Capítulo 47
De pronto, Sir Enoch Brans desvió su mirada y, prestando atención a algo, concluyó en casi un susurro.
—… Hay alguien acercándose… Creo que ya va siendo hora de que me vaya…
Preocupada, miré hacia abajo intentando atisbar la presencia de la que hablaba. Sin embargo, no tuve éxito, mis sentidos no eran una nimiedad, comparados con los de un caballero de élite del Gran Ducado. Para más inri, el joven Sir no se fue de inmediato. No sabía qué podía pasar si lo pillaban hablando con una doncella en el balcón de Palacio a altas horas de la noche, pero de seguro, no sería para nada bueno.
«¿Otra vez te vas a meter en problemas por mi culpa? ¡Ni hablar!»
—¿Señor Enoch?—lo llamé como instándolo a abandonar el lugar.
No obstante, él palpó los bolsillos como buscando algo y se acercó a mí. Cuando rodeó suavemente mi muñeca, depositó una daga corta en mi palma.
—Llegará el momento en que lo necesites…—susurró, mientras bajaba la mirada hacia el objeto que sostenía y, a continuación, se despidió con una sonrisa—. Volveré a verla pronto, Lady Chloe.
Como no podía ser, antes de desaparecer, Sir Enoch besó ligeramente el dorso de mi mano y me quedé muda viéndolo esfumarse en la oscuridad.
—…
Ya una vez completamente sola, y con la mirada perdida en la rama en la que él había estado parado momentos antes, permanecí anonadada asimilando todo lo sucedido con Sir Enoch. Si alguien me viera en ese instante, pensaría que estaba siendo poseída por un fantasma o espíritu de la nocturnidad.
Entonces, oí un crujido desde abajo que me alertó, y examiné la silueta de la persona que se aproximaba. Cuando la luna iluminó el jardín, apareció un hombre que miraba fijamente al balcón donde yo estaba. Lo reconocí de inmediato y lo saludé.
—Su Majestad, ¿qué le trae por aquí…?
Por supuesto, era Raymond, quien debía estar en una de sus vigilias comprobando la seguridad de Palacio. Al verlo directamente, mi tranquilo corazón empezó a acelerarse de nuevo, y el dolor en el pecho, que siempre había estado ahí cada vez que nuestros ojos se encontraban, ahora palpitaba salvajemente; estremeciendo todo mi cuerpo en consecuencia.
«Desde cuándo la presencia de este hombre tiene pleno control sobre mi.»
{—Te amo, Chloe.}
«Ah… Probablemente era desde ese entonces…»
{—Me conozco mejor que nadie, Chloe… Y te aseguro que el “yo” que alguna vez diga no quererte, no es “Raymond de Astarot” realmente.}
Desde que él confesó que seguía queriéndome como antes, aunque hubiera regresado atrás en el tiempo, las emociones sin nombre crecían en volumen y significancia; amenazando con tragarse mi profunda culpa por traicionarlo. Cada vez que sentía aquellas oleadas excitantes, las cuales siempre surgían en presencia de Raymond, me recordaba a mi misma que debía ponerle freno de alguna manera; si no quería dejarme llevar a la deriva con la marea de su afecto que no me correspondía.
Es más, ahora, nuevamente estaba tentada por la masculinidad que emanaba de aquel joven pelirrojo y, apartando los sentimientos de ternura que brotaban entre la brisa primaveral; reescribí mi juramento una y otra vez, en mi mente.
«No debería aceptar su amor. No debería amarlo. No debería haber algo llamado “querer” entre él y yo. Porque no lo merezco…»
—Pasaba por aquí porque me pareció percibir una presencia humana extraña… Y como ya es muy tarde en la noche, pensé que, a lo mejor, había algún intruso peligroso merodeando por los alrededores…—explicó Raymond.
—¡Ah…! Mmmm…—lo miré fijamente, sin ocultar mi sobresalto e inmediatamente me sentí como una tonta por no poder disimularlo.
«¿Qué hace aquí? ¿Por qué siempre comprueba la seguridad del Palacio Imperial él mismo? ¿Acaso no duerme? Me pregunto si habrá visto a Sir Enoch… ¡Oh, no! ¿Y si ya lo ha capturado…?»
Mis miles de preguntas se vieron interrumpidas por la suave voz varonil, que llegó a mis oídos.
—Es una agradable y cálida noche de primavera, Chloe.—una sonrisa torcida cruzó el rostro de Raymond mientras me observaba con detenimiento—. No obstante, ha habido muchas malas noticias en la capital últimamente, y no deberías quedarte despierta hasta la madrugada…
Para mi alivio, Sir Enoch no había sido descubierto, ya que, de ser así, el Emperador no hubiera reaccionado tan tranquilamente. Por ello, exhalé un pequeño suspiro antes de responder.
—Lo siento, Su Majestad. Intentaré acostarme más pronto.
—¿Qué…? No, Chloe, espera… Yo… No esperaba una disculpa… Simplemente es una recomendación, no una obligación…
—Entiendo… Entonces, usted también… Asegúrese de no acostarse muy tarde…—apreté con cuidado el picaporte de la puerta acristalada y añadí—. Buenas noches, Su Majestad.
—¿Ya te vas directamente a la cama?—preguntó con un pequeño respingo.
—¿Cómo?
—Mmm… No… Olvídalo, no es nada…—dijo con tono un tanto nervioso.
Ante su expresión aparentemente incómoda, yo abrí y cerré varias veces los párpados, desconcertada. Tras unos segundos, él me regaló una de sus encantadoras sonrisas y, negando con la cabeza, se despidió.
—Bueno… Entonces, buenas noches, Chloe.
La pronunciación de las palabras de Raymond era relajada y una sensación cálida se cernió sobre mi pecho. Con una punzada de arrepentimiento, me di la vuelta y cerré el ventanal tan despacio como pude, para no despertar a la adorable Princesa.
La sensación de vacío, que surgía cada vez que Raymond se iba, se estaba volviendo familiar, y eso suponía un problema. Él era como una montaña rusa de emociones para mí. Si lo veía, la alegría me inundaba y cuando se fugaba de mi vista me sentía apagada, tal y como me encontraba en este momento, entre las tinieblas de mis aposentos.
El único sonido que reinaba en la oscura habitación, era la suave respiración de Betsy, quien dormía profundamente en mi cama. Me quedé quieta, sentada a su lado y, levantando las esquinas de las sábanas, froté con delicadeza las comisuras aguadas e hinchadas de los ojos de la joven.
Como había dicho Raymond, debía irme a dormir pronto, aunque me costara conciliar el sueño, ya que, mañana iba a ser un día muy agotador.
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Había amanecido y el cielo estaba radiante, con el tiempo despejado. Era un día soleado; perfecto para un compromiso. En aquel momento, antes de la regresión, la Marquesa de Rosaline, entre la fragancia floral de las campanillas verdes de primavera, habría hecho un pacto con Kylos, prometiendo estar el uno para el otro en el futuro. Sin embargo, hoy, en esta nueva línea temporal, no se daba el caso previsto.
Los acontecimientos habían cambiado completamente, y Elizabeth de Rosaline, en vez de compartir su felicidad con una sonrisa, estaba sumida en un féretro de madera oscura. La rodeaba una sombría tristeza y, los ramilletes de coloridas flores, se habían cambiado por coronas de crisantemos fúnebres. Todo parecía contradecir aquella brillante mañana primaveral.
Era una sensación muy impropia estar en el funeral de la mujer que me había matado en el pasado.
Mimy: No “te mató”, “te incitó a”; el veneno lo tomaste tú solita. Dale las gracias porque era eso, morir de inanición o estar muerta en vida siendo violada por Kylos. Al menos, aceleró el proceso para que volvieras al pasado y fueras feliz.
Muchas nobles jóvenes de mi edad, sollozaban con grandes lágrimas rodando por sus mejillas. A algunas de ellas las había conocido en la fiesta de té celebrada en la Corte de la Emperatriz. Eran las chicas quienes decían odiar a la Marquesa de Rosaline, manifestando abiertamente su aversión hacia ella. No obstante, ahora exudaban inocencia, entristecidas entre llantos por la desgracia de Elizabeth. Yo era la única que no lloraba, sintiéndome algo sola y ajena a las lamentaciones del óbito.
Definitivamente, a estas alturas, el paso del tiempo se había distorsionado bastante. La mujer que debería haber sobrevivido para envenenarme, ha muerto antes que yo. ¿Quién sabe cuántas cosas serán distintas al futuro que yo conozco?
“Muerte”. Era un concepto aún extraño para mí. Aunque ya lo había experimentado una vez, estaba tan demacrada y al borde de la desesperación que ni la sentí llegar.
Sin embargo, había sido espectadora de la muerte de muchos otros. El deceso de la mujer que me había dado a luz, a manos de los Garnetsch. El fallecimiento de mi padre biológico, quien desapareció bajo las cenizas de la mansión de su Vizcondado al igual que mi hermanastro, el cual siempre me trató como a un animal. Incluso fui testigo de la muerte de aquel hombre, el que fue el padre de mi hija y a su vez la persona que tanto me ama aun en el presente.
«Raymond…»
Al pensar en el Emperador, naturalmente una idea floreció en mí. Puede que fuese consciente de ello y simplemente intentaba no verlo. Sin embargo, no lo podía seguir evitando como si no existiera tal posibilidad. Si ha muerto una mujer que no debería haberlo hecho en este momento, me pregunté si era posible salvar a un hombre cuyo final se encontraría a manos de la guillotina.
«Entonces… ¿La muerte de Raymond podría evitarse?»
Ya fuese por la tensión de estos días, en los que no podía evitar sentirme vulnerable ante él, o fuera por quitarme algo de la culpa que me carcomía por dentro. La verdad es que quería evitar aquel trágico destino a como diera lugar.
«Raymond no se merece caer en dicha desgracia de nuevo… Si pudiera desear algo en esta vida, sería impedir su muerte…»
Pero mi profunda reflexión se vio interrumpida por una voz desagradable. Irónicamente, fue la de la persona que se encargó personalmente de condenar injustamente al hombre que ocupaba todos mis pensamientos.
—Chloe…—dijo Kylos mientras se acercaba sigilosamente.
Instintivamente retrocedí al verlo. No obstante, se adelantó bruscamente y me agarró de la muñeca sin darme tiempo a reaccionar.
—Hay algo que debo decirte…—añadió suplicante.
Miré a mi alrededor por un instante.
Había gente de luto por todas partes, derramando lágrimas por la joven que había dejado este mundo. Familiares y allegados que habían venido a llorar su pérdida. Para colmo, unos pocos lanzaban pequeños atisbos a Kylos, para luego apartar la vista con ojos compasivos. Por supuesto, nadie se había dirigido primero al joven Gran Duque, quien debía de estar destrozado por la pérdida de su amante, por ello, toda esta situación se convirtió en la ideal para acorralarme.
Era evidente el por qué Kylos había escogido este momento para conversar. No podía armar escena alguna que llamara la atención de los presentes, puesto que, una confrontación entre ambos sería fatal. Además, claro está, que en tal contexto, yo iba a ser la única perjudicada.
—¿Aquí mismo?—pregunté sin ocultar mi incomodidad.
—Espera… Este no es un buen sitio para hablar de esto… ¿Qué tal si me acompañas a dar un pequeño paseo?—ofreció simple y llanamente, con despreocupación.
Kylos, a pesar de ser un cabrón, seguía siendo igual de perceptivo y agudo que siempre. Así que, él también pareció darse cuenta de la tesitura en la que nos hallábamos. Su tono al hablar era sutilmente desafiante, como si supusiera que no podía negarme a cumplir cualquiera de sus peticiones. Obviamente, no estaba de humor para seguir su juego absurdo.
—No.—rechacé con firmeza, mientras me soltaba de su agarre de un manotazo.
Cuando me di la vuelta para alejarme, su puño fuerte me rodeó el antebrazo, obligándome a encararlo de frente. Cuando fruncí el ceño por el dolor de la tensión que ejercía su mano sobre mí, dobló suavemente las comisuras de sus ojos y susurró amenazante.
—Camina conmigo, ¿si? Solo será hasta el carruaje que te llevará de vuelta a Palacio…
Lo fulminé con la mirada, sintiendo que me palpitaba y ardía la zona de la piel que estaba en contacto con él. Era asqueroso y no me corté a la hora de demostrarlo con mi expresión, pero él no se inmutó en absoluto. En su lugar, esbozó una sonrisa encantadora, digna de ganar un Óscar a la mejor actuación.
—Por favor, Chloe… Será rápido…
Me repugnaba su susurro desesperado que demandaba mi atención con descaro. Era repulsivo verlo actuar con tanta insistencia hacia mí, en un abarrotado funeral donde debería estar llorando la muerte de la que fue su supuesta “amada”. Mas la gota que colmaba el vaso de mi disgusto, era su forma de fingir ser un gentil tutor que me protegía.
Con un poco de esperanza, volví a estudiar mis proximidades esperando encontrar a alguien que me ayudara a salir de esta. Sin embargo, no había nadie a quien acudir.
«Quiero librarme de él, pero si lo sigo alargando no me dejará ir… Y lo que es peor, llamaremos la atención… Ahh… Cuanto antes acabe esta tortura, mejor… »
—… De acuerdo.—acepté a regañadientes.
Solo entonces, Kylos soltó la mano que me sujetaba con una pequeña sonrisa atenuante y marchamos en silencio lejos de la comitiva del entierro.
«Betsy y el cochero estarán esperándome cerca del carruaje. Por tanto, no podrá sobrepasarse ni tratarme mal delante de ellos… Al menos, no es mucho, pero es un alivio contar con ello…»
Asentí para mis adentros. A mi juicio, era lo poco que podía usar como método de defensa. Aunque ahora depositara mi seguridad en algo muy pobre, no quería volver pasar por una circunstancias parecidas en el futuro; así que, me juré a mi misma nunca salir sola fuera de las inmediaciones de la residencia de la Emperatriz.
Mientras caminaba sentía como mi muñeca se hinchaba dolorosamente.
«Me libré de su agarre pero mañana esto estará completamente amoratado… ¿Qué haré entonces si Daria se da cuenta de ello? O aún peor… ¿Y si es Raymond? Él siempre se preocupa demasiado si me ve herida… Si descubre que el causante fue Kylos… ¡Qué problema!»
Ya que ninguno de los dos se dirigió la palabra durante un largo rato, varios pensamientos abordaron mi mente.
«¿Y si huyo en este instante?… No, no funcionará, me atrapará enseguida… Entonces, ¿qué pasaría si me alejo un poco de él y luego corro hacia el carruaje con todas mis fuerzas…? No, tampoco el muy bastardo me sigue pisando los talones… ¡Arrrgh…! Es mejor no salir del Palacio Imperial nunca más y recluirme allí por siempre…»
Cuando los transeúntes del sendero se fueron disipando; Kylos abrió la boca y confesó un hecho que me dejó impactada
—Maté a la Marquesa de Rosaline. La mujer que te asesinó.
Mimy: Expresiones locas que me encantan 2.0
Me detuve en seco, aturdida. Con un grito interno que decía “¡Aléjate de él! ¡Escapa ahora mismo!”. No obstante, estaba tan petrificada que apenas podía hablar, y mucho menos, largarme de allí.
—¿Qué…? ¿… Has dicho?—vocalicé malamente, rezando haber escuchado mal.
—La maté, Chloe. Por tí, como te prometí, ¿recuerdas?—repitió recalcando el “por tí”.
—¡…!
Me llevó un momento procesar lo que aquel demente acababa de revelar.
«¡Dios! ¿Me está diciendo que acababa de matar a la mujer que había sido su amante? ¿Y por qué no parece culpable sino orgulloso?»
—¡Por Dios santo! ¡¿Por qué la…?!—pero no pude terminar la frase porque un descabellado pensamiento fugaz pasó por mi mente.
No pude evitar sentirme culpable. De nuevo, indirectamente, era responsable de la muerte de una persona. Para más inri, podía haberlo impedido e incluso advertido a las autoridades. Sin embargo, no hice nada y dejé que esto sucediera; involucrándome en el asesinato cometido por un Kylos que se había vuelto majareta.
No tenía excusa. Es cierto que fue ella quien me mató en el pasado. La persona que me humilló y abusó de mí en el Gran Ducado. Es más, aunque todavía yo le caía muy mal en el presente, después de haber abandonado a Kylos, jamás le deseé la muerte.
—Espera un segundo… ¿Por qué no estás contenta, Chloe? He matado a la mujer que acabó con tu vida…—Kylos murmuró de forma incomprensible, con el rostro contorsionado.
—¡¡Todavía estoy viva!!—exclamé, presa del pánico.
—Bueno, es cierto que aún no te envenenó porque pasó en aquel entonces… Pero fue la misma mujer que se interpuso entre nosotros todo este tiempo, antes de la regresión. La zorra astuta que utilizó sus trucos sucios para alejarte de mí mientras estabas en el Gran Ducado… La que te despreciaba y denigraba cada vez que tenía la oportunidad…
—¡Já! Así que todo este tiempo lo sabías, ¿no? Y aun así, tú fuiste quien la mantuvo cerca y no hizo nada por frenar sus constantes abusos…
JA, JA, JA, JA, JA, JA, …
Me reí fríamente y me mordí el labio.
Para mí, esos momentos ya se habían convertido en memorias borrosas. Es cierto que la Marquesa de Rosaline de antaño había sido así. Una mujer que se deleitaba degradando e insultando mi ser, en su presencia; y yo, como una tonta, siempre me había visto obligada a soportar aquel trato miserable.
No obstante, también era consciente de que no era solo culpa suya. Pues aún recordaba a Kylos, quien se mantenía al margen y le permitía infligir todos aquellos horrorosos maltratos sobre mi persona. Si, desde un principio, él hubiese frenado el comportamiento abusivo de Elizabeth y sentado las bases como el tutor que decía ser; ella no habría llegado a tales extremos como el de instigar al suicidio.
—Lo sé, Chloe. Por eso me arrepiento mucho de ello y lo lamento.
—…
—Sé que quizás te parezca que me di cuenta demasiado tarde. No obstante, al menos hoy, he corregido mis errores deshaciéndome de ella completamente. Ya nunca nos molestará, Chloe y podremos ser felices juntos sin ningún impedimento.
—…—me dejó sin palabras, con mi mente en un estado de confusión y nerviosismo.
Me di la vuelta rápidamente y empecé a caminar de nuevo. Quería volver al Palacio Imperial lo antes posible. Ansiaba huir de allí, sin embargo, Kylos igualó el paso persiguiéndome en silencio. Traté de ignorarlo en lo posible, mas era difícil puesto que su presencia detrás mía era atemorizante.
«Ya casi… Por favor… Déjame salir de aquí…»
Podía ver los carruajes reunidos a lo lejos. La idea de estar a salvo aceleró mi marcha a la vez que respiraba de forma entrecortada.
—¡Espera, Chloe!—dijo con voz alzada y dominante.
Inconscientemente, me detuve en seco y lancé una breve mirada tras de mí. Kylos se había parado justo en frente a una gran carroza con el emblema del Duque de Ludwig.
«No puede ser… ¿No pensará raptarme y llevarme con él de vuelta al Ducado, verdad? Dime que no es así… Por favor…»
Miré ansiosa hacia los lados. Estaba sola con él, en la parte trasera del grupo de los vehículos que esperaban a sus respectivos dueños.
—Tengo un regalo para ti…—anunció susurrante con una sonrisa irónica, mientras rebuscaba algo en el cofre donde se solía guardar el equipaje importante.
—¿Qué clase de…?
De pronto, sus labios se curvaron de forma siniestra y sacó una caja de madera ensangrentada.
—Noo… No… Ugh…—alcancé a pronunciar, antes de sentir náuseas por el olor de la muerte que había alcanzado mis fosas nasales.
Al instante, un recuerdo sombrío que había intentado olvidar, cruzó por mi mente. La voz de aquel hombre resonó en mis oídos y, el horror de una propuesta espeluznante hecha realidad, me dejó turbada.
{—La degollaré y te traeré la cabeza. Solo así me perdonarás, ¿verdad Chloe?}
¡FLASH!
Las imágenes de la conversación que mantuve con Kylos, hace unos días, en la sala de visitas del Palacio de la Emperatriz; cayeron en cascada como una tenebrosa pesadilla.
«No, no, no, no,… De ninguna manera… ¡No puede ser! ¡No es verdad! ¡Esto tiene que ser un mal sueño!»
—Aquí está, Chloe. Su cabeza. Como te prometí.
—¡…!
En cuanto oí esas palabras, mis temblorosas piernas cedieron y tropecé hacia atrás, cayendo al suelo.
—¡Pero, dentro del ataúd…!—exclamé, mirando en dirección al funeral aún en curso.
«¿Cómo puede ser cierto eso? El cadáver de la Marquesa tiene que estar en aquel féretro… ¿Cómo es posible que la entierren sin cabeza? ¡No tiene sentido!»
—¡Es falso!—continué al borde del grito—. Su familia no permitiría enterrarla en ese estado. ¿Qué clase de consuelo tendrían al saber que no se ha recuperado su cuerpo entero? De ser así, la Marquesa nunca podrá descansar en paz y su espíritu vivirá en agonía eterna. ¿Cómo puedes hacerle esto a la persona que iba a ser tu prometida?
De la caja de madera, goteó sangre ennegrecida, manchando las ropas de luto que Kylos portaba. Un escalofrío me recorrió la espalda y se me pusieron los pelos de punta. No era un farol, ni una figura retórica. Allí estaba el “cuello” rebanado de Elizabeth de Rosaline.
—Entonces… ¿Me perdonas ahora, Chloe?—Kylos torció una sonrisa de forma maquiavélica y prosiguió hablando—. ¿Sabes lo que significa para mí matarla? ¿Verdad? Es simple. Voy a renunciar a todo, incluso al trono que tanto ansiaba. Solo por tenerte a ti.
«Puto loco… ¿”Por mí”, dices…?»
—Por favor, perdóname ahora, Chloe, y vuelve a mi lado.
«No, esto no es “por mí”. Nunca te pedí la muerte de Elizabeth y menos su cabeza. Sacaste tus propias conclusiones, asesinando a una mujer inocente solo para que vuelva al Gran Ducado y encadenarme junto a mí. No quiero volver de nuevo a aquella vida miserable. Esto no es “por mí”, es “por tí”, maldito desgraciado egoísta…»
—Tal vez ya va siendo hora de que me perdones… Porque ahora sí me lo merezco. Así que, no te hagas de rogar, Chloe. Sabes que con esto he demostrado cuánto estoy dispuesto a hacer por tí…
—…—no pude responder, estaba paralizada.
Al no haber contestación, él me miró fijamente a la cara, desafiante, buscando cualquier indicio de un “perdón” que yo no contemplaba. De repente, su rostro, que había estado luciendo una sonrisa macabra, se contorsionó ligeramente hacia abajo. Su disgusto era notable.
—Es por ese hombre, ¿cierto? De nuevo, el Emperador, ¿no? Me lo supuse… ¿Es por él que no vienes a verme? ¡Dime la verdad, Chloe! ¡Contesta!
—No tiene nada que ver con Su Majestad…
—¡Maldita sea! ¿Por qué no lo entiendes? ¡Soy el único que puede amarte, Chloe!—exclamó Kylos con indignación, cortando mis palabras—. El amor del Emperador es una mentira, Chloe, y tú lo sabes.
Definitivamente, mi rechazo hacia Kylos no se debía al Emperador. Aun así, cada frase que pronunciaba en nombre de Raymond me apuñalaba en el corazón.
—Él no te quiere, solo “cree” que lo hace. ¡Por eso nunca podrá amarte de verdad!—insistió con vehemencia mientras se aproximaba.
—¡No te acerques a mí!—Incapaz de controlar mis emociones, le grité fríamente.
Entonces, saqué y levanté la daga que Lord Enoch me había entregado la noche anterior. Kylos me miró con el rostro desencajado al percatarse de mi ultimátum, en el que, con un cuchillo, me enfrentaba a él.
—¿Acaso intentas apuñalarme con eso?—preguntó con sus ojos desorbitados.
JA, JA, JA, JA, JA, JA,…
Dejó escapar una sonora carcajada y se tambaleó hacia mí. Apreté los dientes con fuerza a la vez que sujetaba la daga con ambas manos.
—Lo haré. ¡Te lo advierto! Si Su Gracia me sigue amenazando no dudaré en utilizar este puñal y ya después veré lo que puedo hacer para librarme de la condena.
—Es curioso que digas eso, Chloe. Es lo más gracioso que te he oído decir hasta ahora.—respondió entre risas—. Y un poco lindo, la verdad. ¿De verdad piensas que me puedes asustar con eso?
Su gruesa palma agarró la hoja de la daga que le apuntaba y la piel de mi cuerpo se erizó al sentir el metal cortándole la carne.
—¿Crees que una hoja como ésta puede interponerse entre nosotros? ¡Qué inocente es mi dulce Chloe! Ja, ja, ja, ja, ja,…
Al ver la locura en sus ojos, el miedo se apoderó de mí. Inmediatamente solté el cuchillo y me di la vuelta, echando a correr lo más rápido que pude.
—¿Chloe…? ¡¡¡¡¡¡Chloe!!!!!!—Gritó mi nombre con fervor.
El sonido de la hoja estrellándose contra el suelo resonó detrás de mí. Presa del pánico, me agarré el dobladillo de la falda y a zancadas huí sujetando el vestido en lo alto. No podía darme el lujo de tropezar y que me alcanzara. Estaba completamente aterrorizada.
«¿Cómo era posible que Kylos pudiera quitarle la vida a alguien tan fácilmente? Sin ningún sentimiento de culpa o remordimiento… ¿Acaso ha perdido toda pizca de humanidad?»
Como si el diablo se tratara, le tenía verdadero miedo.
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*POV Kylos.
Kylos Ludwig tenía la mirada perdida en la dirección por la que había desaparecido Chloe Ganetsch. Era la segunda vez que veía su espalda huyendo de él.
PLIC, PLIC,…
La sangre goteaba de su mano y empapaba el suelo.
La daga que la joven había dejado caer, tenía una forma grotesca. Kylos se agachó y la recogió. Por un momento, le pareció percibir el dulce olor de Chloe en el mango.
—¡Vaya! ¿Por qué ella corre otra vez…?—se dijo el hombre cuyo rostro estaba demacrado.
Kylos jugueteó con el puñal que ella había dejado atrás y lo envolvió en su pañuelo como si fuera un recuerdo.
—¿Acaso está huyendo de mí? ¿Por qué…?
Kylos no podía entenderla. Ella ahora insistía en que ya no lo quería. Sin embargo, aún recordaba todos los años en que ella lo amó incondicionalmente. Hiciera lo que hiciese el hombre, ya bien fuera acostarse con otras mujeres o besarlas con ella presente, Chloe seguía profesando su amor hacia él de mil formas. Por eso, Kylos no podía aceptar que ahora Chloe lo rechazara con tanta vehemencia.
{—Me gustas, tío.}
Diecisiete años tenía la joven. Su sexualidad apenas estaba floreciendo y la inocencia emanaba de ella cuando confesó que lo amaba casi en un susurro. Kylos aún podía recordar con claridad el sonido de las palabras que salieron de aquellos dulces labios encantadores.
{—Te amo, desde hace mucho tiempo.}
Como si fuera ayer, el Duque evocó los momentos en los que el cuerpo de la chica se estremecía bajo su tacto, al mismo tiempo que sus delicados labios acogían con premura el beso pasional que él le entregaba. Incluso la forma en la que ella levantó la vista después de devorarla quedó grabada en su retina. Ella, tan adorable, recuperaba el aliento en sus brazos, con una mirada en los ojos que volvería loco a cualquiera.
Cuando el primer excitante beso terminó, una pequeña lágrima cristalina colgaba del rabillo de las pestañas de Chloe. Incapaz de controlarse, él volvió a besarla. La lengua del hombre se deslizó de entre sus labios, saboreando cada rincón de la joven, como si fuera ayer. Todo estaba tan reciente en sus memorias, que deseó no haber parado en aquel momento hasta hacerla suya; volviéndola mujer aquella misma noche.
—De ninguna manera puede ser cierto… Es imposible que me odies…—murmuró Kylos, cerrando los puños con fuerza.
Así como el final de la Marquesa fue distinto, el presente de Chloe también había cambiado. Sin embargo, Kylos jamás lo aceptaría, porque era un hombre atrapado en un entonces que ahora ya no existía.

RAW HUNTER: ACOSB
TRADUCCIÓN: ROBIN
CORRECCIÓN: MIMY