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CAPÍTULO 1

Cenicienta se casó con su Príncipe azul y vivió feliz para siempre.

Es como acaban todos los cuentos de hadas. 

Pero, sabes, hada madrina, ¿cuánto es realmente “para siempre”? 

Últimamente, Cenicienta no parece feliz en absoluto. 

Es como si hubiera olvidado cómo sonreír. 

Incluso cuando come comida deliciosa o viste bonitos vestidos. 

Hubo un tiempo en que llevaba un vestido mágico, zapatillas de cristal, y sonreía como si tuviera todo el amor del mundo…

Hada madrina, el palacio real es extraño. 

Parecen amables, pero no permiten que Cenicienta haga nada por sí misma. 

El Príncipe no se preocupa por ella. No quiere intervenir. 

No le enseña nada y no le permite hacer nada por sí misma.

Ahora, no necesita hacer la limpieza ni cocinar. 

Tiene una habitación y una cama, así que no necesita quedarse despierta junto al fuego. 

Antes no tenía tiempo para bañarse ni para cambiarse de ropa, así que siempre estaba llena de ceniza. 

Cenicienta se encuentra ahora en el lugar más lujoso y esplendoroso del mundo, pero todas las noches llora sola hasta quedarse dormida. 

Hada madrina, el Príncipe buscó a la misteriosa dama que desapareció, dejando tras de sí sólo una zapatilla de cristal. 

La encontró, sé la llevó y la encerró en el palacio real. 

Pero, ¿por qué ya no es secreta ni misteriosa? En algún momento, el Príncipe dejó de buscar a Cenicienta. 

Hace cinco años, lo vi riendo con una dama en una fiesta. 

Con los mismos ojos que una vez miraron a Cenicienta.

Hace tres años, ella entró al palacio real como su concubina. 

Y ayer, decidieron destituir a Cenicienta. 

Dicen que es porque no pudo dar un heredero. 

Pero… ¿Es eso suficiente para terminar su promesa de amor eterno en solo 10 años? ¿Porque no es realmente para siempre? 

No entiendo. Preferiría escapar con Cenicienta. 

Pero la verdad es que no tengo adónde ir. 

¿A dónde podríamos ir? ¿Volver a la mansión donde vivía con su madrastra y hermanastras? A duras penas logramos escapar de ellas. 

Los ojos de Cenicienta, antes estaban llenos de las cosas más brillantes y relucientes, ahora no contienen nada.

Lo que era más deslumbrante que todos los elogios que reunía su apariencia, eran las cosas que esa niña guardaba en su corazón. Pensé que iba a ser feliz para siempre.

Pensé que no tendría que sufrir más. 

Todos decían eso. 

Pero a pesar de no tener nada, esa niña tenía un gran corazón pero lo ha perdido. 

¿Qué debo hacer ahora? 

Si hubiera sabido que solo sería una felicidad efímera, habría arruinado la boda, incluso si la gente me hubiera pisoteado hasta la muerte ese día. 

Pero ahora es demasiado tarde, ¿verdad? 

Soy demasiado viejo, y ni siquiera tengo la fuerza para levantarme. 

En realidad, incluso si no hubiera envejecido, incluso si hubiera regresado a la época más joven y llena de vitalidad, ¿qué podría haber hecho? 

No podría hacer nada más que sobrevivir, no puedo hacer nada más. 

Nada en absoluto… 

Hada madrina, soy solo un ratón asqueroso. 

Sin embargo, Cenicienta me cuidó. 

Desde el momento en que Cenicienta me dio un nombre, me convertí en algo especial ya no era como los demás ratones en el campo. 

Gracias a ella sigo vivo, mucho más allá de la esperanza de vida de un ratón, entiendo el habla humana y pienso de forma diferente a los demás ratones, todo gracias a ella. 

En otras palabras, tengo suficiente.

Más bien, he tenido más que suficiente. 

Sin Cenicienta, no soy nada, pero sería maravilloso si pudiera regresar algo de esa buena fortuna a esa niña. 

Lo que deseo…

Deseo que Cenicienta pueda volver a sonreír, como lo hizo en aquellos tiempos en los que parecía tener el mundo entero a pesar de no tener nada.

* * *

—Este es tu último deseo, ¿verdad?—la voz, ronca y grave, era espeluznante, como si no perteneciera a un humano.

Estaba cubierto con una capa negra desde su cabeza hasta sus pies y su cabello blanco caía por en medio. 

De alguna manera, se parecía más al diablo que al hada que el viejo ratón había estado buscando.

—Eso es lo que quise durante mucho tiempo.

Las uñas negras como la tinta tocaron el pelaje de la vieja rata con un tacto suave y cuidadoso, y luego se retiraron.

Su mano que se había roto tantas veces, podrida y nudosa, apenas mantenía su forma.

—Nunca te he tocado. 

Porque él era alguien que podía apagar esta pequeña vida fácilmente con un simple toque, una especie de muerte viva. Solo después de que el aliento del viejo ratón se extinguiera por completo, pudo extender su mano por primera vez. Incluso entonces, apenas pudo tocar su pelaje.

—Y aún en el final nunca dijiste: No quiero morir. Con una sola frase, de alguna manera, yo… De alguna manera, podría haberte liberado de esta maldición… Ah. —guardó silencio un momento, y luego murmuró en un tono bajo y burlón—. ¿Cómo me atrevo? Soy un monstruo que con tocar algo con estas manos malditas lo arruino. ¿Cómo podría haberla salvado? La maldición que está en ti, solo esa niña puede deshacerla.

Por eso, él decidió con gusto cumplir el último deseo del viejo ratón, la felicidad de esa niña, que deseaba incluso antes de morir.

—Porque si esa niña sonríe, entonces tú también sonreirás. Si has amado a alguien con todo tu ser, a diferencia de mí, puede que consigas un milagro. Este milagro te guiará de nuevo al lugar donde deberías haber estado originalmente. Recuperarás las cosas que originalmente deberías haber disfrutado y las conexiones valiosas. Te llevará por fin a la felicidad… Así que vive de esa manera. No debes de saber lo que es la desdicha, no debes pedir deseos al diablo. No me busques, no vayas a un lugar oscuro y miserable. En tu próxima vida, quédate siempre en lugares soleados. Para que nunca me encuentres.

* * * 

THUMP, THUMP, THUMP.

Los ojos de Elodie se abrieron de golpe al oír los fuertes pasos.

Cada vez que alguien caminaba sobre el piso de arriba, el polvo caía como una lluvia ligera.

—¡Cenicienta!

—Cenicienta, ¡eres una holgazana! ¿Sabes qué hora es?

Los gritos furiosos de las hermanas de Cenicienta, Rose y Daisy, resonaron uno tras otro.

—Esto es…

Está oscuro, sin luz y con telarañas por todas partes.

Era un espacio estrecho, apenas lo bastante grande para un ratón de campo, la especie más pequeña de rata. Este era el lugar donde Elodie había vivido desde que tenía memoria, antes de ir al palacio real.

—Bajo las tablas del suelo de la Mansión Bluewood. ¿Cómo llegué hasta aquí? 

Elodie sabía mejor que nadie que estaba al borde de la muerte. Pero ¿por qué seguía viva?

Y lo que era aún más desconcertante…

—¿Por qué Rose y Daisy están atormentando a Cenicienta otra vez? Obviamente, las habían castigado exiliándolas al campo con su madrastra, para no volver nunca más a la capital.¿Y ahora regañan a Cenicienta, aún siendo una Princesa? ¿Tiene sentido?

«A menos que el tiempo haya retrocedido…»

En ese momento…

—¡Sí, ya voy, hermanas!

Una voz que era mucho más joven de lo que recordaba llegó a sus oídos. Elodie, sin dudar un segundo, salió corriendo de inmediato. Necesitaba comprobarlo con sus propios ojos.

Con un andar alegre y saltarín, una sonrisa encantadora, con una mirada brillante y curiosa, con una voz que reflejaba bondad y fortaleza… Era Cenicienta, mucho más joven de cuando entró al palacio real. 

Era Seraphina Bluewood, la hija menor de la familia del Conde Bluewood.

—¡Sera!

Ella estaba allí, vistiendo harapos y sosteniendo una bandeja con un juego de té. 

Estaba trabajando duro para satisfacer los caprichos de sus hermanas desde la mañana. Aunque su cabello rubio, que solía brillar, estaba cubierto de ceniza y se balanceaba como las tazas en la bandeja. 

—Ah… Es tan joven.

En esa época, para Elodie la joven Seraphina parecía una gigante. 

Por supuesto, los ratones de campo eran del tamaño de un dedo humano, por lo que tenía sentido que le pareciera enorme. 

No importa lo rápido que creciera y se convirtiera en adulta, para ella seguía siendo una niña de catorce años. Una niña que sufrió inimaginablemente en la familia Bluewood hasta que se convirtió en adulta. 

Entonces, no es de extrañar que ella quisiera depender incluso de un príncipe que solo parecía apropiado por fuera. Aparte de él, nadie más le había tendido la mano. 

Elodie corrió rápidamente tras Sera.

—He vuelto a tiempo.

Su corazón latía fuertemente. 

—¿Es la magia del Hada Madrina?

La Hada Madrina le había otorgado magia a Cenicienta para que pudiera asistir al baile. Con un vestido brillante y unos deslumbrantes zapatos de cristal. 

Aunque era un hechizo fugaz, una ilusión que se disiparía a las doce en punto.

—Aunque sea así…

Se presentaba una oportunidad. 

—¡El té está frío!

—Lo siento, hermana. Seré más cuidadosa la próxima vez.

—Tsk, tsk, no me respondas que no te pregunté. ¿Qué demonios es eso?

—Oh…

Sera trató de quitar los trozos de hollín esparcidos por su ropa, con una expresión incómoda.

—No estoy segura si te lavaste o no. ¿Crees que puedo comer lo que me diste cuando estás tan sucia?

—No, me lavé, pero no tengo una habitación, así que duermo al lado de la chimenea…

—Deja de poner excusas. Te mataré si manchas de ceniza mi precioso vestido.

La Condesa Bluewood había utilizado a Sera como criada de la cocina desde que era joven. Sus hijas también aprendieron el comportamiento de su madre y trataron a Sera de la misma manera. 

Le quitaron su habitación y la hicieron dormir al lado de la chimenea, burlándose de ella por estar llena de ceniza.

«Pero al menos ellos no son parientes de sangre de Sera.»

Lo único que nunca dejaba de enfurecer a Elodie desde hace mucho tiempo era…

—Tsk, no hagas un escándalo innecesario.

El Conde Bluewood se había vuelto a casar solo tres meses después de la muerte de la madre biológica de Sera. A pesar de ser el jefe de la familia, no protegió a su hija y no importaba lo que le hicieran su madrastra, sus hermanas y sus sirvientes, él simplemente chasqueaba la lengua. 

La consideraba una tonta que no podía cuidar de sí misma. Sin embargo, a diferencia de otros que recibieron castigos leves, él no recibió ningún castigo. 

Vivió bien hasta el final. Esto se debía a su posición como el jefe de la antigua familia Bluewood.

—No discutas con tu hermana por nada.

—…

«Deberías al menos escucharla.»

Pero solo era escoria peor qué la escoria.

Haciendo un gran esfuerzo por aparentar alegría y soportar, los ojos azules de Sera temblaron en ese momento Elodie, que había estado escondida en un punto ciego donde no podían verla, se escabulló.

Aún era solo un ratón molesto. Aunque tenía una oportunidad, no podía hacer nada espectacular como salvar a Sera como el Príncipe en un caballo blanco. 

Pero podía correr con fuerza. Tenía dientes fuertes que podían masticar granos. Era suficiente por ahora. 

Corrió y se lanzó con todas sus fuerzas, lista para ser pisoteada hasta la muerte…

—¡Ahhhh!—mordió el dobladillo del vestido de la Condesa, arrancándo un pedazo.

 

RAW HUNTER: ACOSB
TRADUCCIÓN: ANNA FA
CORRECCIÓN:TY


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