Capítulo 99
Al abrir los ojos de nuevo, Chrissy yacía en otra habitación. Cuando se incorporó con torpeza, inquieto, la figura de Nathaniel sentado en una silla junto a la cama, con los ojos cerrados, entró inesperadamente en su campo de visión. Junto con eso, el sutil pero penetrante aroma dulce que impregnaba la estancia le hizo darse cuenta de inmediato.
«¿Será… el dormitorio de este hombre?».
La negación de que fuera posible y la afirmación de que claramente lo era chocaron al mismo tiempo. Chrissy, sentado en la cama por un momento, observó fijamente el rostro del hombre. Sus mejillas, bajo las largas pestañas, parecían por alguna razón más delgadas que antes. Los rasgos de su rostro, más marcados, proyectaban sombras inusualmente nítidas. Sus labios gruesos, firmemente sellados, parecían taciturnos, pero su color rojo, en contraste con su pálida tez, le resultaba de alguna manera obsceno.
Algunos mechones de cabello caían sobre su frente, siempre impecable y sin fisuras. La camisa blanca que vio a continuación también mostraba arrugas, extrañamente. Ante esta inesperada imagen desaliñada, Chrissy se sintió internamente desconcertado.
«No creo que este hombre haya estado esperando hasta que yo recuperara el sentido».
Chrissy sacudió la cabeza una vez y volvió sobre sus pensamientos.
Sus recuerdos estaban fragmentados y dispersos. Pero vagamente sabía lo que le había pasado. Probablemente era por el agotamiento, tanto mental como físico. De otro modo, no habría tenido de repente ese sueño de la infancia, ni habría tenido ese ataque y hecho ese espectáculo por su culpa.
Sí, y menos frente a este hombre.
Justo cuando llegó a ese pensamiento. De repente, las largas pestañas del hombre temblaron ligeramente, y luego él abrió lentamente los ojos. Acto seguido, las pupilas de color púrpura que se revelaron debajo vagaron lentamente por los alrededores, como evaluando la situación, y al encontrarse con la mirada de Chrissy, se detuvieron en seco.
Durante un rato, los dos simplemente se miraron sin decir nada. En ese instante, pareció como si el mundo entero se hubiera detenido. Ninguno de los dos abrió la boca. Como si desearan que este silencio durara para siempre.
—¿Te… encuentras bien?
Fue Nathaniel quien rompió el silencio primero. Su voz, ronca, se interrumpió y continuó, como si hubiera permanecido en silencio durante mucho tiempo. Chrissy, sin pensarlo, bajó la mirada y se detuvo al ver las vendas enrolladas en su mano y brazo. Inmediatamente, los recuerdos regresaron a tropezones.
{—¡Suéltame, suéltame!}
{—¡Espera, detente! ¡Es peligroso!}
Chrissy forcejeaba y gritaba, intentando liberarse de él, cuando Nathaniel le gritó. Y luego vino el ruido ensordecedor…
—¿Yo… rompí la ventana?
En lugar de responder a la pregunta, Chrissy hizo otra. La frente de Nathaniel se frunció levemente. Parecía que la reacción de Chrissy no le gustaba, pues permaneció en silencio un momento antes de hablar.
—Fue solo un accidente.
Al escuchar la respuesta, Chrissy se dio cuenta de que su pregunta había sido incorrecta. Luego, hizo otra pregunta.
—¿Te lastimaste por mi culpa, ese brazo?
Nathaniel guardó silencio nuevamente ante la pregunta de Chrissy, con el ceño fruncido, pero esta vez no por tanto tiempo.
—Fue un accidente.
La respuesta fue la misma, como era de esperar. Chrissy no pudo evitar suspirar bajito. Se sintió oprimido al darse cuenta de que el espectáculo que había armado no era cosa menor. Nunca imaginó que llegaría el día en que tendría que disculparse con este hombre, pero esta vez no había otra opción.
—Lo… siento.
Cuando por fin logró pronunciar las palabras, Nathaniel lo miró fijamente. Chrissy, esforzándose por evitar su mirada, añadió otra disculpa.
—Es que… tuve una pesadilla, no estaba en mis cabales. Lo siento, yo me encargaré de las consecuencias…
—Ya está todo resuelto.
Nathaniel cortó sin piedad las palabras que Chrissy intentaba articular con dificultad. Cuando Chrissy se detuvo y lo miró, él continuó hablando con su tono habitual, impasible.
—Las consecuencias ya están todas resueltas. No tienes nada de qué preocuparte.
«¿Quiere decir que con disculparse es suficiente? ¿O que hay otras cosas que debo hacer?».
Mientras Chrissy trataba de entender, Nathaniel habló.
—¿Vas a comer algo? Yo me muero de hambre.
—¿Qué?
Ante el cambio abrupto de tema, Chrissy quedó desconcertado. Al ver su mirada que preguntaba “¿de qué estás hablando?”, Nathaniel añadió por su cuenta.
—Baja.
Dejando solo esa orden, el hombre se dio la vuelta y salió. Chrissy, con la misma expresión atónita, solo pudo observar su espalda alejarse.
***
Bajando tambaleante al primer piso, Chrissy se dirigió al comedor. Al acercarse, inesperadamente, un olor delicioso llegó a su nariz. Luego, al ver la abundante comida dispuesta sobre la amplia mesa, no pudo evitar que sus ojos se abrieran como platos. Sobre los platos había dos filetes que fácilmente pesarían 400 gramos cada uno. La cantidad de ensalada con toda clase de verduras, en un bol de un tamaño enorme nunca antes visto, estaba repleta; además, había huevos de todo tipo: tortilla, fritos, cocidos, varios de cada, y lo mismo con el bacon, desde bien crujiente hasta ligeramente hecho, como invitándolo a elegir el que prefiriera. A eso se sumaban varios tipos de pan colocados en distintas cestas. Era tal la abundancia que le costaba recuperar el sentido.
—Siéntate.
Nathaniel, que le había dirigido la palabra a Chrissy, que permanecía estupefacto de pie, sirvió vino en su copa y luego repitió la acción en la suya propia. Chrissy, que había estado de pie torpemente, frunció el ceño y le preguntó con retraso.
—¿No debería comer en el suelo?
Recordando una experiencia desagradable previa, lo dijo con sarcasmo. Nathaniel, sentándose primero en la silla, soltó una risita burlona.
—Si lo deseas, puedes hacerlo, pero sería muy incómodo.
No era algo que debiera decir quien le había hecho eso. Chrissy se sintió exasperado, pero por supuesto no tenía intención de comer en el suelo. En silencio, apartó la silla y se sentó. Al mirar de reojo, vio que Nathaniel, tras servirse primero ensalada en un bol, se lo pasó. A diferencia de Nathaniel, que se lo entregaba con una mano, Chrissy lo recibió con ambas y frunció ligeramente el ceño. Era obvio, por supuesto, que incluso sus manos eran mucho más grandes que las suyas; podía aceptarlo por la diferencia de complexión. Pero que también hubiera una diferencia en la fuerza de agarre… de alguna manera, hería su orgullo. De mal humor, Chrissy dejó el bol en la mesa y se sirvió verduras. Al girar la cabeza sin pensar, se sobresaltó. En el plato de Nathaniel solo quedaba un filete.
—¿Ya te lo comiste todo? ¿Esa cosa tan grande?
Preguntó sin poder evitarlo. Nathaniel respondió con indiferencia.
—Te lo dije, que me moría de hambre.
Chrissy observó boquiabierto cómo él, con movimientos exquisitamente elegantes, cortaba la carne y se la llevaba a la boca. Tardíamente, Chrissy también sintió hambre, pero aún así no se sentía con valor para comerse dos filetes de ese tamaño.
—¿Tú… siempre comes tanto?
Finalmente, no pudo contenerse y preguntó. Nathaniel, que ya solo le quedaba la mitad del filete, respondió mientras cortaba.
—No siempre.
Su tono insinuaba que a menudo comía así. Al ver la mirada escéptica de Chrissy, añadió antes de llevarse la carne a la boca.
—Durante la etapa de crecimiento, sí comía así siempre.
Pensando en la enorme complexión de Nathaniel, parecía algo natural. Al pensarlo, le surgió otra duda.
—¿Tu familia come así también?
Todos los Miller eran altos, de alrededor de 2 metros o más. Con ese físico, y siendo principalmente hombres, quizás era normal comer tanto. Como era de esperar, la respuesta de Nathaniel se acercó a lo previsto.
—Ya te dije, solo cuando tengo muchísima hambre.
No era difícil imaginar a los Miller comiendo abundantemente alrededor de una mesa llena de comida. Y si además eran chicos en pleno crecimiento…
—Los gastos en comida debían ser astronómicos…
Al murmurar sin darse cuenta, sorprendentemente, Nathaniel soltó una risita burlona. Hablar de gastos en comida a un Miller… Se sintió patético. En ese momento, de repente, él dijo:
—Afortunadamente, mi padre ganaba bien el dinero.
—Muchísimo, ¿verdad? —añadió Chrissy con malicia.
La siguiente reacción fue sorprendente. Nathaniel se rió en voz alta, “Ja, ja, ja”. Ante Chrissy, que quedó estupefacto al ver la escena por primera vez, él continuó con una sonrisa en el rostro.
—Sí. Oh, Dios, bendice a la familia Miller.
***

TRADUCCION: ROBIN
CORRECCIÓN: ROBIN
RAWS: KLYNN TU PATRONA