Capítulo 13
—Entonces, Señora, ¿se quedará sin doncella?
—Creo que he estado diciendo eso desde hace un buen rato.
—Si no hay una doncella que siga a la Gran Duquesa, se verá mal ante los demás.
—¿Me deberían de preocupar los pensamientos de las otras personas?
—No. Estas son palabras desde el fondo de mi corazón.—el ama de llaves expresó claramente su objeción y agitó la mano—. Entonces, ¿por qué no lo reconsidera una vez más?
Luego, fingiendo no haber ganado, Diana asintió con la cabeza.
—Lo pensaré otra vez, ya que tu lo dices. Pero no quiero que nadie entre hoy a mi habitación.
—Entonces dígame, qué tipo de doncella quiere y encontraré a la mejor.
Era un compromiso. Tal vez no sea tan malo esta vez, Diana asintió con la cabeza.
—Si tú lo dices…Consigue a una nueva criada. Alguien que no informe a mi madre cada vez que haga algo.
Mimy: ¡Eso Diana! ¡Que empiece la caza de brujas!(`∇’) ψ
—… ¡¿Qué?!
—Quiero a alguien así. Pero, ¿hay tal persona aquí?
Ninguna de las criadas y sirvientas quedó indiferente ante el toque de Hisria. Necesitaba saber cada minúsculo detalle sobre la mansión para que funcionara según sus estándares. Ha interferido en todo, desde la contratación hasta el personal y, por supuesto, el ama de llaves no era una persona ajena a lo que sucedía alrededor de la Gran Duquesa. Por tanto, se limitó a hacer contacto visual con Diana con una expresión desconcertada.
—Supongo que no.
—No, Señora. Si la Señora lo quiere, lo haré. Mientras tanto, utilice una de las criadas que tenemos, aunque sea solo por un tiempo.
—Bueno.
Ante esas palabras, la jefa de sirvientas asintió con la cabeza como si finalmente hubiera encontrado su camino al final de un laberinto. Preocupada de que Diana pudiera cambiar de opinión, salió rápidamente y llamó a las criadas.
Ellen, que había estado siempre junto a la ex Gran Duquesa Hisria, también se unió al grupo de sirvientas más tarde. Junto a ella, diez doncellas se pararon frente a Diana. Eran las mismas caras que ella había rechazado hace unos momentos. Pero sus rostros estaban arrugados.
No había una mejor opción para nadie. solo existía esta alternativa que, dentro de lo que cabe, no era tan mala. Sabiendo esto, miró a cada una con cuidado y luego se levantó de su asiento. Diana se paró frente a la criada que tenía la expresión más rígida entre todas.
Era la segunda sirvienta que apareció en sus aposentos. La criada que, accidentalmente, accedió a la habitación siguiendo las órdenes de Ellen cuando ésta salió de su cuarto. Ante las repentinas exigencias no le quedó de otra más que presentarse ante la Gran Duquesa.
Cuando entró, Diana le preguntó por qué estaba allí, de hecho, ella solo pasaba por la puerta por casualidad, y de pronto se vió siendo seleccionada como doncella.
—Me gusta.
—¡¿Qué… ?! Pero sigue siendo una aprendiz de doncella…
—Por eso me gusta, porque todas las sirvientas de aquí han sido entrenadas por madre.
Cuando Diana giró un poco la cabeza para mirar al ama de llaves, ésta finalmente accedió a sus palabras.
—Está bien, Señora. Dicho esto, lo acataré. Entonces, todas salgan conmigo.
El cambio de actitud de la jefa de sirvientas fue bastante rápido. Se retiró de la habitación con el resto de personal. solo había una criada en los aposentos, que se había convertido inesperadamente en una nueva doncella de la Gran Duquesa.
—¿Cuál es tu nombre?
—Beta.
—Bueno, Beta. Sal de aquí.
—¿Qué?
Mimy: La nueva se nos rebela un poco…ಠ_ಠ
—¿Vas a hacer que lo diga dos veces? Quiero estar sola, así que vete.
Ante eso, ella asintió con la cabeza dos veces y luego se fue rápidamente. Su cabello naranja, cercano a la luz del sol poniente, se alejó. Fue solo entonces que Diana relajó su agarre de la cintura.
—Así que esto es lo que pasó.
Tenía temor. Sabía que ya no viviría como antes, pero no podía librarse por completo del miedo a lo desconocido. El pánico la invadió. El corazón le latía con fuerza en el pecho y el sudor le goteaba de las manos, que apretaba con fuerza para no mostrar su nerviosismo.
—Era tan fácil, y he sido tan estúpida de no haberlo hecho antes. ¿Qué quería lograr? No importa qué… ¿Quiero quedarme aquí?
Era fácil desear cambiar. De improvisto, se dio cuenta de lo ciega que había estado.
«Dios… Siempre pensé que era inútil.»
Pero este cambio fue gracias a la diosa Briana. Porque su dios dijo que dejaría que su hija se reuniera de nuevo con ella. Por lo tanto…
—Porque merezco vivir…
El mundo parecía diferente ahora. Sus alrededores, que no se habían alterado después de pasar por tantas muertes, por fin habían comenzado a cambiar. Fue un pequeño milagro provocado por mi propia determinación de vivir.
Era tan gracioso que, hasta ahora, ni siquiera había intentado algo que pudiera variar tan fácilmente. Diana soltó una carcajada y cuando acabó, soltó otra.
Finalmente se estaba preparando para salir del capullo duro que había creado.
Mimy: ¡Vamos Diana, tú puedes!(ෆ`꒳´ෆ)
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A medida que pasaba el tiempo, la visita al orfanato se acercaba. Diana estaba entusiasmada por ir al hospicio después de mucho tiempo. Se lo estaba pasando bien reuniendo las cosas necesarias.
TOC TOC.
—¿Sí?
—Señora, es el ama de llaves.
A partir de ese día, la jefa de sirvientas, había cambiado favorablemente. La primera prueba de ello, fue empezar a tocar la puerta de vez en cuando.
—Adelante.
Entonces, el ama de llaves accedió a su estancia. Ahora, ella tenía que obtener el permiso de la Gran Duquesa para entrar en sus aposentos. Su semblante también era diferente al anterior; un rostro lo más educado posible. Pero no había forma de que Diana no se diera cuenta de que su expresión estaba siendo forzada. De todos modos, se veía mejor que antes, así que, cuando se presentó en la habitación, con mucho gusto hizo contacto visual con la mujer frente a ella.
—¿Hay alguna razón por la cual el ama de llaves vendría a visitarme? Tengo entendido que estás ocupada con muchas cosas.
—Vine aquí pensando que es correcto que se lo diga directamente porque son las palabras de la ex Gran Duquesa.
Lo que tenía que venir, vino. Diana sonrió tímidamente y la miró a los ojos.
—¿Madre?
—Sí, la Gran Dama quiere ver a la Señora.
—Correcto. Por favor, hágale saber que no podré ir porque no me siento bien.
—¿Está diciendo que no la verá?—la jefa de sirvientas rápidamente cuestionó, al ver la apariencia marcadamente indiferente de Diana.
—Sí, así es.
La firmeza en su voz convenció al ama de llaves. Diana no iría, pasara lo que pasara. Ya no era la mujer que se encogía ante la mera mención de Hisria. Aquella Gran Duquesa que luchaba por ser querida por todos en el Gran Ducado había desaparecido.
Instintivamente, la jefa de sirvientas asintió y cerró la boca.
—Se lo diré.—tras decir esas palabras, el ama de llaves salió con cara de cansancio.
No fue hasta después de que la mujer se fuera, que Diana terminó de organizar la mercancía que se donaría al hospicio.
—Con esto, los niños del orfanato recibirán mucho apoyo de artículos imprescindibles. Entonces…en el siguiente, es mejor preparar algo que realmente necesiten…
Esta vez, Diana, empacó los productos básicos como hizo en otras ocasiones, pero quería decidir los próximos artículos ella misma. Una caja llena de ropa bonita y juguetes no era, en su opinión, una buena idea.
—En el orfanato no necesitan ropa bonita. Es mejor que esos niños usen ropa que sea fácil de lavar y que tengan una variedad de tamaños para usar mientras crecen.
Mientras garabateaba en un papel pensando en ello, Diana se dio cuenta de que estaba sonriendo. La madre inútil, que no logró que su pequeña naciera correctamente, reprimió sus emociones pensando que ni siquiera tenía derecho a reír.
Sus instintos tampoco mostraban ninguna emoción. Sin embargo, los sentimientos que estaban ocultos estallaron naturalmente cuando llegó el momento, al igual que las flores que florecen en primavera. Diana se tocó la cara con las manos.
Una sonrisa se dibujó en su rostro pálido y delgado.
—…A mí…de verdad…Me gustaba ir al orfanato, me…gustaban los niños.—dicho esto, Diana movió su pluma lentamente—. Pensé que todo este tiempo solo había estado coqueteando con Felix, pero no fue así…
Una vez que se dio cuenta de sus verdaderos sentimientos, recordó las contundentes palabras de Felix. Sus palabras de que si se iba, nunca llegaría al Barón de Anzrea.
No tenía la intención de ir allí desde el principio, pero… Si se iba con su hija más tarde… ¿A dónde iría?
Si se divorcian, ella no tendrá nada. Su familia no la acogería. No tenía intención de ir de todos modos, pero cuando lo pensaba de esa manera, tenía muchos problemas.
En este punto, Diana sintió un poco de remordimiento. La tierra y los regalos los devolvió porque no quería tomar nada de lo que había recibido de Felix. ¿Debería haber vendido uno de ellos y ahorrarlo? Frunció los labios y se palmeó el vientre abultado.
«Después de todo, el niño regresará.»
Se preguntó qué podía hacer para quedarse con el pequeño.
—Pero… ¿Será esta vez un niño? ¿O tal vez una niña? Probablemente aún no se sepa…
Dado su deseo instintivo de ir al orfanato, tal vez encontraría allí a su bebé que había muerto sin haber vivido nunca. Con estos pensamientos, Diana movió su pluma una vez más.
Había transcurrido mucho tiempo desde que alguien llamó a su habitación y estaba tranquila pasando el rato sola.
Tan pronto como se dió cuenta, de que el cielo ya estaba a oscuras, Diana, ya había terminado su trabajo y miraba por la ventana. Una luz de luna inusualmente brillante llenó la habitación, y en ese momento llamaron a la puerta.
TOC TOC.
«Debe ser madre.»
Contrariamente a la expectativa de una respuesta inmediata, se escuchó un golpe bastante tarde, por lo que Diana movió lentamente su mirada hacia la entrada de su habitación.
Había dicho que no iría a ver a madre, así que tal vez viniera a verla ella misma, pero la ex Gran Duquesa Hisria nunca era de las que llamaban a su propia puerta. Con estos pensamientos en mente, Diana se quedó mirando el umbral en silencio.
—Soy yo, Diana.
—Adelante.
Era Felix.
Diana rápidamente abrió la boca ante la aparición inesperada. La puerta se abrió a su respuesta. Vestido con un uniforme, como si hubiera venido de una actividad al aire libre, entró en sus aposentos sin expresión.
—…
No habló primero, como la última vez. Simplemente se sentó junto a Diana, que se encontraba junto a la ventana.
—¿Qué te trae por aquí?

RAW HUNTER: Ana FA
TRADUCCIÓN: Ana FA
CORRECCIÓN: Mimy