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Capítulo 25

—Si es así, entonces creo que no necesito volver a verte.—continuó diciendo Diana.

—¿No te has dado cuenta? ¿No sabes cuánto me necesitas?

En ese momento, parecía que volvía a escuchar la voz de Briana. Las palabras que la deidad le había dicho  apresuradamente ese día en el templo se superpusieron en su mente.

[—Lo sabrás. Ya no puedo intervenir en tu destino, hija mía. Pero tu aliado es alguien desconocido…]

Diana aún recordaba vívidamente las palabras pronunciadas por la Diosa como si fuera ayer.

«Debe ser sólo una ilusión mía. No puedo estar segura de que él sea el aliado que Briana mencionó.»

Aunque sabía que no podía estar segura, Diana no pudo apartar su mirada de él.

—De todos modos, ahórrate estos juegos de palabras, cuñado.

Él sonrió torpemente y, sin responder, volvió a fijar sus ojos en Diana. Lentamente sus labios se separaron y puntualizó.

—Permíteme decir lo que quería decir antes.

—… ¿Estabas intentando decir  algo así como que Felix fue elegido por Hisria, tal vez?

—Sí, pero nunca tuve la oportunidad de siquiera participar en tal decisión. Felix siempre destacó demasiado.

Las palabras obvias de Rohen decepcionaron un poco a Diana. ¿Acaso su cuñado estaba allí, esa noche, solo para hablar de la magnificencia de su hermano?

—¿Qué me quieres decir? ¿Que Felix es excepcional?

—No te lo diría si fuera solo eso. Pero hablar de todo ello ahora significaría mostrar todas mis cartas y exponerme.—él se enderezó en su lugar elegantemente, enarcando sus cejas mientras la miraba.

—Así que, ¿Qué es lo que pretendes entonces?

—Estaba pensando que podríamos unir fuerzas. ¿Qué te parece?

—¿Unir fuerzas?

Desde que se conocieron hasta ahora, Rohen seguía siendo enigmático, sus oraciones eran esotéricas y realizaba actos incomprensibles. ¿Para qué quería que unieran fuerzas? ¿Acaso compartían un mismo objetivo? ¿Por qué andarse con rodeos y no ir directos al grano? Para Diana todo aquello le resultaba frustrante. No había nada en claro. Quería ver cuáles eran esos ases* bajo la manga de Rohen, pero tampoco pretendía ser obvia y mostrar los suyos sin saber nada.

*Hace referencia a lo que Rohen mencionó anteriormente de no querer mostrar todas sus cartas

—Antes de decidir si quiero cooperar o no contigo, hablemos primero. ¿Qué es lo que realmente planeas, cuñado? He estado pensando mucho en ello. Siempre dices lo mismo y esquivas el punto principal de la cuestión, al igual que entonces, en el lago. Necesito antes saber cuál es tu conclusión, qué quieres.

—Al principio, pensé que estabas fingiendo desinterés para obtener la atención del Gran Duque. Mas luego de ver tus acciones recientes me di cuenta de que no es así, que realmente intentas no preocuparte por él. Esa es la conclusión a la que llegué hasta ahora.—al final de su frase, él sonrió ligeramente. Sus pupilas titilaban, como si supiera algo. Como si, a continuación, estuviera a punto de hacer una propuesta peligrosa—. Pero, aunque lo niegues y actúes de esa forma últimamente, tampoco creo que ese sea el caso. Por eso, quiero ayudarte.

—No necesito la ayuda de nadie.

—No, la necesitas, necesitas mi ayuda. Amas a mi hermano, ¿verdad?—los ojos de Rohen se entrecerraron con gracia.

—…¿Tú crees?

—Aunque no lo admitas, creo que así es. No escondas tus sentimientos, cuñada.

—Hablas como si me conocieras bien.

«Cómo puede decir eso, sin conocer lo que había pasado entre nosotros.»

Diana lo miró, luchando por controlar sus emociones crecientes.

—Incluso si finges, seguirá siendo verdad el hecho de que todavía lo amas. Por eso te voy a ayudar.

—¿Ayudarme con qué?

—Si mi madre renuncia a Felix, él volverá a ser como antes. Eso es lo que quiero, cuñada. Que nos ayudemos mutuamente para que mi madre elija a alguien que no sea mi hermano.

—… ¿Que volverá a ser como antes? Hablas como si ahora no fuera «su verdadero yo».

Rohen solo sonreía, como si estuviera escondiendo algo.

—Échale un vistazo de cerca. ¿No ves algo extraño en él? Estoy seguro que después de eso aceptarás mi propuesta.

Diana sacudió la cabeza. Se dio cuenta de cómo había reaccionado ante la mención de Felix, y sabía que debía corregirse para evitar malos entendidos. 

—No te preocupes.

—¿Qué?—La reacción inesperada de ella hizo que Rohen frunciera el ceño con escepticismo.

—No estoy enamorada de él, que te quede claro. Da igual lo que tú quieras. No hay nada que pueda hacer para que Félix actúe según tus deseos y, mucho menos, puedo influenciar a Hisria para que acepte las cosas a favor de tu voluntad.

—¿Por qué dices eso? No tienes que esconderlo.

«Mis palabras son sinceras y, si realmente quieres el amor de Hisria, compórtate en consecuencia. No vengas a mí por esto.»

Diana guardó silencio, queriendo decir esas palabras. Dijera lo que dijese, Rohen seguiría pensando que estaba enamorada de Felix.

Mimy: … y es que lo estás… (❍ᴥ❍ʋ) Ni Rohen ni nosotros estamos equivocados. 

«Y además… ¿Podría ser él, el aliado?»

Quizás todo lo que Rohen le estaba diciendo era la voluntad de Briana.

«Primero debo averiguarlo.»

Diana lo miró fijamente por un momento antes de asentir.

—De acuerdo, lo averiguaré. A ver si en verdad, es todo como tú dices. Aunque no estoy muy segura de lo que está pasando realmente…

—Bien, cuñada.

—Pero, Rohen, ¿crees en Dios?

Era una pregunta para confirmar, pero también por curiosidad. Después de todo, la voz divina le había pedido encontrar a alguien que desafiara al destino sin dar ninguna pista. Así que, ¿esto ayudaría?

—Ah, eso me recuerda a que mi cuñada cree en la Diosa Briana.

—Sí. ¿Tú crees en los Dioses?

—Bueno… no lo sé.—sus ojos se encontraron con los de Diana. 

Ella llevaba un colgante en el cuello y, para Rohen, era imposible no saber que  aquello se trataba de una representación de Briana. Él había investigado cosas comunes relacionadas con Diana, sus pasatiempos y otros intereses parecidos para encontrar un punto de conexión. Ese era su último recurso para convencerla y ostentar el título de Gran Duque, al que él siempre había aspirado. Era la única manera que tenía para alcanzar su objetivo, pues siempre había querido ser elegido por Hisria. Así que, esbozó una sonrisa burlona con su mirada fija en ella.

—Todo el mundo lleva a un Dios en su corazón. Especialmente si están lo suficientemente desesperados.

—Un Dios en el corazón…

Querer sobrepasar los límites fingiendo saber demasiado o tratando de forjar una conexión siendo amable, puede distorsionar todo. Por eso, Rohen intentó mantenerse a raya con sus palabras. El rostro de Diana, que había estado tan inexpresivo como el de una muñeca todo el tiempo, cambió sutilmente. Rohen sonrió nuevamente, como si estuviera satisfecho con esa reacción.

—¿Eso es suficiente como respuesta, cuñada?

—Tal vez.

—Entonces me iré ahora. Aunque… Es curioso. Parecía como si solo querías hablar sobre esto desde el principio.—Rohen se dio media vuelta de manera decisiva, más de lo que Diana había esperado. 

En ese momento, una extraña sensación de familiaridad la invadió. Tenía el presentimiento de  ya haber experimentado esta escena antes.

—Espera.

El paisaje nocturno, las cortinas ondeando al viento y, nuevamente, la persona que se parece tanto a Felix, intentando salir por la ventana.

—¿Por qué me detienes ahora?

—¿Es esta la primera vez que vienes a mi habitación, Cuñado?

Recordó la víspera de la boda, cuando todo comenzó, cuando esa persona vino a buscarla y le desenmascaró todo. ¿Había estado tan ocupada como para no pensar en ello? ¿O simplemente lo había borrado de sus memorias?

«¡Cómo pude olvidarme de la persona que me dijo esas palabras! Si ese sujeto no hubiera aparecido, nada de esto habría comenzado. Incluso puede que haya sido utilizada todo este tiempo…»

Diana pensó que si no le hubiera hecho caso, desde un principio, no tendría que haber vivido como un bufón, en un escenario rodeado de cosas inesperadas. Podría haber sido feliz, como una persona común, ciega a su entorno y sin ser consciente de nada. Sería tonta, pero dichosa.

Mimy: No comparto tus ideologías, Diana ಠ_ಠ… y de todos modos te habrías dado cuenta con el paso del tiempo… Me siento entre decepcionada y asqueada con esa forma de pensar…

—Por supuesto que es la primera vez.

Ante su firme respuesta, Diana dejó escapar un pequeño suspiro.

—Así que… ¿Lo es?

—No te preocupes, no soy el tipo de persona cuyo fetiche es venir a una habitación donde no se me espera.

Viendo sus explicaciones, Diana solo asintió con la cabeza.

—Entiendo…

«¿Está diciendo la verdad o está mintiendo?»

Mirando su sonrisa forzada, Diana se sintió aún más confundida.

—Parece que ya hemos terminado nuestra conversación, cuñada. Entonces, me voy.

—Sí, adiós.

Diana no detuvo a Rohen mientras intentaba salir por la ventana. Así fue como él desapareció en la oscuridad de la noche, pasando por encima del alféizar. Diana, tras esto, se apresuró a cerrar con llave el ventanal. Luego, organizó mentalmente las palabras de Rohen.

—Todavía no estoy segura.

Pero la posibilidad de que Rohen fuera el aliado de Briana había aumentado aún más. No podía encontrar a nadie más cercano y ajeno al mismo tiempo que pudiera acercarse tanto a ella.

—Pero es demasiado fácil pensar así…

Mimy: ¡Ay mujer! Avanza o sé más clara. Ya te toman por loca, tonta e inútil qué más da preguntar ¿Eres el aliado que la Diosa Briana me envió?

Incluso si encuentra la respuesta tan fácilmente, todavía se siente incómoda. 

Mimy: Siento que me acaban de responder… o.o

Diana suspiró profundamente y tocó la ventana con la mano. Rohen ya se había ido a una velocidad sorprendente.

—Dejando eso de lado… ¿Qué demonios fue esa charla sobre Felix?

Era extraño. Diana recordó a Hedea, quien había venido a su habitación hace unos días, y a Felix, quien la había sacado tomándola de la mano. Pero él era el mismo de siempre, tanto en el pasado como en el presente.

—No hay nada extraño en él…

Aún así, algo no se sentía bien. Aunque le había dicho a Rohen que no le importaba Felix, su corazón seguía latiendo por él. Al confrontar ese sentimiento, dejó escapar un suspiro.

—Este hombre… Después de tanto tiempo amándolo… ¿Cómo puedo dejarlo ir tan fácilmente?—un peso se asentó en algún lugar de su pecho. Pero, inmediatamente, Diana levantó la cabeza como si se hubiera impuesto una orden a sí misma—. Incluso si ahora lo hago, no lo amaré. Así que, no importa cómo sea él, no tiene nada que ver conmigo…

Diana no lo sabía. Pero mientras su mano temblaba representando la negación en su corazón, sus ojos oscilaban entre dudas e incertidumbre.

Mimy: Y ahora una canción para este momento: 🎶No diré que es amor. (de Hércules)🎶


RAW HUNTER: Ciralak
TRADUCCIÓN: Ana FA
CORRECCIÓN: Mimy



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