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Capítulo 13

—…

—Padre, yo soy…yo soy inocente, yo soy…

Tumbada en la cama, Hye-neul seguía sin ver los tallos negros que se arrastraban cerca de los pies de su padre.

—Padre, yo soy…

—Yo seguía diciendo que no, pero…los tres…

—…

—Padre, por favor, créeme, ¿Sí? Por favor, di algo, lo que sea…

Hye-neul susurró tristemente mientras se cubría más el pecho. Sus pequeños pechos se juntaron, formando un profundo escote. Los ojos de su padre se quedaron clavados allí por un momento.

—….

Los tres discípulos que lo seguían con pasos lentos. Vacilaron un momento en la entrada, al ver que su maestro estaba mirando a Hye-neul. Taeheon, el más impaciente de ellos, estaba a punto de lanzarse contra él, pero Ji Sang apenas pudo detenerlo agarrándolo del brazo. Porque todavía había tallos negros arrastrándose por el suelo. Uno nunca podía precipitarse a la batalla contra algo que nunca había visto antes.

No podían saber lo que estaba pensando su maestro con solo mirar su cara. Fue justo en ese momento que la cabeza de Seong-yul giró hacía adelante.

¡CRACK!

El  tallo negro que se había estado retorciendo bajo los pies de Kwon de repente se partió en tres y al instante se transformó en espadas afiladas. Con un solo movimiento, salieron volando hacia arriba, enredándose en el torso de los tres hombres que estaban en la puerta y apretandolos hasta que sus tripas estuvieron a punto de estallar. Casi se podía oír el crujido de sus huesos siendo aplastados.

Y eso no fue todo. Los tres tallos comenzaron a golpear los cráneos de los hombres contra la pared. BANG, BANG, BANG. Manchas de sangre salpicaron por todas partes. La pared estaba manchada de rojo donde golpeaban sus cabezas. Una lluvia de sangre corría por los rostros de los hombres desde la frente hasta la barbilla. BANG, BANG. BANG. Seong-yul intentó usar la sanación, pero el poder de sus manos era inútil mientras sus brazos estuvieran atados a su torso. Los sonidos de los crujidos continuaron explotando

Todo esto estaba sucediendo a espaldas de Kwon.

Ni la horrible escena de violencia que sucedía a sus espaldas ni los repugnantes sonidos  pudieron captar la atención de Kwon. Su mirada ardiente se fijó de principio a fin únicamente en su hija que yacía frente a él.

—…

—¡Ooh, ooh!

Entonces Hye-neul,  que estaba frente a su padre, pudo verlo todo. Ella no estaba acostumbrada a esta situación. Una oleada de náuseas la invadió antes de que pudiera taparse la boca con la mano.  Las semillas que había comido por la boca hace un momento volvieron a subir y fluyeron por la barbilla de Hye-neul.  Al ver la barbilla blanqueada de Hye-neul, su padre se enfureció aún más.

El aire se estremeció.

—¡Ah, padre!

Kwon finalmente se inclinó hacia ella.  Estiró el brazo para agarrarle la pierna, Hye-neul trató desesperadamente de evitar a su padre. Cerró las piernas y levantó las caderas, pero en un momento, su padre la agarró por los tobillos y la arrastró hacia abajo nuevamente.

—¡Padre, suéltame!

BANG,BANG,BANG. Los tres hombres todavía estaban siendo castigados al otro lado de la habitación.

El padre se arremangó ligeramente y deslizó los dedos índice y medio dentro de la vagina de Hye-neul. Sus manos eran tan grandes que la mera sensación de penetración bastaba para hacer temblar su vientre.

—¡Ahhh, padre!

Los dedos de su padre escarbaban a lo largo del camino hasta su vientre.  Raspó el pasaje arrugado a lo largo y ancho con las yemas de los dedos, sacando el semen que estaba enterrado en su interior. Era como intentar salvar una casa inundada por culpa de un agujero en el techo con una cesta perforada. Por mucho que lo raspara las semillas seguían estancadas. Cuanto más lo hacía, más indescriptiblemente extraño se volvia el rostro de su padre, que esparcía una brisa helada en todas direcciones. La sangre salía a borbotones por detrás de él y la entrada de la mujer se abría de par en par frente a él, y él seguía tan inexpresivo como una grulla.

Hye-neul intentó protegerse de su padre bajando sus delgados brazos, pero,  de repente, un nuevo tallo  negro creció y se enroscó alrededor de las muñecas de Hye-neul. Ella quedó inmovilizada con las manos extendidas hacia arriba y sus codos tocando su cabeza.

Luego, el aliento de su padre se posó ligeramente sobre el húmedo montículo rosa del área púbica.

 —¡Oh, padre, eso es extraño!

 Los labios temblorosos de su furioso padre finalmente tocaron su piel.

—¡¡Padre!!

CHUP, CHUP, CHUP. Su padre chupó su vagina,  moviendo sus labios vigorosamente, aferrándose con fuerza para alimentarse de la semilla de su interior. Sus gruesos y musculosos brazos rodearon los muslos de Hye-neul. TSK, TSK. Succionó la semilla del otro hombre y la escupió sobre la cama. Luego apretó los labios para comerse el resto, engulléndolo. Un sonido asqueroso tras otro brotó de la boca del hermoso padre.

Sus manos, que seguían agarrando los muslos de su hija, subieron y le tocaron los pechos. 

Hye-neul negó aún más con la cabeza cuando su padre tocó sus sensibles pezones.

 —¡Ah, padre, detente, por favor, para!.

Esta vez, el tallo negro se partió en un hilo, un poco más grueso que el hilo. Varios hilos negros jugueteaban alrededor del pecho de Hye-neul. Rozaban sus areolas y se enroscaban alrededor de sus pezones mordisqueandolos y apretandolos con fuerza.

Debido a las persistentes caricias, Hye-neul movía su cuello en todas direcciones y su padre escupió las semillas en el suelo por última vez, después enderezó su espalda.  El bulto blanco que cayó al suelo fue rápidamente absorbido por la oscuridad y desapareció.

—Ughhhhh…padre…

Hye-neul  que apenas era capaz de ver con los ojos empañados por las lágrimas, vio a su padre desnudándose. El sonido de los golpes aún se podía escuchar claramente.

 Entonces, los tallos negros que surgían del suelo se partieron aún más.

 Uno tan grueso como un pene se introdujo en la boca de Hye-neul. Ella bajó la mandíbula y se lo trago con los ojos muy abiertos.

 El otro entró en el agujero trasero de Hye-neul.

 —¡Uf, uf!

E innumerables tallos acariciaron los muslos, el cuello y los hombros de Hye-neul, acariciaron su piel derretida y su bello rostro con admiración. Hye-neul rompió a llorar. No podía pronunciar las palabras correctamente debido al pilar que estaba profundamente incrustado en su garganta.

—¡Ah, ah, ah, ah…!

—Sí, Hye-neul.  Yo soy tu padre.

Kwon estaba ahora completamente desnudo. Su belleza física era abrumadora. No había carne innecesaria en su cuerpo, formado de perfectos músculos. Los tendones sobresalían aquí y allá, y sus anchos hombros, eran suficientes para sostener a dos Hye-neul en sus brazos.

Su grueso pene palpitaba entre sus muslos, elevándose por encima de su ombligo, y su liso glande ya chorreaba líquido pre-seminal, empapando los pequeños pies de Hye-neul.

El horrible y grueso pene de su padre no pudo ni siquiera entrar a la mitad y se quedó atascado dentro de su vagina.  Las venas que sobresalían de la piel eran tan finas que daban la ilusión de retorcerse de lujuria. Mientras el padre intentaba avanzar más, sacudiendo la musculosa parte inferior de su cuerpo, los pesados testículos vibraron y golpearon las nalgas de Hye-neul.

 —Hye-neul, relájate.

Dijo su padre, con una voz tranquila que contrastaba con la excitación de su cuerpo. Uno de los tallos limpió las lágrimas de las comisuras de los ojos de Hye-neul.

—¡Aaah!

—Hye-neul, abre paso para que entre tu padre.

El padre levantó las nalgas de Hye-neul desde abajo para facilitar la penetración. La cintura de Hye-neul se elevó en el aire. Su padre presionó hacia adelante y empujó lentamente hacia adentro. Los diminutos pies de Hye-neul temblaban mientras él la penetraba, y uno de los tallos la acariciaba alegremente.

—¡Aaah!

Su padre comenzó a levantar más la parte inferior del cuerpo de Hye-neul.

Aunque estaba embarazada, su pequeño cuerpo, ligero como una pluma, todavía se balanceaba como una ola en las manos de su padre.  La estrecha entrada de Hye-neul tragó y apretó involuntariamente el pene de su padre. Él frunció levemente el ceño y dejó escapar un suspiro.

Los tallos incrustados en los otros agujeros de Hye-neul también empezaron a cambiar de forma, y  pronto adoptaron la forma de un pene.  Un glande arañaba la garganta de Hye-neul y otro de los tallos se transformó en una mano que le apretaba y le retorcía los pechos.

 —Durante muchos años, he estado anhelando este día.

—¡Ah, Ah!

—Hye-neul, hija mía.

Las manos de su padre y varios tallos giraron el cuerpo de Hye-neul. Sus mejillas tocaron el suelo y sus piernas se voltearon. La agarró por los muslos y le separó las piernas. Luego le volvió a meter el pene en su suave vagina. Las nalgas de Hye-neul se pusieron rojas al ser presionadas por los músculos de su padre.

Con una mano le apretó los pechos con fuerza. Con la otra le sujetó las manos, que estaban fuertemente atadas por el tallo, sus dedos se entrelazaron con los de ella, Hye-neul estaba completamente cubierta por su ancha espalda. La parte inferior de su padre se abalanzó de nuevo. Hye-neul gimió suavemente al ser aplastada por el firme cuerpo de su padre.

 —¡Uf, uf!

Inmediatamente después de que el tallo que había estado torturando la garganta de Hye-neul se retiró, los labios de su padre se pegaron a los suyos. Hye-neul se sobresaltó y giró el cuello con rabia.

—¡Padre, no, no quiero!.

Hye-neul apretó su mandíbula en señal de negativa, su padre agarró su barbilla y violó la boca de su hija a su gusto. Reprimió la lucha de Hye-neul y cedió a la tentación de la inmoralidad.  

Devoró la delicada carne de su boca, enredó su lengua en la de ella, la dejó sin aliento, y la hizo suya.

—¡Padre, esto no está bien, por favor no…!

La resistencia de Hye-neul se desvaneció al sentir que su boca era devorada.  Todo su cuerpo se elevó cuando su padre la penetró profundamente, casi hasta el útero. Cuando retrocedió, la sujetó del torso y la arrastró hacia abajo nuevamente. Repitió este movimiento innumerables veces.  La cara de Hye-neul estaba empapada de lágrimas y su padre succionaba sin descanso todo el líquido de su boca.

Los cuerpos de aquellos que no debían mezclarse se frotaban piel con piel como uno solo. La indefensa mujer se desplomó dentro del hombre y fue arrastrada. Innumerables tallos cubrieron su cuerpo por completo.

Kwon podía sentirlo todo.  Los tallos salían de su cuerpo.  Es decir, eran uno con él. El toque de la piel pura de Hye-neul contra cada tallo, el apretón de ella debajo de él y,  por último, el poder de derribar a los hombres que habían provocado su ira.

Su padre no cerró los ojos mientras la besaba.

Mientras admiraba lentamente el rostro de su hija, su semilla estalló en su vientre.  Al mismo tiempo, el tallo que estaba incrustado en su agujero trasero y el que sostenía en su boca, también eyacularon, el semen se desbordó dejando un rastro en el torso de Hye-neul.  Los tallos se deslizaron esparciendo el semen por toda su piel.

Incluso después de la eyaculación, el pene de su padre no se encogió en absoluto. Se inclinó hacia adelante, abrazó la cintura de Hye-neul y siguió golpeando los delicados pétalos.  Hye-neul gritaba de dolor como si le estuvieran partiendo el cuerpo por la mitad y su padre la miraba como si la amara. Acariciándole las mejillas húmedas con las manos.

 —¡Padre, padre…!

Hye-neul llamó a su padre con dolor. Ella jadeó, con los ojos en blanco. Algo era diferente esta vez, sus labios tartamudearon débilmente.

—¡Padre, el niño…!

Por primera vez, el pánico hizo acto de presencia en el rostro de Kwon. Era silencioso como una suave ola, pero estaba ahí.

Hye-neul jadeó y se llevó las manos al estómago. Kwon sacó el pene y retiró apresuradamente los tallos que la envolvían.

El niño estaba saliendo.

Su padre se tambaleó momentáneamente al girar su cuerpo pero Hye-neul no tuvo tiempo de preocuparse, estaba demasiado ocupada agarrándose el vientre y llorando incontrolablemente.

Kwon enderezó su postura desaliñada, se vistió rápidamente y se acercó a trompicones a los tres discípulos desplomados. Hacía un momento que había dejado de golpearlos contra la pared.

—…

La pared blanca se había convertido en un campo de flores de color rojo oscuro.

Pero aún así podía sentir un alma viva en cada uno de los tres hombres tendidos en el suelo. Un hombre común habría muerto en el momento en que golpeó su cabeza contra la pared, pero estos tres todavía estaban con vida. Sin embargo sus latidos eran débiles.

Kwon mantuvo sus ojos en Ji Sang, que estaba empapado de sangre de los pies a la cabeza y respiraba con dificultad.  Luego, se acercó a Seong-yul, que no estaba en mejores condiciones que su hermano menor.

El tallo que ataba el cuerpo de Seong-yul se soltó.

Seong-yul, que se había derrumbado como si estuviera muerto, de repente juntó las manos y las puso sobre sus muslos.  Una tenue aura azul envolvió todo su cuerpo, transmitiendo poder.

Tardaría mucho en recuperarse por completo, pero Seong-yul no se demoró. Justo cuando pensó que era lo suficientemente fuerte como para levantar su espada, volvió a salir volando sorpresivamente, los ojos de su maestro se abrieron ligeramente. Lo esquivó por poco, rasgándose ligeramente el cuello de la camisa, y entonces, con la misma fuerza, Seong-yul vino hacia él desde otra dirección, y Kwon apenas tuvo tiempo de desenvainar su espada para defenderse.

Un sonido metálico golpeó el aire.

—Pequeño niño, nunca habías mostrado tal habilidad en todos los años que has pasado bajo mi mando.

El ceño de Seong-yul se arrugó mientras el goteo constante de sangre de su frente le nublaba la vista. Aun así, la mano que empuñaba la espada no se detuvo. Seong-yul escupió al piso,  mientras cortaba el aire de otro tajo. En sus labios que brillaban por las manchas de sangre se dibujó una mueca.

Seong-yul giró la espada con una velocidad despiadada y su maestro se la devolvió lentamente.

—Debes haber tenido tus razones para restringir tus habilidades hasta ahora.

—No hay tiempo que perder.

Ante la respuesta de su maestro, Seong-yul se rió y estuvo a punto de golpear la espada nuevamente.  En ese momento, Hye-neul abrazó su vientre una vez más y aulló fuerte.  El rostro de Seong-yul inmediatamente se distorsionó.  Sólo entonces comprendió la situación y dejó de luchar.

Apretando los dientes, Seong-yul dobló las rodillas. Y puso sus manos sobre la frente de Ji Sang.  Cómo Hye-neul lloraba sin cesar, apresuró la sanación. Después hizo lo mismo con Taeheon.

Hye-neul tuvo un ataque cuando los tres hombres manchados de sangre se le acercaron al mismo tiempo.  Sin embargo, Ji Sang, que comprendía mejor la situación, y Seong-yul, que debía seguir sanandola, se quedaron con ella. Taeheon estaba a cargo de tareas que muchas veces lo obligaban a salir.  El padre acariciaba el cabello de Hye-neul y observaba fijamente a los discípulos.

Las horas habían pasado como un infierno para Hye-neul.

De repente se escuchó el llanto de un niño.

Después sucedieron muchas cosas al mismo tiempo.

Para Kwon era obvio que no había razón para mantener con vida a los tres discípulos. Así que el aura oscura que se había estado arrastrando por el suelo se preparó para atacar una vez más. Era tan persistente como si se hubiera estado preparando para este momento. La única diferencia era que los tres discípulos ya lo habían previsto, y la conmoción del tallo negro se había enfriado hasta cierto punto. Cuando el asesino vino a atravesarles el corazón, sacaron apropiadamente sus espadas y le hicieron frente. Las espadas partieron en una docena de pedazos al tallo negro que había venido a quitarles la vida. El tallo del Maestro era definitivamente más débil que antes.

Su padre estaba poniendo todas sus fuerzas por última vez.  No importa qué técnica usará, el rostro de Kwon, que siempre había estado tranquilo, ahora era diferente.  Su mandíbula y sus ojos estaban tensos y el sudor corría por el costado de su cara.  Hye-neul se recostó y observó desde lejos.

Hye-neul frunció los labios y trató de seguir observando la pelea.  Pero sus párpados seguían cerrándose contra su voluntad.  No era una situación que pusiera en riesgo su vida.  Si ese fuera el caso, Seong-yul ya lo habría resuelto.  Esto era algo mental.

La mente de Hye-neul no podía manejar los acontecimientos del día de hoy, y finalmente se derrumbó.

Si ahora cerraba los ojos y los abría, quizá muchas cosas habrían cambiado. Los tallos negros se ramificaban por todas partes, pero al mismo tiempo eran cortados por las espadas. Su número no disminuía ni aumentaba. Aunque los cuatro hombres  pasaban volando frente a ella a una velocidad aterradora, e incluso con el olor a sangre dominando su olfato, Hye-neul no pudo resistirse al sueño que la invadía.

El sonido del llanto del niño desapareció poco a poco de sus oídos. Y así se dejó llevar al abismo del sueño profundo.


RAW HUNTER: DONACIÓN
TRADUCCIÓN: MORADITO
CORRECCIÓN: SACRILLETT


¿Aquí no ibas?


¿Te has cansado?


¿Uno más?

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