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Capítulo 88

La razón por la que Adeline pudo proponerle a Jack un contrato que pusiera como garantía a la Casa Zeller, fue porque sabía que Jack tenía a una mujer a la que amaba. En pocas palabras, era una especie de seguro.

«Si hay alguien a quien le ha dedicado tanta devoción, entonces Jack no tendrá motivos para buscar casarse conmigo.»

Por mucho que algo en la Casa Zeller pudiera resultarle valioso, si era el mismo Jack que nunca se había involucrado con nadie por fidelidad a Sincere, no parecería alguien dispuesto a entrometerse con Adeline por interés. Por supuesto, ella podía pensar así porque creía que todo lo ocurrido había sido obra de Millen.

Pero ahora que la situación había cambiado y Jack se había convertido en una nueva amenaza, Adeline necesitaba con urgencia otro “seguro”.

«Debo confirmar qué tipo de relación tienen Jack y Sincere.»

Dependiendo de cuán cercanos fueran, Adeline tendría que ajustar su estrategia.
Si era necesario, incluso estaba dispuesta a tender un puente entre ellos para ayudar a que su relación avanzara. Después de todo, en Crawford era completamente normal que las damas tuvieran amantes; si lograba persuadir a Jack para que volviera su atención hacia Sincere, podría sentirse un poco más tranquila.

«Pensé en eso cuando decidí venir a conocer a Sincere, pero…»

Al verla en persona, Adeline comprendió lo que había pasado por alto.
En su vida anterior, todo lo que había escuchado sobre Sincere eran historias sobre cuánto la había amado Jack. Sabía, por ejemplo, que sus mejillas siempre estaban sonrojadas, pero no conocía a la verdadera mujer. No sabía a quién amaba ella, ni por qué Jack, que siempre había permanecido cerca de Sincere, nunca había podido acercársele del todo.

—Sincere, tu risa se escucha incluso desde fuera del salón.

Mientras hablaba animadamente con Adeline, una mano masculina colocó un chal sobre los hombros de Sincere. El hombre tenía un aire sencillo, casi tímido. Daba la impresión de no saber cómo arreglarse, no solo en su aspecto, sino también en sus palabras; parecía el tipo de persona que se sonrojaría y comenzaría a sudar si se sentía un poco incómodo.

Sin embargo, de él emanaba una amabilidad genuina, una calidez que solo se percibe en las personas bondadosas por naturaleza, muy distinta a la compostura artificial de Millen. Esa dulzura hacía que su sencillez resultara completamente natural. Parecía alguien tan gentil que ni siquiera le importaba cuán simple era su atuendo o cuán vulnerable se mostraba ante las miradas curiosas que lo rodeaban. Solo tenía ojos para su esposa, a quien miraba con ternura.

—No me molestes, querido. Ya sé que no es cierto. 

—Lo digo en serio. ¿Cómo crees que podría encontrarte tan rápido si no fuera por tu voz tan bonita? Es imposible no reconocerte donde sea que estés.

Cuando él bromeó diciendo que no existía nadie como ella, el rostro ya rosado de Sincere se encendió aún más.

—Jeremy, estamos frente a todos…

Sincere le dio un leve golpe en el brazo, y él rió con naturalidad antes de abrazarla por los hombros y soltarla enseguida. Eran, sin duda, la viva imagen de un matrimonio feliz.

El nombre de aquel hombre, que hacía brillar en el rostro de Sincere una expresión tan amorosa, era…

—Es un placer conocerla. Soy Jeremiah Roche.

—…Adeline Zeller.

—Mi esposa estaba tan contenta que pensé que había conocido a alguna celebridad, y resulta que tenía razón. Es un honor conocerla, señorita Adeline.

Jeremiah respondió con la misma cortesía que su esposa había mostrado antes y extendió la mano para saludarla. En la alta sociedad, cuando un hombre ofrecía su mano a una dama, solía ser para tomarla y besarla; algunos incluso la acercaban a su frente en señal de mayor respeto o devoción.

Pero Jeremiah no hizo nada de eso. Cuando Adeline le dio la mano, simplemente la estrechó con suavidad, sonrió y la soltó.

—Mi esposa es un poco reservada, así que no tiene muchos conocidos aquí en la capital. Si aceptara ser su amiga, me haría muy feliz.

—Jeremiah, no digas eso.

—Pero si no te molesta…

Aunque Sincere lo reprendió suavemente, aquello no fue más que otro intercambio afectuoso entre marido y mujer. Jeremiah le tomó la mano un instante y sonrió de una forma tan cálida que parecía hacerle cosquillas al alma. Cada vez que lo hacía, Sincere lo miraba con fingida molestia, aunque en realidad no podía ocultar su felicidad.

Si existía un matrimonio realmente armonioso, sin duda eran ellos.

«Parece que se aman tanto, que hasta se nota a simple vista.»

Con la aparición de Jeremiah, Adeline comprendió por qué Jack se había limitado a rondar siempre cerca de Sincere. No era simplemente porque Sincere fuera una «dama virtuosa». Era porque era una esposa que amaba a su marido. ¿Podría alguien atreverse a interponerse entre una pareja así? Por eso, justamente, eso era lo que Adeline había pasado por alto.

Unos meses después, Jeremiah perdería la vida a manos de Frey, y aquella Sincere, que hasta entonces había vivido tranquilamente en un rincón de la sociedad, haría temblar a toda la alta sociedad en un instante.

«Cuando supe el nombre de Sincere.»

Jeremiah ya estaba muerto, y aquella pareja que tanto se había amado ya no podía existir más como una sola. Por eso, Adeline no había considerado la relación matrimonial de Sincere.

«Solo pensé en que Jack amaba a Sincere.»

No se le había ocurrido que Sincere también pudiera tener a alguien a quien amaba. Adeline se despidió de la pareja, que parecía tan unida, y salió del salón. Solo cuando se hubo alejado lo suficiente como para que el bullicio del banquete dejara de oírse, apretó suavemente y soltó la mano con la que Jeremiah le había estrechado la suya hacía unos momentos.

El calor de alguien que en el pasado ya debía de estar muerto y enterrado aún permanecía en su palma.

«Decir que ya había muerto mucho antes de la caída de la casa del duque Zeller…»

Era la primera vez que Adeline se encontraba con un «muerto» desde que había retrocedido en el tiempo.
Aunque el momento en que llega la muerte de alguien solo lo conoce la parca, Adeline, desafiando la causalidad, había terminado recordando ese hecho.

Si el tiempo transcurría igual que en el pasado, el hombre que acababa de sonreírle amablemente y estrechar su mano, Jeremiah, moriría dentro de un año. La idea le revolvió el estómago. Presenciar la muerte de alguien era insoportable. Se sentía como si pecara por su silencio y su pasividad.
Pero.

«¿Será correcto que yo cambie eso?»

Aunque Adeline había alterado muchas cosas desde su regreso en el tiempo, no podía afirmar que la casa del duque Zeller estuviera completamente a salvo. Jack seguía siendo una amenaza latente, y con los nuevos indicios sobre el contrabando de licor, el frágil equilibrio recién recuperado podía desmoronarse en cualquier momento.

Por eso, si pensaba con frialdad, lo más prudente era dejar que el tiempo fluyera igual que antes, para tender aunque fuera un pequeño puente entre Jack y Sincere. Mientras Sincere tuviera a su amado esposo a su lado, las posibilidades de que Jack lograra su amor se reducirían a cero.

«Si quiero usar a Sincere como seguro, tal como estaba planeado… no hay otro modo.»

De lo contrario, Jack podría acabar devorando de nuevo a la casa del duque Zeller.

«……Pero.»

¿De verdad eso era lo correcto?



TRADUCCIÓN: ELLIS
CORRECCIÓN: ROBIN
RAW HUNTER: GLOOMY CLOCK


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