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Capítulo 22

Diana titubeó. Avanzó y retrocedió como si estuviera a punto de abrir la puerta. Por eso, en ese momento, el ama de llaves, que estaba inquieta, había abierto la boca con precaución. ¿Cómo osaba la jefa de sirvientas dirigirse abiertamente a la Duquesa? Podría haberla reprendido por esto, pero Diana, que se sintió como si la hubieran descubierto pensando secretamente en Felix, no pudo decir nada.

—Ah, adelante.

Fue entonces cuando el ama de llaves asintió con la cabeza y abrió la puerta que estaba firmemente cerrada. Al hacerlo, una persona que se movía nerviosamente dentro de la habitación, mostrando su impaciencia, levantó la cabeza.

—¡Oh, oh! ¿Viniste? Diana…

Tan pronto como ella entró en la habitación, un hombre de cabello plateado, con el que compartía un gran parecido, tomó su mano bruscamente.

—Mucho tiempo sin verlo, padre.

Pero, como si ese toque fuera incómodo, Diana apartó ligeramente su mano. Su cara, que acababa de sonreír a su padre, se volvió rígida. Aun así, como la visita no se había informado con anterioridad y el caballero del Gran Duque estaba en la habitación, hizo un esfuerzo para relajar su expresión.

—Ja, ja, sí…—la voz de su padre no mostraba ningún signo de emoción, por lo que daba la falsa impresión de que se trataba de alguien sereno y tranquilo.

—Padre, hace mucho que no nos vemos, ¿y eso es todo lo que tiene que decir después de tanto tiempo?—Diana observó a los caballeros dentro de la habitación y se encontró con la mirada del Vizconde—. Bueno, no importa. En lugar de eso, ¿de qué vino a hablar a solas conmigo?

—Lo sabrás pronto, hija.—tras decir eso, el hombre, se dirigió a los empleados que se encontraban en la sala—. Todos deberían salir de aquí. Tengo algo que discutir con la Gran Duquesa, en privado. 

Entonces, la guardia, que estaba dentro de la habitación, se retiró y la puerta se cerró tras ellos. Diana, que había estado mirando en silencio al Vizconde Andrea, se encaminó hacia el asiento principal y se sentó. Era el lugar en donde el hombre había estado sentado hasta hace poco.

En el pasado, seguramente habría sido su puesto, pero ahora que Diana estaba allí, la cara del Vizconde se endureció y dijo.

—Hoy todo me resulta extraño…

Todo era tan insólito y nuevo para él que sentía que algo estaba fuera de lugar. Siempre que veía a su hija, estaba encogida o buscaba amor, pero hoy parecía una muñeca sin emociones.

—Ja, ja. De todos modos, creo que podrás adivinar por qué vine así, Diana.

Como era de esperar, el hombre estaba ansioso por tocar el tema principal.

—Primero…—el Vizconde Andrea intentó sacar el tema torpemente, pero no pudo encontrar la apertura, por lo que se sentó en otro lugar en vez de la silla principal.

—¿Sí? Continúe.

—Primero. Hmm…— se sentía bastante incómodo en su nuevo asiento por lo que no podía abrir la boca tan fácilmente. 

—¿Pasa algo? Si no tiene nada que decir, me iré.

—Es como si hoy fueras una persona diferente…—a pesar de haber intentado comprender y soportar la situación, el Vizconde Andrea finalmente no pudo contenerse y dirigió una sutil mirada a su hija.

—Soy la Gran Duquesa, después de todo.

—… Aunque seas la Gran Duquesa. Has cambiado mucho desde la última vez que te vi.

—¿Es así?—aunque sabía a qué se refería, Diana fingió no ver a su padre. 

Siempre fue una persona manipuladora. Alguien que únicamente se calmaba cuando movía a su familia, especialmente a sus hijas, según sus deseos. Para los hombres de este mundo, las mujeres eran solo herramientas convenientes. En especial, para el Vizconde Andrea, que crió a sus dos hijas, hermosas y con una apariencia excepcional similar a la de su madre, pensando de esa manera. Pero incluso con eso, ¿No era demasiado irracional aquella reacción por el pequeño incidente del asiento? Era evidente que sus manos estaban temblando ligeramente.

—Es como si estuvieras ignorando a tu propio padre.

—Lo que está diciendo no puede ser así.

—¡¿No puede ser?! ¡¿De lo contrario, por qué actúas de esa manera ahora?! Además, ¡¿sabes en dónde te encuentras sentada ahora?! Ese lugar…

El amable padre ya no estaba en ninguna parte. Aunque nunca querría mostrarse así ante a los demás, el Vizconde, que no tenía que esconderse en una habitación vacía, hizo un ruido sordo.

—¿Qué tipo de lugar es? Es la silla principal. Usted no es de rango más alto que yo, que soy la Gran Duquesa, así que solo seguí las reglas de cortesía apropiadas.—cada vez que Diana respondía tranquilamente, la cara del Vizconde se endurecía aún más.

—¡Qué importa! ¡¿Cómo se te ocurre decirle eso a tu padre en este momento?!

—¿Acaso dije algo mal o inapropiado, padre?

—…

No dijo ni una palabra equivocada. Eran simplemente argumentos que incomodaban a las  personas como el Vizconde Andrea.

—¡Todo está mal! ¿Qué demonios estás haciendo hoy? Desafías mis palabras y además…

—¿Desafiar, dices? Solo estoy siguiendo las normas de etiqueta adecuadas.

Si fuera la antigua Diana, no se habría atrevido a rebelarse contra su padre. Pero, después de experimentar tantas muertes, había dejado de ser esa hija sumisa que él esperaba. Aunque su padre y su familia no estuvieron directamente relacionados con la muerte de su niña, no pudo simplemente dejar que su orgullo como Gran Duquesa fuera pisoteado como antes. Ya no viviría según sus exigencias.

Su vida siempre había sido una en la que solo podía moverse cuando obtenía la aprobación de su padre. A qué fiesta debería asistir, con quién debería casarse, … No tenía la capacidad de decidir nada por sí misma, todo estaba en manos del Vizconde.

Por lo tanto, simplemente seguía el camino que alguien más había pintado para ella y por ello temía hacerse cargo de sus propias decisiones. El miedo la invadía por el desconocimiento de qué hacer en un mundo nuevo sin restricciones, donde debería ejercer correctamente su papel como Gran Duquesa. De aquellas, ese futuro incierto le causaba pavor. Pero, actualmente, después de mirar al Vizconde Andrea con su rostro desencajado, sintió que de alguna manera, ganaba confianza en sí misma.

«Parece que puedo hacerlo.»

Para Diana, ese momento significaba el primer paso completo que dio alejándose de la trayectoria establecida por su padre.

—Así que, si tiene algo que decir, dígalo ahora.

—Hay algo que decir… Sí, sí. No estamos aquí para discutir sobre quién debería ocupar el asiento principal ni nada por el estilo. Porque hay algo más importante. Primero, vamos a hablar mientras tomamos algo. Ya que me tomará un tiempo tratar sobre este tema contigo.—después de eso, como si fuera su propia casa, tocó la campana naturalmente. 

Cuando el tintineo sonó llamando a los sirvientes, entraron el ama de llaves y un criado que estaban esperando afuera.

—¿Nos está buscando?

—Ve y trae algo de té.—el Vizconde le dio una orden al ama de llaves con naturalidad. 

La jefa de sirvientas, que pensó que recibiría la orden de Diana, se mostró un poco desconcertada por la inesperada orden de un invitado.

—E-Entendido. Entonces, ¿cuál sería el té para la Señora?

—No, está bien. No es necesario.

—¡Diana!

—Entonces, por favor, sal.

—¿Qué estás haciendo en este momento?

—No hay necesidad de charlar mientras tomamos té, ¿verdad, padre? Si tiene algo que decir, simplemente dilo y vete. ¿No es eso suficiente?

—…

El Vizconde, al ver a su hija que parecía haberse transformado en alguien completamente diferente, finalmente comprendió la situación tardíamente y reflexionó.

«Ah, parece que Diana está insatisfecha con algo. Así que por eso está actuando de esta manera. Si no, no podría tratarme así, yo, que soy su padre. ¡Qué locura! ¡Tiene que ser eso! Está disconforme y este es su modo de mostrar su descontento.» 

Mimy: ¿WTF? ¿Por qué todos los hombres de esta novela tienen una visión egocéntrica y distorsionada de la realidad? ಠ_ಠ 

Después de inhalar y exhalar varias veces para calmarse, el Vizconde se relajó un poco.

—De todas formas, si estás insatisfecha con algo deberíamos resolverlo ahora. Sabes que no debes actuar así, aún si las cosas no van a tu gusto. ¿Verdad?

—…—la escena le pareció ridícula, así que Diana dejó escapar una risa burlona. 

Al ver esa reacción, el Vizconde se sintió aliviado y procedió a hablar de manera fría y calculada.

—Así que, déjame decirte. La razón por la que te he buscado es porque las cosas se han vuelto extrañas últimamente.

— ¿Extrañas, dice?—Diana respondió con indiferencia a las palabras del Vizconde, que parecía querer decir algo.

—El dinero que debería estar llegando no lo está haciendo. Así que este padre tuyo ha venido corriendo un mes antes de lo previsto para saber a qué se debe. Entonces, ¿qué está pasando?

—¿Qué está pasando dice?

—Tal vez algunos documentos están faltando. ¿No es así? Así que revisa eso, ¿quieres?

Diana observó en silencio al Vizconde reclamando con fervor, como si le hubieran privado de algo que debería haber recibido porque era su derecho. 

—¿Ha venido solo para decir eso?

—Sí, eso es todo. ¿Qué más podría ser? ¿Quieres que la familia del Vizconde Andrea viva miserablemente? ¡Ah! Y también sobre tu hermano menor. Verás, se metió en un pequeño problema esta vez. Sería bueno si pudieras resolverlo.

Al escuchar la palabra “hermano menor”, la cara de Diana, que estaba tratando de aparentar indiferencia, se crispó involuntariamente. Todo lo relacionado con el hijo menor de la familia, estaba directamente relacionado con el hecho de que Diana y su hermana mayor, Lillian, se vieran obligadas a buscar hombres en las fiestas.

Se llamaba Ron, al igual que su padre. Aunque pronto alcanzaría la edad adulta aún se comportaba como un niño de diez años. Esto significaba que causaba todo tipo de problemas, tanto antes como después del matrimonio de Diana.

El Vizconde Andrea intentó justificar a Ron innumerables veces diciendo que era un buen chico, pero para ella, era todo lo contrario.

«La única verdad es que mi hermano menor es un acosador. Molesta y maltrata a niños buenos, se convierte en el líder de los problemáticos y causa todo tipo de inconvenientes a su alrededor.»

Aunque Diana intentó enviarlo a la academia como una medida temporal, fue inútil. Peor aún, su hermano fue expulsado. Algo que nunca antes había sucedido en la historia de un colegio y se pensaba que era inconcebible. Pensar en Ron le daba a Diana un quebradero de cabeza.

—Otra vez… ¿Se metió en un problema?

—Sí. Pero no te preocupes. Tu hermano está bien, no resultó herido.

A su padre no le importaba si ella estaba o no bien. Solo se preocupaba por Ron. La frustración de Diana surgió en su interior. Siempre había sido una hija buena y obediente pero era algo fútil. Daba igual lo que ella hiciera, el Vizconde velaba únicamente por el bienestar de su conflictivo hijo menor.


RAW HUNTER: Ciralak
TRADUCCIÓN: Ana FA
CORRECCIÓN: Mimy



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