Capítulo 81
Warrick recordaba, de vez en cuando, el apodo que la gente le había dado a Jack: «la mano dorada». Y cada vez comprendía lo perfectamente que ese apodo representaba a aquel hombre.
Si a quien persigue el dinero como su único valor se le llama materialista, ¿qué palabra podría usarse para describir a un hombre como Jack, que ponía precio y valor a absolutamente todo fuera objeto o ser vivo?
En las viejas historias, se decía que el rey con manos de oro convertía en oro todo lo que tocaba.
Hasta la piedra más común del suelo o el hilo más insignificante, todo lo transformaba.
Jack, que valoraba todo cosas, personas, incluso sus propios recuerdos y desechaba sin vacilar aquello que consideraba sin valor, no podía ser más digno de su sobrenombre: “la mano dorada”.
Siendo así de frío y calculador, no era de extrañar que tuviera la costumbre de recordar solo lo que le resultaba conveniente. Por eso, lo sorprendente era Adeline, que recordaba el nombre completo de un simple secretario como Warrick. Hasta entonces, apenas habían cruzado un par de saludos superficiales, así que aquel día fue la primera vez que conversaron de verdad.
En cuanto escuchó su voz, Warrick entendió por qué existía aquella frase: “los nobles siguen siendo nobles, incluso si caen al suelo”. Era la única que podía expresar por completo lo que sintió al enfrentar a Adeline.
Los nobles siguen siendo nobles, incluso si caen al suelo.
Adeline Zeller… Warrick estaba seguro de que, incluso en medio del lodo, ella mantendría el porte de una aristócrata. Parecía una mujer que había nacido sabiendo cómo mantener la espalda recta al caminar. Una persona de la que uno podría creer, sin dudarlo que, si se le pinchaba la piel con una aguja, saldría sangre azul. Alguien que parecía hecha para dominar con un simple gesto de la mano, como si el mando y la elegancia le fueran naturales.
Ese tipo de personas llamaban la atención, quisieran o no. Tenían un rostro que despertaba admiración con facilidad. Warrick decidió sentirse agradecido de no haberla conocido cuando era más joven.
«Vaya cosa.»
Si la hubiera conocido a finales de su adolescencia, cuando el interés por el otro sexo está en su punto más alto, o al menos en sus primeros años veinte, cuando uno solo piensa en enamorarse, seguramente habría pasado noches enteras sin dormir, viendo su rostro aparecer una y otra vez cada vez que cerraba los ojos.
En resumen, tenía el tipo de rostro que podía dejar en un joven la huella imborrable de un primer amor con solo cruzar miradas. Por suerte, Warrick hacía ya tiempo que había dejado atrás esa etapa inmadura, y su gusto actual se encontraba muy lejos de una mujer tan altiva y distante que hasta parecería temerle al contacto.
Por alguna razón, creyó ver a la diosa de la fortuna guiñarle un ojo, y volvió a sentirse agradecido por sus gustos actuales.
«Aunque pensándolo bien… ¿el jefe siempre tuvo este tipo de gustos?»
Si Jack hubiese tenido experiencia con mujeres, podría haberse hecho una idea, pero sin ningún punto de comparación, el asunto resultaba realmente desconcertante.
Así que Warrick, con la nota de Adeline en mano, regresó y subió con Jack al tren.
El camarote de primera clase era amplio y cómodo; si uno podía soportar un poco de mareo, era un buen lugar para trabajar. Por eso, cuando viajaban largas distancias, Jack solía reservar siempre primera clase y revisar sus documentos durante el trayecto. Pero aquel día, junto al ordenado montón de papeles sobre la mesa, había también una carta.
—Es la respuesta que escribió la señorita Adeline— dijo Warrick.
No sabía qué contenía, pero recordaba con claridad la escena: Adeline había tomado la pluma, vertido la cera sobre el sobre y sellado la carta con rapidez sorprendente. Todo había ocurrido en cuestión de segundos.
En otras ocasiones, Jack habría dicho algo como “Revisaré la carta después; muéstrame primero los documentos urgentes.” Pero esta vez, dejó los papeles a un lado y abrió de inmediato el sello de la carta de Adeline.
Sacó el papel y lo leyó. Y, tal como cuando ella escribió la respuesta, apenas en un instante, apareció en el rostro de Jack una sonrisa torcida. Luego, riéndose para sí, murmuró:
—Qué absurdo.
Al verlo, Warrick pensó que, si en ese momento se celebrara en el Imperio Crawford un “Concurso de Pérdida de Razón”, él, sin duda, obtendría al menos el segundo lugar.
Su mandíbula se había quedado tan abierta que no podía cerrarla del asombro.
Sin poder contenerse, preguntó:
—¿Qué demonios decía la carta para hacerlo reír así?
—Lo sabrás cuando la veas— respondió Jack, lanzándole la carta con un leve golpe en el aire.
Ni siquiera necesitó desplegarla para leerla: pues dentro del papel perfectamente doblado solo había una única y escueta frase.
[Su secretario es muy incompetente.]
Apenas vio esa frase, la valoración que Warrick tenía sobre Adeline se disparó de inmediato.
Ella había escrito algo con el rostro completamente impasible, sin mostrar curiosidad por el contenido, y resultó que solo había plasmado una única oración antes de sellarla con cera.
Cada vez que recordaba aquel día, Warrick no podía evitar preguntarse cómo trataría Jack a Adeline.
Sabía bien que ambos mantenían una relación, pero nunca los había visto juntos, así que no podía imaginar cómo se comportaba Jack a su lado.
Lo único de lo que podía estar completamente seguro era que, al menos cuando caminaba junto a Adeline, Jack no avanzaría con esas zancadas largas y ese paso desconsiderado que tenía con los demás.
Finalmente, Warrick logró hablar con él solo cuando llegaron jadeando a la residencia que usaban como alojamiento en Pares.
—Entonces, jefe, ¿tampoco hoy va a decirme a dónde fue?
—Ya te lo dije ayer. Fui a revisar algunos asuntos relacionados con el negocio.
—¿Se da cuenta de que me ha dicho eso mismo por cuarto día consecutivo?
En esos cuatro días, Warrick sentía como si hubiera envejecido al menos cuatro años.
En realidad, había una razón por la cual insistía tanto en saber el paradero de Jack. Después de todo, ¿por qué habían viajado tan lejos hasta Pares en primer lugar?
Todo se debía a que Jack había invertido en una empresa de comercio por recomendación de Adeline, y el propósito del viaje era inspeccionarla personalmente.
Naturalmente, el primer día que llegaron, Jack también había visitado la compañía.
– Los equipos 1 y 2 parecen tener buenos resultados, pero el equipo nuevo, el 3, no ha mostrado avances en meses. ¿No indica eso un problema estructural? Me pregunto por qué sigue operando un equipo que no genera ningún resultado.
– Verá, surgieron algunos inconvenientes con los productos importados. Ya se firmaron los contratos y se realizaron los pagos, pero no hemos podido obtener los permisos de importación…
Esa empresa comercial estaba organizada en tres equipos. El equipo 1 se encargaba de importar los productos principales, como la seda artesanal del Ducado de Mathes de la cual solo se producían doce rollos al año, o la porcelana mezclada con polvo de hueso.
Eran artículos que no se fabricaban en el Imperio Crawford, pero que seguían teniendo alta demanda entre la clase adinerada.
En cambio, el equipo 2 se dedicaba a traer productos experimentales, utilizando las ganancias del primer equipo para probar nuevas ideas y observar la reacción del mercado. Por ello, todo lo que importaban tenía un aire de experimento: vegetales con sabor a perfume, especias de aromas tan intensos que hacían arder la nariz, o incluso artefactos mágicos antiguos llamados ahora reliquias cuyo uso se había perdido hacía tanto tiempo que ya nadie los buscaba.

TRADUCCIÓN: ELLIS
CORRECCIÓN: ROBIN
RAW HUNTER: GLOOMY CLOCK