Capítulo 16
—Por supuesto. En el pasado, solo los visitaba una vez por año, pero ahora planeo venir habitualmente.— Diana esbozó una sonrisa lo suficientemente brillante como para cegar a alguien.
—¡Si haces eso, estaríamos muy agradecidos!
—Quiero asegurarme de ayudar, no solo de dar regalos, sino de aportarles cosas que realmente necesitan.
—¡Claro! ¡Me ocuparé! No hace mucho que trabajo en el orfanato. Pero, ¡al menos sé lo que se necesita!
Ante sus confiadas palabras, Diana le entregó a Bethany el pergamino en el que había pasado la noche anotando y ella lo leyó rápidamente.
Diana, que había anotado cada elemento de la lista con mucho cuidado, pensó que Bethany le iba a decir que todo estaba bien. Pero en cambio, cuando lo miró, le dio algunos consejos. Se dió cuenta de que también tenía una mente estrecha y tuvo que hacer unos cambios en su inventario de donación.
Tras esto, Bethany se retiró, diciendo que tenía trabajo que hacer, y Diana pasó un rato con los niños que se habían acostumbrado a su presencia. Los pequeños, que al principio desconfiaban de ella por ser la Gran Duquesa, pronto empezaron a jugar con normalidad.
«Parece que se divierten.»
Al ver a los niños, Diana pudo relajarse y escapar por un tiempo de la terrible ansiedad que impregnaba su vida. Finalmente, cuando el sol se puso, ella se levantó del banco.
—Tengo que retirarme ahora.
Después de terminar su trabajo, la directora del orfanato y Bethany se reunieron alrededor de ella.
—La hemos retenido durante demasiado tiempo.—la jefa del hospicio lanzó una mirada bastante triste.
—No te preocupes. Me quedé, porque quería estar aquí. Gracias por hacerme sentir a gusto.—dijo Diana con tono tranquilo.
Ciertamente, si fuera por ella, se quedaría allí para siempre. Pero era hora de que los niños comieran. Diana había almorzado antes en un comedor separado reservado para las visitas y no quería quedarse hasta la cena. Sabía que si se seguía demorando hasta tarde, retrasaría aún más su vuelta a la mansión.
—Entonces, por hoy, me retiro.
Con esto, la directora de la guardería miró a los pequeños como si no tuviera otra opción.
—Despidanse, niños. La Gran Duquesa se irá ahora.
—¿Te tienes que ir?
—¡Juega más con nosotros!
—Aún no hemos jugado lo suficiente…
—¡Lo sabía! ¡Odio que vengan y se vayan en solo un día!
El corazón de Diana se hundió en el acto cuando escuchó la última frase. Para ellos, todo esto puede resultar en un gran dolor. Los adultos solo iban y venían para su propio beneficio aprovechándose siempre de los niños.
«Yo también, en cierto modo, estoy haciendo lo mismo.»
No importa cuán buenas fueran las palabras. Todo esto era una forma de autoconsuelo por haber perdido a su hija.
«¿Qué se supone que debo hacer?»
En ese momento, Bethany agarró al niño que acababa de hablar.
—A los niños, les duele despedirse.—dijo ella con pesar—. Muchas personas vienen todos los días, prometen volver, pero nunca lo hacen.
—Ah…
—Esperamos que vengan la próxima vez constantemente. Sin embargo, no regresan y los pequeños se ponen tristes cuando nadie viene a visitarlos.
Diana entendió la situación y asintió con la cabeza ante esas palabras que parecieron calmarla, como si hubieran iluminado su corazón.
—Seguiré viniendo, lo prometo.
Ella era la Archiduquesa y mientras pudiera ofrecer patrocinio, de por seguro regresaría al orfanato con frecuencia. Diana sonrió más brillantemente que nunca mientras miraba a Bethany y los niños.
Pero los huérfanos seguían sin creerle. Ella podía sentirlo. Así que decidió demostrar que lo que decía era cierto volviendo de nuevo al orfanato. En lugar de expresarlo cien veces o hacerles promesas con los meñiques entrelazados como niños; les haría ver, con acciones, que era cierto. Esa era la única manera de mantener su fe.
Con esto, Diana se subió al carruaje.
—Señora, ¿nos vamos al Gran Ducado?
—No, quiero ir al mercado ahora.
—¿Se encuentra aburrida?
Diana se puso rígida ante la cautelosa pregunta de Beta, dudando de si, al igual que Ellen, estaba tratando de manipularla. Sin embargo, su tono era muy prudente.
—Si solo está aburrida… ¿Me permitiría darle una recomendación?
—¿Recomendación? ¿En qué estás pensando?
Beta habló rápidamente, con el rostro enrojecido.
—Hay un lago que se ha hecho famoso recientemente entre la nobleza. Dicen que si vas allí, cuando se pone el sol, es realmente hermoso y puedes observar como la superficie del agua brilla como si estuviera cubierta de diamantes.
Diana asintió, pensando que era una opción mucho más favorable. Prefería ir al lago para ver el paisaje tranquilo que ir al mercado y tratar con la gente.
—De acuerdo, vamos entonces.
—Siendo así, daremos la vuelta al carruaje e iremos hacia allí
—Está bien.
En cuanto obtuvo el permiso, Beta parecía un poco emocionada. Salió y no volvió a entrar durante un rato, como si estuviera dándole indicaciones al cochero. En el momento en el que sintió un traqueteo en el carruaje, Beta regresó.
—Lo siento. Tomó más tiempo del que supuse. Es un lugar al que la gente común no suele ir, así que parece que no lo conoce bien. Ha estado preguntando sobre esto y aquello…
—Está bien. No pasa nada.
En contra de su expectativa, de que todos los empleados del Gran Ducado eran iguales, Beta era un poco diferente a los demás. Tal vez fue por eso que Diana, quien siempre mostraba una apariencia aguda a los empleados, la miraba en silencio.
Pero a pesar de sus largas explicaciones, el carruaje no se movía. Finalmente, Beta abrió la ventanilla del conductor.
—¿Por qué no arranca?
—Ah, ah… ¿Tengo que irme ahora? Ja, ja… Es la primera vez que voy… Así que estoy un poco confundido… Lo siento, Señora.
Entonces, el carruaje partió y aumentó lentamente la marcha. Diana, cuya frente estaba endurecida por la demora involuntaria, miró por la ventana mientras se desplazaban a una velocidad considerable.
El orfanato estaba en una carretera alejada de la ciudad, por lo que había menos tráfico. Sin embargo, el número de carruajes aumentaba considerablemente a medida que se acercaban al lago. Era un espectáculo que, como había dicho Beta, era popular entre la nobleza en estos días. Mirando a través de la ventana, Diana sintió que su destino no estaba muy lejos.
Era la primera vez que ella iba al lago desde que nació, por lo que su corazón estaba un poco emocionado. Afortunadamente, la laguna no estaba lejos del orfanato, por lo que pudieron llegar justo antes de la puesta de sol; cuando éste se ocultaba lentamente en el horizonte.
—Parece que ya casi llegamos, Señora.
—Bajemos en un lugar donde no haya mucha gente y, ¿puedes parar el carruaje a cierta distancia?
Incluso si no quería destacar, no podía evitar llamar la atención porque el carruaje del Gran Duque era espléndido.
—Sí, Señora. Entendido.
A petición de Diana, Beta volvió a abrir la ventanilla del lado del conductor para hacerle saber exactamente lo que le habían ordenado. Gracias a esto, el cochero paró el vehículo cerca de la orilla del lago, a espaldas del sol; donde había poca gente. Luego, tan pronto la Gran Duquesa y su doncella bajaron, el conductor detuvo el carruaje a cierta distancia, tal y como le habían dicho.
Primeramente, Diana observó la maravillosa escena por un momento. Luego, caminó muy lentamente y llegó frente al gran lago. Beta y los tres caballeros que la acompañaron durante el trayecto la siguieron.
—Es un lugar hermoso.
—¿Te gusta?
—Mucho.
Una sonrisa se dibujó en el rostro de la joven doncella.
—¡Me alegro!
—Gracias.
Diana le expresó su sinceridad a Beta y se dirigió hacia un banco cercano. Había lugares para que la gente pudiera sentarse y descansar aquí y allá, esperando a que fueran utilizados por los numerosos visitantes. Diana se acomodó allí y contempló la laguna en silencio. El sol poniente tiñó el cielo de un intenso escarlata y las aguas del lago reflejaron la luz con sus propios colores.
Fue hermoso y extasiante. Como alguien en trance, Diana se acercó, sentándose en la orilla, y observó el fenómeno sin cesar. Su rostro estaba más iluminado que de costumbre mientras miraba cómo numerosas personas deambulaban alrededor.
Durante un buen rato, pasó el tiempo allí. Dependiendo de cómo se reflejara la luz en el agua, el brillo de la superficie del lago cambiaba cientos de veces y ella nunca se cansaba de verlo.
Una hora después de llegar a tan mágico lugar, alguien se le acercó. El sol ya se había puesto y había caído la noche.
—Pareces estar preocupada.
La repentina voz hizo que girara ligeramente la cabeza. A su visión entró un hombre de pelo rubio y ojos rojos. Diana sintió cómo su cuerpo se estremecía. A primera vista, se parecía mucho a Felix, pero enseguida se dio cuenta de que no era él quien estaba a su lado.
—…¿Qué está haciendo mi cuñado aquí?
—Parece que me conoces.
—¿Cómo es posible que no lo sepa? Aprendí sobre la familia de mi esposo a través de los retratos.
Los ojos de Diana lo miraron sin ninguna emoción.
—Nunca pensé que encontraría al joven Rohen aquí, de este modo.
Era el tercer hijo del Archiduque Bevitro y hermano menor de Felix; Rohen Paul Bevitro.
Como él no asistió a la boda y lo único que había visto para reconocerlo fue un retrato, fue sorprendente que incluso le hablara en ese momento. Sin embargo, no fue difícil reconocer su identidad ya que era similar a Felix.
—¿Me seguiste desde el Archiducado?
Aunque vivía en la mansión del Archiduque, era alguien a quien Diana nunca había visto en persona, y mucho menos entablar una conversación con él. El hecho de que tal persona se le acercara cuando estaba disfrutando del lago no podía interpretarse de otro modo de que la estaba siguiendo.
Mirando las expresiones en los rostros de los caballeros y Beta que salieron a protegerla, supo que en ellos no había malas intenciones cuando propusieron llevarla al lago.
—Bueno.
—¿Alguno de ellos te dijo adónde iba?
—Parece que te disgusta que alguien siga tus pasos.
—Porque a nadie le gusta que le sigan.
Él sonrió ante las palabras de Diana y sacudió los hombros como si estuviera pensando en algo.
—No es eso. solo vi el carruaje del Archiduque entrando en el lago por casualidad. Únicamente por coincidencia.
Mimy: No te creo (❍ᴥ❍ʋ)

RAW HUNTER: Ana FA
TRADUCCIÓN: Ana FA
CORRECCIÓN: Mimy