Capítulo 24
—¿Lo has escuchado?
—¿Qué? Sí…
—Más tarde también se lo transmitiré a madre. Así que, a partir de ahora, aunque el Vizconde Andrea venga a verme con o sin cita previa, no lo vuelvan a dejar pasar. ¿Entendido?
—Ah, lo entiendo, Señora.
Luego, tras poner de manifiesto su mandato, Diana se dio la vuelta y se dirigió a su habitación. El Vizconde salió poco después, pero ella ya se había ido antes de que él desalojara la sala. Como se había emitido claramente una orden de no atenderlo en el Ducado bajo ningún concepto, no había sirvientes disponibles para guiarlo afuera con cortesía.
Exigió ser conducido de inmediato al Gran Duque, pero nadie le prestó atención. En cambio, debido al alboroto que había causado, fue expulsado de la mansión por los caballeros, de manera casi forzada.
Mientras el Vizconde de Andrea estaba siendo echado de la residencia del Gran Duque, Diana llegó a sus aposentos. No pasó mucho tiempo antes de que Beta se presentara ante ella.
—¡Mi Señora! Pensé que estaba en el salón de recepción. Fui allí para verla pero ya se había ido y por eso tardé más en encontrarme con usted.
—¿Has trabajado duro en lo que te pedí?
—¿Duro? Así es, estuve indagando sobre el paradero del Gran Duque y resulta que ha salido temprano esta mañana. Dijo que iba a ver algo, pero no pude averiguar de qué se trataba.—Beta, como si tuviera una gran misión, informó con confianza y luego pareció sentirse desanimada.
Parecía estar decepcionada consigo misma por no haber descubierto el sitio al que Felix había ido.
—Lo hiciste bien.
—Pero se puede suponer aproximadamente el lugar a dónde fue. Solo hay que ver desde qué dirección vuelve el carruaje y el momento justo en el que éste llegue a la mansión. Entonces…
—Beta.
—¿Qué? Sí…
Diana sacudió la cabeza mientras observaba a Beta, que hablaba con entusiasmo.
—Está bien. No te pedí que vinieras a contarme eso.
—Ah… entendido, mi Señora…
—Aun así, gracias por investigarlo.
—¡Sí!
Diana se rió suavemente al darse cuenta a destiempo de por qué Beta había llegado más tarde de lo esperado. La devota doncella, que no podía ocultar su emoción, aún parecía dispuesta a contarle todo lo que sabía en ese momento. Por eso, Diana cambió de tema y apartó la mirada de ella.
—Oh. Beta, ¿podrías ver algunas de las cartas que me han llegado?
—¡Sí!—Tan pronto como lo dijo, Beta colocó una caja, que estaba en una esquina de la habitación, sobre la mesa.
Dentro de ella, la correspondencia de Diana estaba cuidadosamente ordenada. A simple vista, destacaba el montón de sobres idénticos apilados por separado. Eran decenas de mensajes enviados por el Vizconde.
Diana abrió la carta más reciente preguntándose qué era exactamente lo que había sucedido mientras ignoraba por completo a “Los Andrea”.
En el pasado, Ron, como siempre, había estado causando problemas y su padre se ponía varias veces en contacto con ella para solucionarlo. Sin embargo, ahora no tenía el tiempo ni la energía mental para preocuparse por ello, ya que estaba demasiado ocupada y centrada en recuperarse.
Por simple curiosidad, se preguntó en qué tipo de conflictos andaba metido esta vez su hermano menor. Es por eso que Diana leyó el escrito que describía detalladamente los males que Ron había provocado durante todo este tiempo.
—De verdad…
La situación había degenerado con creces. Era peor de lo que había sido antes. Diana revisó las cartas y los recibos con una sonrisa irónica.
—Señora, ¿hay algo en lo que pueda ayudar?—Beta, preocupada por Diana, que estaba tan distante, finalmente hizo la pregunta.
—Ah… no. No es nada.
—Parece que está algo pálida.
—Estoy bien, Beta.—al sentir que no era necesario seguir leyendo, Diana dejó la carta y se dio la vuelta.
—¿Qué desea hacer con todas estas cartas?
—Toda la correspondencia que ha enviado el Vizconde Andrea debe ser quemada. Ya he visto lo suficiente, de todos modos. Además, de ahora en adelante, todo aquello que venga de él, debe ser devuelto sin abrir.
—¡Oh! Sí. Haré como usted ordene, mi Señora.
Viendo a Beta llevarse las cartas, Diana simplemente se sentó en silencio en la mesa, perdida en sus pensamientos.
No pensó que sería tan fácil rebelarse. Siempre había pensado en su padre como alguien en la cima del poder. Un hombre que podría derribarla en cualquier momento. Una persona que no podía desafiar de ninguna manera. Pero estaba totalmente equivocada.
Después de experimentar la muerte varias veces, Diana finalmente pudo enfrentarse a su padre, quien la había atormentado tan implacablemente.
«Me siento como si hubiera nacido de nuevo.»
No podía evitar pensar así. Era como un perro que había vivido toda su vida atado a una correa, creyendo que el patio delantero era todo el mundo, y que, de repente, sus ataduras se habían soltado dándole su ansiada libertad. Diana finalmente se liberó de las cadenas impuestas que había llevado desde su nacimiento.
¿Cuántas veces había muerto para darse cuenta de ello? ¿O tal vez era porque esta vez había decidido vivir? Diana pasó el tiempo en un estado de ánimo indescriptible. Mientras revisaba la lista detallada de cosas que llevaría de regreso al orfanato en la próxima visita, se dio cuenta de que ya era el ocaso.
El cielo se sumió en la oscuridad. Entre las tinieblas no había nada en especial. Todo parecía indicar que sería una noche ordinaria para Diana, hasta que llegó un visitante inesperado.
Ella se rió con ironía. Necesitó de aquel momento para darse cuenta de lo vulnerable que era su habitación desde afuera.
—Nunca pensé que el hijo del difunto Gran Duque se atreviera a visitarme tan tarde en la noche.
Era Rohen. Por segunda vez, de manera inesperada, se encontraban los dos cara a cara. Habían pasado pocos días desde su reunión fortuita en el lago y, en esta ocasión, parecía bastante preocupado.
—Hace mucho tiempo que no te he visto desde la última vez.
—No ha pasado tanto tiempo desde nuestro encuentro en el lago, Rohen.—la cara de Diana, que había estado sonriendo momentos antes, se volvió repentinamente rígida—. ¿Pero venir a verme a esta hora de la noche? Es perfecto para malentendidos.
—¿Hay algo que malentender? Solo vine a hablar contigo, cuñada.
—¿No es demasiado descortés tener una conversación de este modo en mis aposentos? Podríamos haber acordado encontrarnos en otra ocasión.
Mimy: Sé que no va a ser, pero no puedo evitar shippearlos (>.<)
A pesar de su corta distancia, Rohen no retrocedió en absoluto. Más bien, dio un paso firme hacia adelante en la habitación.
—¿Tienes miedo de que venga?
—No, ni tampoco temo a los rumores que surjan de esto. No tengo nada que perder. Después de todo, ya me he ganado el odio de madre.
—Pero, ¿Acaso soy diferente? También soy alguien que no tiene nada que perder. Por eso vine a verte en este momento, cuñada.
Mimy: Esa tensión sexual que se respira a kilómetros… (¬‿¬)
Era molesto verlo venir solo cuando a él le apetecía, soltando todo lo que quería decir sin tener en cuenta a Diana. Y, por si fuera poco, el hecho de que fuera tan similar a Felix en su forma de ser, la irritaba. A ella, Rohen, no le gustaba en absoluto.
Mimy: Y así empiezan los “enemies to lovers” XD
—Entonces, acaba y dime lo que tanto deseas hacerme saber.
—Por favor, escucha atentamente lo que tengo que decir, cuñada.
—¿Qué es eso tan importante que debo escuchar?
—Mi hermano es el que ella ha elegido.
—¿Es así?—Diana lo miró con indiferencia, como si no le importara lo que dijera.
Era irónico. Aunque realmente no quería escucharlo en absoluto, pudo haber llamado a algún caballero para que se lo llevaran, pero no lo hizo.
Quizás por eso Rohen, a pesar de que no estaba siendo bien recibido, mostraba más confianza que cuando entró por primera vez.
—Sea cual sea la situación de mi esposo, ¿crees que no tengo nada que decirte después de que me buscaras a deshoras para vernos en persona? La última vez, en el lago, ya fuiste lo suficientemente grosero, Rohen.
Aunque fuera el hermano de Felix, era prácticamente un extraño. Si fueran descubiertos en estas circunstancias por alguien más, sería ella quien se llevaría toda la culpa.
—Si no viniste aquí solo para hacerme sentir incómoda, sería mejor que te retires ahora.—Diana habló con la mayor cortesía posible ya que era el hermano de Felix.
Sin embargo, Rohen no parecía tener intenciones de retroceder.
—Quiero que sepas que no vine aquí para incomodarte a costa de todo lo que tengo, cuñada.
—¿Cómo puedo creer eso? Si como dices no es eso lo que pretendes, entonces sería mejor que te vayas. Podríamos hablar… más tarde… durante el día…—Diana titubeó al final de su frase.
En ese instante, ella recordó lo que había sospechado mientras regresaba del lago.
«¿Y si Rohen era “esa persona” que la Diosa Brianna había mencionado?»
De repente, Diana, sintió la necesidad de escuchar lo que este hombre tenía que decir.
Al principio, pensó que, como hermano de su esposo, podría estar desafiando el destino. Pero también consideró la posibilidad de que fuera el aliado que la Diosa no había revelado.
—Rohen… ¿Qué es lo que me quieres decir?
«Si es verdad que él tiene alguna relación con Brianna y los dioses…»
Diana, en ese instante lo supo. Esa era la razón del por qué no lo había echado de inmediato cuando se coló a hurtadillas en su habitación. El motivo de que, sin ninguna intención de escucharlo, le prestara atención. Aunque pretendiera sentirse desinteresada permaneciendo impasible, no podía contener la curiosidad que hervía en su interior. Diana se rindió, tenía que confirmar sus sospechas. Dejó de intentar echar al intruso y se paró frente a él, en la habitación.
—¿Finalmente decidiste escucharme?—preguntó Rohen.
—Sí. Tengo curiosidad sobre algo. A pesar de que te ordené expresamente que te fueras porque no admito a nadie en mis aposentos a estas horas. ¿Por qué tú, inesperadamente, no quieres irte de aquí?
Entonces, él finalmente dio un paso hacia Diana. Ella, en ese momento, retrocedió instintivamente.
—¿Por qué te alejas así de mí?
Al ver de cerca a este hombre que se parecía tanto a Felix, la mente de Diana se llenó de temor.
—Es fácil sospechar al verte, Rohen.
—…
Cuando Diana endureció su expresión, él sonrió irónicamente y dio un paso atrás.
—Parece que me he vuelto un extraño para tí. No te preocupes, cuñada. Aunque honestamente, seas el tipo de mujer que me gusta, no me meteré con alguien que ya está comprometida. Además, vine aquí por un asunto de negocios.
Mimy: Y así empiezan los negocios de “pretendo ser tu amante, firmamos un contrato pero la única condición es no enamorarse” XD
A pesar de sus palabras, sus ojos se quedaron fijos en Diana durante mucho tiempo.
—No entiendo del todo. ¿Viniste aquí solo para hablar de eso?
Mimy: Si, vino para decirte que le pareces atractiva y que si no estuvieras encoñada con Felix tendríamos un +18 ahí mismo.
Mientras observaba a Rohen, que había hablado sin parar, Diana mantuvo su rostro firme.

RAW HUNTER: Ciralak
TRADUCCIÓN: Ana FA
CORRECCIÓN: Mimy