Skip to content

ACOSB

  • INICIO
  • ROFAN
  • BL & GL
  • FANTASÍA
  • +15 & +19
  • VIP
  • MANHWAS
  • My Bookmarks
ACOSB

Capítulo 63

Limpié con una gasa húmeda el polvo de las heridas de Lette y, tras esto, apliqué sobre los rasguños una pomada cicatrizante. Afortunadamente, la lesión no era tan grave como para necesitar vendas; así que el tratamiento no me tomó mucho tiempo.

—Después, asegúrate de visitar a un médico para recibir una revisión adecuada. No querrás tener cicatrices en el futuro…—dije con un tono entre dulce y severo.

—¿Estás preocupada por mí?—preguntó Lette sin ocultar su emoción.

—¿Cómo puedes decir eso después de haber creado un problema a propósito?

—Hehe…

Aunque intentaba sonar molesta, Lette sonrió ampliamente, como si estuviera encantada. Tal vez debido a que su apariencia era la de una niña de cuatro años, sentía que la distancia que había entre nosotras se había reducido considerablemente.

—¡Me alegra mucho estar aquí con Raymond y Chloe! ¡Es maravilloso pasar el rato así, juntos!

—… La verdad es que a veces no entiendo en que está pensando la Santa.—intervino Raymond.

Incluso yo estaba de acuerdo con su observación mientras me levantaba. Sinceramente no me importaba que Lette se comportara así conmigo. Pero tomarse tantas confianzas con el Emperador presente era otro asunto distinto.

—Ahora que ya estás mejor, Santa, puedes retirarte a tus aposentos.—añadió Raymond.

—¿Eh? ¿Tengo que irme ya?

—Este es el despacho de Su Majestad. Como te habías lastimado hemos venido aquí para tratar las heridas y ahora que hemos terminado es hora de marchar. Vamos, te llevaré de regreso.—contesté apoyando el comentario de Raymond.

—¡Pero…!—Lette, que parecía muy reacia a irse, comenzó a suplicar—. ¡Raymond! ¡No me eches, por favor! Quiero ver cómo trabajas con Chloe.

Al ver que Raymond no mostraba ningún indicio de ceder antes sus ruegos, Lette insistió más. Parecía que no quería irse en absoluto.

—¿Eh? Raymond, por favor. ¿No soy adorable con mi apariencia de niña? Si me dejas quedarme a tu lado con Chloe… ¡La eficiencia de tu trabajo seguramente aumentará!

—Hmm, bueno…—Raymond, que había estado entrecerrando los ojos, desvió su mirada hacia mí y murmuró en voz baja, como si estuviera resignado—. Si Chloe también está aquí…

—¿Cómo…?—Al escuchar esas palabras inesperadas, volví a preguntar—. ¿Yo también…? 

Pero Raymond no se echó atrás. En su lugar, sonrió y asintió confirmando su propuesta:

—Sí. Como dijo la Santa, tenerte cerca podría aumentar la eficiencia de mi trabajo.

—…

Las palabras que sonaban como una confesión hicieron que el entorno se sintiera repentinamente más cálido. Me sentí avergonzada de escuchar tales cosas frente a Lette, y me abanique con las manos.

Mientras tanto, la aniñada Santa observaba nuestra interacción con una sonrisa complaciente que no era típica de su edad.

Durante el tiempo en que Raymond estaba trabajando, nos sentamos en el sofá y pasamos el rato juntas. Hubo un momento en que Lette me pidió que le hiciera trenzas en el cabello y, aunque me esforcé mucho en cumplir con su solicitud, el resultado no fue muy bueno.

El trenzado en la parte trasera de sus orejas estaba flojo y desigual. A mayores, el lazo rojo que utilicé para fijar su peinado estaba totalmente arrugado, dando un aspecto desaliñado al acabado.

—Lo siento, Lette. Esto… Parece un poco extraño, ¿verdad?

Sin embargo, en contra de mis expectativas, Lette no se mostró descontenta cuando se miró felizmente al espejo.

—No. Está muy bonito. Es exactamente lo que quería.

A pesar de que, a mi juicio, la palabra “bonito” no encajaba con semejante desastre, acabé aceptando de mala gana los halagos que solo hicieron que me mostrara más desesperada. Incluso llegué a preguntarme si había algo de malo con mis habilidades mientras examinaba mis palmas con un suspiro.  

—¡No hagas esa mueca, Chloe!—me reprendió Lette, para mi sorpresa—. Está realmente precioso. ¿Le preguntamos a Raymond? ¡Raymond! ¿Cómo está mi cabello? ¡Chloe lo trenzó! ¿No es realmente bonito?

Raymond, que estaba sentado frente al escritorio leyendo documentos, levantó la vista hacia nosotras. Al ver el peinado peculiar de Lette, Raymond soltó una pequeña risa.

—Pffft. Sí, está realmente bonito. Es una gran habilidad la que tienes escondida, Chloe.

—¿Escuchaste eso, Chloe? Raymond también dice que está realmente bonito.—repitió Lette como si no acabara de escuchar a Raymond que claramente se estaba riendo de mí.

Dando por concluído el veredicto del desarreglo que había hecho, Lette se rió y me pasó el espejo.

—Ahora es el turno de Lette. Voy a trenzar el cabello de Chloe. ¡Voltea, Chloe!

Aunque me preocupaba que fuera un acto de venganza, ya que había cometido un error, me di la vuelta y me senté sin protestar. Poco después, el peinado que Lette había hecho en mi cabello estaba sorprendentemente perfecto.

—Si me haces el cabello así de bonito, me siento mal por lo que hice…—reproché avergonzada.

—Nada, nada, … Es porque Chloe es hermosa, que el trenzado se ve increíble.—la voz parlanchina de Lette sonaba tan adorable como un pequeño pajarito. 

Al mismo tiempo que la escuchaba atentamente, me miraba boquiabierta al espejo. No podía creer que esas pequeñas manos hicieran trenzas en mi cabello con más perfección que lo que yo había hecho.

—¿No parece que somos como una familia cuando estamos así, Chloe?—comentó Lette que había estirado los brazos para que el reflejo captara nuestras caras juntas.

Pero debido a lo cortas que eran sus extremidades con el cuerpo de una niña de cuatro años, se la vió teniendo dificultades para sostener el marco. Así que, en su lugar, tomé suavemente el espejo y lo extendí. En ese momento me di cuenta que, tal y como ella había predicho, nuestras dos figuras parecían realmente la de dos integrantes de una misma familia unida.

—¿Verdad? ¿No parece que tal y como estamos ahora es como si fuéramos una verdadera familia?—repitió Lette, sutilmente integrando a Raymond en la oración.

—Hmmm… Familia, dices.—murmuró en voz baja Raymond, quien había estado mirando fijamente la escena  desde su escritorio. 

Cuando dirigí mis ojos a los suyos pude ver la sonrisa tranquila que había aparecido en su rostro e, inevitablemente, sentí cómo mi corazón se calmaba con una calidez inexplicable.

Cuando el almuerzo estaba por terminar, Raymond cerró el expediente que había estado revisando. Lette, que se había estado entreteniendo con mi cabello mientras se sentaba a mi lado, saltó de repente hacia el escritorio de Raymond.

—¡Raymond! ¿Ya terminaste con el trabajo?—preguntó Lette entusiasmada.

—Hmm, bueno… S-sí.—balbuceó Raymond a quien lo había tomado desprevenido.

Por un momento, él la miró con los ojos entrecerrados. No obstante, la Santa tenía sus propios planes montados en su mente como para hacer caso a la extrañeza del joven Emperador. 

—Entonces, ¡vamos a jugar juntos! ¿Raymond, has ido de picnic alguna vez? Chloe y yo hicimos uno hace poco. Extendimos una manta, comimos bocadillos y hablamos de muchas cosas interesantes. ¿No te parece que sería muy divertido si tú también vinieras?

Lette, quien se veía emocionada imaginando cómo sería tener una comida campestre entre los tres, fue interrumpida rápidamente.

—Más bien, Santa, ¿no dijiste hace un momento que te habías lastimado la pierna y no podías caminar correctamente?—preguntó Raymond con un tono indiferente hacia ella.

En ese momento, el cuerpo de Lette, que estaba saltando de alegría, se volvió rígido.

—¡Ah! Ja, ja, … ¿Dije eso?—dijo la niña mirando a Raymond con la cara más adorable que podía hacer. 

Aunque su expresión era tan encantadora que parecería que cualquier mentira se perdonaría en ese momento, Raymond sólo parpadeó un poco, sin mostrar ninguna señal de inquietud.

Los ojos de Lette se movieron nerviosamente y acudió a mí con una mirada suplicante. Pero, aunque era débil frente a los caprichos de la Santa, la ignoré un poco ya que no era la primera vez que me manipulaba con sus mentirijillas. 

—Entonces, lo de que no podías caminar, ¿fue una mentira?—continuó Raymond con severidad.

Finalmente, Lette suspiró profundamente y admitió la verdad.

—… Como Santa bendecida por el Dios Ramie, no siento dolor físico.

—Entonces, ¿por qué mentiste?—prosiguió Raymond reprendiendo a la Santa.

—Quería acercarme a Raymond.

—¿De verdad? ¿No había otro motivo?—inquirió el Emperador—. Estoy muy preocupado por si estás tramando algo indebido contra el Imperio de Astart, utilizando la influencia que ejerce la Iglesia de Ramie sobre la nobleza.

—¡No! ¡Eso no es verdad! ¡Por favor, créeme!

Raymond seguía mirando a Lette con una expresión de duda.

Siendo presente de la situación donde se veía a la Santa con una expresión de injusticia y me reí en silencio. Pensé en las tonterías que hizo para acercarse a mí y sabía que lo que había tramado ahora no traía consigo malicia alguna.

—Es verdad… Lo juro por el nombre del Dios Ramie que no tengo ninguna mala intención.—continuó la niña desesperada.

—Hmm… Si la Santa lo dice así, entonces tendré que creerlo… O no se… ¿Debería pensarlo un poco más?—murmuró Raymond mientras acariciaba su mentón.

Ante tal respuesta, Lette parecía estar a punto de llorar. Justo cuando estaba a punto de ayudarla a persuadir al Emperador, noté la pequeña sonrisa de picardía en los labios de Raymond.

«¡Ah! Entiendo. Está bromeando con la Santa.»

Al descubrir su sorprendente lado juguetón, mi corazón latió rápidamente.

Desde que me di cuenta de que lo amaba, mis sentimientos de amor hacia él no paraban de crecer. Sobre todo cuando presenciaba sus nuevas facetas de las que no era consciente antes. Sin embargo, de algún modo, verlo hacer bromas como un muchacho revoltoso mientras mantenía una expresión sin cambios me parecía aún más fascinante.

Las arrugas cortas cerca de sus ojos, los labios que sonreían traviesamente en contraste con sus ojos fríos, y su mente que parecía disfrutar en secreto mientras mantenía una expresión impasible. Todo en él era encantador.

Quizás el hecho de que su corazón también tuviera razones para amarme, similares a las mías, no era una coincidencia fruto de ser similar a su tipo ideal. Si no que verdaderamente me quería tal y como yo era.

«¿No debería empezar a confiar en el amor que profesaba por mí, con cada pequeña de sus acciones?»

Mimy: ¡Sí, por Dios! ¡Casaos! ¡Que me tenéis harta!

Pensar en eso me hizo sentir un nudo en el pecho.

—Entonces… ¿De verdad no vamos a ir de picnic? Creo que sería muy divertido si vamos los tres juntos: Chloe, Raymond y yo.—insistió Lette que, aunque parecía estar a punto de llorar, no cambió de opinión. 

Raymond se quedó por un momento pensativo y la Santa aprovechó ese momento para afianzar su plan atacándome con una pregunta inesperada:

—¡Chloe! ¿A que tú también quieres ir de picnic con Raymond?

—¿Eh? No… Yo… B-bueno…—contesté titubeando, nerviosa.

Al no dar una respuesta fija, Raymond soltó una risa baja.

—¡Oh! Entonces es cierto lo que dice la Santas. Visto que no lo niegas de inmediato, parece que también quieres ir con nosotros.

Descubierta por Raymond, mi rostro se calentó mostrando mis mejillas de un rojo brillante. Él, con una sonrisa, dejó su pluma sobre el escritorio y se levantó.

—Como los asuntos urgentes están casi resueltos, tengo algo de tiempo libre. ¡Vamos! Me vendrá bien un respiro y un picnic no parece una mala idea.

—¿Pero tan de repente? No hemos preparado nada…—interrumpí inquieta.

—¿Qué piensas de mí, Chloe? Cosas como bocadillos o mantas no necesitan ser preparadas personalmente de antemano.

—Sí, Chloe. ¿Has visto alguna vez al Emperador poner cubiertos en una mesa por sí mismo? El Soberano de un Imperio normalmente da órdenes para que lo hagan otros.—reafirmó Lette.

Los dos compartían una actitud de arrogancia digna de sus posiciones como Emperador y Santa.

Al ver que ambos compartían la misma opinión, intercambiaron miradas similares entre sí, antes de hacerme una ademán con la barbilla para que los siguiera.

«Sus expresiones son tan parecidas…»

Así fue como Raymond, Lette y yo nos encaminamos juntos para disfrutar de un tentempié al aire libre. Aunque la combinación de las tres personas podría parecer extraña, los sirvientes colocaron una manta y trajeron la cesta de bocadillos sin musitar crítica alguna por lo bajo.

Mientras yo me sentía incómoda y observaba cautelosamente, Raymond y Lette se sentaron naturalmente sobre la tela extendida. Los dos me miraban con una expresión muy parecida, como si esperaran ver qué haría yo.

—No te sientas incómoda, ven y siéntate aquí, Chloe.—comentó Raymond con dulzura.

—No te sientas tímida, puedes sentarte a mi lado, Chloe.—reforzó Lette al instante.

Sonreí torpemente y me senté entre ellos. Raymond hizo un gesto, y los criados se inclinaron antes de retirarse en silencio.

Una vez que quedamos solos, Lette se enterró en mi falda y exclamó: 

—¡Es nuestro segundo picnic juntas, Chloe!

Su cuerpo era tan pequeño que podía acurrucarse en mi regazo con facilidad.

—Realmente no hemos preparado nada, pero parece que no es un problema a la hora de disfrutar juntos de una merienda al aire libre.—dije mientras sonreía suavemente al sacar sándwiches y leche que había en la cesta. 

Mi estómago estaba bastante vacío porque aún no había comido. No obstante, mi curiosidad por Raymond tomó prioridad sobre el hambre que tenía y pregunté:

—¿A Su Majestad también le gusta este tipo de comida?

—Sí, bueno… A veces, cuando estoy ocupado, a menudo salto el almuerzo y acabo tomando un pequeño tentempié como este.

Me sorprendió que alguien tan grande como Raymond pudiera sentirse satisfecho con solo unos trozos de pan. Por otro lado Raymond, que me leyó la mente al instante, se adelantó y dijo medio quejándose como un niño:

—No me mires como si fuera una criatura extraña. Cuando estaba en el campo de batalla, a veces comía trozos de pan duro y aún así sobrevivía.

—¡¿Trozos de pan duro?!—Lette, que se había acurrucado en mi falda, se levantó de repente—. ¿Quién le ofreció a Raymond esa comida tan mala? ¡Dímelo! ¡Iré a regañarlo!

A pesar de que su mirada era amenazadora, no era intimidante debido a su pequeño tamaño. Por eso terminé riéndome alegremente mientras acariciaba su cabello, que había arreglado de forma tan ridícula.

—No te enojes y come algo, Lette. Seguro que tienes hambre, ¿verdad?

—¡Ah! gracias, Chloe.—respondió ella cambiando drásticamente su actitud.

Su enfado se convirtió en una Lette aceptando cortésmente un sandwich que le ofrecí con ambas manos. La forma en que masticaba con las mejillas hinchadas era muy adorable y me quedé observándola con dulzura. 

Sin embargo, de repente noté la mirada de Raymond sobre mí y, al girarme, vi que nos contemplaba fijamente mientras comía su emparedado.

—¿…?

Me preguntaba si quería decir algo y, al inclinar mi cabeza hacia un lado, él soltó una risa suave.

—Es solo que… Ver a las dos juntas, ¿sabes? Realmente parece que sois hermanas.

—¡No somos solo hermanas!—saltó Lette con enojo y la boca llena de migas—. ¿Cómo puedes reducir la relación entre Chloe y yo a unas simples hermanas?

—Lette, deberías tragar antes de hablar.—interrumpí para tranquilizar su exaltación.

Lette, que había estado molesta, rápidamente cubrió su boca con ambas manos y respondió:

—¡Ah! Lo siento, Chloe.

Después de, obedientemente, tragar lo que tenía en la boca, se cruzó de brazos, se plantó frente a Raymond y le recriminó:

—Piénsalo bien, Raymond. ¿Realmente solo ves a Chloe y a mí juntas, como si fuéramos hermanas?

Aunque estaba de pie rígida, debido a su pequeño tamaño, quedaba a una altura inferior a la de Raymond sentado. Él, que la miró desde arriba, frunció el ceño y preguntó:

—¿No te gusta la palabra “hermanas” para referirme a vosotras?

—Sí, no me gusta. En absoluto.—reafirmó ella con fiereza.

Lette se acercó a mí, extendió los brazos y me abrazó. Debido a que su cuerpo era el de una niña de cuatro años, en lugar de sostenerme, parecía que se colgaba de mi cuello.

Fue entonces que Lette miró a Raymond con una sonrisa brillante.

—Chloe y yo somos mucho más que simples hermanas.

—…

Raymond, que parecía estar pensando en algo, entrecerró los ojos mientras nos observaba y, de repente, comenzó a reírse con ella.

—Ja, ja, ja, ja, … Parece que cuando estoy con la Santa, me vuelvo un poco inmaduro.—concluyó Raymond alegremente, sacudiendo la cabeza mientras metía el sándwich restante en su boca. 

La brisa primaveral soplaba suavemente y, con las historias interminables de Lette, el tiempo pasó sin que nos diéramos cuenta.

Cuando levanté la vista, noté que el cielo se estaba volviendo rojo y fui consciente del largo rato que pasamos juntos desde el mediodía hasta el atardecer.

Quizás era por su apariencia infantil. Pero la visión de Lette, moviendo los brazos exageradamente mientras explicaba algo a Raymond, me hizo sentir una extraña punzada en el pecho.

Raymond, que escuchaba las palabras de Lette con una actitud seria y luego soltaba una sonrisa amable, podría haber sido un buen padre para nuestra Estel. Si es que yo no hubiera cometido los errores que hice en mi vida pasada.

Es más, si no me hubiera conocido en aquella época, tendría momentos así con sus hijos. Unos que fueran fruto de una relación con alguien que lo hubiese querido de verdad.

Pero, siendo sinceros, aunque eso hubiera sido lo mejor en el pasado, ahora lo amaba tanto que deseaba ser yo la que le diera la felicidad de ser el padre de mis hijos; pese a saber que, lo más probable, es que eso no sea posible.



RAW HUNTER: ACOSB
TRADUCCIÓN: ROBIN
CORRECCIÓN: MIMY



© 2026 ACOSB

No puedes copiar el contenido de esta página.

    Previous Post

  • CAPÍTULO 62

    Next Post

  • CAPÍTULO 64
Scroll to top
  • INICIO
  • ROFAN
  • BL & GL
  • FANTASÍA
  • +15 & +19
  • VIP
  • MANHWAS
  • My Bookmarks