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Capítulo 83

La noche anterior debí haber bebido hasta desmayarme, porque, cuando recuperé la conciencia, ya era de mañana. Frente a mí estaba Daria, mirándome con una expresión de desaprobación.   

—Creo que ya te advertí antes, ¿no? Te dije que no bebieras alcohol.

—…

En lugar de responder, miré a mi alrededor, aún confundida por la situación en la que me encontraba. Lette, que había estado conmigo la noche anterior, evitó mi mirada.

—¿Qué pasó? No me digas que… ¿Acaso hice algo mal sin darme cuenta?—pregunté preocupada, imaginándome lo peor.

—Como dijo la Duquesa, Chloe, debes tener cuidado al beber alcohol en el futuro.—respondió Lette con una mezcla de duda y una expresión de no saber muy bien qué hacer—.  Nunca bebas sola, y… ¡Ah! Tampoco bebas con otras personas…

«No beber sola ni con otras personas… ¿Eso significa que nunca más debería beber alcohol? ¿Por qué?»

Pero la contestación de Daria se adelantó a lo que iba a decir y me dejó sin palabras:

—Un caballero del castillo se enamoró de ti anoche… Pobre hombre…

—¿…?

Tal vez porque acababa de despertar con un dolor de cabeza considerable, se me hacía difícil comprender el por qué de lo que Daria me decía.

—Estuve en esta habitación toda la noche, ¿no? ¿Cómo es posible que me encontrara con un caballero del Ducado?

—…

—…

Un silencio incómodo cayó sobre la habitación. Tras unos instantes, Daria suspiró y negó con la cabeza:

—Bueno, ya sabes… De todos modos, prepárate para recibir a los invitados.—añadió ella cambiando de tema, parecía que no quería hablar más del asunto—. Raymond viene personalmente para obtener el consentimiento para el Matrimonio Real.

—¡…!

La noticia de que Raymond venía hizo que la resaca desapareciera de inmediato. Me levanté de un salto, feliz, y Daria salió de la habitación con una sonrisa. Aunque aún faltaba un rato para que él llegara, me arreglé rápidamente sin poder contener la emoción.

La razón oficial por la que venía era para obtener el consentimiento de la Casa Ducal de Carolina, una de las diez grandes familias nobles, para el Matrimonio Real. 

Sin embargo, sabía que, aunque podía haber enviado a alguien más, él venía personalmente para llevarme de vuelta consigo al Palacio Real.

—¡Te ves hermosa, Chloe…! Ugh…

—¿Estás bien, Lette?

—Sí, estoy bien, ugh…

Lette, que había estado observando mi arreglo con una expresión de completa satisfacción, seguía teniendo náuseas, afectada considerablemente por la gran ingesta de alcohol de la noche anterior. De todos modos, como su semblante parecía bastante pálido, llamé a un médico para estar segura de que todo estaba bajo control. 

—Creo que… Necesito descansar un poco, Chloe…

Lette estaba en lo cierto. Según el doctor, ella solo tenía una “resaca de caballo”, y dijo que estaría bien después de tomar la medicina correspondiente y dormir unas cuantas horas.

«Así que, la Santa también puede tener resaca como una persona normal… Ji, ji, ji…»

Algo asombrada con el nuevo descubrimiento, me reí por dentro, mientras arropaba a Lette con la manta hasta el pecho.

Sorprendentemente, yo estaba bien, a pesar de haber bebido tanto o más que ella. No obstante, había trazos de mi memoria, de la noche anterior, completamente en blanco y otros recuerdos estaban borrosos.

Sin pensar siquiera en lo que podría haber pasado anoche, esperé con emoción la llegada de Raymond, sintiendo cómo los minutos y las horas pasaban lentamente.

Finalmente, cuando escuché que el Emperador ya había atravesado las puertas de la residencia Ducal, no pude contener mi alegría y corrí hacia la entrada principal. 

Cuando Raymond bajó del caballo y nuestras miradas se encontraron, el tiempo pareció detenerse por unos instantes, mientras mi corazón, latía al compás, lleno de emoción. Al fin, después de casi una semana, volvía a estar junto a él.

—¡Chloe!—exclamó él, avanzando hacia mí sin dudar. 

Pero, de repente, para mi sorpresa, Raymond se detuvo a unos pasos de distancia.

—¿Su Majestad…?—pregunté inclinando la cabeza, confundida.

—E-es solo que… No sé si todavía estás enfadada conmigo…—balbuceó él, con una expresión inusualmente tímida. 

Su rostro, avergonzado y dudoso como el de un cachorro que había hecho algo mal, era tan adorable que no pude evitar sonreír.

—Su Majestad me lo dijo primero en la carta, ¿no? Que, a partir de ahora, ibas a valorar y apreciar mi amor por ti, ¿no es así?

Al mencionar el contenido del mensaje que me había enviado por escrito, una suave sonrisa apareció en su rostro. Era la sonrisa tierna y amable del hombre, quien era el dueño de mi eterno amor.

—Sí, así es, Chloe. Aunque no han pasado ni diez días desde que te vi, te extrañé tanto que casi me vuelvo loco por ti, pese a ya estarlo…

—Bueno… Una vez dijo que estaba bien que me fuera de su lado.—dije, haciéndome de rogar, mientras fruncía los labios juguetonamente.

—¡Ah! Yo… E-eso fue…—tartamudeó confundido.

—Entonces, ¿ya encontró Su Majestad una manera de que seamos felices juntos?

—¡Por supuesto, Chloe!

—Pues prométeme, aquí, ahora mismo, que nunca más dirá algo como eso. Incluso si yo insisto en dejar su lado, jura que nunca me soltarás y te rendirás sin luchar por nuestro amor primero.—declaré y, tomando su mano con fuerza, susurré a escasos centímetros de su cuello, con una voz pequeña, pero firme—. Solo Su Majestad es mi felicidad.

Mimy: Y así es como nacen los protagonistas masculinos obsesivos…

Al sentir mi aliento sobre su piel, él se estremeció, respondiendo con una voz temblorosa:

—…Yo… Yo igualmente…—susurró también, a su vez, y, como si se lo estuviera recordando a sí mismo, añadió—. Tú también eres mi felicidad, Chloe. Solo puedo ser feliz contigo, a mi lado.

Su rostro decidido era tan adorable que, sin poder contenerme más, me levanté de puntillas y besé su mejilla, profesando mi amor por él, una vez más.

—Te amo, Su Majestad.

Cuando mis labios suaves tocaron su piel, se desplazaron de forma pícara hacia la comisura de sus labios, al mismo tiempo que los separaba lentamente de él con un suave sonido.

—Te has vuelto más atrevida, Chloe.—comentó Raymond, quien se rió de forma nerviosa, despeinando mi cabello, para desviar mi atención sobre su rostro sonrojado.

Aunque mi peinado, cuidadosamente arreglado, quedó deshecho, no me sentí mal en absoluto. De hecho, estaba tan abrumada por el calor de sus dedos juguetones que, con descaro, sujeté su mano entre las mías, para frotar mi mejilla contra su palma, mirándolo de forma mimosa, como un pequeño cachorrito.

—Tan atrevida… Como coqueta.—comentó él, conteniendo sus obvias ganas de abalanzarse sobre mí, para comerme a besos.

—Te extrañé mucho, Su Majestad.

—Esa mujer no te lastimó, ¿verdad?

—¡Por supuesto! Incluso me trataron como una invitada de honor.

—¡Qué alivio! Bueno… Sabía que esa mujer no te haría daño, pero aún así, un secuestro… ¿Qué demonios pasa por la mente de esa bruja?—refunfuñó mientras hablaba mal de Daria, con una leve arruga en su bello rostro. 

Al verlo arrugar sus cejas, extendí cuidadosamente mi mano y, suavemente, relajé los músculos tensos de su expresión.

—No frunzas el ceño, Su Majestad.

—Es que esa mujer me enoja con cada travesura que hace… Si es que se le puede llamar “travesura”, a veces parecen más bromas de mal gusto que buscan sacarme de quicio…

—Si sigue hablando de otra mujer delante de mí, justo después de reencontrarnos, me voy a poner un poco celosa. Además, es su ex-esposa.

Mimy: De mosca muerta a yandere obsesiva, se le quedó algo de Kylos…

—Espera, un momento… ¡¿Ex-esposa?! ¡Cielos, Chloe! ¡Qué cosa tan horrible acabas de decir! ¡Ugh! De solo pensarlo…—exclamó Raymond y, con una mueca de disgusto, continuó con nerviosismo—. Ella y yo obtuvimos claramente una “anulación” del matrimonio, no un “divorcio”. Así que, no digas cosas como “ex-esposa” o algo parecio. No te preocupes por esa mujer, Chloe, no hay necesidad, de verdad.

Aunque su tono era firme, se notaba que estaba atento a mi reacción. 

«¡Cielos, Raymond! ¡Eres tan adorable!» 

Mimy: Tengo unas ganas terribles de modificar ese “adorable” por “cuqui”. Pero, me tengo que contener, ya que no está como normativo en la RAE… 🙁

Sin embargo, hice como si no notara su actitud y fruncí los labios, haciendo un puchero.

—Aunque no me quiera preocupar, Su Majestad sigue hablando de Daria una y otra vez, con eso y lo otro. Así que, ¡es obvio que no puedo evitar sentirme triste!

—¡Eh! ¡No, Chloe! E-eso no es…—tartamudeó con agitación, temeroso de haber vuelto a meter la pata.

No obstante, yo, que quería seguir bromeando, no pude evitar reírme al verlo así.

—¡Ja, ja, ja…! ¡Era una broma, Su Majestad! Ains…

—¡Ah! Dios, Chloe, en serio… 

La gran mano de Raymond cubrió mis ojos. Mi cabeza se inclinó hacia atrás por el ligero empuje y, cuando la descubrió deslizando su toque, con una dulce caricia por mi mejilla, nuestros ojos se enlazaron con una mirada intensa, mientras yo aún sonreía.

—Eres la única en todo el continente que me hace sentir tan ansioso.—susurró él, a escasos centímetros de mi rostro.

—Su Majestad, tú también me haces sentir igual. 

Él soltó una risa corta y besó mi frente. El pequeño gesto de afecto hizo que mi rostro se calentara.

—Chloe…—dijo dulcemente con una expresión tranquila y, probablemente notando lo roja que estaba mi cara, se propuso de repente, tomándome por sorpresa—. ¿Te casarías conmigo?

Atónita, mis pestañas aletearon lentamente, sin apartar la mirada de sus ojos cariñosos, los cuales parecían tranquilos, como siempre. No obstante, su rostro, orejas y cuello estaban tan rojos que era completamente fácil pensar que aquella calma se trataba de solo una fachada.

Probablemente, Raymond, que intentaba aparentar a su hombría pidiendo mi mano con serenidad, se encontraba frente a mí, en un estado de gran ansiedad por dentro. Al ver que no respondía, su inquietud dio lugar, mientras trataba de explicar sus razones con un tono un tanto acelerado.

—Yo… Te estoy pidiendo que te cases conmigo, Chloe. Sé que es un atrevimiento de mi parte… Incluso si hay días en los que mi posición te haga sufrir, quiero mantenerte a mi lado… No… Sinceramente, es porque quiero estar a tu lado para siempre.

—Su Majestad… ¿A mi lado?

—Sí. Yo, a tu lado. Juntos, los dos.

Sus palabras de “querer estar a mi lado” hicieron que una pequeña ola de emoción sacudiera mi pecho, que latía por su amor.

«Pesar que, el Emperador del Imperio más grande del continente, está rogando desesperadamente por estar a mi lado…»

En ese momento, la realidad me parecía un sueño. Uno donde, una joven normal, se convertía en alguien muy especial.

—Eres mi única felicidad, Chloe. Incluso si te cansas de mí y te vas, te perseguiré obstinadamente hasta los confines de este mundo… Y no me mires tan raro, por favor. Tú misma despertaste mi obsesión por tí.

—¿Cómo podría mirarte raro? Si eso es lo que siempre he deseado.

—Entonces, dime, Chloe, ¿te casarías conmigo?

Sonriendo, abrí los brazos y lo abracé con fuerza.

—Sí, incluso si hay dificultades en nuestro camino, quiero estar contigo hasta el final.

Mis palabras hicieron que su boca me dedicara una radiante sonrisa.

—No sabes cuánto he esperado escuchar esto, Chloe.—comentó aliviado y con una felicidad incontenible—. Aun así, vuélvelo a decir, claramente, porque si no lo haces, me será imposible de creer que mi sueño se ha hecho realidad.

«Dijiste que podrías renunciar a todo por mí… Incluso a su posición como Emperador, si hiciera falta… Y, por eso, es que ahora puedo responderte con total seguridad, Raymond…»

Parpadeando lentamente, con aquel repentino pensamiento, que surgió al escuchar sus dulce petición, contesté con firmeza:

—Sí, Su Majestad. Acepto su propuesta sin dudarlo. Yo, Chloe Garnetsch, me casaré con Su Majestad, Raymond de Astarot.

Apenas terminé de decir mi frase, mi cuerpo fue levantado en el aire. Sorprendida, porque repentinamente mis pies no tocaban el suelo, me debatí en el aire hasta que, rápidamente, extendí mis manos para agarrar sus hombros.

—¡Su Majestad! ¡Me asustas si me levantas así, tan de repente!

Ignorando mi reproche, él derramó su amor sin reservas:

—Te amo, te amo Chloe. Te amo con locura.

De alguna manera, me sentí avergonzada y bajé la mirada tímidamente. Aunque, dado que estaba más alta que él, no podía evitar aquellos ardientes ojos rojos que derrochaban su afecto a montones.

—¡Gracias! ¡Te amo tanto, Chloe…! ¡Realmente te amo con todo mi corazón! No puedes imaginarte lo difícil que es poder transmitir todo el amor que siento por ti con solo meras palabras…

—¡Oh, cielos…!

—Chloe… Soy tan feliz…—susurró en un tono suave mientras bajaba mi cuerpo lentamente—. De verdad, creo que me has hecho el hombre más feliz de todo el Imperio…

Sintiéndolo acercarse poco a poco, envolví mis brazos alrededor de su cuello. Luego, acerqué mis labios a su oreja e, igualmente, susurré:

—Te amo mucho, Su Majestad. De verdad que yo también siento que soy la mujer más feliz de todo el continente.

Nos miramos durante un largo rato, vertiendo nuestro amor entre nuestras pupilas rojas entrelazadas, y luego, nos reímos al mismo tiempo.

No podía creer esta paz en la que estábamos compartiendo nuestra felicidad juntos, sin preocupaciones. 

«¿Será esto una alucinación por todo el alcohol que había bebido anoche? ¿Una felicidad momentánea que desaparecería si cerraba y abría los ojos?»

Pero, incluso después de parpadear varias veces, él seguía ante mí, sonriendo cariñosamente. Una dicha abrumadora que me envolvía cálidamente.

Cogidos de la mano, caminamos juntos. Nuestros pasos resonaban, llenos del esplendor de un día soleado de verano. Raymond y yo, en lugar de entrar directamente al edificio, paseamos lentamente por la muralla, entrelazando nuestros dedos.

—¿Viniste a obtener el consentimiento de Daria para el Matrimonio Real?—pregunté.

—¿Ya lo sabías? Generalmente, el Matrimonio Real del Emperador requiere la aprobación de, al menos, siete de las diez familias nobles del consejo. Por supuesto, la aprobación del consejo no es un requisito obligatorio, pero para que tu vida sea más fácil en el Palacio, definitivamente necesitamos su consentimiento.—explicó Raymond mientras sonreía—. Además, hasta ahora, ya he obtenido el consentimiento de cuatro de las diez familias. Y, con esta visita, espero poder incluir la Casa Ducal de Carolina, teniendo así, cinco miembros del consejo a mi favor.

—… Es asombroso. Pensar que en el pasado, esas mismas personas se oponían tanto a mí…

—No tienes que preocuparte demasiado, Chloe. Además, cuenta que la Santa ya ha dado su aprobación en nombre del templo, y solo necesitamos convencer a dos familias más.

—Entonces, no estaré intranquila mientras tanto. Confío en ti, Su Majestad.—respondí, apretando ligeramente su mano con fuerza.

El calor que irradiaba de entre nuestros dedos entrelazados me hizo sentir eufórica.

Mimy: Por Dios, hacedme un favor, y deja el “Su Majestad”. Que es tu futuro marido… Ahora que lo pienso, cuando estos se acostaron esta mujer gemía de placer en plan:  ¡Oh sí, Su Majestad! ¡Deme más, Su Majestad! Meh, soy Raymond y a mi me corta el rollo… Más sabiendo que Kylos fue también, en su día, Su Majestad…

—Por cierto, escuché que la Santa está aquí.—comentó Raymond.

Recordando a Lette, que estaba acostada con el malestar de una borrachera descomunal, me reí juguetonamente.

—No se siente bien, está descansando.—respondí, omitiendo la parte de que estaba con resaca para proteger el honor de Lette. 

—¡Qué pena!—exclamó Raymond con una expresión de preocupación—. Espero que mejore pronto. Quería verla porque le pedí que te rescatara de esa mujer, pero creo que fue una petición excesiva de mi parte.

—¿Eh? ¿Entonces fue Su Majestad quien envió a Lette?

—Sí. Le dije que incluso si tenía que causar un conflicto con la bruja de los Carolina, yo me haría responsable.—respondió él, con una voz firme. 

«¡¿Qué?! ¡Así que resulta que fue Raymond el culpable de alentar a Lette a que cometiera un crimen!»

Me sentí tan sorprendida que lo miré con incredulidad.

—Sabías que estaba a salvo, Su Majestad. No tenías por qué…

—Sí, pero, Chloe…—interrumpió—. El sentimiento que tienes cuando, de repente, la mujer que amas desaparece después de una discusión, dejando solo una carta hablando de “secuestro”, es realmente aterrador. Un miedo que se acentúa mucho más, si la persona que te llevó consigo es alguien de quien desconfías.

Él levantó suavemente nuestra mano entrelazada y besó el dorso de la mía mientras me miraba fijamente, antes de concluir:

—Chloe, asegúrate de que esto no vuelva a suceder nunca más, si no quieres verme como un Emperador loco y demente persiguiéndote por todo el continente. Ahora somos marido y mujer.

—¡No te adelantes, Su Majestad! Todavía somos prometidos.

—No importa. Para mí, es lo mismo.

Detuve mis pasos y lo miré, anonadada. Su mirada decisiva me hizo comprender que este hombre era capaz de hacer cualquier locura por mí, por lo que me vi obligada a responder, para tranquilizarlo:

—Lo siento mucho por desaparecer sin decir nada y solo dejar una carta, Su Majestad… De todas maneras, como dijiste que no importaba si me iba de tu lado, no esperé que te afectara tanto…

—¿Dónde aprendiste a soltar rabietas de ese estilo?

—… De Elijah Gemma. Me dijo que si, alguna vez, peleaba con mi marido, debía huir a casa de mis padres y lo más cercano a mi familia es Daria, ya que me reconoció como su protegida… Aunque ahora la Señora Gemma es alguien a quien es difícil volver a ver, fue la que me dio muchos consejos mientras trabajábamos juntas como doncellas de la Emperatriz.

Mimy: Joder mija, haces caso a la más indicada…

Mi estado de ánimo se oscureció abruptamente al recordar a la Ex-Marquesa. Raymond, notando mi cambio de humor, rápidamente cambió de tema, sonriendo de forma traviesa.

—Entonces, ¿funcionó?

—¡Por supuesto! ¡Mírate ahora! ¡Incluso logré que Su Majestad me propusiera matrimonio!

—¡Oh, Dios! ¡Qué problema acabo de crear! Ahora que has visto que funcionó, me preocupa que vuelvas a desaparecer así, Chloe.

—No lo haré de nuevo. En realidad… Fue difícil incluso para mí. Te extrañé demasiado…—dije y, levantando mi otra mano, comencé a juguetear con las puntas de mi cabello plateado—. Sabes, Su Majestad. La verdad es que ese día, en el que discutimos, esperaba que te confesaras… O me propusieras matrimonio, como ahora… Pero, como no fue así, me molestó un poco… ¿Muy infantil, verdad?

—Está bien. Hasta ese lado tuyo también me parece adorable e irresistible.

Una brisa fresca de verano rozó mi piel y, sintiendo lentamente su sombra inclinándose sobre mi rostro, cerré los ojos con calma, sintiendo cómo nuestros labios se fundían en un cálido beso lleno de ternura.



RAW HUNTER: ACOSB
TRADUCCIÓN: ROBIN
CORRECCIÓN: MIMY



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