Skip to content

ACOSB

  • INICIO
  • ROFAN
  • BL & GL
  • FANTASÍA
  • +15 & +19
  • VIP
  • MANHWAS
  • My Bookmarks
ACOSB

Capítulo 65

Finalmente, salieron de mis labios las palabras que aceptaban mi verdadero yo. Kylos había dicho que yo era una marioneta creada por él. Todo lo que me conformaba, eran elementos que él había añadido, y yo solo era su obra fallida.

Pero ahora quería correr hacia él y gritar todo lo que había estado guardado en un rincón de mi cabeza:

«¡¡Escúchame bien!! ¡No soy tu marioneta! ¡Soy Chloe Garnetsch, viviendo y respirando por mí misma! ¡¡Mi delicadeza, mi timidez y, en ocasiones, la audacia que demuestro, incluso todas aquellas cosas que Raymond tanto ama de mí, no fueron enseñadas por ti!! ¡¡Entérate bien, porque siempre han estado en mí desde el principio!!»

Cuanto más lo pensaba, más me convencía. Pese a haber sido deshumanizada desde muy niña, eso no quería decir que no tuviera mi propia personalidad y voluntad. Simplemente, Kylos se aprovechó de mi precaria situación. Después de haber estado bajo el maltrato psicológico de los Garnetsch, le fue muy fácil engañarme y manipularme a su antojo. Sin embargo, había un límite en lo que una persona puede aguantar,  y hoy era el día en el que debía separarme de esa sombra venenosa.

«Entonces, por favor, no blasfemes más el genuino amor de Raymond frente a mí.»

Raymond, que había escuchado mis palabras, enfatizó lo que rondaba por mi mente diciendo:

—Sí, así es, Chloe. No eres una marioneta creada por el Duque de Ludwig. Eres una existencia que tiene significado por sí misma.—Su mano grande envolvió mi rostro. El calor transmitido a través de la piel en contacto me conmovió, y él continuó con su dulce ronroneo—. Te has esforzado por adaptarte a mi gusto conocido, mientras pasabas tiempo conmigo. Sin embargo, sabía que te obligabas a comer para ganar peso y que vomitabas al amanecer. También sabía que, a pesar de ser alérgica a los pescados blancos, comías esos platos solo porque eran de mi agrado y luego te enfermabas todo el día.

—…—me quedé en silencio a punto de preguntar cómo me descubrió.

No había sido precisamente revelado en el Palacio. Aunque él sabía todo lo que ocurría en él, eso no quiere decir que supiera lo que hacen sus huéspedes en la privacidad de sus aposentos. Mas no quedó todo ahí, Raymond conocía demasiado de mí:

—Sabías que me gusta que las mujeres toquen el piano, así que a menudo tocabas dicho instrumento frente a mí. Pero, en realidad, cuando yo no estaba, tocabas el arpa para la pequeña Estel. Era tan evidente que disfrutabas rozando aquellas cuerdas… Pues tu sonrisa en el rostro era demasiado hermosa y natural para ser una mentira.

Sin poder contenerme más, solté la pregunta que hormigueaba en mi boca:

—¿Cómo lo sabes…?

Raymond que me observaba intensamente, respondió con una suave sonrisa que destilaba un cariño sin igual:

—Por supuesto, que lo sé. ¿Acaso no es normal observar e interesarse por esa persona que tanto te gusta? Y yo, que amé a la Chloe de antes, la que afirmaba ser la imagen creada por el Duque de Ludwig, me moría por saber todo sobre ti. Al punto de no ser capaz de quitar mis ojos de encima cada vez que te veía.—Raymond detuvo un momento y, con nuestras pupilas entrelazadas, añadió—. Bueno, eso fue en el pasado… Sin embargo, la Chloe que regresó en el tiempo, me dio la razón. Una chica que ya no se esfuerza por ganar peso, no trata de comer mi comida favorita ni de tocar el instrumento que me gusta. Te has liberado de esas presiones que te encadenaban y has comenzado a hacer lo que realmente deseas. Has cambiado para bien, claramente…

«¿He cambiado? ¿Dónde? Cada mañana, mi reflejo en el espejo parece igual al de antes.»

Mimy: Dios santo, Chloe… De todas las cosas que puedes pensar, y es tu físico cuando claramente él habla de tu personalidad, el interior… Ains… La paciencia de este ML es demasiado irreal…

Raymond, que debió verme algo confundida con su última frase, prosiguió:

—Aun así, sigo amándote de la misma forma o incluso más, Chloe. Amo tanto a esa versión de aquella época, que se forzaba por igualar mis gustos, como a la versión actual, liberada de esa restricción. Te amo a ti en su totalidad.

«¿Realmente crees que son iguales?»

En aquel momento, no entendía cómo Raymond podía aceptar esas dos partes de mí. Eran tan diferentes que era difícil de creer. Por un lado estaba la expresión sombría de “Chloe Garnetsch falsa”, que vivió como una herramienta del Gran Duque, y por otro, la expresión tranquila de “Chloe Garnetsch real”, que cada día que pasa sonríe bajo el amor de Raymond. ¿Cómo podía compararlas de esa manera? 

«¿Son verdaderamente iguales para ti, Raymond? Si es cierto que piensas así, ¿no es faltarte al respeto a ti mismo, después de todo lo que has hecho por mí? Con todo ese amor que siempre me has dado, ¿cómo no podría haber cambiado, Raymond?»

Ante mi silencio, Raymond seguía vertiendo todos sus sentimientos, mostrando por completo su corazón:

—Así que, deja de pensar así, Chloe. No es que te ame solo porque encajas en mi gusto. Tampoco es simplemente porque eres hermosa. Aunque no negaré el hecho de que me atrajo tu apariencia cuando te conocí, eso no quiere decir que mi profundo amor por ti se base únicamente en una mera superficialidad.

«Pero he cambiado… Mi pasado, por mucho que pienses que es igual, no lo es. He llegado a odiar mi pasado ingenuo, a aceptar el amor que me das como totalmente mío, y a reconocer que incluso yo, de esta forma, puedo amar a alguien más. ¿Cómo puedes querer tan fácilmente a dos “Chloe Garnetsch” tan distintas?»

No obstante, como siempre, Raymond tenía la respuesta que necesitaba para que esas dudas, que me oprimían como esposas, desaparecieran instantáneamente. Era como si me leyera la mente:

—Chloe, no es tan difícil de saber que simplemente te amo. No necesito rebuscar en mi interior razones o hechos para quererte tal y como eres. Amo tu existencia, tu “yo” viviente. Amo todo tu ser. Te amo, Chloe Garnetsch.

Mimy: Amo tu “yo viviente” porque digamos que hay hechos pasados de un tal Emperador Kylos que vivió enamorado de tu cadáver, Chloe. Vamos, para diferenciar que lo suyo no es la necrofilia de su hermanastro XD

Finalmente, con aquellas palabras lo comprendí.

«Ah, entonces es así… Raymond ama tanto a la Chloe de antes, que se esforzaba por encajar en sus gustos, como a la Chloe de ahora, que ha cambiado claramente… Y es porque simplemente me ama de forma completa, aceptando cada una de las partes que conforman a “Chloe Garnetsch”, sean desagradables o no. Raymond ama tanto a mi “yo” del pasado como el de ahora y, seguramente me amará en el futuro, por siempre…»

Tan pronto lo admití, fue como hacer añicos cualquier pensamiento preconcebido.

«Raymond me ama de esa forma tan pura… Así como yo también lo amo a él… Tal y como es cierto que mi amor por él no es una mera ilusión, su amor por mí tampoco lo es. Desde mucho antes de que regresara en el tiempo, él siempre me quiso por ser quien soy.»

Mimy: Alabado sea por los clavos de Cristo, amén. Como no os beseis en este capítulo voy ahí, transmigro o lo que haga falta, lo juro. 

—Eres una mujer hermosa tanto en el exterior como en el interior, sin importar los gustos. Solamente tú misma, de por sí, eres inmensamente encantadora.—concluyó Raymond

«Ay, Raymond… Siempre has sido tan sincero conmigo y yo aquí, dudando de tu amor por mí…»

SNIF, SNIF, …

Mientras yo sollozaba, él me dijo en tono burlón:

—¿Mis palabras te han conmovido tanto?

 Al levantar la vista, vi una sonrisa traviesa en sus labios.

—Antes, cuando lloraba, te sentías incómodo y me consolabas…—protesté entre lágrimas—. Pero ya veo que tú también has cambiado…

—Ja, ja, ja,… Igual que tú también has cambiado, yo solamente me he adaptado a ti.—contestó de forma pícara y, con una sonrisa suave, secó mis lágrimas con su mano mientras aclaraba—. Tonta, no es por eso. Es solo que ahora puedo distinguir cuando lloras de verdad, por dolor, y cuando lloras por otras razones, como la alegría o emoción.

—¿Entonces ya no me vas a consolar?—le pregunté, mirándolo de reojo.

Ante mis palabras, él respondió con una voz decidida:

—Por supuesto que no.

Sin embargo, tan pronto dijo eso, sus fuertes brazos me abrazaron con fuerza alrededor de la cintura. Apoyada en su pecho, él me acariciaba el cabello con ternura y, de pronto, susurró:

—¿Pero qué puedo hacer? Estás tan delgada que si sigues llorando y pierdes más peso, será un problema. Así que, tendré que consolarte, entonces.

Esa forma de bromear de Raymond era refrescante y me hacía querer seguirle el juego como una niña consentida.

—Nunca he llorado tanto como para perder peso.—murmur haciendo un mohín con los labios.

—Tonta… Cada lágrima que derramas es preciosa.

«¿Es este calor abrasador debido a las lágrimas que empapan mi rostro o a este hombre que me abraza y me susurra con ternura?»

—Te amo, Chloe.—Confesó de nuevo, dando un corto beso sobre mi cabello—. Ya hace mucho tiempo que te amo. ¿Estás ahora lista para amarte a ti misma?

El hombre más autoritario del mundo me hablaba con el tono más dulce y con la expresión más cariñosa que nadie podría mostrar ante cualquiera, sino fuera por aquel a quien amara de verdad.

—Cierto, me dijiste eso. Después de que tuviera éxito en amarme a mí misma, me pediste que mirara tu corazón.

Por supuesto, él nunca lo había dicho así, textualmente. Pero no necesitaba escuchar las palabras completas para entenderlo. Raymond tampoco negó mis palabras y simplemente me miró con una sonrisa serena.

—Siempre estoy esperando, pacientemente. Hasta que estés lista.—Su voz suave fluyó hacia mí, como la brisa primaveral—. Desde antes de que regresaras en el tiempo, siempre he estado esperando.

Entonces, sin previo aviso, sus manos grandes pasaron por mi cabello y la sensación de cosquilleo en mi vientre, que había ido creciendo, estaba a punto de estallar

«Ahhh… ¿Desde antes de que regresara en el tiempo?» 

No podía soportarlo más y fueron esas palabras las que dieron el pistoletazo de salida. 

Ahora ya no me importaba lo que fuera que fuese. Ya sea una ilusión o no. Si realmente Raymond me amaba a mí o si solo me quería por la imagen creada por Kylos. ¿Qué más daba? ¿Cómo, en mi sano juicio, podría negar el amor de este hombre?

—¿Chloe…?—él, confundido, dijo mi nombre. 

No sé qué expresión tenía en el rostro como para que él se mostrara así de desconcertado. Pero lo siguiente que supe, es que extendí los brazos y me colgué de su cuello. Aun así, ya sea o no debido a la excitación del momento, continué. 

Mi cuerpo se aproximó hasta que mi busto rozó su pecho, mis labios se acercaron a los suyos pero, cuando estaban a punto de tocarse, me detuve a un suspiro de distancia. Recordé las palabras que él me había dicho horas antes en el picnic y con audacia, en un susurro, las repetí con voz entrecortada por el llanto.

—Si no lo quieres, dímelo.

Él, rápidamente se dio cuenta de mi pequeña travesura en la que estaba robando su propio enunciado. No me di cuenta de lo tentadora que había sido mi acción. Sin embargo, Raymond, lejos de hacerme sentir avergonzada, soltó una risa suave.

—Ja, ja, ja, … No hay razón para no quererlo.

Fue un permiso breve, pero conciso y, deseosa, lo besé.

Antes de regresar en el tiempo, él y yo siempre nos habíamos besado y nos habíamos unido en la cama. Sin embargo, no fue hasta ahora donde mis verdaderos sentimientos fluían en sintonía con el acto de juntar nuestras bocas apasionadamente. Por fin, había aceptado su amor de forma genuina.

Ya no pensaba que yo, una simple persona, no debía desear a Raymond. Incluso si debía recibir el castigo divino por querer lo que no debía y convertirme en cenizas, si pudiera recordar este momento besándolo para siempre, no me arrepentiría de nada.

Con ese único pensamiento en mente, me aferré a él con más fuerza.

Al final de ese largo y prolongado beso, donde nuestras lenguas bailaron al son de un amor mutuo, finalmente nos separamos. Mientras recuperábamos el aliento y nos mirábamos con fuego intenso, ambos estallamos en una risa simultánea.

—Ja, ja, ja, … Te has puesto roja como un tomate, Chloe.

—Tú también. Deberías verte en un espejo antes de decirme eso. No puedo distinguir el color de tu cabello del de tu rostro.

—¡Oh, vamos! Eso fue un chiste cruel.

Él extendió la mano y me acarició la mejilla. Raymond, el miembro más noble de la realeza, tenía callos en la punta de los dedos que me resultaban encantadores y cosquillosos.

Ardía por dentro. Por eso, sin pensarlo demasiado, tomé su mano y la llevé a mi boca.

—C-Chlo… Chloe…—balbuceó él sorprendido cuando mis labios tocaron sus dedos. 

Lo miré de reojo y le sonreí de forma juguetona. Su rostro, que se estaba sonrojando cada vez más, era tan inocente como el de un niño.

—…

Raymond apretó sus labios y me miró desde arriba. Eran la expresión de alguien que contenía malamente la tensión sexual del momento. Solo después de haber besado uno a uno sus cinco dedos, solté su mano y dije aparentando indiferencia:

—¿Es la primera vez que te besan las manos?

—… Sí.

—Así que, era verdad. Por tu reacción parece que realmente no has tenido mujeres cerca.

—También es la primera vez que tomo la mano de una mujer.—Él tomó mi mano y la entrelazó con la suya—. Eres la primera, Chloe.

Nuestra forma de hablar era como si fusionáramos el pasado y el presente en uno solo. Un mutuo acuerdo no verbal donde aceptamos nuestros “yos”  de antes y ahora en uno solo.

Sin embargo, el intenso calor en el ambiente no disminuyó y, aunque, también se transmitía aún más a través de nuestros dedos entrelazados, no me separé de él. En cambio, toqué su pecho con la mano libre y sonreí.

—Entonces, ¿el beso en el baile de Año Nuevo también fue el primer beso?

—Sí. Confieso, con orgullo, que así fue.

—Eso explica mucho. Al principio pensé que eras muy rudo. No me imaginaba que sería el primer beso para Su Majestad y por eso me dije que tal vez estabas borracho o que simplemente le gustaba lo duro.

—Mmmms, tú parecías demasiado tranquila, Chloe—Su mano cubrió la mía, que estaba sobre su pecho. Ahora ambas manos estaban atrapadas por él, mientras añadía—. Así es, me dio vergüenza ver lo bien que lo hacías. A diferencia de mi impaciencia juvenil, tú parecías muy experta en ese ámbito…

—¿En serio? ¿De verdad te sentiste avergonzado, Su Majestad? En difícil de creer…

—Sí, Chloe. Soy humano y también siento vergüenza como cualquier otra persona. Me inquietaba verte simplemente sonreír frente a mí, y sentía celos cuando mostrabas bellas sonrisas a los demás.

—Es sorprendente.

Quería tocar su rostro. Sin embargo, él no parecía tener la intención de soltar mis manos que estaban enredadas en las suyas.

Finalmente, sin éxito en mi intento de liberar mis manos de su agarre, me limité a examinar su rostro con la vista.

Su rostro avergonzado, ansioso y celoso era igualmente adorable.

Raymond llevó mis manos, una a una, a su rostro y besó cada uno de sus dedos.

MUAC, MUAC, MUAC, MUAC, … 

Cuando besó el último dedo meñique de la mano izquierda, sus labios se mantuvieron ligeramente en contacto antes de separarse.

—Yo estaba muy avergonzado cuando hiciste esto antes. ¿A ti también te da vergüenza? 

—Sí… Da vergüenza.—Le respondí con una sonrisa radiante—. Cuando alguien que te gusta tanto te besa de esta manera, ¿cómo no sentir vergüenza, emoción y temblor?

A mi respuesta, él emitió un sonido de suspiro mientras murmuraba mi nombre:

—Haaaaa… Chloe…—Raymond me sujetó con firmeza por las muñecas y susurró—. Entonces, muéstrame bien tu rostro avergonzado.

Con mi voz un poco más baja, incliné la cabeza y pregunté fingiendo inocencia:

—¿Mi rostro avergonzado?

Al mirarlo de esta manera, su rostro estaba algo rígido. Fue entonces cuando noté que sus pupilas, que me miraban fijamente, brillaban con una profunda pasión.

—Hoy… ¿Quieres ir a mi dormitorio, Chloe?

—Ah…

Sus palabras me hicieron sentir verdaderamente avergonzada y me dejaron sin palabras por un momento.

El dormitorio de Raymond. Un espacio que solía ser tan familiar, ahora me parecía repentinamente lascivo. El corazón de una mujer, que ha descubierto el amor, es tan caprichoso que resulta emocionante.

—Por supuesto, si te resulta incómodo, yo…

—No.—Contesté interrumpiendo sus palabras y sonreí suavemente—. En cambio, esta noche, debes prepararte. Porque no pienso dejarte ir ni aunque me supliques.

Antes de regresar en el tiempo, cuando yo sonreía así, él siempre me miraba con una expresión tonta. 

Sí, exactamente como la de ahora.

Aunque, pensándolo bien, también pudieron ser mis audaces palabras las que lo dejaron estupefacto.

┈┈┈••✦ ♡ ✦••┈┈┈• 

Momentos después estábamos en sus aposentos. 

Él me pidió que le mostrara mi rostro avergonzado y, aunque no era mi intención ceder tan fácilmente, terminé mostrando un rostro lleno de vergüenza, justo como él deseaba.

A diferencia del pasado, cuando debía seducirlo por mandato de Kylos, cada vez que me desnudaba frente a él, no provocaba que mi rostro se sonrojara más y más como lo hacía ahora.

Finalmente, exhausta por el nerviosismo, hundí mi rostro en su pecho.

—Majestad, un momento, por favor…

—¿Qué pasa, Chloe? ¿Estás mal? ¿Te sientes incómoda?  ¿O has cambiado de opinión…? No te preocupes, entiendo si es demasiado pronto para tí…

Ante su evidente confusión por mi repentino comportamiento, me quejé como una niña.

—¡¡No!! ¡¡No es eso!! Es que… ¡Me da vergüenza…!

—¡…!

No sé por qué pero… ¿Fue esa la señal? 

Inmediatamente, él me abrazó con fuerza y se dejó caer sobre la cama con mi cuerpo entrelazado con el suyo.

—Te amo, Chloe.—Susurró con urgencia mientras me besaba en la oreja.—. Dijiste que debía prepararme. Así que ahora estoy completamente preparado.

Podía sentir su creciente determinación en nuestra zona íntima. Su virilidad punzante era suficiente para saber que me deseaba con locura. En el pasado, a pesar de la diferencia de estatus entre el Emperador y la concubina, siempre era yo quien tenía la ventaja en nuestra relación. Él siempre esperaba a que estuviera lista, y nunca imponía su impaciencia rozando su excitación contra mi cuerpo, tal y como lo hacía en ese momento.

¿O será que nunca fui consciente hasta ahora? No era descabellado pensar que, tras haberme dado cuenta del amor y desearlo en la cama, buscaba sentir que él igualmente lo quería; no solo con palabras, sino también físicamente. 

Es por eso que ya no podía mostrarme tan tranquila ni experta frente a él y, por ello, mis palabras jugaron en mi contra. Al final, todo terminó pareciendo ser un torpe alarde mío después de sentirme avergonzada tras haber prometido estar lista para él mientras me jactaba diciendo que se preparara esta noche. ¿En qué momento creí que sería buena idea tentar sus deseos de esa manera?

—Bueno, Chloe… Asegúrate de confirmar mi preparación. ¿De acuerdo?—Él sonrió ampliamente y acarició mi rostro sonrojado.

—Realmente… Eres travieso.

«¡Y malditamente audaz! ¿No ves que ya estás clavándome tu erección en mi cuerpo? ¿Qué pretendes que compruebe cuando es tan evidente?»

Sentí que me irritaba innecesariamente, así que empujé ligeramente su cuerpo enredado con el mío. Luego, me levanté un poco y lo miré desde la cama.

—¡Oh, Chloe! ¿No me digas que te he llegado a desagradar? ¿Acaso no estoy a la altura de tus expectativas?—Dijo mientras su risa baja llenó agradablemente la habitación. 

Viéndolo sonreír, burlándose de mí, hizo surgir en mí la necesidad de hacer que se sintiera tan avergonzado como yo. Entonces, extendí la mano y aflojé lentamente su corbata. Cuando se la quité, pasé mi mano por su camisa y, de forma sugerente desabroché uno a uno sus botones firmemente ajustados. El hecho de tener algo de control sobre la situación, me hizo sentir ligera, como si él mismo hubiera aligerado mi cuerpo.

—Te he preguntado, Chloe.—Insistió con su tono travieso—. ¿Te he llegado a desagradar?

—No. Pero te has vuelto demasiado relajado.—Lo miré de forma juguetona mientras bajaba la mano hacia sus pantalones—. Aquí, conmigo delante, no puedes hacer lo mismo que haces afuera.

—Aahhhh…

Su expresión de breve gemido me dio una extraña satisfacción. Así que, con entusiasmo, me arrimé más cerca de él.

—Y no me desagradas. Si te deseara mal, no estaría tan avergonzada.

—Chloe… Más que avergonzada… Parece que te estás divirtiendo mucho, Ugh… Ahhhh…

—¡Oh! No digas eso. No es verdad…—estaba mintiendo, me encantaba verlo gruñir de placer—. En realidad, realmente me da mucha vergüenza.

Al notar mi voz menguante, con un deje de tímida inocencia, Raymond sonrió y me abrazó con fuerza. El latido de nuestros corazones se mezcló y resonó con fuerza entre nuestras pieles en contacto.

—Sí, ¿no? Pues a mi me parece que no es así, Chloe.—Sus dedos grandes levantaron mi mentón con cuidado y me miró a los ojos—. Aunque he de reconocer que antes nunca… Habías evitado mi mirada de esta manera. ¿Debo creer que estás avergonzada?

Mi rostro, en sus pupilas rojas, se mostraba aturdido y de manera extraña, como si mis ojos vidriosos fueran a llorar en cualquier momento.

—Su Majestad…—pronuncié en un momento en el que deseaba gritar “te amo con fervor”. 

Los labios de Raymond volvieron a encontrar los míos, penetrando con urgencia. Su lengua recorrió mi boca con pasión y los ruidos obscenos, que fueron emitidos entre nuestras respiraciones entrecortadas, no llegaron a ser escuchados por nuestros oídos. Ambos estábamos demasiado ensimismados en el placer que nos dábamos mutuamente. 

Tanto él como yo, nos abrazamos, nos besamos con torpeza y prisa e hicimos el amor varias veces, como si nunca hubiéramos compartido un cuerpo antes. 

Aunque la noche avanzaba, no llegamos a dormir a pesar de estar exhaustos. En su lugar, con la cabeza sobre su brazo, conversamos tranquilamente mientras me acurrucaba junto a él.

Haber pasado todo el día juntos desde la mañana y aún tener cosas de qué hablar me parecía increíble.

—La Santa parece ser una persona muy peculiar. Ayer vino de repente y lloró diciendo por qué no te amaba. No sé qué le hizo pensar así, la verdad.—comentó Raymond.

—¿Lette?

—Sí. Incluso llegó a decir que si era por miedo a la Emperatriz, ella dijo que ayudaría. La dejé, pero parecía que estaba a punto de pelear con Daria, así que tuve que intervenir. Fue un desastre…

—Bueno, ella solía insistir en que solo amándonos tú y yo seríamos felices y que, gracias a ello, el Imperio de Astart sería un lugar pacífico por muchos años. 

—¿En serio?

Raymond me miró con una expresión intrigada. Su cara reflejaba una creencia sincera en lo que acababa de decir, lo que me hizo sonreír.

—Ja, ja, ja, … Pues claro que no, Raymond. Es una de sus extrañas mentirijillas. ¿Cómo puedes, incluso tú, creer en algo así?

—Bueno… Yo…—murmuró con voz un poco apagada—. Quiero creerlo, ¿sabes? Que tú y yo debemos amarnos. De verdad que deseo confiar en ello, ¿y tú no, Chloe?

—¿Es realmente un asunto de creer o no creer? ¿Acaso no nos amamos mutuamente en este momento?—susurré y, riendo juguetonamente, besé su mejilla. 

Él sonrió y me abrazó por los hombros. Aunque estábamos desnudos, no sentía frío, ya que el calor de su cuerpo me envolvía completamente.

—Cierto, eso no importa. Estoy tan profundamente enamorado de ti, que te aseguro que haré lo que sea por hacerte feliz a mi lado, Chloe.



RAW HUNTER: ACOSB
TRADUCCIÓN: ROBIN
CORRECCIÓN: MIMY



© 2026 ACOSB

No puedes copiar el contenido de esta página.

    Previous Post

  • CAPÍTULO 64

    Next Post

  • CAPÍTULO 66
Scroll to top
  • INICIO
  • ROFAN
  • BL & GL
  • FANTASÍA
  • +15 & +19
  • VIP
  • MANHWAS
  • My Bookmarks