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Capítulo 27

El secretario Jin miró a los ojos del director Kwon y se sintió un poco confundido. Después de un rato, las yemas de los dedos del secretario Jin comenzaron a deslizarse cuidadosamente por su cintura. El director Kwon observó tranquilamente los movimientos tan lentos. Debido a que estaba concentrado en las pequeñas acciones como enganchar las yemas de los dedos en la costura del cinturón o tirar de un lazo, el largo tiempo le pareció corto.

Muy pronto, el cinturón, que se había ajustado a su cuerpo, se desabrochó. Los pantalones del traje le quedaban un poco más sueltos. Tardó mucho, pero sólo le había desabrochado el cinturón. El director Kwon miró al secretario Jin indicando que continuará y como si estuviera controlado por su mirada el secretario Jin siguió adelante.

Sin embargo, los dedos del secretario Jin no pudieron desabrochar fácilmente el botón del pantalón y simplemente deambulaban alrededor de él. Era muy cauteloso con sus acciones mientras tocaba suavemente el abdomen inferior y el área de la pelvis. Para el director Kwon, el toque era como una caricia, pero no se opuso. Sabía mejor que nadie que el Secretario Jin no tenía ninguna intención.

«Debe de estar haciéndolo porque no quiere».

El director Kwon miró el rostro del secretario Jin. Tenía los labios ligeramente entreabiertos y los ojos apagados. Ni siquiera había mirado al director Kwon a la cara desde antes y solo estaba mirando la parte inferior de su cuerpo. Su expresión parecía un poco aturdida. En cierto modo, parecía que estaba perdido.

De hecho, no era de extrañar que el secretario Jin reaccionara de esa manera. Era natural que se quedará congelado cuando de repente le pidió que le quitara la ropa. Aunque el director Kwon le había dado varias órdenes antes, la mayoría de ellas requerían pasividad. Cómo decirle que se quedara quieto, que no huya, que aguante, etc. Nunca le había pedido que tomara la iniciativa e hiciera algo.

—¿Tú límite es sólo desabrochar un cinturón?

El director Kwon chasqueó la lengua y murmuró. Con una expresión de preocupación en el rostro, se preguntaba si debía dejarlo pasar o seguir adelante y presionarlo más. Normalmente, habría optado por lo segundo sin pensarlo dos veces, pero ahora, para su disgusto, estaba ocupado observando el semblante del secretario Jin.

—¿Qué pasa, no puedes hacerlo?

La voz grave del director Kwon se escuchó tan baja, como si representara su confuso estado de ánimo. El secretario Jin se sorprendió por esas palabras y negó con la cabeza.

—No, no puedo.

Estaba intentando darle una oportunidad, pero debió sonar como una amenaza. El botón del pantalón de su traje finalmente se desabrochó y la solapa delantera se abrió un poco más. El director Kwon sonrió, ocultando su malestar. Esa sonrisa lo hizo aún más aterrador.

—Espero que no estes perdiendo el tiempo a propósito. Porque a ese paso será mañana antes de que llegue a la boca del secretario Jin.

—…  Bueno, estaba pensando en otra cosa por un momento.

El secretario Jin arqueó sus hermosas cejas y respondió con torpeza. La irritación del director Kwon aumentó. Se atrevía a estar distraído. Después de tratarlo con tanta amabilidad. El director Kwon sintió la necesidad de tirar al secretario Jin sobre la cama y violarlo ahí mismo. Si hiciera eso, no podría pensar en nada más aunque quisiera.

Pero esos pensamientos estaban condenados a terminar como meras ilusiones. La correa que lo sujetaba seguía tensa. El director Kwon solo apretó su mandíbula con fuerza.

—Secretario Jin, incluso yo tengo un límite a mi  paciencia. Deberías haber hecho algo mientras esperabas.

—Lo siento…

—No, supongo que algo como esto sería demasiado para el secretario Jin.

El director Kwon enterró sus dedos en el cabello de la nuca del secretario Jin. Le gustaba la sensación de su cabello fluyendo suavemente entre sus dedos. La textura era limpia y brillante.

—Parece que no puedes quitarme la ropa con las manos, así que continúa con la boca.

—¿Sí…?

El director Kwon agarró con fuerza el cabello del  secretario Jin y lo empujó hacia el frente. Acercó la cabeza de modo que la punta de la nariz quedó presionada contra la parte inferior de su abdomen. Era algo incómodo, pero incluso en ese momento, estaba ajustando la fuerza de su agarre para que el secretario Jin no sintiera un dolor excesivo.

—¡Uff…!

El secretario Jin, que de repente tenía su rostro enterrado en la parte inferior del abdomen del hombre, rápidamente recuperó la compostura. Con sus manos se agarró fuertemente a los pantalones del traje del director Kwon y se agachó. Vacilante, levantó un poco la cabeza, pero su posición medio postrada y su largo flequillo impedían verle la cara.

—¿Qué estás haciendo?  Es hora de bajar la cremallera.

El director Kwon acarició el cabello del secretario Jin y le rozó el cuello. La vergüenza apareció en las armoniosas facciones del secretario Jin. Incapaz de ocultar sus emociones, habló con voz temblorosa.

—Ah, espere un momento, ¿de verdad… tengo que hacerle una mamada?

—Ya sabes mi respuesta, así que… ¿por qué preguntas?

—…

—Hazlo. Apúrate.

El secretario Jin abrió la boca con sorprendente obediencia. El director Kwon se alegró mucho cuando miró hacia abajo y lo vio enterrando su cara en la hebilla delantera para morder el extremo de la cremallera. Se sentía como si la incomodidad de antes se hubiera aliviado un poco.

—Mmm… ugh… ugh.

Por supuesto, el primer intento del secretario Jin fracasó, tal vez porque era la primera vez que experimentaba algo como esto. Lo intentó varias veces después de eso y logró meterse un pequeño trozo de metal en la boca inclinando la cabeza. Se escuchó un crujido de una cremallera bajando torpemente. No podía bajar del todo de golpe y se detenía en el medio, por lo que el sonido se cortaba.

—Haa… 

El secretario Jin consiguió por fin bajar del todo la cremallera del pantalón y recuperó el aliento. El sonido de su pequeña respiración era tan claro como si estuviera respirando en su oído. Aunque no era un sonido especial,  resultaba agradable oírlo. Los labios entreabiertos parecían suaves y el pelo era delicado.

El director Kwon pensó que éste era el dulce néctar de la paciencia. Aunque no podía morder y saborear todo el sabor de la carne, la miel que a veces goteaba sin querer de esta manera era dulce. El propio Jin Yuhyeon era así. Era dulce, delicioso y apetitoso.

—Disculpe, director Kwon.

El secretario Jin dudó un momento y volvió a levantar la cabeza. Su flequillo seguía cubriendo su cara. Pensando que eso era molesto, el director Kwon le apartó inconscientemente el indeseado cabello de la frente. El toque fue tan inusualmente suave.

—Sí, habla.

—Sigo adelante… ¿Entonces tengo que quitarlo todo con la boca?

—No todo, sólo un poco más.

—No, eso es…

—Haz esto en el momento que quieras.

La parte frontal del pantalón del director Kwon ahora estaba lo suficientemente abierta. El secretario Jin trago saliva y bajó la cabeza con una expresión indescriptible. Aunque era una tarea sencilla simplemente sujetar la ropa interior con su boca y bajarla, el secretario Jin estaba desesperado, como alguien que estaba resolviendo un gran problema.

—Ah… Puaj.

Primero, mordió la hebilla del pantalón para abrirlo un poco más. Entonces, se salió el dobladillo de la camisa blanca que llevaba metida dentro del  pantalón. Tuvo que subir primero la camisa para meterse los calzoncillos en la boca, pero le resultó frustrantemente difícil. El secretario Jin gruñó y forcejeó con el dobladillo de la camisa, mientras el director Kwon observaba atentamente.

Intentó esto, luego aquello, luego esto, luego aquello. Estaba tan frustrado que no pudo evitar agarrarle los pantalones del traje y armó un escándalo. Era tan lindo que el director Kwon no pudo evitar reírse. El malestar que había sentido antes se había desvanecido como la nieve.

En los labios del director Kwon apareció una débil sonrisa, como queriendo decir que estaba contento. Era una sonrisa que nadie había visto antes, ni el secretario Jin, cuyos labios estaban enterrados en la parte inferior de su cuerpo, ni el propio director Kwon, que estaba hipnotizado por el secretario Jin, podía saber por qué sonreía.

La expresión de su rostro que nadie había presenciado en ese momento, pronto se disipó, a la espera de que alguien la reconociera algún día.

—Hmph… hmph…

El secretario Jin se metió en la boca la banda de los calzoncillos del director Kwon y la bajó. Pero en ese momento, los calzoncillos, el dobladillo de la camisa y la comisura de la boca del secretario Jin ya estaban húmedos de saliva.

El secretario Jin, que sin querer había completado con éxito el erótico juego previo, jadeó y tiró del pequeño trozo de tela. Entonces, el gran pene que había estado guardado apareció hacia el exterior. Fue una gran sorpresa. Parecía como si el secretario Jin que había estado casi dormido por un tiempo enterrando toda su cara en la parte inferior del cuerpo del director Kwon hubiera despertado de repente.

El secretario Jin volvió a tragar saliva y lo miró fijamente con una extraña expresión en los ojos. El director Kwon decidió que más le valía callarlo antes de que pudiera negarse, o pronunciar al menos tres letras de su nombre.

—Ahora, abre la boca.

—¿…?

—Parece que estás cansado, así que lo pondré por ti. Para ayudarte.

—No, está bien… Sí, ¡ouch…!

El director Kwon agarró la barbilla del secretario Jin,  lo obligó a abrir la boca y empujó su pene duro y erecto dentro de ella. Se había estado reprimiendo y aguantando durante mucho tiempo, así que podía permitirse ser gruñón. Mientras él secretario Jin seguía atrapado bajo las sábanas, el director Kwon se lo metió hasta la garganta, sin darse cuenta de que acababa de desperdiciar la práctica de felación por la que el secretario Jin había trabajado tan duro.

—Eh… ugh… ugh.

El secretario Jin se tumbó en la cama y aguantó la embestida. Apretó los puños con fuerza y parecía que estaba aguantando bastante bien, pero después de un rato comenzó a ahogarse y toser. Una saliva transparente mezclada con líquido pre-seminal le resbalaba por los lados de los labios y le corría por la barbilla.

—Ah… ugh… ugh.

—¿Te cuesta eso…? Pero creía que habías dicho que todo lo demás estaba bien excepto la penetración.

—Eso, ugh. Los movimientos son tan…rápidos, ¡ah…!

—Shhh, te escucharé más tarde, espera a que termine.

Por supuesto, no tenía la intención de que fuera una cosa de una sola vez. Había sido el secretario Jin quien dijo que estaba bien mientras no fuera penetración, así que había planeado hacerlo dos veces, tres veces y tantas veces como quisiera. Hasta satisfacer los deseos ocultos que acechaban dentro de él, pero esto también era como un dulce néctar que fluía tentadoramente.

                                    * * *

Los humanos somos animales de adaptación. De acuerdo con el principio de supervivencia del más fuerte, el director Kwon optó por adaptarse en lugar de ir en contra de la corriente.

En cierto modo, fue una decisión verdaderamente sabia. Así como se necesitan branquias para vivir en el agua y alas para vivir en el cielo, el director Kwon inevitablemente tuvo que cambiar para sobrevivir. Dejó atrás sus elevadas aspiraciones, y tomó la dirección que mejor se adaptaba a su situación actual.

Entonces, si me preguntan cómo han cambiado las cosas, esa es una pregunta muy difícil de responder… La versión resumida de su historia, la que me contó con la condición de que firmara un acuerdo de confidencialidad durante los próximos 100 años, es más o menos así.

— No ser quisquilloso con la comida es un buen hábito alimentario. Si no le molesta la comida japonesa, la próxima vez haré *karaage.

N/T: Se trata de una técnica de cocina que consiste en freír en abundante aceite. Normalmente el pollo se marina previamente en una mezcla de salsa de soja japonesa.

—Me gusta el karaage.

«Me gusta».

—Tomaré nota. ¿Quiere el karaage servido con curry japonés o solo con salsa?

—Mmm, también me gusta el curry.

«Me gusta».

—Ya veo. Está bien.

El director Kwon empezó a coleccionar los momentos en que la palabra “me gusta” salía de la boca del secretario Jin. Era como un chico enamorado por primera vez.

Incluso hubo un momento culminante.  El director Kwon no era consciente de cuánto deseaba escuchar “Me gusta” de la boca del secretario Jin. Simplemente pensaba que un “no me gusta” era algo que oía todos los días, y un “me gusta” era algo que quería ganarse porque era muy raro.

Hay cierto grado de engaño, y ésta es una situación en la que ni siquiera el entrenador sabe qué hacer.

El director Kwon estaba convencido de que los sentimientos que sentía por el secretario Jin no entraban en la categoría de afecto o amor. Pero la realidad era la que todo el mundo sabe. Solo que los sentimientos del director Kwon eran tan extremos que eran difíciles de reconocer.

Un fuego que arde moderadamente es brillante y cálido, pero una llama rugiente quema y derrite todo a su alrededor con un calor intenso. Al director Kwon le ocurría lo mismo. Las emociones que albergaba eran demasiado grandes, profundas y fuertes. Además, ahora se encontraba en una peligrosa encrucijada. No sabía si este enorme fuego se convertiría en un hermoso sol o en un ardiente infierno.

Ahora mismo estaba atado a las riendas de su nombre, así que pudo echar el freno durante un  tiempo y  adaptarse al cambio, pero quién sabe cómo cambiarán las cosas más adelante cuando la relación cambie. En particular, el director Kwon tenía un sentido de la moral particularmente débil. Por eso cometía delitos como el secuestro y el encarcelamiento. Si un hombre así tomara un camino equivocado, el futuro del secretario Jin estaría en peligro.

De todos modos, dejando de lado el hecho de que el director Kwon escondía una pasión aterradora, estaba claro que su comportamiento ahora era el de un chico enamorado por primera vez. Era tan lindo que sutilmente esperaba escuchar un “me gusta” a través de una conversación trivial.

El director Kwon siempre le preguntaba al secretario Jin: “¿Cómo estuvo la comida?”, y así sucesivamente. Esa era una estrategia para tender una trampa en la conversación e invitar al secretario Jin a platicar. Era natural que las comidas aparecieran como tema de conversación. Esto se debía a que el secretario Jin era más activo al expresar lo que le gustaba y lo que no le gustaba de la comida.

—¿Qué tal la fruta, cuál es tu favorita?

—Mmm… Mi favorita es el *hongsi. Los melocotones también son buenos.

N/T: hongsi se refiere al caqui bien maduro y blando, con pulpa muy jugosa y carnosa. Como es muy suave, se come con cuchara, y también, se puede disfrutar como un helado después de congelarlo.

—¿Y la textura?

—Es mejor si es blanda. Pero también me gustan las cosas duras.

El despistado secretario Jin, quedó atrapado en la trampa tendida por el director Kwon. El director Kwon consiguió muchos “me gusta” del secretario Jin, pero por mucho que los escuchará, nunca era suficiente, así que la misma conversación se repetía una y otra vez. Al final, con el tiempo llegó a conocer los gustos del secretario Jin.

No hay elección. Cambiemos de tema.

De esa manera el director Kwon acabó teniendo todo tipo de conversaciones diversas con el secretario Jin. Empezó con el libro que le había traído, qué pasajes eran buenos y cuáles malos, y siguió con cualquier material que pudiera sacar a relucir en su limitada situación de confinamiento.

—El flequillo del secretario Jin se cortará a esta longitud, pero si tiene alguna preferencia, hágamelo saber.

—Oh… sí. Creo que está bien.

—¿Está seguro? No hay ningún otro peinado que le guste o quiera.

—¿…?  Bueno, realmente no me importa…

Hubo momentos en que las cosas fallaban como ahora, pero no importaba porque el Secretario Jin aún no se había dado cuenta de la trampa del Director Kwon. Mientras el director Kwon cortaba el cabello del secretario Jin, pensó:

«Me estoy quedando rápidamente sin cosas de qué hablar en esta pequeña habitación».

Podría forzarse a buscar otro tema de conversación, pero entonces correría el riesgo de parecer poco natural. La cuestión era que lo hiciera sentirse bien sin que lo supiera. Si el secretario Jin se daba cuenta de que lo que el director Kwon quería era oír un “me gusta”, quizá intentaría controlarlo a través de eso, tal como lo había hecho cuando tomó el control con su nombre.

Entonces sólo quedaba una opción. Sacar al Secretario Jin de la habitación.

Aun así, no podía dejarlo salir. La opción de darle total  libertad no existía en la mente del director Kwon. Lo que estaba pensando ahora era simplemente ampliar el área de acción del secretario Jin a una parte de la casa.

Eso sería suficiente. De hecho, sería  más que suficiente. Aunque sólo fuera una parte de la casa, la residencia del director Kwon era bastante espaciosa. El único problema era que al ampliar el área de acción del secretario Jin también aumentaría el riesgo.

No sabía qué variables surgirían si realmente lo dejara salir. Sí bajara la guardia, podría ocurrir un accidente o, en el peor de los casos, podría conseguir escapar. Era irracional correr semejante riesgo sólo por escuchar unas pocas palabras. El Director Kwon era más racional que cualquier otra persona, así que enviar al Secretario Jin fuera no era para nada factible.

—Necesito que alguien comparta parte de mi trabajo.

Por supuesto que sí.

No había  manera de que hiciera una elección irracional.

Lo siguiente que supe fue que el director Kwon estaba en el despacho del CEO de XM Corporation, anunciando una decisión que sonó como un rayo.

—Me temo que por el momento me será difícil dar la cara en la empresa. Excepto para las aprobaciones esenciales, todo lo demás se gestionará trabajando desde casa.

—¿Sí…? ¿El director Kwon trabajará desde casa?

—Así es. Será a partir de principios de diciembre o a mediados de diciembre a más tardar. Sólo estaré en la oficina unas dos veces por semana.

La cara de perplejidad de los jefes de equipo al oír esta noticia no tenía precio. Estaban sorprendidos, pero ninguno cuestionó la decisión del director Kwon. Calcularon que debía haber una buena razón para su decisión. Quizá estaba tratando de resolver algo importante que aún no se había anunciado públicamente.

Todos intentaban averiguar qué estaba pensando, pero al director Kwon no le interesaban sus reacciones. Simplemente se puso una máscara de cortesía y dijo lo que tenía que decir.

—También volveré a contratar a un asistente personal. Ya me comuniqué con el equipo de secretaría, por lo que pronto enviarán a una persona adecuada. Así que, cuando esté fuera de mi oficina, reciba a mi secretario.

El director Kwon resumió brevemente la situación y despidió a los líderes del equipo. El sonido de los pasos se escuchó por toda la oficina. En un instante, el despacho quedó vacío. El director Kwon miró hacia la puerta cerrada y luego centró su atención en el pequeño escritorio al lado. El escritorio cuidadosamente organizado todavía tenía algunos signos de uso.

“Secretario Jin Yuhyeon”.

En el escritorio que había perdido a su dueño sólo quedaba la placa con su nombre. Ya han pasado casi dos meses desde que despidieron al secretario Jin. Desde octubre hasta finales de noviembre, habían sucedido muchas cosas durante ese corto pero largo periodo de tiempo.

Pero pasara lo que pasara, el escritorio y la placa de identificación del secretario Jin seguían exactamente igual que el primer día. El director Kwon no dejaba que nadie lo limpiara. De hecho, ni siquiera dejaba que lo tocaran, por lo tanto, ese escritorio aún permanecía como estaba el día en que el secretario Jin había desaparecido.

Los empleados elogiaron el comportamiento del Director Kwon y lo alababan por su humanidad en el duelo por el desaparecido Secretario Jin, pero en realidad, ese no era el caso. El director Kwon solo quería conservar lo único que tenía rastros del secretario Jin. Ser dueño del escritorio era como tener todo lo que tenía el secretario Jin cuando estaba en la empresa.

Al principio sentía una inmensa satisfacción al ver el escritorio vacío. Lo veía como una prueba de la ausencia y desaparición del secretario Jin y un símbolo del completo éxito de su plan. Pero ahora esos pensamientos habían desaparecido. Más bien, ese escritorio demostraba que el director Kwon había cometido un grave error.

Si pudiera retroceder en el tiempo, habría elegido un futuro diferente. A medida que el calor del afecto en el corazón del director Kwon se hacía más fuerte, su arrepentimiento también se hacía más profundo.

El arrepentimiento del director Kwon era un arma de doble filo. Cuanto más atrapaba, amarraba y retenía a su actual secretario Jin, más atractivas se volvían las opciones que había dejado pasar. Si tan solo hubiera esperado un poco más. Si se hubiera esforzado más por ganarse su afecto. Si tan solo no hubiera renunciado a intentar acercarse a él de una forma normal y aceptable.

Si no hubiera renunciado a acercarse a él de una forma normal que él pudiera aceptar, podría haber realizado un futuro que ahora nunca podría ocurrir. Podría haber escuchado que esa voz lo llamara por su nombre sin dudarlo, y podría haber tenido tantos “me gusta” como quisiera.

El director Kwon giró la cabeza. Antes de que se diera cuenta, sus dedos golpeaban con regularidad sobre su amplio escritorio. Parecía como si la puerta de la oficina se abriría en cualquier momento y el secretario Jin aparecería y se sentaría en el escritorio. Luego parecía sonreírle alegremente al director Kwon.

El director Kwon trató de imaginarse el rostro sonriente del secretario Jin y soltó un pequeño suspiro. Se le secó la garganta. No importaba cuánto lo intentará, ya no podía imaginarse la sonrisa radiante del secretario Jin. Ahora que había presenciado su verdadera sonrisa, aunque fuera brevemente, la imaginación había perdido su significado y se había desvanecido.

El director Kwon dejó de golpear el escritorio. En lugar de eso, agarró el mouse, busco una carpeta oculta en el escritorio del monitor e hizo clic sobre ella. Tras desactivar varios controles de seguridad, ejecutó un programa conectado al CCTV y abrió un archivo,  los movimientos fueron rápidos y precisos.

Tan pronto como hizo doble clic, se abrió un archivo. Unos segundos de vídeo se reprodujeron en bucle.

—Um, afuera… ¿El clima se ha vuelto mucho más frío?

—No, es otoño, así que no hace tanto frío. La temperatura media rondará los 10 grados.

—Entonces esta bufanda, ah… Parece que tiende a tener frío.

—… ¿Es eso siquiera una pregunta? Si tuviera que decirlo, sí, tiendo a ser así.

Y apareció una leve sonrisa, que se esfumó en un instante, pero era inconfundible. El director Kwon repitió la escena una y otra vez antes de cerrar el programa.


RAW HUNTER: ACOSB
TRADUCCIÓN: MORADITO 
CORRECCIÓN: NICO


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