Capítulo 19
Después de un par de horas, alguien llamó a la puerta.
TOC TOC.
Diana, que estaba contemplando el paisaje fuera de la ventana en silencio, escuchó los golpes y volteó su inexpresiva mirada hacia la entrada.
—Adelante.
«¿Podría ser Felix? ¿Término de consolar a Hedea y vino a verme?»
Pero fue el ama de llaves quien abrió la puerta y entró. Aunque intentó no decepcionarse, el hecho de que no fuera él hizo que Diana sintiera una emoción inusual en algún lugar de su corazón.
—Señora.
—¿Qué sucede?
—Lo que pasa…—la jefa de sirvientas, que normalmente habría abierto la boca con facilidad, miró fijamente a Diana durante un largo rato.
No había manera de que Diana no pudiera entender de qué estaba hablando.
—El hecho de que venga a buscarme sin decirme de qué se trata solo puede significar una cosa.
—…
—Supongo que madre pidió verme.
—Dijo que si no acude a su llamado, ella misma vendrá a buscarla. Que si puede salir a pasear, también puede pasar a visitarla.—el ama de llaves, que arrastraba las palabras, se veía bastante angustiada. Parecía haber sufrido mucho a causa de Hisria y suspiraba inconscientemente cada vez que respiraba.
—Lo entiendo. Iré.
Sabía que era algo a lo que se enfrentaría algún día. Intentó evitarlo lo más posible, pero como había salido, no había forma de evadir la situación. Era imposible evitarla todo el tiempo mientras vivieran en la misma casa.
«Siempre tuvimos pláticas similares en esta época del año.»
Aunque Diana intentó con todas sus fuerzas escapar, el destino avanzaba como una historia fija. Igual que ahora que, por mucho que trató de impedirlo, Hedea fue a verla, y, para más inri, Hisria insistió en que la visitara. Todas estas cosas sucedieron en el pasado.
—Si es así, la acompañaré, últimamente todo el mundo está fuera de sí. Entonces, vayamos de inmediato.
—Irnos… ¿Ahora mismo?
—Bueno, si está muy cansada, quizá podamos…—el ama de llaves se mordió los labios con fuerza y trató de sugerir su propia solución.
Diana, que miró esto, agitó la mano.
—solo vámonos… Si lo evitas hoy, no podrás excusarte mañana.
«Si no voy allí, madre vendrá a buscarme.»
Diana sonrió ligeramente. Ya había sucedido anteriormente. Hubo una vez en la que, decididamente, ignoró las demandas de Hisria y nunca la buscó. Fue cuando estaba harta de todo.
Pero no ganó nada. Hisria la rechazó más de lo habitual y la acosó persistentemente, lanzando palabras más duras.
Sabiendo esto, Diana se levantó lentamente.
Finalmente, como si hubiera logrado un resultado satisfactorio, el ama de llaves tomó la iniciativa.
—Entonces la llevaré allí. Es la hora del té de la Madame Hisria.
—¿La hora del té?
El tiempo para la “Hora del Té” ya había pasado hace rato como para poder llamarlo así. Aunque soltó una risita, Diana hizo un esfuerzo por mantener la cara seria y siguió al ama de llaves.
El ambiente frente a sus aposentos no era muy bueno y el motivo principal de esto era su esposo; que se encontraba continuamente rondando junto a Hedea por la mansión. Nadie la ignoraba abiertamente debido a los incidentes anteriores, pero tampoco nadie la consideraba como la verdadera Gran Duquesa. Especialmente, después de que Félix arrastrara a su supuesta amante fuera de la habitación de Diana. Así que, aquella reacción por parte de los empleados, era algo que ya esperaba.
«Es algo que ya he experimentado antes.»
Debido a esto, Diana no se sintió herida por ninguna de esas miradas. Simplemente camino sin pausa para encontrarse con Hisria.
«¿Cuánto tiempo había pasado desde que recibió orientación del ama de llaves sobre el camino a seguir?»
A diferencia de antes, la jefa de sirvientas la guió por un camino que nunca había recorrido previamente. El número de empleados que siempre habían llenado la Casa del Gran Duque comenzó a disminuir poco a poco.
«Este lugar…»
Es un lugar en el que nunca había estado.
«¿Por qué cambió?»
El hecho de que se fuera a encontrar con Hisria fue igual que en el pasado. Pero era la primera vez que tomaba esta ruta. Mientras Diana se sorprendía por el cambio inesperado, llegó frente al jardín donde los caballeros custodiaban firmemente el frente.
—Por órdenes de Madame Hisria, traje conmigo a la Gran Duquesa.
Aunque era el ama de llaves principal que dirigía a todos los sirvientes del Gran Ducado, tenía que pedir autorización para que los caballeros que estaban frente al jardín la dejaran pasar. Los guardias que, con ojos muy incómodos veían al ama de llaves, evaluaron a Diana de cerca. Después de un rato, asintieron como si hubieran tomado una decisión.
—Entremos.
Daba la ilusión de que éste era un mundo diferente. Un lugar que está dentro del Gran Ducado pero a la vez no pertenece al territorio del Archiduque.
—Vamos, Señora.—solo después de que se le dio el permiso, la jefa de sirvientas volvió a retomar la dirección.
—¿Es éste es un jardín que solo Madame Hisria puede visitar?
—Así es.
—Ya veo… Por eso la seguridad es muy estricta.
—Lo siento, no sabía que la Señora sería examinada así…—el ama de llaves acabó poniendo varias excusas por lo que acababa de pasar.
Al ver su apariencia avergonzada, Diana se limitó a asentir. Estaba muy ocupada como para escuchar las historias de otras personas. Los ojos de Diana estaban entretenidos mirando a su alrededor con curiosidad. Incluso a primera vista, era un jardín de flores que no se suele ver a menudo. Las rosas, en el arco del paseo, mostraban colores exóticos. Eran grises azuladas y parecían transmitir la desolación del invierno. Además, las grandes flores que se extendían a su alrededor, brillaban en cinco colores y resaltaban a la vista.
Diana estaba tan absorta contemplando cada elemento uno por uno que ni siquiera se dio cuenta de que había llegado hasta la mesa donde estaba sentada Hisria.
—Supongo que esta es la primera vez que ves estas cosas, Diana.
solo entonces Diana dejó escapar un pequeño suspiro e hizo contacto visual con Hisria y ésta continuó hablando.
—Ha pasado un tiempo desde que te vi. ¿Cómo has estado?
—Bueno… Últimamente me ha ido bien y he mejorado bastante. En general estoy más aliviada.
Hisria, que parecía claramente incómoda, dijo que eso era algo bueno. Pero allí estaba, llamando a Diana, y claramente no era solo para saber cómo se encontraba.
—Entonces, Diana. ¿Hay algo más que quieras decirme?
—Este es un lugar tan hermoso…
Hisria frunció los labios mientras observaba a Diana dar una respuesta inesperada que podría describirse como inconsciente.
—Bueno, ciertamente es un lugar hermoso. Éste es un jardín que las Grandes Duquesas han estado cuidando durante generaciones.
—¿Es eso así?
Lo que dijo Hisria venía con segundas intenciones. Sus palabras tenían un deje de desprecio. Como si el verdadero propósito fuera decirle: “No podrás conseguir este lugar”. Aunque Diana claramente notó esto, permaneció inmutable, y no mostró ningún cambio emocional significativo.
—Bueno…
—Exacto, éste es “ese” tipo de lugar.
—Sí, vale, más que eso… ¿Por qué me llamaste? Hisria.
Hisria, que expresaba su malestar cada vez que Diana decía una palabra, le entregó su taza de té vacía a la criada que estaba a su lado.
—¿Acaso he oído mal? ¿Hisria? Siento cierta distancia cuando te diriges a mí de ese modo. Por favor, siéntete libre de llamarme madre.
—Creo que nunca le gustó que la llamara así.
—¿Fue así? No lo recuerdo.
Incluso cuando tuvo un hijo el menosprecio de Hisria continuó. A menudo se enfadaba con Diana, que estaba embarazada, cuando algo no era de su agrado.
—¿Es eso así?
—Supongo que mi memoria está mal. Bueno…—después de que Hisria dijera eso, añadió lentamente—. Incluso si alguna vez lo hice, ahora mi corazón no es así. Después de tantas dificultades que hemos pasado últimamente… ¿No deberíamos cuidarnos mutuamente como familia?
Era una declaración venenosa en apariencia hermosa.
Era habitual que Hisria le dijera cosas de este estilo cada vez que podía. Diana, que inicialmente creía en esas palabras, hacía lo que se le decía diligentemente. Las respuestas que recibía eran siempre despectivas, como “Si tú lo dices”, “No era necesario traer a una mujer sin valor a la familia”, “Eres inútil”,… Palabras denigrantes que salían tan naturalmente cada vez que Hisria abría la boca.
«Esta vez también hablará así y luego querrá hablar de otra cosa, ¿verdad?»
Diana permaneció en todo momento imperturbable mientras veía cómo aquella mujer fingía ser buena.
—No deberías estar de pie, siéntate.
A pesar de ser algo de cortesía común, Hisria, nunca le decía que se sentara. Pero esta vez indicó, con un leve movimiento de cabeza, el asiento frente a Diana.
—Lo siento, parece que olvidé decirte que te sientes.
Diana no podía ignorar que, claramente, no se trataba de un simple olvido. Siempre que Hisria podía, la desestimaba de esa manera para luego terminar siendo cortés. solo entonces, su ira se calmaba. La creencia soberbia de Hisria era que, ya sea un ser humano o un cerdo, debías golpearlos con un palo para que te escucharan y luego darles una zanahoria como recompensa.
—No has cambiado en absoluto desde la última vez, madre.
—¿Qué haces sin sentarte? ¿Estás tratando de ignorar las palabras de tu madre?
—No, no lo estoy.—Diana se sentó en la silla antes de que ella dijera algo más.
Entonces, como si la estuvieran esperando, las sirvientas le ofrecieron tazas de té y en cuestión de segundos, había un líquido rojo humeante ante Diana.
—Dicen que este té, que ha llegado, es bastante bueno.
—¿En serio?
—Por supuesto, tú no lo entenderías… Pero adelante, pruébalo.
Las palabras de Hisria que sutilmente menospreciaban a Diana no le afectaron en absoluto. Simplemente levantó la taza de té y tomó un sorbo.
—¿Qué opinas? ¿Te gusta?
—Es un té tan bueno que ni siquiera yo, que no conozco bien el té, puedo disfrutarlo.—Diana respondió de manera sarcástica, al igual que Hisria lo estaba haciendo.
El semblante de Hisria se volvió tan frío como para congelarse al verlo.
—Me alegra que te guste.
Observando la respuesta sin emociones de Hisria, Diana bajó la mirada hacia su taza de té. Su corazón estaba tan cerrado como si las nubes, que flotaban en su bebida caliente, hubieran sido atrapadas en su interior. No importaba lo que Hisria dijera, ya no le interesaba como solía hacerlo en el pasado.
«Antes, sin importar lo que dijera madre, solía asentir y seguir obedientemente sus palabras.»
Incluso ella misma pensaba que su vida no podía ser más tonta. Para estar a la altura de las expectativas de Hisria, Diana hacía todo lo posible. Incluso preparó meticulosamente un pañuelo bordado a mano con sus propias manos, esperando que fuera de su agrado. Intercambiar pañuelos bordados a mano era común entre la familia. Era un regalo cargado de sentimientos.
Sin embargo, Hisria no solo no apreció el obsequio; sino que incluso lo tiró al suelo, diciendo que allí es donde pertenecía, mientras le instaba a ponerse a la altura de su posición.
El orgullo de Diana, como el que todos los seres humanos poseen, fue destrozado y aplastado. Hisria se comportó de manera más cruel, deseando aún más su colapso.
—Así que, madre, hoy solo me llamaste para tomar el té, ¿verdad?
—No, claro que no. Es para hablar sobre varias cosas como familia. Ahora tu salud está bien, ¿no? Parece que no nos hemos visto adecuadamente desde la muerte de la niña.
—Sí, estoy bien. Pero gracias por preocuparte por mí.
—Debería preocuparme. Después de todo, eres la Gran Duquesa.
Diana volvió a tomar un sorbo del té. Al principio, el aroma era agradable pero ahora le parecía amargo.
—Sí, me cuidaré en el futuro.
—Bueno. Pero déjame preguntarte… De hecho, hay varias cosas que me gustaría saber. Lo que más me intriga es… Diana, ¿hay algo que haya cambiado desde antes? ¿Acaso es tu situación actual?*
*Se refiere a sus movidas con Felix y Hedea
—¿Algo que haya cambiado desde antes?
«¿A qué se refiere? ¿Cuándo es ese “antes”?»
—¿Qué es lo que realmente quieres saber?—Diana frunció el ceño ante la expresión sutilmente despectiva de Hisria.

RAW HUNTER: Ciralak
TRADUCCIÓN: Ana FA
CORRECCIÓN: Mimy