estel creció y se convirtió en una belleza sin igual, pues era la viva imagen de Chloe Garnetsch. Por su parte, Enoch, que ya estaba entrando en la vejez, la miraba con orgullo.

Habían pasado casi cinco años desde que escaparon y se establecieron en un pueblo tranquilo al final del continente. Los soldados del Emperador ya no los perseguían, y corrían rumores de que el Imperio podría estar al borde del colapso. Cada día transcurría sin preocupaciones, viviendo en armonía.

Estel, que pronto alcanzaría la mayoría de edad, era la doncella más hermosa del pueblo. Al ver a los hombres que la miraban furtivamente, sonrojándose, Enoch se dio cuenta de que pronto llegaría el momento en que ella encontraría una pareja y lo dejaría.

Una profunda sensación de vacío lo invadió al pensar que ella se iría de su lado. Pero, al mismo tiempo, recordó que los más de diez años que habían pasado juntos no habían sido tan malos, y, con esto en mente, Enoch sonrió para sí mismo.

Sin embargo, en uno de esos días pacíficos, la joven cayó gravemente enferma, con una fiebre demasiado alta. Le salieron manchas rojas por todo el cuerpo, y la temperatura ardiente no cedía fácilmente. De ese modo, Estel estuvo indispuesta durante más de diez días y, cuando finalmente despertó, su cabello le había crecido, de repente, hasta los pies.

—¿Estás bien, Estel?

—…

Estel, que apenas había recuperado la conciencia, miraba al vacío con expresión ausente.

—Chloe…

Instantáneamente, el nombre, que salió de sus labios, cayó en los oídos de Enoch, tal que una palabra cargada con una mezcla de dolor y añoranza.

—Enoch, ¿sabes quién es Chloe?—preguntó la joven al ver su reacción.

Enoch trató de ocultar la conmoción que sacudía su pecho y le devolvió la pregunta con vacilación.

—¿De dónde has sacado ese nombre…?

—Es el nombre que Kylos siempre murmuraba cuando me miraba. Pero creo que la vi en mis sueños… Yo era ella.—respondió ella y, colocando una mano sobre su pecho, murmuró—. Es como si sintiera su corazón. Me duele tanto el pecho… ¿Qué hago, Enoch? Ella… Siempre pensó en mí hasta el final… ¿Por qué…? ¿Quién era ella…? ¿Cómo era…?

—Chloe… Es tu madre.

—¿La madre de la que me hablabas tanto cuando era pequeña…?

Enoch, que la había estado mirando en silencio, asintió lentamente.

—Sí, ella misma. Fue una mujer que te amó muchísimo desde que naciste.

—Ya veo…

La joven lo aceptó de inmediato. Tal vez, incluso antes de confirmarlo con Enoch, lo había intuido. La mujer que vio en sus sueños era, sin duda, su madre.

—La vida de Chloe fue tan triste…—continuó la chica.

Luego, ella caminó descalza sobre el frío suelo, luego saltó al aire, apoyándose ligeramente en el marco de la ventana. Luciérnagas brillantes la rodeaban, bailando alrededor de sus dedos y Enoch, al verla, pensó que, por un momento, su cabello plateado brillaba por sí mismo.

—Lette…—susurró ella. 

La joven, que bailaba en la oscuridad rodeada de luz, se volvió hacia Enoch y repitió en voz alta:

—Soy Lette.

—¿…?

—La Santa del olvido, Lette. Ese es mi nombre… Una voz me lo dijo.

El rostro de Enoch, que siempre estaba sereno, se torció ligeramente.

—¿Cómo que una voz…?

—Sí, escuché una voz que me hablaba para decírmelo.

Después de ese extraño acontecimiento, no pasó mucho tiempo antes de que la Iglesia de Ramie se enterara de que la joven había despertado como una Santa. Pronto, los sacerdotes del Templo vinieron a buscarla y ella se unió a la orden con la condición de que Enoch la acompañara.

Así pasaron los meses hasta que un día Lette, que había crecido rápidamente hasta la edad adulta, anunció a Enoch.

—Me vengaré de Kylos.

—¿Por qué?—preguntó Enoch, quien no podía entender aquella decisión—. ¿No estás satisfecha con la vida que tienes ahora?

Aunque no era una vida lujosa, él había hecho todo lo posible para cuidarla sin que le faltara de nada. Tal vez había sido incapaz de aportar un amor tan profundo como el de un padre, pero, sin duda alguna, le había dado todo el cariño y afecto que pudo.

Durante todo este tiempo, Enoch solo deseó una única cosa: su felicidad. Por eso, con este objetivo en mente, él la crió a su lado deseando que tuviera una dicha incomparable de por vida. Entonces, ¿por qué quería volver por aquel camino tan difícil?

La cuestión no tardó mucho en ser respondida.

—Kylos sigue desafiando el orden del Dios Ramie. Parece ser que sus maldades no fueron suficientes y ahora quiere revivir a los muertos. Es por eso que la divina voluntad ha establecido que se debe eliminar a Kylos y, como Santa, es mi responsabilidad.

—…

—Por eso… Ramie me mostró la sombra de Chloe. Para que pudiera empatizar con su tragedia y así poder cumplir con mi cometido…

La determinación de Lette era firme, y, ante esto, Enoch no pudo disuadir a la joven.

Ella, convertida en Santa, ejerció una gran influencia en el continente y gradualmente ganó el poder necesario para su misión.

Una tarde Enoch, como siempre, observó a la chica, que ya no estaba bajo su protección, desde cierta distancia. Pero, cuando finalmente bajó la mirada, pudo ver sus propias manos arrugadas. Al ver que el tiempo se le acababa, la angustia creció en su interior siendo consciente de que no podía irse como si nada sabiendo el triste destino que ella estaba por tomar. Por eso, ese mismo día, en un último intento por convencerla para que no tomara esa decisión, Enoch dijo:

—Yo solo deseaba tu felicidad… Pero ahora, ser una Santa, y la venganza… Hubiera sido mejor si nunca hubieras visto, ni conocido, tales cosas de ese funesto pasado…

—Mientras sea Lette, eso es imposible.

—Y además, ahora, que soy viejo, ya no puedo detenerte.

—Enoch, sé el tiempo que sacrificaste por mí y, por eso, te lo devolveré todo.

Cuando Lette reveló que le devolvería el tiempo, Enoch no pensó mucho acerca del peso de sus palabras, únicamente le preocupaba una cosa.

—¿Y qué pasará contigo?

—Después de que todo termine, volveré a los brazos del Dios Ramie.

—…

«A los brazos del Dios Ramie… ¿Cómo puedo aceptarlo? No soy tan ignorante para desconocer lo que los sacerdotes dicen sobre esto y tú, mi niña, no te mereces un final así…»

—Al final… Estás eligiendo tu propio final.—vaciló Enoch, con un tono que mostraba rendición.

—Bueno, esa es la razón por la que estoy viva, ¿no?

—Lette.—pronunció él con suma tristeza—. Le guardo rencor al Dios Ramie. Una animadversión inmensa por haberte convertido en una persona ciega por la venganza.

Pero Lette, en vez de protestar, abrazó a Enoch, quien era, y siempre fue, su única familia.

—No te entristezcas tanto.—susurró ella dulcemente—. Enoch, mi único y maravilloso Enoch. Te aseguro que cuando todo termine, ya no me recordarás.

—¡¿Qué estás diciendo ahora?!—exclamó él, frustrado.

En un instante, la expresión de Enoch se endureció. Era algo que ella nunca había visto antes en las facciones de su rostro. No obstante, frente a ese Enoch, molesto e irritado por la terrible emoción de saber que la perdería para siempre, Lette sonrió en silencio y simplemente dijo:

—Enoch… Ya lo sabes, ¿no? Soy Lette, el olvido.

  • ┈┈┈••✦ ♡ ✦••┈┈┈• 

Cuando finalmente todo terminó, Enoch caminó sin rumbo, abrazando el cuerpo cada vez más tenue de Lette. Eran pasos vacíos, sin dirección ni propósito alguno.

—Lette… ¿Podrías concederme un último deseo?

—¿Qué es?

—Olvidar los sentimientos que tenía hacia Lady Chloe Garnetsch.

Esa fue su última petición.

Si ya no iba a recordar nada sobre Lette, tal y como le había dicho, también era justo olvidar a Chloe. Enoch no sabía cuándo la presencia de Lette se había vuelto más grande en su corazón que la propia Chloe Garnetsch, pero, si no podía evitar aquel final, al menos no quería tener ningún recuerdo que la ligara a ella.

Sabiendo lo que eso significaba, Lette asintió con una sonrisa tenue mientras pronunciaba sus últimas palabras.

—Si eso te hace feliz…

Así, llegó, su final.

Enoch, que había olvidado todo, ya no recordaba nada sobre ella. Solo quedaba un pequeño relicario, vacío, colgando sin fuerza alrededor de su cuello.

Robin: muero de llanto

Mimy: Simply the best. Tengo que reconocer que, al menos, esta “side story” valen la pena muchísimo. Pero, aunque sé que los sentimientos de Enoch son los de un padre, según la historia, yo los shippeo. Me da vives de la saga “Crepúsculo” donde, al final, Jacob Black (Enoch) acaba con Renesmee (Lette) XD Pero me eché un poco para atrás cuando la mentalidad de Lette se volvió muy infantilona por la parte donde se hizo pasar por una niña de 4 años. Sin embargo, en este extra se la ve madura al hablar XD Bueno, solo espero que Enoch conozca a alguien y forme una familia feliz, se lo merece. 



RAW HUNTER: ACOSB
TRADUCCIÓN: ROBIN
CORRECCIÓN: MIMY



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