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Capítulo 26

Un día, a mediados de noviembre, el director Kwon preguntó nerviosamente.

—¿Por qué tiene tanta curiosidad?

La quinta recomendación estaba escrita en el informe contenido en la delgada carpeta que tenía en la mano.

[Sugerencia: ¿Cómo van las cosas en el trabajo?]

Fue ahí cuando recobró el sentido. El director Kwon había escuchado las pequeñas solicitudes que anotó en sus sugerencias. Mientras tomaba esos pasos uno por uno, llegó hasta este momento.

—… ¿Es?

—Historia externa. ¿Qué quiere saber?

El director Kwon miró los ojos nerviosos del secretario Jin y chasqueó la lengua. Primero, fue lo de la cadena. Luego la ropa. Lo siguiente fue la comida, luego los libros. Y ahora esto. “Información del mundo exterior”. Sabiendo que el objetivo final del Secretario Jin era escapar, la situación actual no era muy agradable para el Director Kwon.

¿Pero qué podía hacer? No podía negarse.

El director Kwon chasqueó la lengua una vez más. Los ojos del  secretario Jin temblaron levemente y en sus labios se dibujó una sonrisa. Eso era algo que le gustaba mucho al director Kwon y antes de que se diera cuenta, le estaba dando al secretario Jin todo lo que quería.

—Espere un momento… De repente estoy empezando a pensar en ello y no estoy seguro de qué preguntar primero.

—Está bien, solo pregunte cualquier cosa.

«Mira eso. No puedo creer que le permita hacer esto».

—¿Realmente puedo preguntar cualquier cosa?

—Sí, no importa, mientras no sea una pregunta que no puedo responder.

 —… Entonces no es realmente cualquier cosa.

—Entonces, ¿está insatisfecho?

—No, no lo estoy.

El director Kwon bajó la cabeza y miró fijamente al secretario Jin.  Su sedoso cabello cubría suavemente su cabeza redonda, y el cabello de un lado colgaba alrededor de sus orejas, cubriendo la mitad de ellas.  El director Kwon observó esa escena atentamente.

Cuando el Secretario Jin se ponía pensativo, tendía a perderse en su propio mundo. Por lo general, cuando estaba sumido en sus pensamientos, no se daba cuenta cuando alguien lo tocaba o incluso cuando lo miraban. De todos modos, le estaba tomando mucho tiempo. El director Kwon se preguntaba qué tan seria era la  pregunta que iba a hacerle.

El estado de ánimo del director Kwon fue decayendo gradualmente. El hecho de que el secretario Jin sintiera curiosidad sobre lo que estaba pasando afuera era suficiente para perturbarlo, así que no era de extrañar que estuviera tan afligido. Cuando los ojos del director Kwon se estaban volviendo pesados, el secretario Jin finalmente preguntó.

—Um, afuera… ¿El clima se ha vuelto mucho más frío?

Su dedo blanco salió de la manta y señaló la gruesa bufanda que rodeaba el cuello del director Kwon. Parecía un ciervo escondido en una cueva, asomando la cabeza para ver qué pasa afuera. «No puedo creer que desperdicie está oportunidad  preguntando sobre el clima». El director Kwon ahogó una carcajada.

—No, es otoño, así que no hace tanto frío. La temperatura media rondará los 10 grados.

—Entonces esta bufanda, ah… Parece que tiende a tener frío.

El director Kwon entrecerró los ojos mientras colocaba la bufanda doblada por la mitad en la mesa de noche junto con la carpeta. No podía entender las intenciones del secretario Jin ni lo que quería escuchar.

—…  ¿Es eso siquiera una pregunta? Si tuviera que decirlo, sí, tiendo a ser así.

Después de escuchar la  respuesta, el secretario Jin sonrió. Las comisuras de su boca se elevaron agradablemente y sus ojos se volvieron redondos. Era una sonrisa sorprendentemente atractiva. Pero se desvaneció rápidamente.

El director Kwon vio al secretario Jin sonriendo, o más bien pareciendo sonreír, y sus pensamientos se detuvieron por un momento. No tenía idea de qué parte de la respuesta había hecho reír al secretario Jin.

—Oh… Aquí reina la tranquilidad tanto de día como de noche. Es como si nadie viviera en el edificio.

—Así es. En realidad, los cinco pisos de abajo están vacíos.

—… ¿Sí?

—Está diseñado para ser insonorizado, pero tomamos medidas por si acaso.

—Bueno, la comida… ¿Dónde la compra?

—No, yo cocino. Todas las comidas que el secretario Jin ha comido hasta ahora las he preparado yo.

Después de eso, continúo haciendo preguntas insignificantes. Incluso mientras el director Kwon continuaba dando respuestas perfectas, una parte de su mente recordaba la expresión del rostro del secretario Jin que acababa de ver. Fue sólo un momento fugaz, pero claramente estaba sonriendo. Después de un breve momento de conflicto, el director Kwon se levantó de su asiento en el borde de la cama.

—Ya es suficiente. En este punto, el secretario Jin debe haber quedado satisfecho.

—Ah…

Necesitaba revisar el CCTV de inmediato. El director Kwon tenía una memoria fotográfica clara, por lo que no había necesidad de revisar el video, pero sentía que tenía que hacerlo ahora. Después de todo había valido la pena la última vez.

—Pronto le traeré algo de comida para la cena, así que espere un momento.

—… Sí.

El director Kwon cruzó la habitación, dejando atrás al secretario Jin. De algún modo, podía sentir la decepción del secretario Jin a sus espaldas. No había manera de que no pudiera notar el pesar en su mirada. No estaba seguro de qué tenía que ver la conversación con su estado emocional.

Los pasos del director Kwon se detuvieron. Cuando se dio la vuelta y vio la expresión del rostro del secretario Jin, algo se agitó dentro de él. La tristeza era evidente en sus ojos. Parecía como si no quisiera que el director Kwon se fuera. Por supuesto, ese no podría ser el caso. Para el secretario Jin, él es ni más ni menos que un simple criminal, secuestrador y violador.

—…

El calor se elevó al borde de sus miradas. El director Kwon lo sabía. Este acto no era diferente de agregar pintura a un cuadro roto. La relación ya se había arruinado y era una catástrofe irreparable. No había manera de que las lamentables briznas de hierba volvieran a la vida incluso si las raíces de la planta muerta se regaban, ahora ya era demasiado tarde.

Las pinturas están dañadas sin posibilidad de reparación y las plantas se pudren y se desmoronan. Sin embargo, el director Kwon no pudo controlar el impulso de dirigirse hacia el secretario Jin. ¿Cómo deberíamos llamar a este comportamiento tonto?

El director Kwon volvió hacia la puerta y caminó hacia el secretario Jin. Mientras caminaba a grandes zancadas, solo le tomó unos pocos pasos llegar. Con una mano tomó la barbilla del secretario Jin. Luego lo beso. Le enseñó a la fuerza como es un beso de verdad.

Agregar pintura al cuadro y rociar agua sobre las plantas muertas. Este beso también era lo mismo. Podía sentir el calor de sus cuerpos al unir sus labios. En contraste con la alta temperatura corporal, los hombros del secretario Jin estaban encogidos y tristes. Tenía los ojos bien cerrados y su cuerpo estaba rígido como un trozo de madera. Pero no podía dejarlo ir.

El director Kwon empujó con más fuerza. Persiguió al secretario Jin, que se retiraba, y se abalanzó sobre él, lo inmovilizó contra la cama y devoró sus labios. Cuando persistentemente pasó su lengua por su labio inferior, el secretario Jin no pudo resistir más y abrió un poco sus labios. Como si hubiera atrapado a la presa por el cuello, atravesó el pequeño espacio, reclamó el interior de su boca y devoró la irresistible lengua del secretario Jin.

—Hmph…

El secretario Jin gimió entre las lenguas y los labios entrelazados, estremeciéndose con cada roce de su lengua contra la parte inferior de la suya. Era un sonido agradable de escuchar así que siguió frotando ese lugar . Tras unas cuantas repeticiones, el secretario Jin dejó de moverse hacia atrás. El director Kwon se sintió más que satisfecho de que hubiera renunciado a escapar.

—Hmph… ugh…

Al escuchar los gemidos posteriores, el director Kwon devoró los labios del secretario Jin durante mucho tiempo. Quería cada centímetro de él, y no lo soltó hasta que su deseo fue saciado, chupo sus labios lentamente y los mordió una y otra vez. La insensata tarea de destruir cuadros y pudrir plantas era tan placentera como dolorosa. 

El director Kwon le dio al secretario Jin su primer beso real y salió de la habitación.

                                     * * *

El comportamiento sin sentido del director Kwon continuó. Lo llamaba por su nombre de pila, se tomaba su tiempo con su primer beso e incluso con su primera relación, vigilaba su estado de ánimo, hacía concesiones y lo engatusaba. Era una prueba para ver si le gustaba, si se reía o se alegraba.

Esto era una tontería absurda.

Si realmente quería ver al secretario Jin ceder, tenía que sacarlo de esta casa.  Devolverle su libertad. Esa era la única respuesta correcta. El director Kwon lo sabía claramente, pero no podía hacerlo. No era porque tuviera miedo de ser castigado por sus crímenes. Más bien esto se debía a que ahora había llegado al punto en el que no podía dejar ir al secretario Jin ni por un momento.

El director Kwon se dio cuenta de que el fuego que acechaba en su interior era una obsesión perversa. Era un sentimiento que no podía resumirse en una palabra como afecto, pues distaba mucho de ser adecuada. Este sentimiento a veces hacía que el director Kwon se sintiera vacío. Pensaba que lo tenía todo, que podía tenerlo todo, pero lo único que tenía eran migajas. La codiciada brillantez todavía pertenecía al Secretario Jin.

Cada día, cada minuto, cada segundo estaba teñido de emociones desbordantes. El espíritu del director Kwon, que era tan fuerte como una fortaleza de hierro, se estaba erosionando lentamente. Sus sentimientos eran tan agudos que pensó que de continuar así, algún día mataría al secretario Jin. Mientras tanto, el director Kwon tomó la mejor decisión que pudo.

Se controló y nunca reveló sus pensamientos.  Manejó todo a la perfección, como siempre. El director Kwon era un hombre que no se distraía. Trató al secretario Jin de la misma manera. De hecho, se esforzaba por ser más considerado y tratarlo con más cortesía y amabilidad.

Pero las consecuencias de sus acciones fueron verdaderamente desastrosas.

                               * * *

 —…  Secretario Jin. Hagámoslo una vez más.

—Ah… No puedo, no puedo. No puedo. Por favor…

—…

—Kwon, director. Yo… no. No puedo soportarlo… 

Sábado. El director Kwon se enterró profundamente en el vientre del secretario Jin escuchando sus continuas y frenéticas súplicas. La respuesta de su cuerpo a cada empuje era tan placentera. A este paso, podría hacerlo todo el fin de semana. Incluso si esta era la primera vez del secretario Jin, le fue posible hacerlo tres veces. Después de eso lo dejó descansar un rato y luego volvió a hacerlo.

El director Kwon no pensó en que esta situación podría asustar al secretario Jin. Pensó que él podría manejarlo. Todo comenzó lentamente, se tomó su tiempo paso a paso para que pudiera relajarse.

—Director Kwon… Kwon, ¡Yi Shin! ¡Ah!

En ese momento, escuchó la llamada del secretario Jin. Las palabras  salieron mezcladas con los gemidos, pero cada palabra era inquietantemente clara.

—Director… Eso, Kwon… ¡Yi Shin, director!

Por un momento se preguntó si las palabras que salían de esa boca desordenada eran realmente su nombre. El secretario Jin seguía repitiendo esas palabras como si estuviera *agarrado a un clavo ardiendo. En ese momento todo se puso en pausa.

N/T: Esta expresión se refiere a valerse de cualquier recurso o medio, por difícil o arriesgado que sea, para salvarse de un peligro o evitar un mal o amenaza.

—Yi Shin, director… Kwon Yi Shin, director… Por favor, perdóname.

—… Ah.

—Lo hice mal… Sí. Perdóname… por favor.

Parecía como si una mano invisible hubiera detenido al director Kwon. De un momento a otro, todos los pensamientos se detuvieron y la voz del secretario Jin se tiñó de sollozos. Sonaba como si estuviera llorando.

El director Kwon recogió la almohada blanca que cubría el rostro del secretario Jin y la arrojó ferozmente. Finalmente, se reveló el rostro del secretario Jin. Su cara estaba llena de lágrimas.

—¡…!

«¿Por qué?»

Al igual que la breve sonrisa que vio la última vez, no podía entender las lágrimas que estaba viendo ahora. El director Kwon parpadeó una vez y luego frunció el ceño, mostrando su malestar.

—Ahora… ¿Estás llorando?

—… Hmph… Hmph.

—No sabes cuánto tiempo llevo aguantando… Ha, no, gracias.

«No puede ser porque le duela. No puede ser así porque hoy lo he tratado como si fuera un amante. Con más cariño que nunca, ¿Acaso es porque no quería?»

 

Esto tampoco era fácil de entender. No sólo hoy, sino que todas las relaciones entre el director Kwon y el secretario Jin hasta ahora habían sido forzadas. El director Kwon no sabía por qué el secretario Jin, que había soportado incluso cosas aún peores, de repente se derrumbó.

El director Kwon miró el rostro manchado de lágrimas del secretario Jin durante un rato antes de dejar de pensar. Aunque logró la expresión que tanto deseaba, algo más lo distrajo e hizo que se sintiera menos satisfecho. No podía decidir si abrazarlo y consolarlo para que dejara de llorar o empujarlo más y hacerlo llorar aún más fuerte.

—… El secretario Jin hace este tipo de cara cuando llora.

De hecho, no había manera de que todo estuviera bien. Todo esto había sido una pérdida de tiempo y tanto el secretario Jin como el director Kwon inevitablemente quedarían arruinados. Se añadió tanta pintura al cuadro arruinado que se fue poniendo negro, y las raíces podridas despedían un olor terrible. Ese era el espíritu del director Kwon. Estaba negro, empapado y podrido.

Es posible que en lo más profundo de su ser aceche una emoción llamada arrepentimiento.

No importaba si era su primer beso o su primera relación. Estuvo mal desde el principio. El secretario Jin no debería haber sido tratado así. Incluso si ese “incidente” hubiera ocurrido, debería haber sido más paciente y esperar.

Como si se burlara de sus pensamientos, el profundo beso que plantó en los labios del hombre inconsciente seguía siendo verdaderamente placentero y doloroso.

                                 * * *

A partir de ese día, los días continuaron como engranajes desajustados. Por supuesto, la persona que rompió el engranaje fue el Director Kwon. Quería conservarlo, incluso si eso significaba retorcerlo, girarlo y romperlo, pero ahora todo lo que quedaba era un amargo arrepentimiento.

Antes de darse cuenta, el director Kwon solo estaba mirando la cara del secretario Jin. En otras palabras, había renunciado a la iniciativa y lo estaban arrastrando. Por supuesto, por fuera, nada parecía haber cambiado. El cambio era interno. Eso es lo que había en su corazón y en su mente.

—Oh para… Director Kwon, ¡Yi Shin!

Cada vez que su nombre salía de los pulcros labios del secretario Jin, el director Kwon sentía como si ocurriera un gran terremoto o se estrellara un gran meteorito en su cabeza.  

«¿Qué es lo que hace que me importe tanto y me deje llevar por ese nombre?»

El director Kwon se rió de sí mismo.

—Yi, Yi Shin, director Yi Shin… 

—… ¿Por qué me llamas de nuevo?

—Es suficiente, ahora… eso es todo…

De hecho, el secretario Jin era una persona muy astuta. Así como un animal salvaje reconoce naturalmente los puntos débiles de su presa y los ataca, el secretario Jin hizo lo mismo. El director Kwon y la palabra “debilidad” eran de hecho una combinación poco probable, pero después de que varias situaciones similares se repitieran incluso él no tuvo más remedio que admitirlo.

—… Ha.

Al director Kwon le encantaba que el secretario Jin lo llamara por su nombre.

Cómo le gustaba tanto, se convirtió en una debilidad. Sin embargo, el secretario Jin era demasiado cruel y no lo llamaba por su nombre en ningún momento. Como si estuviera entrenando a una bestia babeante, tensaban las riendas agitando el cebo sólo en momentos oportunos. Por eso, el director Kwon había dejado de lado sus instintos.

Aunque había pasado mucho tiempo desde su primera relación, no hubo progreso en el *skinship, cada vez que se ponía los guantes quirúrgicos o mostraba incluso el más mínimo signo de penetración. El secretario Jin gritaba su nombre. En esos momentos, el director Kwon siempre tenía que enfrentarse al dilema de elegir entre dos opciones.

N/T: Esta palabra es utilizada para hablar sobre el contacto físico de dos personas en general.

¿Debía ignorar los deseos del secretario Jin y seguir adelante, o debía escuchar sus deseos y conformarse con oír su nombre?

Por supuesto, el ganador después de toda esta agonía siempre era el secretario Jin. Muy a su pesar, el director Kwon no fue capaz de derrotar al secretario Jin.

El director Kwon no hacía esto porque quisiera. Su deseo seguía siendo el mismo y siempre quería traer dolor y placer al secretario Jin. Pero simplemente no podía hacerlo.

En esta situación, las reglas *tácitas entre el director Kwon y el secretario Jin dejaron de tener sentido. Aunque se detuvo la presentación del informe, el director Kwon no pudo castigar adecuadamente al secretario Jin. Si acaso, era solo un azote leve, y era considerablemente menos intenso en comparación con lo que usualmente le hacía al secretario Jin.

N/T: Que no se expresa o no se dice pero se supone o se sobreentiende.

Realmente no tenía sentido.

¿Qué sentido tenía que el director Kwon hubiera secuestrado y encarcelado al secretario Jin? Él ya se había convertido. Si hubiera sabido que terminaría actuando como un peón, no lo habría traído aquí en primer lugar. Patético. El plan defectuoso del director Kwon no le trajo más que un arrepentimiento irreparable.

El director Kwon se convirtió en un animal con un bozal. Cada vez que lo llamaban por su nombre, escuchaba los deseos del secretario Jin y continuaba la relación como él quería, sin penetración. Anteriormente, su paciencia se basaba en dar cada paso uno por uno hasta tomar a la presa por completo, pero ahora su paciencia se basaba en la voluntad del secretario Jin. Era como ser domesticado por un hombre.

Afortunadamente, este tipo de paciencia a veces contiene néctar dulce. Era una dulzura abrumadora, pero con la boca cerrada como ahora, ni siquiera podía saborearlo. Era como cuando una fruta deliciosa gotea un jugo dulce, pero no puedes abrir la boca para morderla, solo puedes lamer el jugo que se escapa poco a poco

Por ejemplo, esta era exactamente la situación.

—Prueba una mamada hoy.

Inmediatamente después del trabajo, el director Kwon entró en la habitación del secretario Jin, se aflojó la corbata e hizo una petición: —No quieres que te la meta por detrás, así que te la voy a meter por delante. Aunque dio la orden con suficiente firmeza, el director Kwon observó atentamente la reacción del secretario Jin. Lo estaba observando para ver si lo rechazaría porque no le gustaba.

—¿No te gusta con la boca?

—… Oh.

—Si no respondes, asumiré que está bien.

Por suerte o por desgracia, el secretario Jin no opuso resistencia. Cuando el director Kwon se le acercó, no lo evitó. Aunque inclinó levemente la cabeza, ese nivel de reacción difícilmente podría considerarse rechazo. Si de verdad quisiera rechazarlo, habría dicho su nombre.

El director Kwon no se subió a la cama en lugar de eso puso una rodilla en el borde donde estaba sentado el secretario Jin, estaba en una posición semi-reclinada con su peso sólo sobre una rodilla. El colchón estaba presionado alrededor de la rodilla, provocando arrugas en la sábana blanca.

—Entonces levanta la cara.

El director Kwon habló en voz baja. Entonces el secretario Jin, que hoy también estaba enterrado bajo la manta, levantó lentamente la cabeza. El flequillo que le había crecido durante su encierro se balanceaba ligeramente debajo de sus cejas.  

«El pelo largo le queda bien, pero no me gusta que le cubra la cara».

El director Kwon asintió con la cabeza, pensando que pronto tendría que arreglar el cabello del secretario Jin.

—¿…?

El secretario Jin desvió la mirada, sin darse cuenta del significado del gesto. En lugar de explicar, el director Kwon agarró la mano derecha del secretario Jin y la acercó. Giró su muñeca para que quedara exactamente sobre su cintura y luego volvió a señalar hacia abajo.

—El secretario Jin puede hacerlo él mismo. Por favor inténtalo.

—Yo mismo, ¿qué…?

—¿También necesito enseñarte cómo quitar la ropa?

—Ahhh… 


RAW HUNTER: ACOSB
TRADUCCIÓN: MORADITO 
CORRECCIÓN: NICO


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