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Capítulo 100

Chrissy lo miró sin decir nada, pero no hacía falta usar palabras. Su expresión ya sustituía miles de ellas. Al ver ese rostro, Nathaniel esbozó una sonrisa torciendo una comisura de los labios.

—¿Acaso dije algo tan repulsivo?  

Su tono era tan despreocupado como de costumbre, pero de algún modo sonaba divertido. Chrissy, sin molestarse en ocultar su verdadero sentir, respondió con frialdad.

—Si supieras lo infame que es tu familia, no me harías esa pregunta.

Ante las palabras de Chrissy, Nathaniel reaccionó con la misma indiferencia.

—Suelo pensar que es el precio de la fama.

Ja. Chrissy soltó un breve suspiro. Por un lado le resultaba exasperante, por otro le surgía una duda. 

«¿Por qué demonios me habrá salvado un hombre así?».

Aunque el pánico y la falta de lucidez nublaban su memoria, haciéndola fragmentaria, estaba segura de un hecho: Nathaniel Miller lo había salvado. Y también de que, tal como él había afirmado, manejaba el stick con una destreza abrumadora.

«Al final, ¿no pude hacer nada?».

Se sintió patético. 

«¿Qué habría sido de mí si Nathaniel Miller no hubiera venido a rescatarme? Terminé aceptando la ayuda del hombre al que tanto he proclamado odiar». 

El sentimiento de auto-desprecio hizo que su ánimo decayera aún más. Estaba removiendo desganado la sopa con la cuchara y suspirando en voz baja cuando…

—¿Por qué no comes? ¿No hay nada de tu gusto?

Al levantar la cabeza ante la pregunta repentina, vio que Nathaniel la estaba mirando. Él ya se había devorado dos filetes enteros y ahora tenía frente a sí un plato de pollo cargado de queso, mientras que Chrissy apenas había probado un sorbo de agua. Con indiferencia, Nathaniel añadió:

—Si no hay nada que te apetezca, dime. Haré que traigan algo diferente.

—No…

«¿Traer algo más, con toda esta comida sobre la mesa?». Chrissy recorrió sin darse cuenta los numerosos platos que cubrían la enorme mesa antes de hablar.

—Está bien. Es solo que no tengo ganas de comer.

—¿Por qué?

Después de preguntar, Nathaniel se metió en la boca un gran trozo de pollo cortado. Sintiéndose exhausto con solo mirarlo, Chrissy hizo una pausa antes de responder.

—Han pasado muchas cosas.

Era cierto. Había bajado pensando que debía comer algo, pero frente a la comida, no tenía apetito. Quizás fuera el remordimiento por no haber podido hacer nada. Al suspirar de nuevo, Chrissy alzó la cabeza sin pensar y se encontró con la mirada de Nathaniel. Al darse cuenta de que él lo había estado observando fijamente todo el tiempo, frunció el ceño y habló con fastidio.

—¿Qué? Si tienes algo que decir, dilo.

Ante las palabras de Chrissy, Nathaniel, que solo la había estado mirando en silencio, abrió lentamente la boca.

—Estoy pensando si obligarte a comer o dejarte en paz.

Su voz, calmada y fría, hizo que Chrissy se sintiera extraño. Decía algo que parecía considerarlo, pero con un tono tan contradictorio.

Nathaniel seguía mirándolo. 

«¿Todavía lo está pensando? ¿O espera mi elección?». 

Tras un breve silencio, Chrissy tomó la cuchara en silencio y se llevó sopa a la boca. Después de tomar la mitad de la sopa ya fría y comer parte del pan, Nathaniel finalmente tomó el cuchillo y el tenedor y comenzó a cortar el pollo restante.

Durante un rato, solo se escuchó el ruido metálico de los cubiertos en la mesa. Esta vez fue Chrissy quien rompió el silencio.

—¿Qué es lo que quieres?

Nathaniel detuvo sus manos y la miró. Un repentino silencio cayó entre ellos. Sin desviar la mirada, Chrissy lo miró directamente a los ojos y habló.

—Me salvaste. Dos veces. Incluso te lastimaste.

Después de echar un vistazo a su mano vendada, Chrissy volvió a mirar a Nathaniel.

—Si hay algo que deseas, dilo. Lo escucharé. Si está a mi alcance.

Al añadir deliberadamente esa última parte, Nathaniel bajó lentamente los cubiertos y llevó las manos bajo la mesa.

—Algo que desee…

Dejó la frase en el aire, con intención, mientras sus ojos se entrecerraban. Al ver la sonrisa peculiar de Nathaniel, Chrissy se preparó mentalmente. 

«Si me pide que se la chupe, puedo hacerlo sin problemas. Si me pide que le ofrezca el trasero… bueno, no me gusta, pero no tengo opción. Al fin y al cabo, este hombre me ayudó…».

Justo cuando llegaba a ese pensamiento, Nathaniel habló. Aunque solo habían pasado uno o dos segundos, a Chrissy le pareció terriblemente largo.

—Quédate en mi casa.

Finalmente Nathaniel había hablado, pero Chrissy quedó desconcertado por un momento. 

«¿Qué diablos acaba de decir?».

Su voz quedó grabada en su mente un poco más tarde. Aun así, con una sensación de incredulidad, Chrissy lo miró fijamente.

—¿Es en serio?

—Sí.

La respuesta fluyó con facilidad. A pesar de haber confirmado una vez más, a Chrissy le costaba aceptarlo.

—Pensé que… me pedirías otra cosa…

Al murmurar sin querer, Nathaniel frunció el ceño como preguntando qué quería decir. Chrissy, sin rodeos, fue directa al grano.

—Eso que siempre has querido de mí.

Luego añadió con sarcasmo.

—Parece que ya no quieres mi cuerpo, ¿no?

—Jajaja.

De repente, Nathaniel soltó una risotada. Por un instante, Chrissy se sorprendió y abrió los ojos como platos. Pero Nathaniel, ignorando su reacción, la miró con una sonrisa aún en el rostro y respondió.

—Por supuesto que lo quiero. Muchísimo.

«Entonces, ¿por qué hace una petición tan extraña? ¿Estará tramando algo otra vez…?».

Aunque se sintió inquieta internamente, como si Nathaniel pudiera leer sus pensamientos, continuó con un tono suave.

—Pero no te tocaré en contra de tu voluntad. No tienes que preocuparte por eso.

«¿Puedo confiar en él? ¿En este hombre?».

En un rincón de la mente escéptica de Chrissy, surgió una fe infundada. Aunque era una pequeñísima parte, era suficiente para sacudir su desconfianza.

—Que me quede en tu casa.

Chrissy repitió lentamente su petición. Luego, mirándolo con ojos entrecerrados como si lo escudriñara, preguntó de nuevo.

—¿Es una orden?

«Para este hombre, esa palabra le encaja mejor que ninguna otra». Mientras pensaba eso y lo miraba, Nathaniel abrió la boca.

—No. Es una petición.

Ante la respuesta inesperada, Chrissy se quedó aturdido, como si le hubieran golpeado la cabeza otra vez. 

«¿Qué está diciendo este hombre ahora? ¿Una petición? ¿Nathaniel Miller a mí?». 

La pequeña confianza que había asomado desapareció repentinamente como polvo.

—…¿Por qué?

Esta vez, hizo una pausa antes de preguntar. Chrissy frunció el rostro y miró con desconfianza.

—¿Por qué me haces esa “petición”?

Al enfatizar deliberadamente la palabra, Nathaniel la miró con un tenue rastro de sonrisa y respondió.

—Porque no tengo ningún deseo de vivir en tu minúsculo estudio.

—¿Qué?

Chrissy tardó un instante en entender lo que decía.

—¿Me estás diciendo ahora que “me quede contigo”?

—Sí.

La respuesta fue inmediata. Luego, Nathaniel añadió con naturalidad.

—Si no te gusta esta casa, podemos mudarnos a otro lugar. Pero debe ser un lugar que yo elija.

La razón era obvia. Porque no quería quedarse en el minúsculo estudio de Chrissy. Pero Chrissy quería saber otra razón.

—¿Por qué?

Chrissy preguntó sin bajar la guardia.

—¿Por qué tengo que quedarme contigo? ¿Acaso… ha pasado algo?

Inmediatamente, los eventos previos a perder el conocimiento acudieron a su mente. Mientras sus ojos titubeaban por la inquietud interna, Nathaniel declaró:

—Si te quedas aquí, también averiguaré sobre ese detective que estás buscando.

Ante esas palabras, Chrissy esta vez se quedó completamente paralizado, sin poder siquiera preguntar.



TRADUCCION: ROBIN
CORRECCIÓN: ROBIN
RAWS: KLYNN TU PATRONA


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