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Capítulo 102

¡Por Dios, señor fiscal!

En cuanto vio a Chrissy, la asistente fiscal, radiante de alegría, se abalanzó para abrazarlo, pero se apartó rápidamente.

—Lo siento, ¿está bien? ¿No está herido?   

Chrissy le dedicó una sonrisa suave, sintiendo a la vez vergüenza y gratitud al verla hablar tan apresuradamente mientras lo examinaba con una mirada de preocupación.

—Sí, estoy bien. No se preocupe, no me pasa nada.

Como para demostrarlo, flexionó un brazo hacia arriba, casi presumiendo de músculo, y la asistente fiscal esbozó una amplia sonrisa.

—Menos mal. No sabe cuánto me preocupé.

Los ojos de ella, que habían mostrado un gran alivio, pronto brillaron con curiosidad.

—Cuénteme ahora, ¿qué pasó durante sus vacaciones? Dijo que se tomaría un descanso por un resfriado, pero de repente desapareció por más de una semana sin dar señales de vida. Había rumores de que renunciaba, y estos últimos días han estado muy agitados.

—Son rumores sin fundamento —zanjó Chrissy con sencillez.

—Como ve, he vuelto a trabajar completamente recuperado. Ahora todo volverá a estar ajetreado, así que cuento con usted.

Al añadir esto a propósito, ella parpadeó un par de veces y luego asintió con una sonrisa.

—Sí, por supuesto. No se preocupe, la verdad es que yo tampoco me creía esos rumores…

Charloteando como de costumbre, lo empujó suavemente hacia la oficina, fue rápidamente a prepararle un café, lo dejó en la mesa y añadió:

—Me alegra que vuelva a trabajar, señor fiscal.

Cuando Chrissy le devolvió la sonrisa, la asistente fiscal, con expresión satisfecha, se dio la vuelta y salió de la oficina. En cuanto la puerta se cerró y finalmente se quedó solo, la sonrisa desapareció del rostro de Chrissy y la vitalidad que había brillado en sus ojos se apagó en un instante.

—Ah…

Se dejó caer pesadamente en la silla después de tanto tiempo, reclinó la cabeza en el respaldo y pensó en lo que tenía que hacer a continuación. No podía creer que hubiera vuelto a la rutina. Había pasado por una experiencia horrible y, sin embargo, podía sentarse aquí como si nada. Ahora, mirando atrás, parecía una pesadilla muy desagradable. A pesar de que era indudable que aquello había ocurrido en la realidad.

El lugar donde había abierto los ojos esa mañana era la casa de Nathaniel, y el coche en el que había venido también era suyo. Solo después de recordar que se había bajado en un lugar lo más apartado posible para no ser visto y había caminado hasta allí, Chrissy logró aceptar a duras penas que todo era una experiencia real. Aunque eso no tenía nada que ver con sentirlo como real.

Primero, tendría que ver al fiscal jefe.

Se quedó pensativo mientras bebía su café. Oficialmente, sus vacaciones habían terminado, así que el propósito era saludar y que le asignaran un nuevo caso, pero en el fondo también quería ver la reacción del fiscal jefe. Si el fiscal jefe sabía algo sobre esa reunión, tal vez mostraría alguna actitud extraña.

Al menos podría averiguar si era cómplice o no.

—¿A dónde va?

En cuanto salió de la oficina con su decisión tomada, la asistente fiscal, que estaba mirando el ordenador, levantó la cabeza y le preguntó.

—Voy a ver al fiscal jefe.

Respondió brevemente Chrissy y, saliendo de la oficina, cruzó el pasillo directamente hacia el despacho del fiscal jefe. En ese momento, los empleados que pasaban le dirigían unas palabras cada vez que lo veían.

—Hola, fiscal Jin.

—¡Vaya, Chrissy! Tanto tiempo. ¿Estás un poco más delgado?

—Hoy hace buen tiempo…

Alternando saludos y respondiendo brevemente mientras caminaba por el largo pasillo, no era muy diferente de antes. Era una escena cotidiana y normal, pero a medida que se acercaba al despacho del fiscal jefe, el corazón de Chrissy se agitaba con inquietud. Deteniéndose frente a la puerta, respiró hondo una vez y luego llamó.

—Buenos días, quería ver al fiscal jefe, ¿es posible?

Preguntó con una sonrisa, y la secretaria le dijo que esperara un momento y entró directamente. No tardó mucho en volver y, amablemente, le indicó la puerta interior.

—Pase.

—Gracias.

Saludó brevemente y abrió la puerta. El fiscal jefe, que estaba sentado en su silla, se levantó con alegría.

—Oh, adelante, adelante. ¿Qué tal descansaste?

Ante su actitud, que no difería en nada de la de siempre, Chrissy respondió con tono fluido.

—Sí, descansé bien, gracias. Se lo agradezco.

Al saludar, esbozó una leve sonrisa. Como si nada hubiera pasado.

***

El sedán negro estaba en el mismo lugar que por la mañana. Chrissy, que había salido del trabajo a la hora exacta, se detuvo un instante y luego reanudó la marcha. El guardaespaldas, que esperaba junto al coche, abrió la puerta trasera en el momento justo.

—Gracias.

Saludó al guardaespaldas antes de subir al coche y se montó sin dudar. Como esperaba, dentro del coche, el hombre de cabello rubio platino perfectamente peinado hacia atrás esperaba cómodamente recostado en el asiento.

—Bienvenido.

Ante esas inesperadas palabras de bienvenida, Chrissy no respondió y se abrochó el cinturón en silencio. No habló hasta que el coche se puso en marcha.

—¿Has descubierto algo?

A la pregunta de Chrissy, Nathaniel habló con su tono habitual, tranquilo y pausado.

—Estoy en ello.

Mirándolo de reojo, Nathaniel esbozó una leve sonrisa y añadió:

—Es verdad. Mañana procuraré tener buenas noticias.

Chrissy lo miró fijamente y luego dijo:

—El fiscal jefe no parecía particularmente sospechoso.

Inesperadamente, Nathaniel detuvo su mirada, como sorprendido.

—…¿Cómo?

Ante la pregunta, que llegó con un segundo de retraso, Chrissy respondió manteniendo el contacto visual.

—Que no encontré nada especial en el fiscal jefe. Parece que no todos los que asistieron a esa reunión son cómplices.

—…Eso, es cierto.

Nathaniel asintió, con un tono más lento de lo habitual, y entrecerró los ojos.

—No esperaba que me dijeras algo así.

Ante esa actitud, que denotaba cierto interés, Chrissy respondió con sequedad.

—Hay que intercambiar información. Así, si yo he entendido algo mal, tú podrás corregirme, ¿no? Dentro de lo que tú sepas, claro está.

Ante su mirada, que parecía preguntar ¿Verdad?, la comisura de los labios de Nathaniel se relajó. Con el rostro abiertamente sonriente, miró a Chrissy y habló.

—Sí, correcto. Boyd no tiene nada que ver con ese asunto.

Al recibir la confirmación, Chrissy exhaló un suspiro de alivio involuntario. Nathaniel, al ver que su expresión se suavizaba, continuó.

—Conozco más o menos la lista. Pronto se acabará esa asquerosa reunión.

Entonces, ¿qué demonios están esperando?

Chrissy quiso preguntar, pero perdió la oportunidad. Porque Nathaniel habló primero.

—Aguantas mejor de lo que pensaba. Menos mal que parece que no ha pasado nada.

Ante las inesperadas palabras, Chrissy se quedó paralizado un instante y volvió a mirarlo. El perfil de Nathaniel, que sacaba un cigarrillo y lo ponía en su boca, era el mismo que conocía bien, pero por alguna razón le pareció extraño.

Sería porque jamás imaginó que este hombre diría algo así.

Nathaniel encendió el cigarrillo, exhaló una larga bocanada de humo y miró de reojo a su lado. Al encontrarse con los ojos de Chrissy, que aún lo miraba, se quitó el cigarrillo de la boca y preguntó:

—¿Quieres uno?

De repente, un recuerdo olvidado volvió a su mente. Al mismo tiempo, sintió un dolor ardiente en un ojo, como si se estuviera quemando. Por supuesto, sabía bien que no era real. Mirando fijamente a Nathaniel, sin apartar la vista, Chrissy extendió la mano. Tomó con naturalidad el cigarrillo que Nathaniel tenía entre los dedos, se lo llevó a la boca y, como para demostrar algo, aspiró el humo con ganas. Al ver la nube gris que exhaló lentamente, Nathaniel soltó una risa corta, casi un suspiro. Negando con la cabeza ante el hecho de que le hubieran quitado tan descaradamente el cigarrillo que acababa de encender, alargó la mano, abrió la cajetilla y sacó uno nuevo.

Mientras observaba a Nathaniel encender otro cigarrillo, Chrissy aspiró el humo lentamente. Tenía razón. Realmente había pasado un día como cualquier otro. No había sentido miedo ni había vomitado, ni siquiera frente al fiscal jefe.

No es gran cosa.

Pensó así mientras sacudía la ceniza. Sí, no era para tanto. Casi le parecía absurdo haberse preocupado. Solo tenía que actuar como antes. Solo había sido una experiencia desagradable más.

—¿Qué hay para cenar?

Preguntó con el ánimo más ligero, y Nathaniel también inquirió con tono despreocupado.

—No sé, ¿tú qué quieres comer?

Chrissy respondió después de inhalar una bocanada de humo.

—Da igual. Pero no podré comer tanto como ayer.

Nathaniel solo sonrió en silencio. Y, sorprendentemente, el tiempo transcurrió plácidamente: Chrissy cenó con él, se duchó y se fue a la cama. El problema fue haberse confiado, pensando que no le pasaba nada.



TRADUCCION: ROBIN
CORRECCIÓN: ROBIN
RAWS: KLYNN TU PATRONA


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