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Capítulo 90

Adeline no parecía haberse dado cuenta de “aquel alguien” que la observaba, pues le daba la espalda todo el tiempo. Por la expresión de su rostro, parecía más bien absorta en sus pensamientos.
Sin embargo, para Millen, que se acercaba a Adeline desde la dirección opuesta, aquella mirada insistente era perfectamente visible.

Un hombre de cabello castaño verdoso, con un rostro propio de un intelectual retraído, Frey Roche.

Millen lo observó con una frialdad cortante, sin el más mínimo rastro de sonrisa. Su aspecto era tan suave y delicado que el adjetivo “andrógino” le sentaba perfectamente; su rostro, siempre sonriente, solía darle un aire afable. Pero precisamente por eso, la expresión seria de Millen se volvía el doble de fría y dominante.

Frey se sobresaltó al cruzar miradas con él. Poco después endureció el gesto y lo fulminó con la vista.

Millen, sin embargo, no se inmutó. Se limitó a devolverle una sonrisa tranquila. Al final, Frey lo miró con desagrado, pero no tardó en darse media vuelta y entrar al edificio.

Aun así, lo hizo con una lentitud forzada, como si quisiera dejar claro que no huía, una actitud que resultaba casi ridícula.

«Realmente es el tipo clásico de perdedor.»

Alguien incapaz de examinar su propia conducta, siempre buscando las causas de sus problemas en los demás; eso lo hacía especialmente patético.

El simple hecho de que un hombre así mirara a Adeline con tanta oscuridad ya resultaba repulsivo. Pero Millen, además, podía imaginar la razón. Mientras ayudaba a Adeline a subir al carruaje, saboreó mentalmente aquel nombre tan desagradable.

«Jack Hatzfeld.»

{—Deberías aprender a escoger mejor a tus amigos.}

✧¸¸. •*¨`༻✦༺⊱✩⊰༻✦༺¨`*•.¸¸✧

{—Me gustaría que el señor Millenberg alejara a Jack Hatzfeld de la señorita Adeline.}

Desde que escuchó aquella petición de Carlyle, Millen se había encargado de cumplirla con precisión.
Aunque nadie se lo hubiera pedido, el nombre de Jack Hatzfeld, que había ocupado el lugar junto a Adeline, ya le resultaba incómodo.

Incluso si Adeline, después de conocer todos sus defectos, hubiera mostrado la compasión de aceptarlo, eso no habría cambiado el hecho de que Millen seguía vigilando a Jack.
Y no era simplemente porque Jack llevara el título de amante de Adeline.

«Un inversionista extranjero de pasado y origen desconocidos.»

La mayoría no le prestaba atención al hecho de que nadie conocía realmente el pasado de Jack; lo pasaban por alto, pero si uno lo pensaba bien, había demasiadas cosas sospechosas.
Por más que dijera estar residiendo en Crawford por asuntos de negocios, el Ducado de Mathes no quedaba tan lejos del Imperio Crawford.

Por ejemplo, igual que Frey había sido exiliado al Ducado de Mathes, ambas naciones mantenían cierto nivel de intercambio entre sus clases altas.

«Con las habilidades y los bienes de Jack Hatzfeld, sin duda habría sido famoso también en Mathes.»

Pero nadie conocía el nombre de Jack Hatzfeld. Y naturalmente, tampoco existía nadie que supiera cómo había sido su pasado.

Una vez que Millen advirtió lo sospechoso de aquello, no pudo dejar de notar otros detalles extraños.
Así que decidió usar su mayor fortaleza: la información.

Desde sus años en la academia, Millen había cultivado una red social activa y variada, lo que se tradujo en un conjunto amplio y poderoso de contactos. Exagerando un poco, dentro del Imperio Crawford no existía información personal que Millen no pudiera obtener si se lo proponía.

Fue así como llegó a conocer a Frey.

«Menos mal que Jack Hatzfeld no lleva mucho tiempo en Crawford.»

Investigando discretamente, descubrió con dificultad a través de quién había ingresado Jack al círculo social, y esa persona era Frey.

En la actualidad, Jack y Frey apenas tenían trato, al punto que casi nadie sabía que alguna vez se habían conocido. Sin embargo, según la información que Millen reunió, al menos se conocían de vista.

Y eso bastaba para deducir cómo se habían relacionado dos hombres que no parecían encajar en absoluto.

«Según lo que averigüé, Frey Roche fue exiliado al Ducado de Mathes.»

Y como Jack entró por primera vez al mundo social del Imperio Crawford a través de Frey, su vínculo debía haberse originado precisamente en Mathes. Entonces, ¿no sería posible que Frey también conociera el pasado que Jack mantenía oculto a los demás?

«No es una posibilidad descartable.»

Por ello, Millen decidió preparar una ocasión apropiada para acercarse a Frey.

No fue algo difícil de lograr. Frey solía pasar el tiempo sin rumbo en los clubes sociales, y a menudo culpaba de ello a su hermano mayor.

Millen se acercó con aparente familiaridad a los pocos amigos que Frey tenía y, tras ganarse su confianza, un día se unió a ellos en uno de esos clubes.

El club se llamaba Lambert.

Entre los muchos clubes sociales, Lambert era conocido por estar frecuentado por hombres que desperdiciaban el tiempo entre copas, juegos de cartas y mujeres. No era precisamente un lugar del agrado de Millen. Pero dado que era el sitio que Frey visitaba con mayor frecuencia, no le quedaba otra opción.

Millen se integró con naturalidad en la mesa de póker, donde había una botella de whisky abierta. Los amigos de Frey, encantados de compartir mesa con alguien tan reconocido en la alta sociedad, estaban tan distraídos por su presencia que ni siquiera notaron cómo, con cada ronda, las fichas frente a ellos desaparecían rápidamente.

Millen, con una destreza impecable, ganó casi todas las fichas de la mesa. El póker era algo que uno terminaba dominando tras asistir a suficientes reuniones sociales, y Millen siempre había tenido un talento natural para aprender y aplicar cualquier cosa.

«Aunque claro, también le pasé algo de dinero al crupier de antemano.»

Era mucho más prudente hacerlo así que confiar en su habilidad y arriesgarse a arruinar el plan.

Cuando finalmente se quedó con todas las fichas, los rostros de los presentes se ensombrecieron.
Era natural: los hombres que frecuentaban a Frey no tenían bolsillos precisamente holgados.
La mayoría eran hijos de familias menores o segundones de casas nobles.

Aprovechando el momento, Millen sonrió amablemente y dijo:

—Vaya, espero no haber incomodado a mis amigos. Pero como esto es solo entre nosotros, devolveré todas las fichas. De todos modos, ¿qué les parece si dejamos la partida por hoy?

Bromeó diciendo que parecía que todos habían bebido demasiado.

—Si no tuvieran whisky en las manos, probablemente sería yo quien se marchara ya. No se preocupen tanto.

Poco a poco, los semblantes decaídos comenzaron a animarse. En sus rostros se reflejaban pensamientos como «Cierto, solo perdí porque bebí demasiado. En otro momento no habría pasado».

Recobrando algo de ánimo, se levantaron uno a uno, recogiendo sus fichas frente a Millen antes de irse. Algunos incluso se llevaron un par de fichas adicionales, fingiendo que ya les pertenecían desde el inicio, pero Millen los dejó hacerlo.

«Qué ranas tan codiciosas.»

¿Cómo podían llevar en la cara tanta mezquindad y avaricia al mismo tiempo?

Las expresiones de perdedores se repetían con una previsibilidad tan aburrida que Millen chasqueó la lengua, cansado por dentro, aunque por fuera mantenía su sonrisa amable.

Cuando los demás se marcharon uno tras otro, finalmente rompió el silencio.

—Frey, ¿conoces a Jack Hatzfeld?

Así comenzó la verdadera conversación.



TRADUCCIÓN: ELLIS
CORRECCIÓN: ROBIN
RAW HUNTER: GLOOMY CLOCK


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