Capítulo 23
—Ah…
—Además, por suerte Diana, esta vez no es algo grave.
—¿Si no es algo grave, entonces qué es?
—Bueno, parece ser que, debido a que su hermana mayor es la Gran Duquesa, ha estado metiéndose en varios líos.
—Estos líos… ¿En qué consisten exactamente?—observando cómo el Vizconde evitaba continuamente el tema, Diana mordía sus labios con impaciencia—. Porque… debido a que soy la Gran Duquesa… ¿Qué diablos ha hecho para vender mi nombre?
—No te enfades. Solo se trata de tu querido hermano menor que causó algunos problemillas después de tener un pequeño accidente.
—…Entendido. Adelante, cuéntame.
Las emociones se volvieron incontrolables. Incluso la serenidad que había mantenido hasta ahora se derrumbó frente a la mención de Ron. La hermana mayor de Diana, Lillian, quien también era la hija del Vizconde Andrea, se casó con un anciano comerciante adinerado debido a los inconvenientes causados por el hijo menor.
En aquel momento, Ron, que se había metido en el juego y en las apuestas, llevó a la familia a la bancarrota. Como resultado de sus fechorías, Lillian fue vendida a cambio de una considerable suma de dinero.
Además, sus conflictos no terminaron ahí. Hubo también una ocasión en la que Diana resultó herida por una espada que Ron le lanzó, después de volverse loco mientras hacía alarde de que se convertiría en caballero. Aún llevaba las cicatrices de esa herida en la pantorrilla.
—Diana, como bien sabrás, el deber de un hombre es salir en sociedad y realizar varias tareas que ayuden con la economía familiar. Tu hermano tenía una buena idea en mente y estaba a punto de emprender su propio negocio. Pero no pudo llevarlo a cabo… y todo terminó en un desastre.
—Hmm…
—Por supuesto, no es necesario llamar o regañar a Ron. La gente a menudo experimenta fracasos. Solo tienes que resolver este pequeño incidente. Como la Gran Duquesa que eres, ¿no debería ser esto fácil para ti?
En el pasado, Diana simplemente aceptaría respetuosamente las palabras de su padre. Después de todo, había vivido así y no se trataba de algo nuevo. Como era el asunto de su hermano menor, naturalmente, como la mayor, ella debía encargarse de ello. Pero al mirar hacia atrás, se dio cuenta de que esa manera de actuar era completamente absurda.
«Él debería resolver sus problemas por sí mismo.»
Sin embargo, el Vizconde Andrea no pensaba así y continuó instando a Diana como había hecho en ocasiones anteriores.
—¿Estás escuchando? Es solo cuestión de que digas unas pocas palabras. Eres la Archiduquesa, después de todo. Francamente, parte de este problema se debe a que no prestaste suficiente atención a Ron.
—¿Que no he prestado suficiente atención? ¿Yo?
Mimy: Manda huevos la habilidad de esta familia de pasarle su mierda a otros…
—Sí. Ahora que te convertiste en Gran Duquesa, deberías haber apoyado la idea de tu hermano. Si lo hubieras hecho, Ron no habría terminado así.
Diana miraba al Vizconde Andrea, quien decía disparates de manera descarada con labios ligeramente temblorosos.
«¿Dónde antes se ha escuchado algo así? ¿Cuánto más planea este hombre seguir jugando con palabras inútiles?»
Al final, después de soportar tanto, Diana lanzó una expresión fría y calmada al Vizconde Andrea.
—Padre.
—Sí, has comprendido, ¿no? Entonces, resuelve los problemas de Ron. Investiga por qué se interrumpió repentinamente el flujo de dinero y también…
—Me voy a divorciar.
—¿Qué?
Aunque ella sabía que lo había escuchado perfectamente, al ver cómo el Vizconde volvía a preguntar como si no hubiera oído nada, Diana lo expresó clara y lentamente de nuevo.
—Que me voy a divorciar.
—… Ahora. Estoy seguro de que escuché mal. E-Entonces…
—Si hubiera escuchado mal, no habría reaccionado así.—al decir estas palabras secas, Diana fijó su mirada en el Vizconde Andrea con una cara imperturbable—. Además, esto no tiene nada que ver con usted, padre.
—¿Eh? Oye Diana… ¿Acaso ha pasado algo… con el Duque? ¿Te ha dicho cosas un tanto duras, por casualidad?
—¡Qué rápido preguntas!*
*Esto Diana lo dice con sarcasmo e ironía porque hasta ahora el Vizconde no se ha preocupado por la situación que estaba pasando ella tras la muerte de su niña. Vamos, padre del año.
—¡Así que es eso! El Duque claramente te ha estado acosando por todo lo que ha pasado, ¿no? Es por la pérdida del niño, ¿verdad? No te preocupes, ¡un hijo puede ser reemplazado!
—¡Por favor, ya basta!
Preferiría no darse cuenta nunca de cómo era realmente su padre. No quería ver a la persona, que supuestamente velaba por el bienestar de su familia, preocupándose solo por su propia seguridad y no por ella, quien era su hija.
Tal vez, en el fondo, había esperado que algo hubiera cambiado durante todo este tiempo. ¿Acaso no era razonable que un padre se preocupara al ver lo demacrada que estaba su hija después de perder a su bebé? El corazón de Diana, que había tenido pequeñas expectativas como esa, se desgarró en pedazos. Estaba tan destrozado que ya nunca podría ser reparado.
—Ya sea que tenga otro hijo o no, no me importa. He decidido divorciarme. No será de inmediato, pero…
—¿Qué?… ¿Por qué? Dime…¡¿Por qué?!
—No puedo soportar más todo esto. He decidido parar. De todos modos, este matrimonio no fue por amor.
No, no era así del todo. Quizás en aquel momento ella sí estaba enamorada. Pero ahora, al pensarlo detenidamente, incluso eso solo parecía una obsesión por Felix, que era perfecto en todo. Una cualidad que ella admiraba pero no poseía.
—¿Qué tonterías estás diciendo? Dices que no lo amas ¿y?… Si eso es todo, está bien. No tiene por qué haber amor entre ambos cónyuges. No eres la única. El matrimonio es así, todos viven casados diciendo que es difícil que se amen de verdad y esas cosas.
—Aunque así lo diga, padre. No voy a detenerme.
—Pensé que te había criado de manera inteligente, pero eres una necia. ¿Detenerte has dicho? ¿Terminarás con tu matrimonio solo porque el Duque lo pidió? Debes saber que si tu marido te golpea o incluso si te trae ante el gobierno para llevarte a juicio, es tu responsabilidad soportarlo como verdadera mujer y esposa. Pero… ¿Qué? ¿Tengo que escuchar que no vas a detenerte? ¿Eso es lo que quieres?—el Vizconde se levantó de inmediato.
Su enorme mano, que se movió como si estuviera a punto de ejercer violencia, y la aparente intención de golpearla provocaron que Diana se alzara en respuesta.
—¿Quiere golpearme?
—Por supuesto, una mujer tiene que ser azotada para volver en sí. ¡Te has vuelto tan estúpida últimamente porque nadie te ha pegado!
—Haz lo que usted quiera. Pero te advierto que todavía soy la Gran Duquesa. Si pone una mano sobre mí, sabe muy bien lo que sucederá.—aunque Diana estaba hablando tranquilamente, sentía una extraña emoción.
«¿Por qué no había hablado tan valientemente hasta ahora?»
La sensación de empoderamiento. Hay personas que la encuentran excitante, pudiendo incluso sentir satisfacción y Diana, al igual que ellos, experimentó claramente esos sentimientos de exaltación por primera vez.
Durante mucho tiempo, no se había rebelado ni una sola vez contra su padre, que ejercía violencia sin piedad bajo el pretexto de guiarla por el buen camino. Diana se buscó a sí misma entre todo ese torrente de emociones.
—¿Estás amenazándome?
—Sí. Es una amenaza. No sufriré más agresiones bajo el pretexto de la educación.
—Humph. Está bien… Está bien… —mirando a su hija, que era más cruel de lo habitual, el Vizconde Andrea trató de calmar su ira lo mejor que pudo—. Está bien, Diana. Entiendo tu insatisfacción. ¿Es porque no hay alguien que te haya tratado correctamente después de perder a tu hijo? Entonces… todo esto solo es un tonto mero acto de rebeldía porque últimamente no hay nadie que se relacione bien contigo.
—…
—Pero no debes comportarte así. Piénsalo detenidamente. ¿Este padre tuyo alguna vez te ha guiado por un mal camino? No, ¿verdad? Entonces, como siempre, escucha mis palabras esta vez también. Todo esto lo hago por ti, por tu futuro.
Todo este maltrato verbal, que el Vizconde ejercía sobre Diana con historias que arruinaban su dignidad como persona, siempre venía acompañado con tales excusas como que la de todo esto era por su bien. Diana miró sin decir nada a su padre, que continuaba hablando.
—Esta vez… Sí, no te preocupes, deja que este padre se encargue de resolver los problemas de Ron para que la Gran Duquesa no se sienta tan incómoda por tener que arreglar todos estos inconvenientes. Así que, por favor te lo pido, no hables más de divorcio.
—¿Por qué tienes tanto miedo de que me divorcie?
—No tengo miedo. Todo esto es por tu bienestar. Así que, por favor, no menciones el divorcio—. El Vizconde, que se acercó a Diana sin darse cuenta, bajó la voz lo máximo posible mostrando un atisbo de afecto en su rostro. Pero incluso, por una vez más, Diana lo rechazó. Incrédulo por la reacción de su hija no pudo ocultar su repentino enfado—.
¡Y dado que no vas a divorciarte de inmediato, está claro que también sientes algo por este lugar! ¡Entonces, deberías pensarlo más a fondo!
—Ya lo he estado pensando durante mucho tiempo. No tiene sentido que sigas intentando detenerme más, padre.
Ya sea que no pudiera soportar su firme declaración o por alguna otra razón, en ese momento, la mano del Vizconde apretó fuertemente un mechón del cabello de Diana. Aunque estaba a punto de gritar de dolor, ella lo miró desafiante.
—¿Qué está haciendo ahora?
—¡Escucha lo que te digo atentamente! Eres mi hija. Si te divorcias… ¡te mataré! ¡¿Entiendes?! ¡¿Cómo te atreves a divorciarte después de que te casé?! ¡Simplemente obedece y haz lo que se te dice sin protestar!
—…
—Te convertiste en la Gran Duquesa gracias a mí, ¿realmente sabes lo que eso significa?
¡Eres mi hija, descendiente de Los Andrea, no puedes rechazar mi voluntad! Además si te divorcias, ¿crees que algo cambiará? ¿Crees que una mujer divorciada puede sobrevivir sola?
Incluso si esperabas que te ayudara con algo, ¡no te daré nada!—con un sonido sordo, él estrujó sus palabras—. Así que, ¡responde ahora mismo! ¡Dime que no te vas a divorciar!
—… Ya he tomado una decisión. Aunque lo diga, me voy a divorciar. Será mejor que no tengas expectativas vanas.
Diana, como si estuviera mostrando su fuerte determinación, apartó el brazo del vizconde. A diferencia de cómo sostenía fuertemente su cabello, su mano se soltó fácilmente.
Como si hubiera dicho todo lo que tenía que decir, Diana, antes de darse la vuelta y abrir la puerta, examinó detenidamente al Vizconde Andrea que estaba temblando de rabia en su sitio.
—¡Diana!
—Y preferiría que no volvieras al ducado nunca más.—con esas palabras, Diana terminó. Aunque él había planeado apresurarse de nuevo y volver a tirar del cabello de Diana, ella salió inmediatamente de la habitación. Tan rápido que todo lo que pudo hacer al final, fue mirar con impotencia cómo se iba.
Después de accionar la puerta por sí misma, Diana miró fijamente a la asombrada ama de llaves antes de cerrarla.

RAW HUNTER: Ciralak
TRADUCCIÓN: Ana FA
CORRECCIÓN: Mimy