Capítulo 43
En menos de cinco minutos, me encontré en la habitación con una nueva situación complicada. Estaba claro que el día de hoy iba a ser estresante.
«Y yo que pensaba en relajarme y descansar un poco de mis obligaciones como doncella… ¡Qué ilusa!»
Allí estaban; el médico Imperial, enviado por Raymond, quien se presentó para examinar unos meros rasguños que, obviamente, no necesitaban de un profesional de alto grado para ser atendidos; junto a una Emperatriz preocupada, porque escuchó que estaba herida y, según creyó, debía ser grave puesto que el doctor de Palacio había sido llamado. La guinda del pastel era Betsy, que parecía extrañada por tanto alboroto y con razón, ya que, como ella misma antes había comprobado, no estaba tan lesionada para que se montara tal ajetreo a mi alrededor.
Al momento, Daria cogió mis manos y, mirándolas con los ojos entrecerrados, espetó.
—Si te pregunto cómo te hiciste daño, ¿me lo dirás? ¿O te harás la loca desviando el tema como siempre sueles hacer?
—¡Chloe dijo que tropezó y se hizo daño anoche! —saltó Betsy, respondiendo inmediatamente en mi lugar.
Daria se sentó en su silla, apretándose las sienes. Como era de esperar, la Emperatriz, siempre perspicaz, reconoció de inmediato mi escandalosa mentira
—¿Tropezó? —dijo abriendo sus ojos de par en par fingiendo incredulidad
—Sí, y me da mucha rabia, Daria ¿sabes? ¡Su Majestad estaba justo delante de ella, y dejó caer a Chloe en lugar de cogerla! ¡Por el amor de Dios! ¡Qué hombre de lo más insensible hacia una hermosa damisela en apuros! —Betsy, que siguió hablando con soltura con aquel tono chillón, hizo que me arrepintiera de haberle contado tal extravagante historia.
—Hmm… —Daria me lanzó una sutil mirada mientras parecía pensativa.
Parecía querer preguntarme algo más, pero, afortunadamente, no lo hizo. Como era de esperar, ella sabía leer el ambiente mejor que nadie. Sin embargo, en su lugar, me dio una noticia poco agradable.
—El Duque de Ludwig lleva solicitando visitas al Palacio de la Emperatriz desde esta mañana. Según dice, quiere verte porque tiene una conversación pendiente contigo, Chloe.
—… —guardé silencio un momento.
No estaba tan sorprendida porque ya esperaba que Kylos no se iba a echar atrás fácilmente una vez que se diera cuenta de mi mentira. Solo me tomó un poco desprevenida el hecho de que intentara contactar conmigo de una forma tan directa. Aunque era visto, ya que, siendo él tan astuto, querría evitar que el Emperador y la Emperatriz intervinieran mientras se enfrentaba a una “Chloe débil fácilmente manipulable”. Una imagen de mi “yo” del pasado, que todavía Kylos debía tener en su mente.
—De momento, Chloe, he rechazado su petición de visita porque desconozco tus intenciones. Puedo seguir negándome en tu lugar si así lo deseas. No me supone ninguna molestia. Además, tengo pleno derecho a hacerlo, puesto que ahora eres mi persona y estás bajo mi protección.
—No, está bien, Su Majestad. Aprecio mucho este gesto, pero… —con una pausa de unos segundos, para hacer acopio de todo el valor que puede reunir, declaré sin titubear en lo más mínimo—. Por favor, permítame entonces reunirme con mi tío.
Por supuesto, siempre estaba esa opción; la de esconderme en el Palacio y nunca dar la cara. No obstante, ¿de qué servía aquello? Si lo que quería era cambiar, y salir de las sombras de Kylos para tomar, por mi misma, las riendas de mi vida; lo primero que debía hacer era no evitarlo y dejar las cosas claras. Además, estaban aquellas palabras de esta mañana, recientes en mi memoria.
{—Créeme Chloe cuando te digo que ya te estás esforzando bastante y lo intentas duro. Eres valiente, no muchos pueden hacer esto que estás consiguiendo.}
Esa frase que Raymond, genuinamente había expuesto ante mí, había encendido un fuego en mi interior. Tenía muchas ganas de demostrarle que tenía razón, y no quería decepcionar esa idea que él había concebido sobre mí.
Por tanto, iba a esforzarme aún más de ahora en adelante, sin miedo. Si tenía que afrontar aquella situación, lo haría con mi propia fuerza y no con la ayuda de mis seres queridos que ya habían hecho mucho por mí. Era el momento de empezar a valerme por mí misma y no dejar que esa basura de hombre me amedrentara, dándole más poder sobre mi persona. De ahora en adelante no le permitiría ni la más mínima amenaza.
—¿Segura que estarás bien con esto, Chloe? —inquirió Daria como para comprobar si mi determinación era la correcta.
—Sí, por supuesto —respondí firmemente a la cautelosa pregunta que ella me había formulado, como si nada fuera a hacer que cambiara de parecer—. Es solo ver que me quiere decir mi tío y nada más. Volveré una vez que nuestra conversación termine y aclare con él las cosas que tenemos pendientes.
A partir de ahora, Kylos Ludwig era un hombre que no significaba nada para mí. Ya no era aquel al que amaba, ni siguiera al que seguía ciegamente, obedeciendo todas sus instrucciones como una marioneta. Él simplemente, desde hoy, sería un pariente lejano. Tan solo una formalidad por haber sido mi tutor, ni más ni menos; puesto que nuestras casas distaban tanto en el árbol genealógico, que decir que éramos familiares sonaba como una ridiculez.
—Bueno, si estás tan segura y de verdad no te importa, no tengo por qué negarme, entonces. Le permitiré que te visite. Aunque, es mejor que esperes unas horas, se lo ve nervioso e inquieto y temo que haga algo indebido…
—No me importa. Cualquier momento estará bien para mí.
—De acuerdo, vale, como tú quieras, Chloe…—Daria asintió, mas parecía un poco nerviosa.
Aún así, yo intenté sonreír para tranquilizarla, pero no surtió mucho efecto. Me conocía bastante bien y, pese a que estaba convencida de encararlo, no podía disimular el hecho de que me incomodaba verlo.
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Esa misma tarde, se decidió que recibiría al Duque de Ludwig en un pequeño salón del Palacio de la Emperatriz. Tan pronto entré y lo vi, lo saludé cortésmente.
Kylos siempre había cuidado mucho su aspecto. Era como su carta de presentación; un respetado noble de alta cuna, digno y de mucha honra. Sin embargo, hoy estaba un poco desaliñado. No se había afeitado bien, y tenía los labios agrietados, con una tez pálida. Una apariencia que distaba mucho de su imagen habitual, como la que en baile de ayer, había mostrado.
—Bienvenido, tío —dije, curvando las comisuras de los labios en la sonrisa seductora que él me había enseñado una vez.
Me comporté tal y como una noble anfitriona recibiría a un invitado, con el que no tenía ningún tipo de parentesco.
Sorprendentemente, pude mantener esa compostura sin problemas, ya fuera porque lo había visto ayer o porque ya había visto lo peor que podía llegar a ser; su presencia no me afectó en lo absoluto.
—Chloe… —dijo con aquella voz lamentable que tanto detestaba.
«¿Se debe pensar que soy idiota o qué? ¿Realmente cree que volveré a su lado si me trata con esa mirada y ese tono diciendo mi nombre, como si le doliera?¡Qué asco de hombre!»
—Ha pasado solo un día desde que te vi ayer, Gran Duque. ¿Qué te trae por aquí tan pronto?
Era irónico que sus enseñanzas del pasado me resultaran tan útiles a la hora de enfrentarlo. Kylos fue el que me había instruido a cómo hablar con los demás, suave pero firmemente. Otras cosas que también aprendí bajo su tutela fueron, no mostrar mis emociones delante de la otra persona y controlarme anteponiendo la razón al corazón. Por supuesto, no dudé a la hora de manifestar dichas habilidades, como una alumna orgullosa de su profesor.
«Estoy segura de que nunca esperó que usaría tales prácticas en su contra.»
—Anoche… —su ceño se frunció seguramente al recordar los acontecimientos de ayer, y las líneas de su frente se arrugaron—. ¿Por qué te fuiste así?
La forma en que lo preguntó sonó como si me estuviera cuestionando; indignado por mi comportamiento. Aunque también él debió darse cuenta de este hecho, porque rápidamente suavizó el tono para continuar hablando.
—¿No habías salido al jardín para hablar conmigo? Es por eso que me sorprendió un poco… Que aparecieras de la nada para luego huir así…
—¿Quién es ella? —corté sus explicaciones descaradamente.
—…
El tema que realmente me importaba surgió de la nada, y él, al parecer, no pudo responder fácilmente. Cuando estaba a punto de decir algo, se detuvo con un suspiro y se desató bruscamente la corbata.
—En realidad… No… Ella es la menor de tus preocupaciones. Olvídala, Chloe. No tiene nada que ver contigo.
—¿Es mi doble? —inquirí, incapaz de ocultar mi forma de hablar de manera burlona.
La ridiculización pareció molestarlo y frunció el ceño, endureciendo su expresión.
—¿Cómo dices? —dijo desconcertado o al menos eso parecía representar su falsa máscara.
—No te hagas el tonto. Me ha dicho la Marquesa de Rosaline que ya tienes preparada a alguien que me suplante para hacer de “cebo”.
—Eso… ¿Te lo ha dicho la Marquesa? —repitió Kylos, parpadeando lentamente.
Estreché mi mirada, intentando leer su intención, preguntándome si aquello formaba parte o no de su abominable acto. Si fuera un desconocido hubiera pensado, sin dudarlo, que aquello era su faceta real, pero de él no podía fiarme. Ni siquiera le daría una pizca de mi confianza.
Mientras tanto, Kylos musitó para sí, en voz tan baja que no pude oírle. Su inquietante reacción hizo que el murmullo me pareciera aún más grotesco. Así que, para evitar aquella escena me dispuse a seguir hablando firmemente, como había hecho diligentemente hasta ese mismo instante.
—Me sorprendió mucho oír que mi tío me buscaba, puesto que, ahora, que tienes una sustituta seguro que ya no me necesitas.
—¡No es así, Chloe! ¡No hagas caso de lo que te diga esa mujer! No sé lo que ella quiso decir, o si malinterpretó algo, pero… ¡Desde luego que ese no es el caso! —exclamó rechinando los dientes.
No importaba cuántas veces lo mirara. Aquel Kylos, que se dejaba llevar por sus sentimientos, era alguien muy diferente al que yo había conocido.
—Bueno, ¿y? ¿Eso es todo lo que tienes que decir? Si es solo eso me retiro, no hay nada más que hablar.
—¡No, Chloe! El verdadero motivo de mi visita es porque he venido a buscarte —dijo Kylos mientras se inclinaba ligeramente hacia mí.
En cambio yo, conteniendo a duras penas el impulso de encogerme debido a su aura autoritaria, lo miré fijamente a los ojos recalcando firmemente mis palabras que siguieron a su propuesta.
—No tengo ninguna intención de regresar al Gran Ducado de Ludwig y mucho menos junto a ti.
—Sabes bien que encontraré una manera de que aceptes volver a mi lado, ya sea de una forma u otra. Así que, deja ya de hacerte de rogar y ven a casa.
—Lo dije claramente, ¿no me acabas de oír? No quiero volver con mi tío —dije remarcando con frialdad mi última frase.
—Chloe… ¿Te acuerdas? Era la primera nevada del año, y tú estabas de pie, frente a una mansión carbonizada hasta los cimientos. Tu hermoso rostro estaba cubierto de ceniza negra y suciedad… Aun así, eras deslumbrante ante mis ojos… —ignorándome, con las pupilas perdidas en la añoranza de unos tiempos idealizados, continuó hablando de recuerdos vanos—. Fui yo, quien acogió a aquella chica abandonada. Llevándote a mi hogar, la mansión del Gran Ducado, donde solo nos teníamos el uno al otro, como una familia feliz.
Un escalofrío recorrió mi espina dorsal cuando vi la mueca torcida de su rostro mientras rememoraba aquellos momentos. Era como hablar con una pared, no tenía sentido razonar con aquella persona. Kylos estaba convencido de que tenía el derecho de encerrarme en una jaula solo porque mostró piedad por una chica que lo había perdido casi todo. No obstante, ahora lo veía todo más claro. La última cosa que poseía y me fue arrebatada fue cuando cogí la mano de este hombre. En ese instante, me cortaron las alas, mi voluntad y libertad siendo nada más que una cáscara vacía. ¿Qué diferencia había entre ser una bestia humana y una muñeca sin alma? Al menos, la primera opción puede rebelarse y morderte, pero la última nunca lo hará, porque vive como una idiota intoxicada en una irrealidad de dicha inexistente.
—Gran Duque de Ludwig —necesitaba decirlo nuevamente, trazando una línea notoria entre ambos—. Le dejé en claro que no iría con usted y mantendré esta posición por el resto de mi vida. ¿Acaso no recuerda lo que declaré respecto a mis sentimientos actuales sobre usted? Algó así acerca de odiarlo… ¿Te suena?
—¡Chloe!
—Bueno visto que solo tienes memorias de una época lejana e insignificante, déjame repetirlo; te detesto, Kylos de Ludwig. Te aborrezco, no quiero estar cerca de ti ni por un segundo más. Incluso ahora, siento asco y apenas soporto ver su cara repulsiva frente a mí. Es por eso que le pedí un favor al Emperador. Fingí falsamente estar embarazada de su hijo, para poder irme de allí, y me refugié en el Palacio Imperial, lejos de tu influencia. Todo lo que hice fue por voluntad propia… Por primera vez, desde que puedo respirar en este mundo, he tomado las riendas de mi vida y no me las vas a quitar, Gran Duque.
—¡¡Imposible!! ¡Eso no puede ser verdad! —gritó Kylos, perdiendo el porte al escuchar los hechos que expuse tranquilamente—. ¡Sé que no habrías sido capaz de hacer eso por tí misma! ¡¿Por qué sigues mintiéndome?!
Kylos me miró con los ojos inyectados en sangre. No, más bien era la mirada de un loco desquiciado. El marcado contraste entre nosotros dos hacía que esta situación fuera de lo más extraña. La voz de un Kylos manipulador, que me moldeaba según él quería, resonó en mi mente.
{—Recuerda Chloe, No debes dejar llevarte por tus emociones. Con calma, deja que el enemigo revele sus cartas para luego poder usarlas a tu favor.}
Era irónico ver cómo habían cambiado las tornas. Aquel quien me enseñó a esperar a la presa pacientemente antes de cazarla, era el que en estos momentos perdía la compostura.
—Eres una buena chica, Chloe. ¡Siempre me has obedecido! Raymond… ¡Es él, ¿no?! No cambiarías tanto a no ser que fuera por ese hombre. ¿Qué te susurró el Emperador? ¿Te dijo que aún te ama?
Era espeluznante la forma en que alzaba el tono apretando los dientes y luego lo bajaba inmediatamente a un suave susurro, intentando, sin mucho éxito, parecer relajado. Me había prometido a mí misma nunca amedrentarme en su presencia. Sin embargo, el corazón se me subió a la garganta cuando el miedo creció ante su siniestro comportamiento. Kylos había perdido la cordura y el no saber cómo reaccionaría en ese estado es lo que, instintivamente, me causaba pavor.
—Eso es ridículo, Chloe, y lo sabes… —continuó diciendo, triunfante, al ver cómo mis pupilas temblaban—. El Emperador no está enamorado de ti. Está obsesionado con la imagen que tiene de una “Lady Garnetsch” que yo he creado durante todos estos años. Hubiera caído a los pies de cualquier mujer moldeada por mí y fuiste tú, por cosas del destino, mas bien podía haber sido otra.
Mimy: Yo aquí le doy la razón a Kylos. Aunque viera pequeños gustos y verdades de Chloe al observar su comportamiento no es suficiente como para decir que la conoces tanto como para amarla. En todo caso te gusta y te atrae pero amor… De momento, a mi parecer, no lo es…ಠ_ಠ
Tragué saliva y entrecerré los ojos. Lo que estaba diciendo era algo que yo sabía muy bien. No obstante, había algo en lo que estaba muy equivocado. Nunca fue por Raymond que dejé el Gran Ducado y me fui como doncella al Palacio Imperial.
—El Emperador no te ama, Chloe…—insistió con dulce veneno en la voz—. Si estás haciendo esto porque te has dejado llevar por frases vanas de su falso juego de amor…
—No es por Su Majestad. —sostuve, con odio, respirando lenta y profundamente mientras le lanzaba una mirada cortante, como el filo que una vez me clavó en la garganta—. Desde el momento en que mataste a mi Estel, nunca estuvimos destinados a estar conectados de nuevo. Jamás me quedaría al lado del hombre que asesinó a mi hija.
—…—Kylos cerró los párpados lentamente y cuando los abrió, pronunció murmurando torpemente—. Estel…
¿Cómo se atrevía a llamarla así delante de mí? Cuando estaba a punto de decir algo para que dejara de designar a mi niña con su sucia boca, estalló en una carcajada maníaca.
Mimy: Caras locas de Kylos que enamoran a los villanos:

JA, JA, JA, JA, JA, JA, JA, JA, JA, …
—¡Oh, sí, Estel! ¡Esa Estel! —exclamó como si hubiera recordado repentinamente a alguien del que se había olvidado—. Ja, ja, ja, ja, … ¡Estel! ¡Sí! ¡Todo fue gracias a ella!
Quería cerrarle la boca de un bofetón mientras repetía una y otra vez el nombre de mi pequeña Estel. Pero, a decir verdad, su reacción también me atemorizó. Mientras se reía entre lágrimas, desquiciado, empecé a sopesar que debía pedir ayuda, mirando a mi alrededor. Fue entonces cuando Kylos añadió algo que me dejó helada.
—Ja, ja, ja, … Tendría que haberla matado en ese entonces. No… Debí asegurarme de ello… Con mis propias manos…
—Bastardo… ¿Cómo tú…? ¡¿Cómo osas siquiera decir eso?! —la rabia, que rápidamente surgió en mi interior, acalló los miedos y mis emociones tomaron el control de mi serenidad—. ¡¡¿Cómo puedes?!! ¡¡Tú, asesino!! ¡Después de matarla y aún tienes la perversidad de hablar de ello, de esa forma… Ante mí! ¡No te lo perdonaré! ¡Nunca!
—¿Qué yo…? ¿La maté? —repitió Kylos con fiereza, dejando de reír de repente y con una intensa mirada diabólica inquirió—. ¿Quién…? ¿Quién demonios te ha dicho eso? Espera… ¿No fue eso mismo lo que me preguntaste en el Gran Ducado…? ¿No lo decías en sentido figurado…? ¿De verdad crees que “yo”, el de aquellas, Emperador, mató a tu hija Estel?
—Significa eso que tú… ¿no la mataste…?
—Ja, ja, ja, … Si hay algo de lo que más me arrepiento en esta vida es de no haberla matado en ese entonces como es debido. —Kylos rió ante la crueldad de sus palabras—. Fue un error pedirte que dieras a luz al hijo del Emperador… Porque todo se torció cuando descubriste “un amor de madre” inútil, que nunca te había enseñado.
—Dímelo sin rodeos, Kylos… ¿De verdad no mataste a Estel? ¡Respóndeme! ¿Sí o no? —mi pregunta rozó los tímpanos en casi un alarido.
Aquel hombre frente a mí me fulminó con la mirada, antes de aclararse finalmente la garganta, con una sonrisa torcida de forma espeluznante.
Mimy: Me gustan las expresiones de Kylos, creo que por muchas descripciones que haga no le hacen justicia. Así que aquí estoy yo para que os deleiteis con la lectura como buena correctora 😀 .

—Si saber esto va a disminuir tu resentimiento hacia mí… No, yo no la maté.
—Entonces, cuando yo tomé el veneno y morí…
—Por supuesto, ella estaba viva entonces. Obviamente vivió larga y persistentemente, para ahora perseguirme hasta el final, sin descanso… Maldita cosa…
—Ah… No, yo, …
Lo que continuó diciendo Kylos después de confirmar que Estel no había muerto, dejó de entrar en mis oídos y sentí como me temblaban las piernas.
Lo recordaba perfectamente como si fuera ayer. Aquel fatídico día, justo antes de morir, Elizabeth de Rosaline, había insinuado claramente que Estel ya no estaba con vida. ¿Por qué me había mentido? Solo había una respuesta posible; había venido a matarme expresamente, sin ensuciarse las manos.
Era evidente, puesto que ella siempre me había odiado por acaparar toda la atención de Kylos. Aunque él solo me preparaba con un lacito para entregarme a su hermanastro; el hecho de que estuviera enamorada de él visiblemente, debía ser como una espina dolorosa clavada en sus ojos. Así que, en cierta manera, incluso ese resultado fue culpa de mi estúpido enamoramiento engañoso.
—¿Fue…? ¿Elizabeth Rosaline…? ¿La que te dijo que la niña había muerto? —indagó Kylos.
—…—No dije nada, pero Kylos enseguida sacó una conclusión que se acercaba a la respuesta correcta.
—Siempre ha sido una mujer problemática en más de un sentido… —murmuró para sí mismo con una pizca de ácida burla hacia la mujer, que una vez, había sido su “compañera ideal”; según había confesado en mi presencia.
No obstante, su relación amorosa con la Marquesa nunca fue asunto mío, y pasaba de discutir acerca de un hecho, ahora trivial, que no me interesaba en lo más mínimo. Por tanto, intenté tomar el control de la conversación para dejarle algo en claro.
—Sin embargo, eso no te exime de culpa. Me arrebataste a mi hija y no dejaste que siquiera me acercara a ella. Era mi niña. No tenías derecho de hacer eso… —mis palabras salieron a trompicones y fueron la señal de que la “fuerte Chloe”, que se había presentado en la sala hace unos minutos, comenzaba a debilitarse.
Al ver eso, Kylos, se apartó de la mesa, acercándose hacia mí, como un depredador al acecho.
—¿Mi culpa dices?
La perspectiva de enfrentarme a un hombre alto, que me obligaba a levantar la cabeza para mirarlo a la cara, era sobrecogedora. Además, se unía al hecho de que no estaba en sus cabales y podría reaccionar de forma violenta de un momento a otro. Es solo pensarlo resultaba aterrador.
—Chloe… —Kylos, susurrante, se inclinó y cuando estuvo lo suficientemente cerca, agarró el asa de la silla en la que estaba sentada—. Yo no acabé con tu vida, no te di ese veneno y ni siquiera maté a tu hija. Entonces, ¿qué fue lo que hice como para que me odies tanto?
Miré el reloj de pared por encima de su hombro. Mientras yo contaba los segundos intentando no ser consciente del pavor que sentía, él se dejó caer sobre sus temblorosas rodillas y me cogió la mano derecha entre sus palmas, apretándola. Cuando hice una mueca de dolor y asco, se disculpó suplicante, añadiendo la gota que colmó el vaso.
—Todo lo que ha ocurrido entre nosotros ha sido un malentendido. Elizabeth de Rosaline… ¿Quieres que la mate? La decapito y te traigo la cabeza, si así lo deseas. Al fin y al cabo todo fue por su culpa. Ya la he matado una vez, así que una segunda no hace diferencia alguna.
Mimy: ¿Sabéis los porn revenge en donde una chica se va a buscar a un pavo para que le ayude en su venganza? (Una opción cobarde a mi parecer) Pues Kylos es el hombre definitivo para acabar un libro de ese estilo en dos páginas. Ni planear, ni hostias benditas. ¡Qué le corten la cabeza y ale! ¡A procrear como conejos se ha dicho!
«Era un demente… Kylos definitivamente había enloquecido…»
—¿Qué…? ¿La mataste…?
No sé cómo interpretó mi expresión, pero una pequeña sonrisa se dibujó en las comisuras de los labios de Kylos.
—Sí, lo hice. Ella fue quien te dio el veneno, así que le corté la cabeza de un mandoble. Chloe, la maté para vengarte. ¿Entiendes ahora cuán importante eres para mí?
Era un hombre realmente aterrador. La había utilizado a su disposición como una pieza de ajedrez para convertirse en Emperador, y cuando dejó de serle útil se deshizo de ella cruelmente.
«¡Puto perro loco!¡Estaba embarazada de ti!»
—¿Habrían sido diferentes las cosas si ella no hubiera estado allí en primer lugar…? —continuó Kylos con las pupilas puestas en mí—. Si ella nunca se hubiera interpuesto entre nosotros… ¿Podrías haber sido feliz a mi lado? Sí, si no fuera por ella, ni siquiera tendríamos que haber llegado a esta situación…
«Y pensar que Elizabeth Rosaline era la mujer que tanto envidiaba… La mujer que se había ganado su favor, ocupando una posición a su lado como su amante y esposa… Algo que yo, ni en mis más osados sueños, me atrevía a aspirar.»
Ahora me doy cuenta, con claridad, de que lo que había entre él y la Marquesa no era “amor”. Sin embargo, en mi vida pasada, la magnitud de la importancia que Kylos significaba para mí, era demasiado grande. Un tupido velo que me cubría los ojos y distorsionaba las cosas haciéndome perder el poco raciocinio que me quedaba.
No obstante, ahora tenía sentimientos encontrados. No perdonaba a Elizabeth. Más bien tenía cierto resentimiento hacia ella por haberme mentido diciendo que Estel estaba muerta. Mas sentía cierta lástima hacia ella. Porque, al igual que yo, era un mero sacrificio para los fines de un maldito bastardo.
«Kylos Ludwig… Para ti, la vida humana era algo que podía usarse y desecharse tan fácilmente… Ojalá te pudras en el infierno…»
La conmoción de tales pensamientos, despertaron sensaciones contradictorias en mí; tanto era así, que me dejaron sin palabras. Por otro lado, Kylos, interpretó mi silencio de forma positiva y aprovechó para seguir exponiendo el plan, intoxicado por la alienación del momento.
—Pero no te preocupes, ¿sí? Solo espera, Chloe. Si me das un poco más de tiempo, … Tomaré su cabeza y te la daré. Entonces, me darás una oportunidad y volverás, ¿verdad, Chloe?
—… —estaba entre confundida y asustada, incapaz de responder.
Un cuco salió del bonito reloj en forma de casita de árbol que había en la pared y anunció la hora en punto.
CÚCU, CÚCU, CÚCU, CÚCU, …
Cuando el hermoso pájaro de madera dejó de sonar, aparté la mano de Kylos y me puse en pie.
—Gran Duque de Ludwig, me da igual lo que hagas con ella. Eso no quita que me hayas estado manipulando, engañándome y robándome lo más preciado durante años; mi propia personalidad y mi hermosa hija. Entiendo que estés ahora diciendo todas estas mentiras porque has perdido un cebo que has entrenado durante años y el Emperador es consciente de ello…
—¡No! ¡No son mentiras! ¡De verdad, Chloe! ¡No era…! ¡Yo…!—repetía Kylos, sin saber exactamente qué decir como excusa porque, en cierta manera, tenía razón.
Por un minuto, reinó un silencio en el que nuestras miradas se enfrentaron. Hasta que, al final, se escuchó como la puerta del salón se abría.
—¿Me permiten? Siento interrumpir pero, ¿ha terminado ya con su conversación, Gran Duque de Ludwig? —preguntó Daria mientras entraba con pasos elegantes, observando la situación entre ambos.
—Emperatriz, Su Majestad… —la llamó Kylos con una mueca desagradable en la cara.
¡TSK!
Daria chasqueó la lengua al ver su atuendo desaliñado y desarreglado. Acercándose con la altivez digna de una Soberana del Imperio dijo.
—Creo que me has privado de mi doncella durante demasiado tiempo, Gran Duque. Además, Chloe tiene bastante cosas que hacer para después. Tendré que llevármela de vuelta.
—…
Kylos no contestó, pero Daria se volvió casualmente hacia mí y me preguntó:
—¿Qué pasa con este ambiente tenso? ¿Ha ido todo bien, Chloe?
—Sí, no se preocupe, Su Majestad. Gracias. —sonreí, hablando dulcemente a mi salvadora que cortó aquella reunión abrumadora.
—Muy bien, entonces, Gran Duque de Ludwig, mandaré que preparen un carruaje para que vuelva de regreso al Ducado. Puede descansar un poco aquí, si lo desea, hasta que sea el momento de partir. Si me disculpa, me tengo que ir. Que tenga una buena noche. —Daria sonrió con benevolencia y le dio a Kylos sus mejores deseos, con respeto, pero sin cruzar la línea.
Con soltura se dio la vuelta tomándome de la mano. Cuando salimos de la habitación, se dirigió hacia mí mirándome a los ojos.
—¿Seguro que esa historia terminó de una vez por todas? No me mientas, Chloe… Sé que esa sonrisa de antes era falsa… —inquirió de nuevo.
Probablemente la Emperatriz era plenamente consciente de que algo no estaba bien por el aura sombría que se respiraba entre Kylos y yo.
—No —respondí con sinceridad—. Además, creo que volverá otra vez, porque parece que no consigo que entienda las cosas. No tiene caso…
De repente, sentí un escalofrío cuando se me ocurrió que tal vez la próxima vez aparecería con la cabeza de la Marquesa de Rosaline entre manos. Ante tal siniestro pensamiento, me estremecí, sacudiendo los hombros.
«No será capaz… ¿Verdad?»
—Eso sí que va a ser un problema… —dijo Daria en tono indiferente.
Casualmente yo asentí, estaba de acuerdo. Kylos, obviamente, no tenía la intención de rendirse conmigo. Ya me había dicho que haría lo posible por encontrar una manera y estos encuentros se repetirían hasta el cansancio. Solo había una forma de pararlo; o bien era que desistiera por las buenas o se viera obligado a hacerlo.
—Su Majestad, Me temo que tendremos que encontrar una forma para que pare con esto…
—La forma más segura, Chloe, sería que te casaras con Raymond. Plan perfecto, chica. Yo me divorciaría tranquilamente de él, conseguiría una buena pensión alimenticia, y quizá algunas tierras, mientras tú te desvinculas por completo del Gran Duque de Ludwig con un maravilloso compañero de vida a tu lado.
Mimy: Daria celestina. Siendo directa y clara haciendo spoiler del final. (No me lo sé, leo mientras corrijo, no me dejéis de leer la historia…
)
—Dice cosas tan… Imposibles.— dije amargamente curvando los labios y negando con la cabeza, como resignada.
Mereciera o no, el amor de Raymond, al fin y al cabo estar a su lado era inviable. Ya lo había experimentado una vez en mi vida pasada. Mas era entendible que para Daria era fácil decirlo, porque no conoce lo que pasó en aquella época perdida.
Mimy: Dios Chloe como te haces de Rogar… No pasó porque tú tampoco lo intentaste, mujer. Era Raymond solo contra el mundo. Como decía mi abuela a la tercera va la vencida y si a la segunda va mucho mejor.
—¿Por qué no es posible? ¿Eres lesbiana? ¡No hay problema! ¿Te casarías conmigo entonces, Chloe?
—Lo está haciendo aún peor.
Mimy: Pero no lo niegas ( ¬‿¬)
El matrimonio entre personas del mismo sexo era explícitamente ilegal en el Imperio Astar. Además, si ese fuera el motivo de separación con Raymond, le sería mucho más difícil encontrar a una nueva Emperatriz y continuar con su linaje. La de escándalos y rumores que se podrían crear a su alrededor a partir de esto. Así que, añadí el escenario más plausible que se desataría ante tal propuesta.
—No quiero que me acusen de bruja y me quemen en la hoguera con la Emperatriz.
—¡Eso es demasiado, Chloe! Mas no me importaría que me etiquetaran de bruja y me torturen si es por el bien de nuestro amor. De todas formas ese es el apodo que me ha puesto Raymond. ¿Querrá eso decir que estamos unidas por el destino?
—Eso es muy halagador, pero no conozco a nadie que viera con buenos ojos el prenderse en llamas aún estando vivo. —Sonreí con picardía, y las pupilas de Daria se abrieron de par en par con un sutil brillo.
—Me decepciona que me traiciones así, mi amor, cuando por fin me armé de valor para proponerme.
—Yo no llamaría traición a mi negativa por no aceptar tu amor no correspondido.
Mimy: Sin dudas Chloe es bi y sospecho que Daria igual. Mira por donde este sería el final que más me gustaría para esta novela. Pero el matrimonio gay es ilegal en Corea y sería demasiada controversia…
—Ahora que lo pienso, Chloe, eres toda una chica pilla y sagaz. Cuando nos conocimos, no parabas de desviar la mirada y tartamudear…
—Eso es porque en aquel entonces tenía mucho miedo de la Emperatriz.
En realidad fue por mis memorias de aquella época, donde Daria era famosa por masacrar a su propia familia.
—¿Quieres decir que ahora no me tienes miedo? —dijo mirándome intensamente como para asustarme.
—Mmm… —respondí ladeando la cabeza con una sonrisa fingiendo estar pensativa.
La Emperatriz puso una mano en su pecho, como dolida, cerrando los párpados y dijo.
—Debo haber sido demasiado buena contigo, por desgracia. Porque ahora no me temes y rechazas mi amor sin dudarlo… —cuando evité contestar, Daria abrió un ojo por un instante y siguió quejándose en tono gutural como despechada—. Eras tan linda e inocente cuando te vi por primera vez… Te sonrojabas cada vez que decía algo, y tenías incluso un sabor dulce… Y mirate ahora, que tienes a los hombres de todo un baile babeando por ti, te has vuelto toda una mujer atrevida…
Mimy: Mi opinión con una canción: I kissed a Girl – Katy Perry
Mientras charlaba con Daria, mi humor, que se había visto mermado por Kylos, fue mejorando poco a poco.
No obstante, cuando solté una risita, tapándome la boca con la mano, miré la palma al bajarla. Los rasguños me hormigueaban y la herida del corte más profundo se había abierto de nuevo. Debió haber sido por el manotazo que Kylos me propinó durante el enfrentamiento. Sin remedio, volví a recordar la conversación. El corazón roto me dolía tanto que las brechas de mi piel eran insignificantes en comparación.
«Estel…»
Pensé en mi pequeña Estel, la que había sobrevivido tanto tiempo sin morir. No lo sabía. Como una tonta abandoné a mi hija sin saberlo. Además había algo que no dejaba de molestarme como una espina clavada en mi mente.
«Ella… Sobrevivió… Mas la diferencia entre “vivir” y “sobrevivir” es enorme. ¿Cómo de dura pudo haber sido su vida? Si, por mi culpa, acabó viviendo un destino tan lamentable como el mío…»
Me invadieron de nuevo los tormentos por mis pecados. Ser consciente de que fui una madre que la abandonó a su suerte, cuando me había prometido a mí misma protegerla, me abrumaba en sufrimiento. Aun así, me sentí orgullosa de ella por haber resistido como una amazona.
«Debió haber tomado el carácter valiente de su padre… Una luchadora… De ser así, seguro que ella no permitió que nadie la engañara y manipulara, como hicieron conmigo… No obstante, ahora ya no existe… Mi Estel…»
Sentí como se me retorcían las entrañas ante ese hecho inmutable, porque ya nunca podría ver de nuevo a Estel.
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Cuando las heridas de mis manos se habían curado considerablemente, recibí una respuesta del Conde Vincent.
El contenido de la carta consistía principalmente en asegurar, repetidamente, que no le disgustaba en absoluto mi desaparición del salón de baile de aquella noche. Añadiendo al final, que si aun así no estaba tranquila, y lo lamentaba de verdad, como recompensa y señal de disculpa pediría que fuera su pareja en el próximo acto social.
Agradecí mucho su oferta, pero ya había alguien que se había adelantado y, lamentablemente, no era una persona que me resultara cómoda, como lo era Vincent. Quería evitarlo, mas no estaba muy segura de cómo podría rechazar la petición, cuando era joven Lord de Carolina, quien me había pedido que lo acompañara a una fiesta en su residencia, que se llevaría a cabo dentro de diez días.
Tras responder al Conde con un sincero agradecimiento, comprobé la hora y me dirigí a la biblioteca. Con la ayuda de Daria, había conseguido un permiso especial para entrar en dicha área de Palacio, y siempre que podía, me dirigía allí en mis días libres.
Antes de regresar en el tiempo, Kylos siempre me había restringido el uso libre de los libros. Él era quien decidía qué debía leer o no. Tampoco era extraño que un hombre privara de conocimiento a una mujer bajo su jurisdicción, y en caso de mi, de aquellas, tutor, solo me permitía estudiar lo que me había asignado. Así que, tener acceso ilimitado a la biblioteca era un gran lujo.
Aunque hoy no tenía mucho tiempo para disfrutar de la lectura, ya que, había muchas otras tareas prioritarias que tenía que hacer; los libros que se alineaban en las estanterías me tentaban tanto, que no pude evitar ir en unas horas que me habían dado de descanso. Por eso, dedicaría este momento para encontrar un libro que fuera de mi gusto para devorarlo rápidamente.
Cuando estaba hojeando las páginas de un tomo tan grueso como mi pulgar, a la luz del sol que se filtraba por el ventanal, una sombra cayó sobre mí.
EJEM, EJEM, …
Levanté la vista al oír el familiar sonido de una tos vacía, y Raymond estaba de pie, ante mí, mirándome fijamente.
—Saludos al Sol Imperial… ¿Acaso…? ¡Ah! ¡Entiendo! Su Majestad quiere leer en este lugar, entonces….
—No, está bien, Chloe. Siéntate. No quería interrumpir tu lectura…—dijo Raymond rápidamente gesticulando con las manos para que no le cediera mi asiento y, en su lugar, se sentó frente a mí.
Mimy: ¿Pero tosiste para llamar la atención y no la querías interrumpir? ¡Ay, Dios! Formas ridículas de actuar cuando te mola una chica parte 2. Porque no es la primera vez que lo hace en esta novela XD.
Le eché un vistazo, pero no traía ningún libro con él.
«Debió de venir a leer y, al verme, se acercó directamente.»
—No sabía que fueras una ávida lectora.—dijo mientras sus ojos recorrían lo que yo estaba leyendo—. Si hubiera sabido que te gustaban los libros, habría venido contigo más a menudo contigo desde mucho antes
Nunca había estado con él en una biblioteca y me resultaba extraño ver a Raymond hablando casualmente después de no haberlo visto durante todo ese tiempo. Además, ahora que lo pensaba, no lo había visto leer en el pasado e inevitablemente me entró la curiosidad.
—¿A Su Majestad también le gustan los libros?
—Claro, por supuesto. Esta biblioteca es uno de mis lugares favoritos.
—Ah… Ya veo.
En las pocas veces que había estado con Daria, nunca me había cruzado con él, así que no tenía ni idea. Era refrescante escuchar que teníamos algo en común.
—Bueno, no me hagas caso, como si no estuviera. Termina tranquilamente lo que estabas leyendo. No quiero interrumpirte cuando se ve que estás disfrutando ese libro
«¿Cómo pretendes que ignore tu presencia cuando estás ahí, con tus pupilas posadas sobre mí, anonadado mientras intento leer?»
Las comisuras ligeramente curvadas de su boca dibujaron un suave arco y, detrás de él, las magníficas pilas de estanterías brillaban a la luz del sol. Sus cabellos rojo flotaban ligeramente sobre el aire con olor a papel. Parecía como si hubiera sido teletransportada a un hermoso cuadro del romanticismo.
Intenté ignorarlo, mas no pude evitar notarlo, y suspiré pesadamente.
HAAAAAA…
Raymond, observando mi rostro, se diera cuenta o no, bajó lentamente la mirada y, abriendo un libro que estaba a su alrededor, lo ojeó como despistado. Entonces, su casual voz, llegó como una brisa dulce a mis oídos.
—Por lo que veo… Es un libro sobre Derecho Imperial…
—Sí, me interesa un poco saber sobre ello.
—Hmmm…—reaccionó como pensativo, frotándose el mentón, con la vista en lo que leía.
Pero la expresión de Raymond cambió sutilmente, al darse cuenta de que la sección que yo estaba leyendo se trataba sobre el “Recuento Imperial de cadáveres”
—Estás leyendo algo que da miedo, espero que no estés intentando matarme… ¿Te está molestando Daria?
—¡Oh, no! ¡Por Dios! ¡No, claro que no!—mi respuesta fue exagerada porque me sobresaltó oirle decir tranquilamente que quizás trataba de matarlo.
—Como te he dicho, la Emperatriz es muy retorcida. Si no puedes con ella tú sola, siempre puedes llamarme y pedir que te ayude.
—Eso nunca ha pasado. No seas miedoso, Daria nunca me ha hecho nada malo.
—Ja, ja, ja, … Es broma, no te enfades.
El calor subió a mi cara ante la risa juguetona que a Raymond se le escapó, con la supuesta bufonada poco convincente. Parecía que él se divertía con mis respuestas y con uno de sus largos dedos le dio unos golpecitos a la página del libro que estaba leyendo para llamar mi atención. Cuando levanté mi mirada estaba allí, con una amplia sonrisa en el rostro, apoyado sobre la palma de su otra mano libre. Deslumbrada, siendo consciente de lo juguetón y hermoso que podía llegar a ser un hombre, abrió lentamente sus labios.
—Si hay algo que no entiendas o sobre lo que tengas alguna duda, siempre puedes preguntarme. Después de todo, soy una de las personas más entendidas del Imperio de Astart, sobre todo en lo que se refiere a los ritos mortuorios de la familia Imperial.
Mientras escuchaba las palabras de Raymond, recordé, de repente, que sus padres, junto con la amante del Ex-Emperador, habían muerto por envenenamiento el mismo día. El hecho de que lo supiera no fue por Kylos, ya que él nunca me había hablado de su familia. Simplemente era conocedora de ello gracias a Erikson, el mayordomo del Gran Ducado, quien me comentó la lamentable desgracia que había ocurrido aquella soleada tarde, mientras ellos juntos tomaban el té en los jardines del Palacio Imperial.

RAW HUNTER: ACOSB
TRADUCCIÓN: ROBIN
CORRECCIÓN: MIMY