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Capítulo 84

Tal como había dicho Joseph, desde hacía unos meses circulaban insistentes rumores sobre el auge del licor ilegal. El problema era que nadie sabía con certeza de dónde provenían esos rumores ni existía información concreta sobre el supuesto contrabando, por lo que se trataba más bien de una especie de leyenda urbana.

Si de verdad el licor ilegal se estaba distribuyendo tan ampliamente, debería haber sido fácil de detectar. Entonces, ¿por qué todos dudaban cuando se trataba de hablar del tema?

La razón era sencilla. 

«Porque a simple vista no se distingue.»

Ningún tipo de licor podía venderse legalmente sin una autorización.

Todas las bebidas aprobadas debían portar una etiqueta oficial emitida por el gobierno; las que no la tuvieran serían, naturalmente, ilegales. El problema era que, al revisar las botellas disponibles en el mercado, no se encontraba ni una sola sin etiqueta. No había diferencia en el sabor, y tampoco se podía distinguir por el aspecto del sello, así que era imposible identificar cuáles eran ilegales. Por eso la información sobre el licor clandestino no lograba difundirse más allá de los rumores.

En consecuencia, la opinión general era que se trataba solo de habladurías sin evidencia real.

—¿Etiquetas falsas…?

En uno de los salones de la capital, el rostro de Adeline, parcialmente cubierto por un abanico, se endureció ligeramente. Tal como indicaba el lugar, en ese momento se encontraba asistiendo a una recepción. Fue allí donde su asistente, Nadia, se le acercó en silencio y le susurró algo al oído:

—Ha llegado un telegrama desde Pares, señorita. Lo envía el señor Jack Hartzfeld. Dicen que es urgente y que debía ser entregado de inmediato…

 

Con esas palabras, Nadia le mostró discretamente una nota. En ella, estaba transcrito el contenido del telegrama de Jack, con una breve explicación de la situación y lo que él había descubierto tras cuatro días de investigación en Pares.

[He descubierto etiquetas falsas pegadas sobre el licor ilegal.]

En esos días, Jack había recorrido tabernas, bodegas de importación, almacenes de distribución y fábricas de licor en Pares. Vestido con ropa común en aquella ciudad y con una complexión lo bastante fuerte como para parecer un trabajador más, le bastó con ponerse una gorra de cazador para mezclarse entre la multitud sin llamar la atención.

Y finalmente lo había encontrado: una etiqueta falsificada casi idéntica a la emitida oficialmente por el gobierno imperial.

[Era tan elaborada que apenas se notaba. Si no la hubiera mirado bajo la luz por casualidad, tampoco me habría dado cuenta.]

Las etiquetas auténticas tenían una inscripción en relieve en la esquina inferior derecha, mientras que las falsas solo mostraban letras impresas, sin grabado alguno. Jack lo descubrió cuando, al levantar una botella vacía, la luz reflejada le permitió notar la diferencia.

«Y solo las botellas de cerveza o sidra, las más fáciles de producir, llevaban las etiquetas falsas.»

Era lógico. Si alguien quería fabricar ilegalmente bebidas de lujo como vino o champán, le sería más rentable crear una empresa formal. Incluso Jack, con su agudeza, admitió que, de no haber sido por aquel azar, le habría resultado casi imposible distinguirlas. Por eso era comprensible que nadie hubiese notado antes la diferencia entre las etiquetas.

En ese sentido, el descubrimiento de Jack era un logro considerable. Y él mismo parecía saberlo, porque el telegrama terminaba con esta frase:

[Espero un elogio. Pero esta vez, que venga de usted, no de mi secretario.]

¿Estaría molesto por la escueta respuesta que ella le había enviado la vez anterior?

Lo importante era el final del mensaje:

«De usted, no de mi secretario.»

Aunque suene indirecto, tratándose de un telegrama, era una clara forma de pedirle información.
En otras palabras, Jack le estaba preguntando por qué le había recomendado invertir en una empresa cuya rentabilidad no parecía, al menos por ahora, nada prometedora.

Después de enviar de vuelta a Nadia, Adeline se quedó en silencio, sumida en sus pensamientos.

«Esto es un poco problemático…»

En el plan de inversión que había entregado a Jack, figuraban tres destinos distintos. Uno, una mina de carbón casi agotada. Otro, un terreno baldío que nadie se molestaba en mirar.
Y el último, la empresa comercial de Joseph Ionov, que se dedicaba al comercio, pero apenas tenía resultados visibles.

«Sin duda, los recuerdos de los últimos tres años me resultaron útiles.»

Medio año después, en aquella mina de carbón se descubrirían grandes vetas de diamantes. Y junto al terreno baldío, tras la construcción de un canal, surgiría el nuevo centro logístico más importante después de Pares.

Sin embargo, la inversión en la que Adeline había estimado el mayor margen de ganancia era la empresa comercial de Joseph Ionov.

«Muy pronto, el vodka se volverá enormemente popular en todo Crawford.»

Cuando Adeline aceptó la propuesta de Cayden y comenzó a trabajar en el negocio de las bebidas alcohólicas, su labor consistía en autorizar la importación de licores, otorgar permisos y colocar etiquetas oficiales para su distribución. Entre esos permisos, una vez llegó a aprobar una solicitud bastante peculiar.

{—En Russko no quisieron concedernos el permiso sin importar cuántas veces lo solicitamos. Le estamos muy agradecidos.—}

Antes de que Adeline se encargara del sector, la compañía responsable de gestionar las importaciones de alcohol era precisamente. Esa empresa había pospuesto repetidamente la autorización para la importación del vodka de Joseph, negándose a aprobarla. Al preguntar el motivo, le respondieron que se debía a los rumores cada vez más extendidos sobre el contrabando de licor.

«Ahora que lo pienso, cuando comencé en este negocio, los rumores sobre el licor ilegal aún circulaban con fuerza.»

Sin embargo, como era un rumor sin fundamento, al cabo de unos meses se apagó por completo.
Nunca se demostró la existencia del licor ilegal, así que terminó considerándose una simple leyenda urbana pasajera.

Por eso, en aquel entonces, Adeline no tuvo motivos para negar el permiso de importación del vodka.
«Aunque, claro, tampoco esperaba grandes ventas en ese momento.»

Pero en cuanto el permiso fue concedido, Joseph registró un volumen de ventas extraordinario.
Contra todas las expectativas, el vodka comenzó a ganar popularidad no solo entre la alta sociedad de Crawford, sino también entre quienes antes solo consumían cerveza o bebidas fermentadas.

La razón era sencilla.

«La moda de los cócteles.»

El vodka es una bebida sin características distintivas. Precisamente por eso, era el licor más versátil para mezclar con otras bebidas al preparar cócteles. Por supuesto, también existían cócteles elaborados con champaña o whisky, pero ninguno igualaba la neutralidad y versatilidad del vodka.

En una recepción organizada por una famosa prima donna, se sirvieron cócteles preparados con diversas bebidas frutales. La amplia gama de colores y sabores, que variaba fácilmente según el ingrediente utilizado, cautivó de inmediato a la alta sociedad de Crawford. Y poco después, la moda de los cócteles se extendió también entre la gente común.

Así, no era de extrañar que Joseph terminara literalmente sentado sobre una montaña de dinero.

«En circunstancias normales, habría heredado el título nobiliario y comenzado el negocio al mismo tiempo.»

Ella había esperado que, como en el pasado, los rumores sobre el licor ilegal se disiparan pronto y el vodka fuera importado sin problemas.

«Pero no imaginé que aquello sobre el contrabando resultaría no ser solo un rumor.»

 



TRADUCCIÓN: ELLIS
CORRECCIÓN: ROBIN
RAW HUNTER: GLOOMY CLOCK


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