Capítulo 42
El calor de la primavera envolvió el mundo a mi alrededor. Una mariposa revoloteaba en el aire cálido, con las alas desplegadas. En la pradera vi a una figura femenina. Estaba sentada en un campo de flores de colores, con su hijo en brazos y cantando. Caminé hacia el origen de la canción, hipnotizada. El niño en brazos me miró y soltó una risita. El sonido alertó a la mujer de mi presencia y se puso en pie.
La imagen de esa persona, era yo. Una Chloe Garnetsch adulta sonriéndome con gracia. Era como un momento de ensueño.
Ella caminó lentamente hacia mí y me entregó a la niña.
—Estel…
El bebé que conocí, cuidé y amé agitaba sus cortos brazos hacia mí. Era mi hija. Mi dulce pequeña, tal como era la última vez que la había visto, ahora estaba en mis brazos.
Sonreí mientras la acunaba en mi regazo, feliz de al fin reunirme con ella.
—Estel, mi Estel…
«Sé que no fui una buena madre. No te puse nombre hasta mucho después de nacer.»
El hombre que me manipuló, me hizo aprender métodos para obtener sus ambiciones, pero nunca me enseñó nada sobre cómo dar a luz y cuidar a un hijo. Así que fui una progenitora demasiado torpe e inadecuada, sin conocimientos sobre el parto y la crianza.
«Mis deficiencias acabaron provocando la muerte del padre de mi niña, y la alejaron del mundo cuando apenas tenía edad para hablar. ¿Qué bien hice por ella? Nada…»
AGOOO, GAGA, AGA, …
«Estel, ¿por qué te esfuerzas tanto en seguir amando a esta mala madre?»
*GI, GI, GI, …
*Es risa de bebé (hago lo que puedo XD)
«Ni Estel, ni Raymond. Ambos, los que más deberían odiarme en esta Tierra, no dejan de demostrar y hablar de su amor por mí constantemente. ¿Por qué es así?»
La besé suavemente en la frente y estalló en otra risa melodiosa. Me encantaba cómo sonreía y cómo se le abrían los ojos con cada risotada.
Levanté mi mirada de la niña y vi a una mujer a mi imagen curvando sus labios débilmente.
Pero, de pronto, un color oscuro y enfermizo se fue extendiendo poco a poco por la tez vibrante de la mujer. Su cuerpo demacrado y sus rasgos pálidos se parecían a los míos poco antes de morir.
Entonces, me di cuenta de lo ciertas que fueron las palabras de la Marquesa. Esa persona que me había dado el veneno diciéndome que ya no era humana. Pues bien, mi —yo—, al borde de la muerte, tenía el aspecto de alguien marchito, preparado para una danza macabra sobre la futura lápida del mismo. Una moribunda amada por nadie, con todas las piezas de su vida perdidas en la nada más absoluta.
Solo ahora, mucho más tarde, era consciente del significado de la frase,—memento mori—. Sin ser conocedora de que la vida es preciosa y efímera, desaproveché mis años en la desdicha hasta cerrar, con mis propias manos, el ciclo de mi miserable existencia. Incluso mi madre, que no sobrevivió habiendo dado su todo por mí, al final, únicamente malgastó su último aliento para convertirme en una bestia que nunca se amó a sí misma en ningún mísero instante.
Quería abrazar a mi imagen que tenía delante, a la antigua Chloe Garnetsch, que había abandonado en un entonces, intentando buscar el perdón por mis negligencias del pasado. Así que di un paso hacia ella, pero cada vez que me acercaba, la mujer se alejaba.
—No te vayas… —y armándome de valor le dije a mi “yo”, quien dejó de caminar hacia atrás—. ¿Está bien si al final me permito quererte?
«¡Já! ¡Qué cretina soy…! ¿Cómo me atrevo siquiera a pedir quererme? Yo, la estúpida, inútil y rota muñeca, me osa amarte a ti, quien es mi igual, mi reflejo en un espejo que muestra el lamentable ser que he sido y sigo siendo.»
Pero lo siguiente que escuché, no vino de mis pensamientos, sino que resonó la voz de la mujer demacrada que tenía enfrente.
«Porque en un ambiente donde merezco ser odiada, la única persona que puede amarme tal y como me muestro al mundo, soy únicamente yo misma.»
—…—Asentí lentamente a las palabras de aquel eco.
Tras esto, respiré lenta y profundamente y me acerqué a ella. Quería abrir ambos brazos y abrazarla, pero sostenía a la pequeña Estel con uno de ellos. Así que estiré la mano libre hacia ella.
Pero en cuanto la toqué, se convirtió en miles de gotas transparentes que se dispersaron en el aire. Me quedé mirando los últimos vestigios de “mí” que flotaron brillantes volando bajo el sol de primavera.
BUAAAA, BUAAAA, BUAAAA, …
Mi pequeña Estel, que había sido sostenida con tanta calma todo el tiempo, rompió a llorar y, justo en ese instante, me desperté.
—¡Ugh…! —gemí y me incorporé, en mi habitación del Palacio de la Emperatriz. Fuera de la ventana, todavía era un invierno frío—. Estel…
La ausencia en mis brazos me hizo sentir vacía y aún podía oler el aroma de la añoranza en mi pecho, donde se había quedado grabada mi pequeña y dulce hija. Me tiré de las comisuras de mis labios lánguidamente, evocando vagamente su rostro. Al final, ese sueño de un cálido día de primavera, fue un gran consuelo para aquel momento donde no sabía qué hacer con mis enredados sentimientos.
Todavía, entre ensoñación y realidad, giré la cabeza aturdida. Allí, a mi lado, se encontraba Raymond dormido, sentado en una postura incómoda en la cabecera de mi cama. Al mismo tiempo que lo contemplaba, recordé la noche anterior, cuando lo había alejado con exasperación.
{—Todo está bien, no pasa nada. ¿Te lo dije no? ¿Recuerdas? Estoy bien, porque… “Al menos tú estás llorando por mí.”}
Su vocalización de un pasaje perdido en otro tiempo, retumbó en el aire nocturno, me envolvió una vez más, y penetró profundamente en mi entendimiento. Dejé escapar un suspiro lento y enrosqué las manos alrededor de los extremos del edredón.
—Raymond regresó en el tiempo… Al igual que Kylos y yo…—musité corroborando la reciente revelación.
La retrospectiva de esta verdad daba sentido a los hechos que habían ocurrido hasta ahora. El comportamiento de Raymond en esta, mi regresión, no se debía simplemente a que Kylos y yo hubiéramos actuado de forma diferente; sino que él también había vuelto con las mismas memorias de nuestra época pasada.
{—Te amo, Chloe.}
Aquellas palabras revolotearon entre las reminiscencias y se clavaron en mi pecho, echando raíces. No podía apartar de mi cuerpo, la sensación extraña que se intensificaba y brotaba, como si de una flor se tratase.
BADUM, BADUM, BADUM, BADUM, …
Inspiré y exhalé lentamente para calmar los fuertes latidos de mi corazón.
Su amor era algo que no me atrevía a codiciar. Del mismo modo, no debía emocionarme por su confesión. Aunque él me perdonase, yo siempre sería una pecadora eterna.
«Esto no tiene sentido. ¿Cómo puede recordar todo aquello y seguir diciendo que me ama?»
Mimy:

Inmediatamente después de recibir esa ridícula confesión de que aún me amaba, caí inconsciente. Debió de ser Raymond quien me trajo aquí y, para más inri, no me dejó sola, quedándose sentado junto a mí. Además, por consiguiente, él debió caerse dormido en una posición que, de por sí, era de todo menos cómoda.
Con esa impropia sensación burbujeante, de verlo a primera hora de la mañana así, hizo que me mordiera la punta del labio, incapaz de entender a Raymond. Porque cómo podía ser que después de traicionarlo y llevarlo a la ruina no me odiase. Era surrealista. Al igual que yo aborrezco a Kylos después de destrozarme y arrebatarme a mi Estel, eso que más quería en este mundo; era lógico que este hombre genuino me rechazara como la peste misma.
«Sigue siendo un chico de lo más inusual que haya visto jamás…»
Mientras miraba su apuesto rostro aún dormido, mi corazón palpitaba extrañamente. Cautelosamente, me giré hacia él y suavemente extendí mi brazo. Justo cuando las yemas de mis dedos estaban a punto de tocar su cara, sus ojos se abrieron lentamente.
—¡Ah…!—presa del pánico, traté rápidamente de retirar la mano como si nada hubiera pasado.
De hecho, lo habría conseguido de no ser por Raymond, que me agarró inmediatamente de la muñeca.
—Chloe…—su voz grave semisumergida era amortiguada, el tono extrañamente me hacía cosquillas en el pecho—. ¿Cómo te encuentras, estás bien? ¿Sigues con dolor?
—Sí, Su Majestad. Estoy bien.—Mientras respondía torpemente y apartaba la mirada, él aflojó su agarre paulatinamente.
Aprovechando la oportunidad, retiré mi mano y la escondí tímidamente bajo las sábanas.
THUMP, THUMP, THUMP, THUMP, …
El pulso era francamente notable y me ardía la piel que había estado en contacto con él. Era demasiado consciente de su presencia y sentimientos, por lo que me sentía incapaz de mirarle directamente a los ojos. Froté con mis palmas la zona sensible de mi tez, para de alguna forma, calmar mi palpitante nerviosismo.
Tendría que volver a preguntarle por lo de anoche. Necesitaba confirmar una vez más si él también había regresado en el tiempo. Pero un miedo desconocido se apoderó de mí y no me atreví a separar los labios. En trance, me limité a contemplar el encaje blanco de mi edredón.
—No tienes que apartar así tu mirada. Así que, alza tus pupilas, Chloe —me llamó, con voz aún no del todo despierta.
Levanté lentamente la cabeza y observé su sereno semblante, cruzando su vista con la mía mientras sonreía lánguidamente.
—Sí, así es, mírame de ese modo…
—…
—Guapa.
Se me calentó la cara al oír el cumplido. Esa era una palabra familiar, que había oído una y otra vez desde que era muy joven, pero me hizo sentir nuevamente avergonzada al escucharla salir de la boca de Raymond.
—¿Está bien su cuello? ¿Por qué dejaría la alcoba de Su Majestad para estar en una molesta aquí…? ¿No siente el cuerpo cansado y tenso?
—La verdad, no estaba incómodo en absoluto.
—Pero le debe doler mucho la espalda al dormir en esa silla.
—¿Estás preocupada por mí? —La comisura de sus labios se curvó en una sonrisa socarrona y, agradablemente, frotó mi cabello con su palma en mi cabeza—. Me has alegrado la mañana.
Su lento acariciar de mi pelo se sentía natural y placentero.
A lo largo de los años que pasamos juntos tiempos atrás, Raymond siempre me daba pequeñas muestras de cariño por las mañanas en cuanto me despertaba.
—Pero, Chloe, solo por si lo has olvidado, ¿recuerdas que soy el mejor guerrero que el Imperio de Astar ha visto jamás? y claro está, que en el campo de batalla he dormido en lugares mucho más incómodos que éste, ya bien sea sobre el frío suelo o incluso contra algún árbol en días lluviosos…
—¿De verdad, Su Majestad? —repetí, incrédula ante sus palabras.
Era difícil de imaginar. Raymond es el Emperador del país más grande que existe en el continente y, aunque se tratase de una guerra, no podía imaginármelo a él, el ser más excelso del Imperio, pasando la noche en un sitio deplorable junto a soldados comunes.
—Por supuesto. Para un hombre en medio de un territorio hostil donde las contiendas se desatan cada dos por tres, dormir en una habitación caliente es una bendición inimaginable. Bueno lo que quería decirte es que no te preocupes, Chloe, no fue una molestia dormir aquí esta noche en esta postura. Te lo aseguro, así que deja de sentir lástima, ¿si?
—…
Él era bastante perspicaz y ya debía haberse dado cuenta desde el principio que me daba pena. Avergonzada por lo bien que podía leer mis pensamientos me sentí vulnerable y desvié la mirada jugueteando con los dedos bajo las sábanas. Mas, me sorprendió cuando, de pronto, me pidió que le mostrara mis manos que mantenía ocultas.
—Te traté como pude por la noche. Quizás fui un poco tosco y rudo porque ya sabes… No soy médico… Además, precisamente ser delicado tampoco es lo mío. Así que avisaré al doctor Imperial para que te visite después del desayuno.
—No, estoy bien, Su Majestad. Llamar al médico Imperial por unos pequeños cortes en las palmas como estos… Es demasiado.
—Chloe, necesitas que un profesional revise tus heridas y no me siento tranquilo cuando estás enferma o doliente. Aun así, ¿Te negarás?
—…
Raymond sabía hablar demasiado bien cómo para conseguir que fuera incapaz de rechazar su propuesta.
—Entonces, como dije, te conseguiré atención médica.
—Mmms… ¿De verdad…? ¿Tu también has regresado en el tiempo? —formulé con cautela la pregunta mientras Raymond seguía pensando en las leves lesiones de mi piel.
Era una cuestión que había estado evitando hasta ahora. No obstante no podía seguir evitando el tema después de lo que pasó anoche. Me sentía ansiosa sobre lo que realmente pensaba Raymond de mí. Al fin y al cabo, pudo haber dicho cualquier cosa ayer y yo haberla malentendido por la emoción del momento. Si me odia o se enfada lo entendería. Sin embargo, para mi desconcierto, él me miró con ojos afectuosos y asintió mientras respondía.
—Sí, así es. Además, estoy encantado, ya que he tenido la oportunidad de volver a verte.
—…
Ahora todo estaba claro. Tal y como lo había escuchado hace unas horas, ahora volvía a repetir lo mismo, confirmando, una vez más, sus intenciones. Era algo que no había forma de malinterpretar, más aún, ahora, cuando estaba completamente lúcida frente a él. No obstante, seguía sin entender su comportamiento. Por lo que, tras un minuto de silencio, respondí cuidadosamente.
—Si yo fuera el Emperador, habría aprovechado esa oportunidad para vengarme. Tando de mi tío, como de mí…
—Chloe, ya te lo dije. Hace tiempo que te he perdonado. Eso ahora no tiene sentido para mí.
—¿Cómo puedes confiar en una mujer que ya te ha traicionado una vez? Podría volver a hacerlo de nuevo. ¿Te das cuenta de lo imprudente que estás siendo?
El ceño de Raymond se frunció ligeramente ante mi afirmación, la cual era la más lógica y sensata en una situación como la suya. Los ojos rojos, intensos y hermosos se clavaron en mis pupilas, con una seria mirada. Mas, lejos de intimidarme, me mantuve firme devolviéndole el gesto.
—Chloe, entiendo tu posición y creo que haces bien en apartarme —dijo Raymond estrechando su vista mientras sonreía irónicamente y añadió—. Después de haber sido influenciada desde niña por ese hombre, no me extraña que ahora te sigas castigando pensando que fuiste tú la razón por la que morí en el pasado. Pero, eso solo es un hecho que suma más a la hora de que no pueda perdonar al Gran Duque de Ludwig. Chloe, eres una víctima. Una persona que sufrió a manos de las maquinaciones de mi hermanastro y, aun así, te ves a ti misma como la culpable inexorable de todo esto. Eso es lo que no tiene sentido, tu comportamiento, y no el mío que te ve como quien realmente eres.
Llegados a este punto, no tuve más remedio que admitir que Raymond estaba realmente enamorado de mí. De lo contrario, no podría entender cómo alguien era capaz de verme con tan buenos ojos después de lo que había hecho. Así que, esta debía ser la razón por la que seguía apoyando mi inocencia; amor.
—Su Majestad, yo no soy la persona que fue agraviada en aquel entonces; fue usted. —insistí—. Puede darse el caso de que alguien, que conozca nuestra historia, me vea como una pobre mujer ingenua engañada; mas ese no debería ser tu caso. Ya que has sido perjudicado principalmente por mi causa, debes pensar en mí como si fuese un ser perverso y de malas intenciones. En aquella época, era plenamente consciente de las consecuencias de mis actos. Sabía que te ponía en peligro al llevarte al Gran Ducado cuando te lo pedí, e hice todo lo que me pidieron con conocimiento de que ibas a morir de una forma u otra.
Mimy: y por eso te odio, Chloe. Pero nah, Raymond seguirá erre que erre hasta que seas suya ya verás… y tu castigo sera que por las noches un “No puedo más estoy cansada, es demasiado” no valga… ( ¬‿¬) Sin piedad, como la que tu tuviste XD.
Antes de la regresión, es cierto que no valoré a Raymond, y aún menos, mis momentos con él. A penas recuerdo mucho, pero hay cosas que son difíciles de olvidar; como su cara sonriéndole alegremente, con afecto, durante todo el trayecto en aquel carruaje con destino a su captura e injusta condena. En dichos instantes, pensé que era un hombre tonto. Un insensato, cegado por el amor, que seguía a una mujer sin saber que lo traicionaría. Sin embargo, al final, la que era la verdadera estúpida era yo y no fue hasta mucho después que lo sabría; después de que me arrebataran lo que más quería.
No obstante, Raymond siguió en sus trece. Desconocía el hecho de que aquel hombre, que me concedía todo lo que quisiera, podía ser tan testarudo para algunas cosas.
—Dijiste que fuiste tomada por el Duque de Ludwig a la edad de doce años, ¿no? Además fue él quien te entrenó para seguir ciegamente cada una de sus palabras, lavándote el cerebro poco a poco y aprovechando, a su favor, el hecho de que era tu salvador, ¿cierto?
—Ya, lo sé. Mas eso no justifica el hecho de que sea menos culpable que Kylos. Lo que le hice a Su Majestad, sigue siendo un pecado que he cometido…
—Sí, y como ya ha pasado; ahora, para que tus acciones ya no sean por su influencia, te ayudaré a alejarte de él. De esa forma todo lo que hagas será por voluntad propia, sin prejuicios, ni implicaciones de terceros.
«Pero no tiene sentido alguno… Hacer como si esto nunca hubiera ocurrido, ¡es ridículo! Todavía sigue siendo algo que permanece en nuestras memorias. Es más, sabiendo que él es consciente de todo, menos puedo aún borrar mi culpa y desentenderme de los hechos que sucedieron. ¡Es imposible!»
Aunque es cierto que, cuanto más hablaba con él, más me daba cuenta de que Raymond era un hombre que no merecía. Me arrepentía por no haber sido consciente de esto antes.
No entendía por qué la gente lo llamaba “el Emperador sanguinario de corazón frío”. Aquel del que decían, que ni lágrimas derramaba, ante los compañeros muertos caídos en batalla. Cuando, a mi parecer, Raymond era todo lo contrario. Siempre lo miré como un joven chico generoso y amable, la clase de persona que, una pecadora como yo, no se merecía admirar, y mucho menos, codiciar. Incluso, en los peores momentos, siempre fue afable y genuino.
Sin alegar nada a lo que me dijo, y tragándome las quejas que quedaron en mi mente, Raymond, extendió lentamente la mano y me acarició la línea del cuello murmurando.
—Menos mal que no estás herida. Ni siquiera hay cicatriz… De eso…
Por el ceño fruncido de sus ojos y el cuidadoso tanteo, me di cuenta de que probablemente estaba pensando en cuando tiró su espada, rindiéndose, porque Kylos estaba hundiendo su hoja de acero en mi garganta, amenazando con matarme.
—Por supuesto, incluso he vuelto, después de morir…—cerré mi boca tras decir eso porque, por algún motivo, sentí que no debía continuar.
Raymond, paralizado, detuvo sus suaves roces y rápidamente preguntó.
—¿Cómo? ¿Morir dijiste?—su tono al hablar destilaba agitación—. ¿Has experimentado la muerte, Chloe?
—… Sí, claro. Todo el mundo muere, ¿no?—fingí la calma, escapándome por la tangente.
No obstante Raymond no se veía muy convencido por mi vago argumento y arrugó la frente, escrutando mi rostro con una mirada intensa.
—Otra vez me estás ocultando algo, Chloe.
Sonreí débilmente, como afirmándolo. Por ello, Raymond pareció un poco incómodo con mi reacción y, apartando su mano de la mía, intentó argumentar para indagar en lo que había sucedido tras su ejecución.
—Es muy extraño. No culpaste al Duque de Ludwig cuando te puso una espada en la garganta y casi te mata. Ni siquiera mostraste ni un ápice de disgusto o decepción ante su aberrante comportamiento. Sin embargo, llevas diciendo, no solo que no te gusta, sino que lo odias y aborreces desde la regresión. Es un cambio demasiado radical, que ahora quieras alejarte de él y vengarse, con respecto a tu “yo” anterior.
Pero al no obtener respuesta, y quedarse con mi silencio, un fuerte suspiro se escapó de sus labios, y mi corazón comenzó a reflejar el agobio que él sentía al mismo tiempo.
Raymond no sabe qué es lo que ha pasado en el intervalo entre su defunción y mi regresión. Es consciente de que la vuelta al pasado de ambos no ocurrió precisamente después de su fallecimiento y ahora, al menos, estaba convencido de que morí antes de venir aquí. Tampoco sabe lo que pasó con nuestra pequeña Estel y, por supuesto, no tenía intención de hacérselo saber. Ya era suficiente con que yo soportara el dolor de la muerte de nuestra hija y él no se merecía más sufrimiento. Sin embargo, la inquietud de Raymond era demasiada como para hacer la vista gorda.
—Por eso, estoy más ansioso por saber cómo ha sido tu vida después de mi muerte. Más aún al ver todo este cambio en ti, en mi hermanastro…
—¿Tanto he cambiado…? —dije desconcertada.
Aquellas palabras me resultaban extrañas ya que todavía no había superado lo de Kylos.
—Sí, por supuesto que lo has hecho. —Raymond se rió entre dientes mientras hablaba tranquilamente—. Estás luchando así, intentando alejarte de él y aunque es difícil no te rindes. Todo por tu propia voluntad y fuerza. Es admirable.
—No obstante, quizá solo sea una lucha inútil.—me reí amargamente tras él.
A pesar de todo mi esfuerzo, todavía no había logrado escaparde la sombra de Kylos que se cernía sobre mí y fue anoche cuando me di cuenta de que no había dado ni un paso fuera de la influencia de aquel hombre infame.
—Chloe, ¿de verdad así lo crees?
—Sí…
—Piénsalo bien de nuevo. Se supone que, según tu vida anterior, deberías seguir en el Gran Ducado bajo sus instrucciones, pero has huido de él y hoy en día eres una doncella en el Palacio Imperial. Además, ayer demostraste tu independencia delante de toda la alta nobleza de Astart, al enfrentarte a él sin perder la compostura y con la cabeza bien alta. Es más, en estos momentos ya no estás a su disposición y ya no puede manejarte a su antojo en nombre de ser tu tutor. ¿No te parece eso un gran avance?
Lo escuché detenidamente, sopesando cada uno de sus argumentos, y, tras un instante, asentí, lentamente con la cabeza en señal de aceptación. Mas añadí un pequeño detalle importante que me quitaba todo el crédito que, amablemente, Raymond me daba.
—Todo es gracias a Su Majestad.
Era la verdad. Puesto que todo era obra de Raymond y Daria, quienes me habían ayudado hasta ahora. Estaba bien claro que no habría conseguido todo eso por mis propios medios.
—Chloe, es obvio, para mí, saber lo que estás pensando ahora, y de verdad espero que dejes de infravalorarte tanto y comiences a apreciarte un poco más.
Ya no me sorprendía que Raymond pudiera leer mis pensamientos. Pero algo se me cruzó por la mente en ese instante.
«¿Cómo podía un hombre, que me conocía tan bien, no haber sido consciente de mis intenciones engañosas del pasado? De mis mentiras y sonrisas falsas… No, tal vez él…»
En ese instante, me di cuenta de que sí me había conocido de alguna manera. Aunque fuera algo vago de mi verdadero “yo”; ya que estaba demasiado moldeada según las enseñanzas de Kylos, Raymond había visto más a través de mí de lo que yo creía hecho.
«Entonces… Es probable que se hubiera dado cuenta de lo ciega que estaba de amor por Kylos mientras decía quererlo a él. Por muy enamorado que él estuviera, Raymond era demasiado perspicaz como para haberlo visto con claridad.»
Un escalofrío me recorrió la espalda.
«No, no, no, no,… No puede ser…»
Me apresuré a apartar tales ideas pero eran demasiado impactantes como para hacer caso omiso.
«Es un pensamiento ridículo… ¡Venga! No tiene sentido porque es imposible que Raymond me hubiera mantenido a su lado dejándose llevar por mis demostraciones de amor falsas, si sabía que me gustaba Kylos, ¿no? Tiene que ser eso…»
Pero las dudas no remitieron y más preguntas comenzaron a surgir en el fondo de mi mente. Así que, intenté apartarlas como pude enfocando toda mi atención sobre lo que Raymond me decía.
—No quiero que pienses mal de ti misma, Chloe. Lo has hecho muy bien y puedes sentirte orgullosa de ello. Fuiste tú quien acudió a mí en busca de ayuda. Únicamente tú, la que sugirió una buena artimaña convincente para huir del Duque Ludwig. Por tanto, no desestimes tus esfuerzos considerándolos en vano, porque no lo son.
Por un segundo, el rostro del joven Emperador parecía un poco desesperado mientras trataba de convencerme o quizás solo era sólo mi imaginación, mas no pude ignorar aquella expresión fugaz.
—Así que, créeme Chloe cuando te digo que ya te estás esforzando bastante y lo intentas duro. Eres valiente, no muchos pueden hacer esto que estás consiguiendo, después de haber vivido una situación similar a la tuya.
«¿Cómo es que siempre elige las palabras más adecuadas para reconfortarme? Siempre son las frases que de verdad necesito oír para seguir adelante… Es fascinante»
Pude sentir como el corazón se me hundía por la emoción y cerré los ojos con fuerza para evitar que se me saltasen las lágrimas de nuevo.
—Muchas gracias. Es muy amable de su parte, Su Majestad.
No habría más llantos. No quería que Raymond me recordara como la mujer que rompía a llorar cada vez que algo me tocaba una fibra sensible. Deseaba que él me viera como alguien fuerte que era capaz de superar las adversidades como él decía.
Era curioso lo contradictoria que era, creyéndome indigna de su amor y, sin embargo, preocupándome tanto por cómo me vería ante sus ojos y de qué manera sería recordada por él en un futuro en donde no estuviera más a su lado.
┈┈┈••✦ ♡ ✦••┈┈┈
Poco después de que Raymond se fuera de mi habitación, Betsy entró corriendo.
—¡Chloe! ¡Chloe! —gritó excitada y con la cara enrojecida por la emoción—. ¿Estuviste con el Emperador? ¿Llegó a visitarte por la mañana o ha pasado la noche contigo? ¡Cuéntame todo con detalles!
—No es nada de eso, Betsy.—sonreí avergonzada y le mostré mis manos.
Ella se fijó en las palmas y los dedos, que estaban cubiertos de cortes y rasguños.
—¡Tú! ¡¿Qué te ha pasado para acabar con tantas heridas?!—exclamó enfadada.
—¡Oh…! Bueno, me tropecé anoche y cuando me caí ya sabes… Intenté apoyarme pero no pude evitar lesionarme un poco…
«¡Estúpida Chloe Ganetsch! ¿Por qué no inventaste una excusa mejor? Está claro que Betsy no se lo tragará fácilmente… Es imposible achacar a una caída estos tajos profundos, y, además, solo en las manos… Para ser creíble debería tener más heridas en otras partes del cuerpo como en las rodillas…»
—¡Oh! Ya veo… Dios… Eso debe haber dolido mucho… ¿Estás bien?
Por suerte, la ingenua de Betsy se creyó la endeble mentira. Si hubiera sido la astuta de Daria, ni de broma hubiera caído ante tal flojo engaño.
—Sí, bueno… De todos modos, como te venía diciendo es por eso que Su Majestad se ha pasado esta mañana. Únicamente para comprobar mi condición y asegurarse de que no fuera nada grave, ya que él estuvo conmigo en el momento en el que sucedió mi pequeño accidente…
—¿En serio que Su Majestad es tan atento? Qué extraño… Siempre ha sido un insensible, especialmente cuando se trata de las doncellas de Daria…
—Es que… Fue en parte culpa del Emperador… Mmmm… Lo cierto es que salía al jardín a tomar un poco de aire fresco y, como no noté el ruido de sus pasos, al verlo me sorprendí tanto que trastabillé y me desplomé en frente suya… Fue un poco vergonzoso así que no vayas por ahí diciéndolo, Betsy, por favor…
Ella ladeó la cabeza y me miró interrogante ante mi historia de carácter dudoso. No sabía ni cómo era capaz de aceptar lo que decía tan ciegamente cuando claramente se veía que no era verdad, más aún cuando no era ni capaz de ocultar mi impaciencia e inquietud mientras hablaba.
—¿Qué? ¿Así que te caíste delante de él y no te cogió siquiera? ¡Por supuesto! Si ya lo decía yo, es un hombre de los más indiferente pero no pensé que llegara a tal punto…—murmuró Betsy por lo bajo desviando la mirada pensativa.
Seguro que se estaba imaginando una escena ridícula donde un impasible Raymond me miraba tirada de bruces en el suelo y riéndose por lo bajo. Tuve que resistir el impulso de señalar lo gentil que era él y que no se trataba de una persona fría como muchos decían.
«Lo siento, Raymond, pero probablemente sea mejor para ti ser un poco desalmado y grosero que involucrarte conmigo. Sería peor verte envuelto en cotilleos sobre el supuesto amor entre un Monarca y la dama de compañía de su esposa.»
—Aún así, Betsy, creo que lo tomó por sorpresa por eso no me agarró a tiempo. Estaba tan preocupado que vino a verme a primera hora, incluso se ofreció a enviarme al médico Imperial para que me revisara apropiadamente.
—¡Llamar al doctor por algo así!
Le pedí disculpas a Raymond en mi fuero interno e intenté defenderlo como pude, mas no tuvo efecto alguno en Betsy, quien ya estaba furiosa y con la cara roja.
—¡Cómo se atreve…! —dijo— ¡Es un desgraciado, Chloe! ¡No te dejes engañar! ¡Dejó que una joven Dama hermosa se lastimara ante sus ojos como si nada, y aún por encima se hace el bueno después, presumiendo mientras abusa de su poder sobre el personal de la corte Imperial!
La escuché, sonriendo incómoda, ante la crudez de las atrevidas palabras que Betsy espetaba al aire con su rabieta. Parecía que su verdadero trabajo era estar enojada por cada mal que me ocurría. Sentí una pena terrible por Raymond. Aunque, afortunadamente, pude evitar un escándalo mayor al resolver las sospechas de Betsy. Ya después de calmarse un poco ella continuó hablando sobre lo sucedido.
—Entonces fue por eso que desapareciste repentinamente a mitad del baile sin avisar, ¿no? No tenía ni idea de que estabas tan herida… Al menos debías haberme dicho algo, o enviado a alguien…
—Sí, pero es que además de eso se me estropeó el vestido y no podía volver al salón de banquetes en ese estado tan lamentable…
Esta vez, dije una verdad inteligente y me inventé una coartada perfecta para explicar el motivo de mi ausencia sin previa notificación.
—¡Tonta! Si era por eso yo tenía muchos vestidos nuevos y limpios en mi habitación, preparados en caso de algún tipo de accidente como el que tuviste. Así que la próxima vez no dudes en avisarme y te ayudaré sin problemas. Te perdiste toda la diversión. Para una vez que Daria celebra algo… Es una pena…
—Se hacía tarde y no quería molestar a Betsy, que estaba en pleno apogeo en el baile.
—¡¿Molestar?! ¡¡No digas eso, Chloe!!—alzó la voz Betsy, realmente enojada esta vez—. ¡Eres mi amiga! ¡La única persona fuera de mi familia a la que permito tutearme! ¡Si sigues hablándome así, me voy a cabrear de verdad!
Solté una risita porque Betsy me parecía muy linda cuando se enfurruñado inflando los mofletes como una niña a la que le niegan un capricho.
—Vale, lo entiendo —dije juguetona con una gran sonrisa que se dibujaba en mis labios.
—Mmm, de todos modos, Chloe. Lo que voy a decir ahora es solo porque me caes muy bien, y ya que, por lo visto, no tienes ningún tipo de relación amorosa con el Emperador u otro noble de alta cuna… —Betsy bajó la voz a un suave susurro mientras echaba un vistazo a la habitación vacía.
EJEM, EJEM,…
Tosiendo un par de veces, y tomándose su tiempo, no pude evitar reírme de nuevo al ver lo mucho que me recordaba a una espía en una misión ultra secreta.
—¿Qué te pareció mi hermano ayer?
Pero la siguiente pregunta de Betsy borró la curvatura de mi boca al instante
—¿Qué?
—Bueno, resulta que mi hermano está interesado en ti… Y me preguntó si podía tener una reunión privada contigo…
—¿El futuro Duque de Carolina?
Al ver que mi cara se endurecía bruscamente, Betsy agitó las manos en el aire y se apresuró a aclarar sus intenciones.
—¡Si es demasiada carga, nunca te obligaré! Si no quieres, solo tienes que decirlo. ¡Estoy de tu lado!
—Sí, es un poco pesado… Me incomodaría… —respondí en el tono más suave que pude reunir utilizando sutilmente las palabras para no revelar bruscamente que supondría una gran presión para mí.
Era muy consciente de mi situación. Como hija ilegítima de los Garnetsch, ya era bastante difícil, para mí, poder conocer a un noble de la capital, y mucho menos a un heredero de una de las pocas familias Ducales que quedaban en el Imperio; la Casa Carolina. Era, por supuesto, una combinación muy improbable que daba lugar a habladurías y malos entendidos, los cuales prefería evitar.
«Estoy segura de que el joven Lord de Carolina es consciente de mi posición y mi condición con respecto a ésta. No creo que sus motivos sean puros… Probablemente, su interés por mí debe haber despertado a causa de los rumores sobre mí, difundidos a propósito por Kylos, antes del Baile de Año Nuevo.»
—Mmms… Sí, entiendo. Siento haberte molestado con esto, Chloe.
Al verla así, cabizbaja, temí haber sido demasiado inflexible a la hora de rechazar tal propuesta. Pero no por eso iba a cambiar de opinión.
—Está bien, Betsy. No pasa nada. Más que eso, necesito escribir una carta al joven Conde, quien fue mi pareja del baile de ayer. Vincent, ¿te acuerdas? Me estaba preguntando si podrías ayudarme con eso… Ya sabes, tengo las manos heridas y no puedo hacerlo sola…
—¡Sí, Chloe! ¡Por supuesto!
Con la ayuda de Betsy, preparé una carta de disculpa para mi acompañante, del cual no me pude despedir apropiadamente. El motivo de mi comportamiento de anoche fue inevitable. Sin embargo, no quería parecer una persona grosera que ni siquiera se dignaba a dar explicaciones. Además, no quería faltarle al respeto a alguien que fue muy amable conmigo durante toda la velada de ayer, incluso en el momento de mi enfrentamiento con el Gran Duque. Además, era familiar de la doncella Lady Gemma, quien siempre se ofrecía a ayudarme de forma grata a la hora de servir a Daria adecuadamente.
Cuando por fin había aclarado las cosas con Betsy con aquella conversación estresante, en donde tuve que salir por la tangente en varias ocasiones; me disponía a pasar un rato de relax tras sellar el sobre. No obstante, pronto la Emperatriz llegó a mis aposentos junto con el médico. Estaba claro que se había enterado de mi estado y con ella sí que no iba a funcionar el cambiar de tema con una ridícula excusa.

RAW HUNTER: ACOSB
TRADUCCIÓN: ROBIN
CORRECCIÓN: MIMY