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Capítulo 2

Ante tal escalofriante escena, yo, que todavía era una niña, tenía miedo. Esos ojos desenfocados que buscaban capturarme con la mirada eran terroríficos, así que di un paso atrás. En ese momento, la mano de mi madre que se había extendido hacia mí cayó al suelo y sus ojos se cerraron al mismo tiempo.

Aquel frío día de invierno la muerte se la llevó consigo para siempre. Fue así cómo perdí la única calidez que tenía en mi vida.

Corrí hacia ella, pero solo me esperaba un cadáver lleno de sangre y cuyas extremidades estaban desgarradas. Me maldije por alejarme en su último momento y dar aquel fatídico paso atrás. Por más que traté de arrepentirme, la realidad no cambiaría. Era un hecho, no pude llegar a su lado cuando ella más lo necesitaba.

Fue después de quedarme sola que me volví más desesperada al recordar su existencia.

{—Madre, mi hermosa madre…}

Me decía cada vez que la veía en mis memorias.

La única persona que me amó más que a su propia vida. Alguien que solo se preocupó por mí hasta el final, cuando exhaló su último aliento. El hecho de que ella nunca regresaría me hundió en las profundidades del dolor.

Mi padre biológico, que solo sembró sus semillas para que yo viniera al mundo, ordenó que el cuerpo de mi difunta madre fuera arrojado al campo, como un desecho inservible. Ese hombre egoísta e insensible me negó el apellido Garnetsch. Al final, fue su hijo quien me recogió.

—Chica tonta, gatea como un perro para mostrarme tu lealtad. Luego, arrodíllate y lame mis pies.

El pequeño sucesor de la familia Garnetsch nació con un talento natural para tratar a sus subordinados de manera indigna. Los flagelaba y golpeaba hasta que obedecieran sus órdenes inmorales.

—Cosa despreciable, ¿a quién estás mirando?

Traté de rebelarme tímidamente, pero mi cuerpo joven y domesticado por el dolor, se derrumbaba fácilmente incluso al más pequeño latigazo.

—¡Buen trabajo! ¡Eres una buena chica, Chloe!

Cada vez que el estruendo de su risa atravesaba mis tímpanos, mis lágrimas fluían en silencio y el heredero del Vizconde Garnetsch se regocijaba disfrutando aún más de mi dolor.

«¿Por qué tengo que sufrir así?» 

Por esa época, cuando mi mentalidad estaba cerca de ser la de una bestia domesticada, ni siquiera me atreví a culpar a los miembros de aquella infame familia. En su lugar, me culpé a mi misma pensando que merecía tal sufrimiento. Desde entonces, se podría decir que los Garnetsch, en vez de cuidar a una persona, estaban criando a un animal con forma de humano en su mansión.

Había un ser arrastrándose sobre cuatro pies, lamiendo las botas de su amo y actuando lindo con un trapo maloliente como única vestimenta. Ocasionalmente, si no seguía las órdenes correctamente o simplemente si su dueño se aburría, éste agarraba el látigo con su mano para ver cómo su pequeña bestia humana se arrodillara rogando por su vida. Eso era yo, un pequeño entretenimiento para el hijo del Vizconde.

Un día, el joven amo me mostró frente a un chico de su edad.

—Bienvenido Duque, ¿es su primera visita a Garnetsch? Le mostraré algo interesante.

El muchacho tenía el cabello gris suave y sus ojos negro azabache destilaban una oscuridad desconocida. Él posó aquella mirada sobre mí y murmuró en un tono indiferente.

—Escuché que los hijos ilegítimos de los Garnetsch son tratados peor que las alimañas.

Cuando el Duque no se interesó por mí, el pequeño sucesor de los Garnetsch se sintió muy decepcionado. Tal vez fue porque no pude atraer la atención de aquel chico, pero la brutal paliza que recibí ese día fue particularmente severa.

Cuando regresé a mi habitación con mi cuerpo lleno de dolor, la soledad me abrazó y me quedé gimiendo durante toda la noche. De repente, sentí cómo la puerta se abrió silenciosamente y alguien entró.

—Hola.

Unos ojos negros me atraparon con mi estómago en el piso, mi espalda doblada y la forma lamentable de un gusano tembloroso. El niño miró las lesiones que mi cuerpo contenía y preguntó.

—¿Te duele?

Las cicatrices que se habían abierto tras la flagelación despiadada no se curaron a tiempo y la sangre aún brotaba de algunas de ellas. Las yemas de sus dedos se acercaron lentamente y rozaron mis heridas, al mismo tiempo, un dolor punzante atravesó todo mi cuerpo.

—Shh, está bien. No es mi intención lastimarte.

Lo miré apretando mis dientes, el chico sonrió suavemente y acarició mi cabello sucio. En aquel momento volví a sentir la calidez de una persona. El afecto que, en los últimos 6 años, dejó de existir justo después de la muerte de mi madre.

—Estoy tratando de aplicar medicina. Así que relájate.

—…

Miré inexpresivamente la cara del chico que aplicaba ungüento sobre mi piel desgarrada. Tenía una mirada suave y relajada. No había atisbo alguno de los ojos severos que había visto antes, cuando estaba con el hijo de los Garnetsch. Su rostro amable hizo que ya no me sintiera extraña. 

—Chloe… Escuché que ese era tu nombre. ¿No es así?

—… 

—¿Quieres que te salve?—me preguntó el muchacho.

El joven acercó un cuenco de sopa ya algo fría. Tan pronto como estuvo en mis manos, comencé rápidamente a devorarla porque, durante todo el día, había estado soportando un hambre voraz. El chico volvió a preguntar mientras me observaba metiendo comida en la boca de forma apresurada.

—¿Vendrías conmigo, Chloe?

—… ¿Por qué estás preguntando eso?—la voz que salió de mi garganta después de mucho tiempo era ronca.

—Porque me gustas.

Miré la palma de su mano que se extendía hacia mí. Dejé caer el tazón de sopa y la cuchara que sostenía y éstos golpearon el suelo con un fuerte ruido. Agarré lentamente las yemas de los dedos del joven Duque.

—Eso es, Chloe. Eres una buena niña.

El chico, con su mirada en blanco, colocó su mano suavemente sobre mi cabeza una vez más. Entonces, mi cabello sucio que no se había lavado de forma adecuada durante varios días, fue acariciado con delicadeza.

Esa misma noche, un gran incendio estalló en la mansión. Las violentas llamas tiñeron de rojo la negrura del cielo nocturno. El fuego se tragó a mi padre biológico y a toda la familia del Vizconde. Milagrosamente para muchos, fui la única persona que sobrevivió al terrible siniestro ocurrido aquel día, en la villa de los Garnetsch.  

—Pobre Chloe Garnetsch, debes sentirte muy sola.

Mientras contemplaba desconcertada cómo la mansión se reducía para convertirse en cenizas, una dulce voz sonó en mis oídos. Provenía de la  persona que regresó inmediatamente después de la cena. El Gran Duque Kylos Ludwig III, se encontraba ahora a mi lado, mirándome. 

—… Estuve sola desde el principio…

—Entonces, ahora, ven conmigo.

Copos de nieve fríos y blancos se esparcieron sobre la oscura mansión carbonizada. Ese fue el día en que cayó la primera nevada del año. 

Aquel invierno fui transportada en un carruaje donde solo se podía escuchar el traqueteo de las ruedas acompañado del sonido de la nevisca cayendo sobre el techo. Me sentí como la persona más afortunada cuando tomé a Kylos de la mano y entré en el gran Ducado de Ludwig como la hija ilegítima del vizconde Garnetsch. 

Mi vida cambió cuando lo conocí e, irónicamente, no fue hasta la muerte de mi padre biológico que pude heredar el apellido familiar.

—Disculpe, señor…

—Chloe, no soy un desconocido. Si tuviéramos que seguir la genealogía, lo correcto sería llamarme tío. Porque tu padre biológico, el Vizconde Garnetsch, era mi primo lejano. Eso nos hace parientes.—me sonrió mientras me miraba a los ojos.

Al no haber aprendido nada y ser  una ignorante del mundo, no sabía lo que significaba “tío”. Sin embargo, como nadie en el ducado Ludwig lo llamaba por ese nombre, pensé que se trataba de un título muy especial.

—Tí… tío.—cuando lo llamé torpemente, Kylos se puso tan feliz que me dio unas palmaditas en la cabeza.

—Bien hecho, Chloe.

Mi rostro se puso rojo ante el tono suave de su voz que cayó en mi oído, mientras una risa baja hizo eco a través de mis tímpanos y se alejó lentamente.

Sus ojos negros estaban fijos en mi rostro. Al mismo tiempo, recordé que él había sido testigo de mi pasado aspecto. En nuestro primer encuentro, estaba comportándome como una bestia, arrastrándome a cuatro patas frente a mi medio hermano y lamiendo la parte posterior de sus zapatos.

Una sensación de vergüenza, que nunca antes había experimentado, se elevó por mis mejillas. Al verme así, Kylos se echó a reír una vez más.

—De hecho eres más bonita de lo que esperaba, Chloe. Solo es un pequeño cumplido, para tí.

—…

Kylos, miembro del Gran Ducado de Ludwig, era una persona mucho más risueña y afectuosa de lo que había visto en la mansión Garnetsch.

—A partir de ahora, esta es tu casa. No olvides que el Gran Ducado de Ludwig, siempre estará respaldándote, mi encantadora Chloe.

Por lo tanto, Kylos, desde ese momento, asumió el papel de mi tutor, puesto que había perdido a toda mi familia de la noche a la mañana. Gracias a esto, pude transformarme en una “dama de noble familia” conocida como la Gran Duquesa de Ludwig, e inocentemente,  creí que esto no cambiaría nunca.

Fui patrocinada por él. Vestía ropa lujosa y podía degustar comidas deliciosas en la mansión Ludwig. No obstante, sólo había una razón por la que Kylos me recogió.

—Su Majestad el Emperador ama a todas las cosas más bellas del mundo. ¡Qué estúpido es estar obsesionado con la apariencia que solo se marchitará!

Por primera vez, estaba agradecida con mi madre por haberme dado a luz y ser tan hermosa. Un rostro parecido al de ella fue el veneno que provocaba la ira del Vizconde Garnetsch cada vez que me encontraba con él. Pero gracias a eso, pude conocer a Kylos.

—Recuerda, Chloe. Hay muchas mujeres hermosas alrededor del Emperador. Así que la belleza por sí sola, no puede retenerlo para siempre.

Kylos me instó a aprender varias cosas, y yo, que quería agradarle, estudié diligentemente de acuerdo a sus órdenes.

Me gustaba sentir el toque de Kylos cada vez que terminaba todas mis tareas arduamente. Él me daba palmaditas en la cabeza por el trabajo bien hecho.

Así que, poco a poco me di cuenta de cómo era el mundo y también pude entender el significado de sus palabras. Para Kylos, yo solo era un hermoso cebo que arrojaría al Emperador.

—Si Su Majestad te ve… ¿Cómo soportará no enamorarse de ti? Eres tan encantadora…

Kylos era básicamente una persona afable y dulce, no solo para mí, sino para todas las mujeres. Sin embargo, a veces, su amabilidad actuaba como un veneno mortal. Por supuesto, yo no fui la excepción y también caí en sus encantos. Me encandiló su bondad y me enamoré ciega y perdidamente de él. Quizás esto también era parte de su plan.

Si lo piensas bien, yo era una flor que Kylos cultivó cuidadosamente para plantar junto a su medio hermano y, si lo amaba, aunque me convirtiera en la mujer al lado del Emperador, nunca lo traicionaría.

—Me gustas, tío.

Habían pasado casi 5 años desde mi llegada al Ducado Ludwig. A los 17, era tan joven e inmadura que no podía ocultar mi creciente corazón.

—Te amo desde hace mucho tiempo.

—¿Amor?

Kylos trazó con su mirada mi cuerpo mientras alzaba la barbilla lentamente. A su vez, yo reuní todo el coraje que pude para dar un paso más cerca de él. La tensión que sentía se duplicó ante el sonido de su risa saliendo de sus labios.

—Ya estás en esa edad…

Suavemente, extendió sus brazos y agarró mi muñeca. En un instante estaba en su regazo, me llené de vagas expectativas mientras contemplaba su encantador y exultante rostro.

—Te he estado esperando durante mucho tiempo, Chloe. Te convertirás en una mujer.

Sus dedos recorrieron mi rostro, luego una mano descendió lentamente a lo largo de la línea de mi mandíbula y agarró mi hombro dolorosamente. Finalmente, Kylos me besó a mis 17 años.

—Tío…

A diferencia de mi valiente confesión, cuando nuestros labios se tocaron me congelé de la vergüenza, y para contrastar mi tosca respuesta, él, estando relajado, fue hábil.

—Todavía soy torpe…

La lengua que había estado codiciando cada esquina de mi boca, cayó de nuevo en cada rincón y grieta. Pronto, mis ojos se abrieron incrédulos. Era todo un estímulo nuevo para mí. Él me miró y sonrió ampliamente. Un pequeño beso inocente continuó sobre mis labios y rostro.

—Tío, yo…

—No te comportes así, sabes que a mí también me gustas, Chloe… Te quiero.—acarició suavemente mi cabeza y susurró—. Eres mi única familia que queda en la mansión Ludwig.

Las palabras “única familia” provocaron que mi joven corazón se agitara aún más. Ya que era una frase íntima y cariñosa que solo utilizarías con alguien muy especial.

—Además, ¿cómo no voy a ser amable contigo? Al fin y al cabo, me traerás el cuello de mi hermano en el futuro. ¿Cómo podríamos no ser tímidos entre nosotros?

Sin embargo, sus palabras posteriores destrozaron todo mi entusiasmo.


RAW HUNTER: ACOSB
TRADUCCIÓN: ROBIN
CORRECCIÓN: MIMY



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