Capítulo 45
En aquella fiesta de té, donde no había alcohol de entre medias, tres nobles señoritas de alta cuna y Betsy hablaban acaloradamente sobre el atractivo de los hombres del Imperio. Yo, mayoritariamente como espectadora, a veces no podía evitar sentirme algo avergonzada. Aun así, tal cercanía en la conversación; donde se expresaban concretos gustos vistos como deshonrosos sin tapujos, ni miedo a ser criticados, me resultaba divertido. Por primera vez en mi vida me sentía algo integrada en una conversación entre jóvenes de mi edad, y una experiencia así, era reconfortante.
A lo largo de la charla, el contenido fue cambiando paulatinamente, hasta que las parlanchinas voces empezaron a cotillear sobre Elizabeth de Rosaline.
—La Marquesa Rosaline es guapa, pero no me termina de convencer como persona. Independientemente de su aspecto, la verdad es que no cae muy bien o al menos, a mí, así me lo parece.—dijo Lady Gloah, quien, aparentemente, tenía debilidad hacia la gente hermosa.
—Pues es verdad.
—Eso es porque la joven Marquesa tiene muy mala personalidad.
Me estaba doliendo la cabeza por el constante cambio de temas. Sin embargo, todas se unieron al nuevo chisme con la misma naturalidad con la que fluye el agua.
—Lady Garnetsch, ¿de verdad cree que el Duque de Ludwig se comprometerá con la Marquesa de Rosaline?—preguntó Lady Kenneth.
Mas, sin esperar a que respondiera, Betsy respondió en mi lugar.
—Aparecieron juntos en el último baile de Nochevieja, y de nuevo, en la fiesta de cumpleaños de la Emperatriz. Siendo así, lo más probable es que lo hagan, ¿no crees?
Las jóvenes exclamaban al unísono refutando, afirmando o haciendo suposiciones. A mis ojos, no había otra pareja tan bien emparejada como la de esos dos, estaban hechos el uno para el otro. No obstante, para mi sorpresa, la opinión de ellas era todo lo contrario a mis expectativas.
—¡Lady Garnetsch! Por favor, dígale a Su Alteza lo mala que es esa mujer. ¡Debe entrar en razón antes de que cometa una locura!
—¡Sí, es verdad! ¡Ya nos mira por encima del hombro como si fuera la Gran Duquesa! ¡Imagínate cuando lo sea! Me dan escalofríos solo de pensar en lo insoportable que se hará…
Las Damas comenzaron a parlotear sobre la Marquesa de Rosaline, con Betsy en cabeza, expresando su indignación y compadeciéndose amargamente de las víctimas de cada una de sus fechorías.
Yo las escuchaba, con alguna que otra risilla nerviosa en voz baja, ya que empezaba a sentirme incómoda con los comentarios acerca de Elizabeth. Después de tantos años, me asombraba que la mujer, a la que tanto había envidiado, pudiera ser odiada por tantas personas. Ella, quien, en mi ignorancia, me parecía alguien inalcanzable con el mundo a sus pies.
—¡Ah, por cierto! ¿Habéis oído la última noticia que ha causado furor entre la población de Oriente? Al parecer, ha aparecido una Santa en las Tierras de Samien, al este del Imperio.
—¿Una Santa?
Me quedé helada, con la mano levantando la taza de té ante esta nueva historia de la que nunca había escuchado hablar en mi vida pasada
—Sí, de hecho mi tío dirige las altas esferas de la Región Oriental, y bueno, me contó que se manifestó una Santa no hace mucho. Por supuesto, causó una gran conmoción y alteró a los altos cargos de la Orden Sacerdotal. Probablemente, pronto empezará a correr la voz por todo el Imperio de Astart. Es más, creo que a última hora del día todo el mundo lo sabrá, puesto que hoy los periódicos de todo el continente acaban de publicar la novedad. Vamos, que ya es oficial.
—¿Es eso cierto? ¿No es un poco absurdo? ¡Ella no ha aparecido en cien años hasta ahora!
—¡Guau! ¡Si es verdad, a mí me parece bastante asombroso!
—¿Qué aspecto tiene la Santa? Fue enviada por el Dios Ramie, ¿no? Entonces, sin lugar a dudas debe ser una joven muy hermosa.
—Lady Gloah, ¿otra vez intentas juzgar a la gente por su apariencia?
—¡Oh! ¡Por Dios! ¡No es por eso…!
Todas estaban emocionadas con la presencia de una sagrada mujer de la que no se había oído hablar desde hace más de cien años. Era una leyenda, más que una realidad, el hecho de que hace mucho tiempo había bajado una mujer de los cielos enviada por Ramie. Por tanto, era comprensible que aquel hecho despertara cierto interés, incluso entre los más ateos.
Sin embargo, entre ellas, las aquí reunidas, yo fui la única que mantuvo la cara seria, con la mirada algo perdida mientras levantaba la taza de té.
«La aparición de una Santa… ¿Por qué ahora? Un acontecimiento que nunca había ocurrido antes… ¿Acaso mis pequeños cambios con respecto a mi vida anterior afectaron tanto a esta línea temporal? Tranquila… Si lo pienso bien, también cabe la posibilidad de que sea debido a otra cosa… No solo yo experimenté la regresión, sino también Raymond y Kylos… Puede que incluso haya más cosas de las que yo desconozca…»
Me sentí un poco incómoda con tales noticias, ya que el Culto de Ramie era un grupo eclesiástico que se había opuesto, con vehemencia, a que me convirtiera en la Emperatriz. Quisiera o no el cargo de aquellas; no tenía nada que ver con los pocos buenos sentimientos que me quedaban hacia ellos, quienes expresaron abiertamente su enemistad hacia mí.
—Con una Santa en el Imperio, la Iglesia de Ramie debe sentirse muy fuerte.
—¿No vendrá a la capital tarde o temprano? ¡Ah! ¿No está cerca la fiesta de “Santa Flora”? Suele ser a principios de primavera… He escuchado algunos rumores de que puede que se presente oficialmente ese día ante la alta aristocracia.
—¡Qué emoción! ¡Será la primera vez en cien años que la Santa nos bendiga en un festival!
—¡En efecto! ¡Todo parece indicar que será una temporada cargada de sucesos increíbles! Aunque antes de eso quisiera saber sobre la próxima fiesta que se celebrará en el Ducado de la Casa de Carolina… Princesa, ¿tu hermano mayor ya ha encontrado acompañante?
La conversación dio un gran giro de noventa grados hacia el evento que tendría lugar dentro de nueve días. Todas hablaban de dónde habían encargado sus vestidos confeccionados a medida para la ocasión, cuáles eran los nuevos accesorios en tendencia, así como suposiciones y certezas sobre quién iba a ser la pareja de quién.
Mientras escuchaba el parloteo, me cuestionaba en silencio ciertas cosas que no tenían nada que ver con el tema que compartían.
«¿Este es el tipo de charla que tienen las damas aristocráticas normales? Nunca me lo hubiera imaginado…»
Entonces alguien me preguntó con un tono estridente, sacándome de mis pensamientos internos.
—Chloe, supongo que el Duque de Ludwig irá acompañado otra vez por la Marquesa de Rosaline, ¿no?
—Mmmm… Eso parece ser.—respondí, sin evitar recordar la escalofriante promesa de Kylos de traer la cabeza de la mujer como una ofrenda para obtener mi perdón.
«¿De verdad se presentaría como su pareja esta vez, como siempre lo había hecho? ¿O realmente iba a deshacerse de la que sería su futura prometida? Si cumple con lo que ha dicho, no conseguirá que me apiade de él, después de todo el daño que he sufrido por su culpa…Espero que no cometa dicha locura…»
Mi mente se sumergió entre palabras que se habían expresado en aquel momento en el que Kylos me había visitado, con la intención de obtener mi regreso al Gran Ducado.
«Estás muy equivocado si crees que volveré… Mi infelicidad no fue causada solo por ella… Y su muerte nunca traerá de regreso a mi pequeña y amada Estel.»
Mimy: ¡Muy bien Chloe! No le digas a nadie que hay un demente por ahí suelto que planea cometer un asesinato… que va… ¿Para qué? Es mejor ver si es capaz de hacerlo o no…
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Era el día de la fiesta en la residencia del Duque de Carolina en la ciudad Imperial. Betsy se había despedido tres días antes para ir a la mansión con antelación al evento. No podía pensar cuán emocionada estaría hoy puesto que, antes de salir de Palacio, ya se la veía demasiado excitada.
Al parecer, su hermano mayor, el próximo heredero a la posición de Duque, se había mudado recientemente a la capital; tras una larga estancia en el Ducado, a las afueras, y dicha celebración era en conmemoración a su nueva instalación.*
*Básicamente los nobles de alta cuna en Astart tienen una mansión en la capital (cerca de Palacio) y otra en el Ducado (en caso de los Duques de Carolina) desde donde controlan los terrenos de su propiedad. Para poneros en situación 🙂
Betsy me pidió que me tomara unos días libres y la acompañara a su mansión, pero decliné sin pensármelo dos veces. Aún tenía miedo de abandonar la protección que Raymond había creado para mí, dentro del castillo. Kylos era un hombre que había matado gente, innumerables veces, a través del tiempo. Incluso fue capaz de acabar con el Emperador para usurpar el trono. Por ello, ser la invitada del Duque de Carolina, no significaba que yo estuviera a salvo en su morada.
Así que, simplemente me quedé en mi lugar hasta que llegara el día del festejo. Afortunadamente Raymond me trataba como siempre, evitando así, que me sintiera incómoda. De hecho, en los últimos días, cada vez era más habitual cruzarme con él mientras paseaba por el palacio. Sin embargo, cuando me lo encontraba, actuaba de la misma forma que antes de confesar que también había experimentado una regresión; con simples y triviales conversaciones.
—Parece que las temperaturas siguen sin ser muy cálidas. ¿No tienes frío? ¿Por qué no te pusiste las pieles que te envié?— preguntó Raymond con sinceridad en su voz.
—Porque es primavera. El clima es cambiante y atemperado. Con tales ropajes de invierno sería demasiado para esta temporada, ¿no cree Su Majestad?
«¿Quién en el mundo había tachado a este gentil hombre de sangre fría? ¿Sin sangre ni lágrimas? ¡Pero qué sin sentido, cuando es todo lo contrario! Raymond es un hombre tan amable… y tierno…»
—Chloe, el aire de la tarde es demasiado gélido. Aunque las prímulas hayan florecido la escarcha de las noches sigue siendo presente.
El corazón me latía descontrolado con cada palabra suave que me dirigía.
«No, Chloe, no puedes hacer esto. Estos sentimientos nunca pueden ser tuyos.»
Una parte de mí, se emocionaba por su gentileza, y la otra, rechazaba mis sentimientos recíprocos que florecían de ésta. Ambas, en mi interior, luchaban ferozmente, sin ningún vencedor, dejándome sola en la confusión del momento. Las acciones de Raymond hacia mí eran demasiado semejantes al “amor” y yo era demasiado consciente de él. Todo esto suponía demasiado para mí.
—Gracias por su preocupación, Su Majestad. Pero estoy bien así.—respondí, sonriendo alegremente.
No obstante, él no estaba convencido y, por algún motivo, se veía nervioso.
—Ese hombre otra vez.—murmuró por lo bajo.
Siguiendo la dirección de la mirada de Raymond, a lo lejos, un joven salió del carruaje y caminó hacia nosotros. Solo pude distinguir una pequeña forma humana, mas Raymond pudo ver su rostro perfectamente. Tal vez fuera el propio Conde Vincent, el cual sería mi acompañante en esta fiesta, a modo de disculpa por mi repentina ausencia en el banquete anterior. Maravillada, por la extraordinaria visión del Emperador, él me preguntó.
—¿Acaso estás saliendo con ese tipo…?
—¡No! ¡Claro que no! ¡En absoluto!—negué sorprendida, agitando mis manos.
—¿Es eso así? Con esta… Ya van dos veces que has sido su pareja…—Raymond entrecerró los ojos con desconfianza.
«No “ya dos veces”, sino “sólo dos veces”, y las demás ocasiones donde me lo encontré había estado con Daria cada vez…»
Me sentí un poco resentida. Quise espetarle mis pensamientos, pero me contuve.
—Simplemente se dió así. Es la realidad. No es porque estamos en una relación ni nada por el estilo.
—Mmmmm…—Raymond estaba visiblemente muy incómodo, y mientras tanto, la figura del Conde Vincent se hacía cada vez más clara—. Esta noche me temo que no iré a la fiesta en la residencia Ducal de los Carolina. Sin embargo, Daria estará allí, si ocurre algo…
—Sí, lo sé, Su Majestad. Todo irá bien.—dije con una ligera y breve risa.
«Es demasiado adorable cuando se preocupa de esta manera… Espera. No, Chloe, no puedes pensar así… Solo está siendo cortés… Solo eso… Porque es su responsabilidad…»
—Ten cuidado a donde vas, Chloe. Espero que Daria no te dé ningún problema, pero si llega a suceder…
—No te preocupes, eso nunca ocurrirá. Te lo aseguro.—lo miré con mi cara muy seria y él soltó una sonrisa burlona.
—Tienes demasiada confianza en ella, ¿verdad?
—Porque Su Majestad me la presentó.
Raymond era la única persona en mi vida pasada que quería que fuera feliz, y sigue siendo el mismo ahora. Nunca me dejaría en manos de alguien que me pudiera hacer daño y podría poner la mano en el fuego, en este instante, para dar fe de ello.
«¿Cómo podría dudar de alguien que él me introdujo? Este hombre… A la mínima se alarma.»
—Sí, cierto…—Raymond rió ligeramente y se dio la vuelta. Había una pizca de pesar en su espalda mientras se apartaba de mí.
«Si Su Majestad pudiera venir con nosotros… ¡Ah! ¿Qué voy a hacer…? Otra vez estos pensamientos…»
Me sacudí la cabeza y subí al carruaje, escoltada por el Conde Vincent.
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No tardamos mucho en llegar a la residencia del Duque de Carolina en la capital. Cuando llegamos, la Duquesa me saludó con una sonrisa radiante.
—¡Oh, Lady Garnetsch!—exclamó emocionada — ¡No sabes cuánto me ha hablado de usted mi Betsy! ¡La reconozco al instante, de un solo vistazo!
Me quedé momentáneamente desconcertada por la inesperada hospitalidad, y rápidamente le seguí el juego, devolviéndole la bienvenida curvando mis labios ampliamente.
—Buenas noches, Duquesa. Yo también he oído hablar mucho de usted gracias a la Princesa de Carolina. Le agradezco sinceramente que me haya invitado a esta importante ocasión.
—Sea usted también bienvenido, Conde Vincent, y espero que la fiesta sea de agrado para ambos.—añadió la anfitriona y se despidió con una sencilla reverencia.
Luego, se dirigió a saludar a los demás nobles que entraban por el hall de la puerta. Había más gente en la mansión de lo que esperaba. Me recordó un poco al festejo de aniversario de Daria, en donde solo habían asistido los más distinguidos de la aristocracia de Astart.
«No, creo que hay más gente aquí de los que hubo en el cumpleaños de la Emperatriz.»
Mientras observaba a mi alrededor y Vincent preguntó.
—¿Te importa si te presento a algunos de mis amigos esta noche? Todos querían conocer y saludar a Lady Garnetsch en el último baile.
—Por supuesto que no me importa. Vayamos entonces.—asentí, sintiendo una punzada de arrepentimiento al recordar que lo había abandonado sin despedirme.
Las personas que Vincent me había presentado eran todas encantadoras y corteses, como él.
—Y este es Sir Kenneth, nombrado caballero no hace mucho.—y con una sonrisa pícara el joven Conde continuó—. El enemigo de todos los hombres de la capital.
—Enemigo de los hombres… ¡Qué…! ¡Absolutamente no, Lady Garnetsch! Por favor no le haga caso a este bribón…
Únicamente bastó un simple atisbo al hombre desconcertado para darme cuenta de que era el tercer hermano de Lady Kenneth. Mientras ambos chicos discutían bromeando entre ellos, vi que Betsy venía hacia mí.
—¡Por fin estás en casa, Chloe!—el rostro de Betsy estaba más radiante que nunca.
Probablemente su alegría desmesurada se debía a que estaba rodeada de su familia y había pasado varios días acompañada con ellos. Se acercaba pegando saltos, emocionada, pero cuando miró a los dos jóvenes a mi lado, cambió rápidamente su andar a uno más relajado.
Cuando me di cuenta de que me estaba riendo ligeramente por lo adorable que se veía, ella se acercó con un mohín.
—¿No ha venido Daria contigo?—dijo Betsy mientras se ruborizaba lanzando miradas furtivas a Lord Kenneth.
—Su Majestad la Emperatriz dijo que llegaría un poco tarde. Por eso vine antes en el carruaje del Conde Vincent.
Daria se había mostrado muy reacia a asistir a esta fiesta en casa del Duque de Carolina. Sin embargo, dado que era un evento organizado por su familia, era difícil faltar por honor y respeto a sus mayores. Me perdí inevitablemente en la escena de Daria haciendo un berrinche por no querer ir, justo antes de irme, ante el comentario de Betsy.
—Hmm… Ya veo…—asintiendo, Betsy, rápidamente se volvió hacia el grupo que estaba a mi lado, con una mirada desafiante y altanera, digna de una joven Princesa.— Hola a todos. Bienvenidos a la mansión de los Carolina.
Betsy evitó conscientemente mirar en dirección a Sir Kenneth mientras hablaba, pero cada vez que lo hacía, él parecía visiblemente sorprendido.
«¿Acaso Betsy siente algo por Lord Kenneth?»
Era cierto que el joven tenía un aspecto muy complaciente; tal y como habían dicho las otras chicas nobles en la fiesta del té. No obstante, no estaba segura de que fuera lo bastante apuesto como para ser admirado por tantas damas y robar suspiros allá por donde fuese.
«Más bien, para mí, Raymond era mucho más…»
Mimy: Vamos, acéptalo. Estás coladita por él.
—¡Su Majestad!—exclamó Sir Kenneth.
Perdida en mis pensamientos, miré sin comprender, y giré la cabeza hacia la entrada al oír el inoportuno nombre que hizo que mi corazón diera un vuelco. Por supuesto, lo que vi no era la imagen del hombre que reinaba en mi mente, sino la de Daria, que acababa de entrar en la mansión, con el rostro inexpresivo.
—Bienvenida, Emperatriz. Hace mucho tiempo que no visitas la mansión de los Carolina en la capital, ¿cierto?—la Duquesa la saludó, acercándose—. Ni siquiera viniste al Ducado en todos estos años… Esta tía tuya ha estado muy triste…
¡AUCH!
Daria apartó de un manotazo la mano de la duquesa. El ambiente consumido por una fricción gélida entre ambas mujeres silenció la habitación en un instante.
—¡Oh, no!—en la mudez del alrededor, Daria soltó una risa fría e hizo un gesto con la mano como si se hubiera movido en contra de su voluntad—. Lo siento, mucho Duquesa. He oído el sonido de un insecto ruidoso y lo estoy espantando.
Al oír eso, el rostro de la Duquesa se puso rojo y sonrió torpemente.
—¡Ah! Ja, ja, … ¿No me digas? ¡Qué raro! Aún no es temporada de bichos…
—Estoy cansada después de un viaje tan largo en carruaje, ¿dónde está mi asiento?—continuó Daria con frialdad.
—Venga por aquí y se lo mostraré, Su Majestad…
Daria se dirigió a su asiento, tratando a la anfitriona como si fuera una subordinada. La gente cotilleaba sobre su actitud, mas a ella no parecía importarle en absoluto lo que dijeran.
—Bueno… Ja, ja, … Daria parece un poco molesta por algo… Por favor no le deis mucha importancia…—murmuró la Princesa, con voz torpe, excusándose ante los que la rodeaban.
Miré a la Señora de Carolina y luego a Daria de forma intermitente. El contraste entre ambas era notable. Una Emperatriz, con aura dominante, estaba sentada impasible sorbiendo de una copa de champán transparente; mientras la Duquesa, sollozaba a su lado como si fuera la víctima de los caprichos de una tirana. Era una imagen impactante que estaba muy lejos de la forma en la que Daria trataba a Betsy.
—A Su Majestad nunca le ha gustado socializar…—dijo Betsy asintiendo levemente e intentando cambiar de tema.
No obstante, la forma en la que Daria actuaba destacaba demasiado como para dejarlo pasar así, como si nada, con aquella simple explicación. Si fuera ese el motivo no habría tanta diferencia con respecto al último baile.
«¿Por qué tanta animadversión de forma tan abierta…? Me pregunto si ella y la Duquesa no se llevan bien…»
Reflexioné para mis adentros, mientras me acercaba a la Emperatriz.
—Su Majestad, ¿se encuentra bien?—pregunté de forma cautelosa.
—Por supuesto. No me hagas caso, y diviértete, Chloe.—el semblante de Daria se suavizó considerablemente ante mi preocupación genuina.
Con una mueca, tratando de fingir una sonrisa, me indicó con un gesto que la dejara a su aire. El aura que destilaba estaba muy lejos de su habitual comportamiento alegre y pícaro que mostraba en el Palacio Imperial.
Me aparté suavemente, para darle el espacio que necesitaba, y ella volvió a dar un sorbo a su champán con una expresión glacial. Ya, mirándola a lo lejos, algo inquieta por su actitud; observé cómo la duquesa intentaba entablar una conversación de forma inútil, ya que Daria la ignoraba completamente.
De repente, rememoré el rumor que había escuchado en la otra línea temporal, antes de mi regresión. Daria había masacrado cruelmente a toda su familia y se había convertido ella misma en la Duquesa. Con el corazón encogido, y sumergida en reminiscencias del pasado, caminé despacio hacia la terraza para tomar algo de aire fresco.
Al igual que mi relación con Kylos; donde, a simple vista parecía ser la de un tutor y una sobrina cualquiera, mientras en la intimidad me besaba intensamente cuando él quería. También debía de haber algo oscuro entre Daria y el Duque Carolina. Un motivo oculto que yo desconocía y explicaba la animosidad de la joven Emperatriz.
Ella, en un futuro que aún estaba por llegar, se convirtió en una mujer malvada y temida por muchos. Sin embargo, eso solo ocurriría si no hubiera cambios ahora que pudieran afectar a dicho suceso. Por tanto, preferí pensar en la Daria que yo conocía. La Emperatriz que, en apariencia, es altanera, poderosa y digna; mas, por el contrario, en realidad es bromista, amable y complaciente.
De repente, una voz en lo alto me hizo levantar la vista
—¿Vas a tomar el aire?
Frente a mis ojos, un hombre que guardaba un parecido asombroso con Betsy me estaba mirando fijamente.

RAW HUNTER: ACOSB
TRADUCCIÓN: ROBIN
CORRECCIÓN: MIMY