Skip to content

ACOSB

  • INICIO
  • ROFAN
  • BL & GL
  • FANTASÍA
  • +15 & +19
  • VIP
  • MANHWAS
  • My Bookmarks
ACOSB

Capítulo 64

La juguetona conversación de Raymond y Lette se vio interrumpida cuando ésta exclamó:

—¡Oh, un momento!

Sin perder ni un segundo, la pequeña Santa se levantó de repente y corrió hacia algún lugar. Fue así como quedamos Raymond y yo a solas, creándose una extraña tensión en el aire.

—El picnic no ha estado nada mal. Ha sido bastante agradable.—dijo él mientras me miró con una sonrisa cautivadora—. ¿Y tú, Chloe?  ¿Qué te ha parecido?

Siendo consciente del ambiente sugerente que había surgido entre nosotros, mi corazón comenzó a latir fuerte, palpitando rápidamente en mi pecho.

—Yo también lo he disfrutado.—respondí tímidamente.

—Ya está empezando a oscurecer. Me temo que cuando la Santa regrese, tendremos que levantarnos y volver.

—…

—¿Te sientes triste?—Se acercó a mí y me rodeó el rostro con suavidad. Su voz profunda resonaba suavemente en mi oído—. Si lo deseas, ¿te gustaría que pasáramos más tiempo juntos así, de vez en cuando?

—Su Majestad, usted es una persona que está muy ocupada manteniendo el orden del Imperio. ¿Cómo podría yo…?

—No importa cuán ocupado esté.—contestó él tajantemente pero con suma dulzura en su tono—. Nunca estoy lo suficientemente atareado como para no dedicarte algo de mi tiempo, Chloe.

La risa baja de Raymond, que brotó cerca de mi oreja, y su respiración, que rozaba mi cuello de manera sensual, aceleró aún más mi ritmo cardíaco. Su mirada intensa me recorría lentamente, como si acariciara mi piel a fuego lento. Solo sus ojos escarlata en llamas fueron suficientes para hacer que cada parte de mi cuerpo, en donde éstos se posaban, se volviera ardiente; exaltando su presencia y nublando mi mente por completo.

—Chloe.—susurró él con sus labios a punto de rozar mi oído.

La tensión sexual estalló y el momento se convirtió en uno romántico donde, bajo el cielo que se oscurecía lentamente, estábamos únicamente él y yo. Como si hubiésemos sido transportados a otro mundo solo para los dos.

Sentados frente a frente y viéndome reflejada en sus pupilas encendidas por el deseo, nos fue imposible ocultar la atmósfera sensual que se había instalado entre nosotros. Sus labios rojos, formando una línea marcada, desdibujaron mi juicio y llenaron mi campo de visión.

«Quiero besarlo, profundamente…»

Pensando esto, atrevidamente, la parte de mí que lo amaba en desmesura empujaba mis sentimientos de culpabilidad hacia un lado. Tragué saliva ligeramente y separé mis labios temblorosos hacia él, susurrando como un ruego:

—Su Majestad…

Él bajó la cabeza, acercándose a mí. La distancia era tan corta que casi podíamos sentir el aliento del otro.

—…

—…

El hilo de razón que me quedaba, si no lo había perdido aún, ahora estaba a punto de desvanecerse. Probablemente era porque la sensación cosquilleante que recorría mi cuerpo, con mi corazón palpitando a mil por hora, era tan intensa que me estaba volviendo loca de deseo.

—Si no quieres hacerlo…

—No, yo… 

En aquel estado, las palabras eran inútiles. Es por eso que decidí responderle cerrando los ojos y haciendo obvio que mi anhelo correspondía con sus intenciones. Pero, en el momento en el que estaba bajando lentamente mi mirada, una voz aniñada gritó:

—¡Chloe! ¡Raymond!

Lette, con una sonrisa radiante, vino corriendo hacia nosotros. Raymond y yo, sorprendidos, retrocedimos un palmo y nos sentamos, rígidos, con la espalda enderezada de manera forzosa.

Mimy: Mi puta vida, Lette…

—¡Mirad esto! ¡He traído flores!

Mimy: Me importan un comino las flores… Corta rollos…

Lette se subió a la manta, mostrando orgullosamente un ramo de flores que había recogido. No obstante, la joven Santa era bastante perspicaz, al igual que Raymond, y rápidamente preguntó:

—¿Eh? ¿Por qué estáis así? ¿Acaso…? ¡No puede ser! ¿Pelearon?

—¡No, claro que no!

—¡No, claro que no!

Raymond y yo respondimos al unísono y los ojos de Lette se estrecharon con sospecha.

—Tenéis la cara roja… Similar a cuando alguien se enfada…

—Es porque hace calor.

—Es normal, el día ha sido bastante caluroso.

Lette continuó observándonos mientras todavía sostenía el ramillete de flores en sus brazos.

—Entonces, ¿por qué estáis sentados así, evitando la mirada el uno del otro? Además, Raymond, hay oscuridad en tu interior, como si tuvieras deseos impuros. ¿Estabas pensando en algo malo? ¿Alguna travesura quizás?

—¡Nada malo! ¿De qué travesura hablas? ¡De ninguna manera!—exclamó Raymond con el rostro completamente ruborizado.

—Bueno… Por otro lado, Chloe, parece que tu interior está al rojo vivo. ¿Qué clase de pensamientos pueden hacer que uno se ponga del color de las llamas?

—¿Yo? ¿Roja? No, Lette, habrás visto mal… No estaba pensando en nada en particular… Tampoco se me pasó por la cabeza nada extraño o algo parecido… Nunca…

Raymond y yo apartamos la vista de ella, girando la cabeza, mientras intentábamos parecer indiferentes. Claro está que no tuvimos mucho éxito en disimular y Lette terminó frunciendo el ceño, murmurando que no entendía lo que pasaba. Sin embargo, afortunadamente decidió olvidarlo y, de repente, sonrió ampliamente lanzando las flores que llevaba en los brazos al aire, al mismo tiempo que decía:

—¡Tachán!

Varias flores rojas, amarillas y blancas cayeron sobre nosotros como una lluvia de pétalos.

—¡Es una lluvia de flores! ¿No es realmente hermosa?—añadió Lette como celebrando el momento.

Como decía ella, la cascada de pétalos revoloteando alrededor de nosotros era verdaderamente preciosa. Mas Lette no recibió respuesta de ambos, quienes, aún desorientados por el calor que no se había disipado de nuestros cuerpos, solo mirábamos atónitos las flores en el aire; sin decir palabra alguna.

—¡Boh! Después de que me esforcé tanto para recoger una buena cantidad de flores, ¡no hay ni un solo elogio!

—… No… Es… Es realmente hermosa…—respondí torpemente mientras forzaba una sonrisa. 

Finalmente, Lette mostró una expresión de completa satisfacción mientras una flor blanca, que caía suavemente, se posó sobre la cabeza de Raymond. 

Los blancos pétalos se enredaban y jugueteaban tímidamente sobre su cabello rojo escarlata.

Lo observé y no pude evitar reírme.

«¡Qué adorable…!»

┈┈┈••✦ ♡ ✦••┈┈┈• 

Finalmente logré enviar a Lette de vuelta a su habitación. Aunque fui yo quien la despedí, sentí una extraña tristeza por su partida.

«¿Es por esa nueva apariencia de una niña de unos tres o cuatro años? ¿Añoranza, quizás?» 

Recordé la pequeña figura que, en su día, solía acurrucarse en mis brazos y, junto a la calidez de Lette, quien casi estuvo en mi regazo durante todo el picnic, un sentimiento de nostalgia y melancolía surgió en mi interior. 

Con aquel cúmulo de emociones aún presentes, regresé por el camino cuando, de súbito, escuché una voz profunda y dulce cerca de mi oído:

—¿No estás cansada?

Sabiendo que era, sonreí y me volví respondiendo:

—¡En absoluto! El día de hoy fue tan agradable y relajante… Como recibir un regalo…

Cuando Lette fue por primera vez al picnic con las demás damas de la nobleza, dijo algo similar: 

{—Fue como recibir un regalo sorpresa.}

Quizás, ahora yo estaba repitiendo la misma frase debido a que, sinceramente, el tiempo que pasé con Raymond el día de hoy, me hizo sentir algo similar. Era como si la Santa me hubiera dado el hermoso obsequio de la complacencia.

—El tiempo que he pasado junto con su Majestad durante este picnic, será un recuerdo que atesoraré por siempre.—añadí pensando en los momentos de unas horas antes.

—Eso me alegra. Yo también me siento así.

Raymond, que había detenido su paso, sonreía suavemente mientras se encontraba frente a mí. Aún quedaba un pétalo blanco sobre su cabello, brillando a la luz de la luna.

Minutos antes, Lette y yo nos reímos sin sonido mientras observábamos la flor en su cabeza, pero nunca le confesamos la presencia de ésta.

Entonces, sin previo aviso, sus largos dedos pasaron suavemente por mi pelo, rozando aquellos mechones que Lette había trenzado con esmero.

—Para la próxima vez, que sea solo entre nosotros dos.—susurró, con su tono grave y masculino—. Por supuesto, como siempre, solo si tú también lo deseas.

La mano que jugueteaba con las hebras plateadas de mis trenzas llegó a mis lóbulos de la oreja. Su toque cariñoso provocaba calor en mi piel y me pareció un poco cruel que él sonriera al verme indefensa, con mi rostro enrojecido.

Sus pupilas, que me observaban desde arriba mientras me acariciaba, estaban cargadas de un afecto inconfundible. Cuando recibía esa mirada nublada, cargada de un calor inexplicable, solía tener la ilusión de que Raymond realmente me amaba, o mejor dicho; sentía amor por la “Chloe” real y no la que el Gran Duque había creado.

«No… ¿Es realmente una ilusión? ¿Y si no fuera así?»

La voz de Kylos, como una sombra oscura, en mi mente decía:

{—El emperador no te ama.}

Sin embargo, a diferencia de antes, las cautivadoras palabras de Raymond se superponían sobre las otras, haciéndome recordar el cariño que él sentía:

{—Te diré cada día lo encantadora que eres, Chloe.}

Pensaba que no debía aceptar su amor. Tal vez deseaba que su anhelo también fuera una ilusión, para aliviar mi culpa y deuda hacia él. Pero las frases de Kylos y Raymond chocaban entre sí en mi mente, en una lucha constante.

{—¿Cómo puedes ser tan ingenua, Chloe? No te ama a ti. Ama la imagen de ti que he creado.}

{—Eso no es verdad. Es imposible que no te ame, Chloe.}

No obstante, tenía la sensación que todo lo que Raymond me había dicho durante estos últimos días eran las respuestas que yo realmente necesitaba. Aquellas que, entre líneas, afirmaban que las acusaciones de Kylos eran una más de sus tan comunes falacias.

«Entonces, ¿Desde cuándo me acostumbré a recibir su afecto con tanta normalidad? ¿Desde cuándo la inmensa culpabilidad que me atormentaba estaba siendo desplazada, sin saberlo, por aceptación?»

Tras la revelación de que él también había regresado en el tiempo, Raymond no escondió su amor hacia mí en ningún momento. Como si tratara de convencerme de que su cariño me pertenecería por siempre, Raymond demostraba constantemente que, aunque lo negara mil veces, sería inútil; ya que él me querría en esta o en cualquier línea temporal existente.

El torbellino de mi mente se intensificaba cada vez más. Voces colisionando donde Kylos declaraba que el amor del Emperador era falso, mientras Raymond refutaba afianzando lo contrario.

{—Aunque no fueras tú, él amaría a cualquier mujer que pasara por mis manos. Aquella moldeada por mí, según sus gustos pero no los tuyos}

{—Me conozco muy bien, Chloe, y sé que no soy yo mismo si no te amo. Da igual lo que digan o el tiempo que pase, te quiero, y esa verdad no cambiará.}

Sin embargo, en medio de esa incertidumbre, así como Kylos mostraba un lado obsesivo y agresivo para someterme a “su realidad” y que volviera a ser su sumisa marioneta, Raymond, por otro lado, nunca me forzó a aceptar su amor. Es más, simplemente dijo que me ayudaría a amarme a mí misma.

—Su Majestad.—dije cortando mis pensamientos confusos.

Al llamarlo, él entrecerró los ojos con esa mirada intensa y desdibujada, la cual descendió directamente sobre mis ojos. En ese instante, un fuego apasionado se encendió sobre mi cuerpo y, en medio de ese afecto tan denso, ya no podía considerar que todo aquello era una ilusión o un espejismo. Siendo consciente de ello, vacilé por un momento en el que Raymond aprovechó para susurrar:

—Dime, Chloe.

Mi mente, como aguas enturbiadas, se aclaró nítidamente mostrando algo que no se podía negar:

«Raymond siempre ha tratado de darme certeza, tanto en el presente como en el pasado. Sin embargo, Kylos, quien ha sido mi protector durante tanto tiempo, nunca me ha dado la misma confianza. ¿Por qué debería dudar de Raymond y creer en el mentiroso que siempre me ha engañado?»

{—Te amo, Chloe.}

Incluso antes de regresar en el tiempo, él solía confesarme su amor a menudo. Sin embargo, ninguna de esas confesiones podía igualar la declaración que me hizo durante el baile de cumpleaños de Daria.

Era un hombre que, a pesar de conocer todos mis errores, seguía amándome. 

«¿No es hora de que confíe en el amor de ese hombre?»

—Hay algo que me gustaría preguntar, Su Majestad.

—Lo que sea, Chloe. Te escucho.

«Quizás ahora esté siendo presuntuosa. Pero si la mirada, la expresión y la voz llena de afecto que él me dirige ahora son solo una ilusión creada a partir de la imagen de una “Chloe” inexistente… ¿No sería eso muy triste?»

—¿Por qué no ayudaste a Lady Eloise cuando se cayó el otro día? Sin embargo hoy, ayudaste a la Santa… ¿A qué se debe esto? ¿Hay algún motivo en especial?

—¿Qué? ¿Eloise? ¿Quién es ella?

—¿No lo recuerdas? La joven dama que se cayó frente a ti durante el último picnic que se celebró.

—¿Sucedió algo así?

Raymond parecía realmente no recordar, frunciendo el ceño en señal de total confusión.

—Bueno… Lo digo porque era una mujer que claramente coincide con tus gustos.

—¿Mis gustos?

—Era una chica con cabello plateado y ojos rojos. Siempre has dicho que tu ideal es una mujer hermosa con una melena de esa tonalidad, ¿no es así? Además, siempre has estado rodeado por jóvenes con esas características.

—…

Por un momento, una expresión de desconcierto cruzó el rostro de Raymond.

Moviendo su nerviosa mirada hacia los lados, como si estuviera chequeando si alguien lo observaba, se frotó el rostro, alborotando los mechones pelirrojos que caían suavemente sobre su frente.

—Eso… Es un error. Todas las mujeres de cabello plateado que mencionas eran chicas que Daria había enviado para seducirme con la finalidad de tener una amante. Nunca he querido a ninguna de ellas cerca y, en el caso de que lo pareciera, no era por mi propia voluntad. Sé que los rumores sobre mí no son muy buenos, pero es muy desagradable que tú también me malinterpretes.

—¿De verdad? ¿Nunca has tenido ninguna?

—No, Chloe. Tú eres la primera a la que he querido y tenido cerca. La única con la que me he besado, acostado y a la que le he confesado mi amor de manera cursi y descarada. Es más, me he declarado más de una vez… ¿No es eso suficiente para que te des cuenta de que solo eres tú la que habita en mi corazón?

Aunque era una revelación muy diferente de la imagen que había tenido de él durante mucho tiempo, no me parecía falsa en absoluto. Más bien, mi pecho latía con fuerza de nuevo, emocionado.

Raymond, al ver que no respondía gimió y murmuró:

—Para empezar no tengo “un tipo ideal” o “un gusto” en concreto…

De repente, tuve un pensamiento. 

—No se si lo recuerdas… Aquel día, cuando te vi frente a la oficina con la Santa, salí corriendo…

Quizás, como decía Kylo, él podría estar equivocándose al pensar que me ama. Y quizás yo también me estoy engañando al creer que su amor hacia mí es verdadero.

Sin embargo, cuando descubrí que aun así lo amaba, pensé que no importaba si todo aquello era una ilusión fruto de mi ingenuidad. Lo significativo, es que yo lo quería y deseaba su felicidad.

“Amar a Raymond” 

Esa realidad me dio el coraje y la soltura que necesitaba. Por lo que continué hablando sobre aquella tarde, en donde me di cuenta de mis sentimientos por él:

—Y después me preguntaste ¿por qué me sorprendí tanto? Bueno… La respuesta que no me atreví a decirte en aquel momento fue porque la apariencia de la Santa, que vislumbré más allá de ti, se ajustaba a tu ideal femenino. Así que, no pude evitar pensar que quizás amarías a otra mujer además de mí y… Huí…

—¿Qué? ¿Por qué pensarías eso?

—Soy una mujer que, desde muy pequeña, fui creada para ajustarse a tus gustos. Por lo tanto, mi verdadero “yo”, la “Chloe original”, podría ser diferente de la que te gusta ahora. Si mi tío hubiera traído y criado a otra chica en lugar de a mí, tal vez le habrías susurrado tu amor a ella en vez de a la “Chloe Garnetsch” que tienes delante.

—¡Eso es ridículo! No tiene sent-…

Rápidamente interrumpí sus palabras que intentaban objetar y añadí:

—Sin embargo, Su Majestad, aunque esto pueda ser una idea atrevida, a pesar de todo lo que hemos pasado,  ¿puedo pensar que todavía me amas tal como soy ahora?

Me acerqué un paso más hacia él, como si estuviera bajo un hechizo. Aquel que, mágicamente, respondía al conjuro que la Santa había lanzado en su fiesta de bienvenida:

{—Los dos deben amarse.}

Un encantamiento que hacía que surgiera en mí una fe inquebrantable en las palabras de amor de Raymond y, a su vez, que también me permitía amarlo igualmente. 

—…—él me miró sin decir nada. 

No importaba. Tenía todo el tiempo del mundo para esperarlo. Igual que él lo hizo conmigo, yo también podía hacerlo, porque lo amaba genuinamente. En el pasado, habría temido su silencio, pero ahora no me afectaba. Incluso si él rechazara mi amor en este momento, y dijera que “todo era una ilusión”, no sentiría arrepentimiento alguno. No había razones para echarse atrás ante la verdad.

—Chloe.—su voz baja, que tanto me gustaba, llegó a mi oído—. Te lo estoy diciendo todos los días. Cuán encantadora eres, cuán hermosa y ahora mismo cuán loco me estás volviendo…

Sus dedos tocaron mi rostro, acariciando con cariño mis ojos calientes, mi nariz prominente y mis labios gruesos mientras seguía susurrando:

—¿De verdad piensas que todo lo que te hace ser tú, “Chloe Garnetsch”, es meramente creado de forma artificial? ¿Que todas las partes encantadoras de ti, que siempre has mostrado de forma tan brillante, fueron fabricadas por el Gran Duque de Ludwig? ¿De verdad así lo crees?

Su voz era grave y áspera, como un melodioso ronroneo que envolvía suavemente mis tímpanos. Había razón en lo que él decía, pues incluso yo me había cuestionado así. Lo miré hacia arriba, sus ojos en los míos y, frunciendo levemente el ceño en mi rostro, donde una sonrisa torcida se dibujaba con tintes de desprecio hacia mí misma,  respondí lo que siempre quise decir:

—… No.



RAW HUNTER: ACOSB
TRADUCCIÓN: ROBIN
CORRECCIÓN: MIMY



© 2026 ACOSB

No puedes copiar el contenido de esta página.

    Previous Post

  • CAPÍTULO 63

    Next Post

  • CAPÍTULO 65
Scroll to top
  • INICIO
  • ROFAN
  • BL & GL
  • FANTASÍA
  • +15 & +19
  • VIP
  • MANHWAS
  • My Bookmarks