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Capítulo 46

Ese día, después de que Elliot bajara las escaleras torpemente como un cachorro recién nacido, Argen miró a Genowyn con ojos feroces.

—¿Qué estás haciendo?

—¿A qué se refiere?

Genowyn preguntó con naturalidad. Sonrió con una expresión descarada y se pasó la mano derecha por el pelo. Objetivamente, se veía atractivo y maduro, pero eso lo hacía parecer aún más frívolo y lamentable. Argen chasqueó la lengua brevemente.

—Eso que haces para molestarme frente a Elliot Brown. Sería mejor que lo dejaras.

Argen aconsejó generosamente. Sin embargo, Genowyn soltó una risita divertida mientras miraba hacia las escaleras por donde había desaparecido Elliot.

—¿No le parece divertido el escritor? Cuando lo veo, me dan ganas de molestarlo.

Argen sentía lo mismo. La sonrisa dibujada que Elliot hacía cuando estaba sorprendido o nervioso, sus pupilas que temblaban ligeramente, y su manera de hablar algo torpe y graciosa pero de alguna manera estereotipada, hacían que uno quisiera desmoronarlo aún más, aunque él mismo no parecía darse cuenta.

Sin embargo, por alguna razón, le resultaba sumamente desagradable que Genowyn sintiera exactamente lo mismo que él.

—No molestes a Elliot Brown.

Quería que molestar a Elliot fuera algo que solo él pudiera hacer. Pero ese pensamiento le pareció un poco infantil, así que Argen se tragó el resto de sus palabras.

Y bajó las escaleras sin esperar la respuesta de Genowyn. Pensó en ir a ver la habitación de Elliot, que había bajado corriendo repentinamente. Parecía que le dolían las piernas antes, así que pensó que sería bueno enseñarle métodos efectivos para hacer circular la sangre por el cuerpo.

Así que llamó a la puerta de la habitación de Elliot. Sin embargo, pasó mucho tiempo y Elliot no salió.

«¿Habrá ido a otro lugar?»

Mientras Argen se daba la vuelta con ese pensamiento, captó un sonido extraño. Era el maullido de un gato que parecía estar sufriendo.

«¿A dónde habrá ido Elliot Brown sin cuidar de su gato?» El maullido sonaba tan desesperado que Argen sintió que no podría vivir con la culpa si no entraba ahora mismo a cuidar de ese gato.

Abrió la puerta y entró lentamente en la habitación. Si el gato no se calmaba, siempre podía usar un poco de su aura para intimidarlo.

Pero tan pronto como abrió la puerta, vio manchas de sangre en la alfombra. También le llegó el olor a sangre que no había notado antes de abrir la puerta. En el momento en que lo percibió, sintió como si alguien hubiera atado un enorme ancla a su corazón. Era una sensación muy familiar.

Miedo.

¿Esa sangre era de Elliot Brown? ¿A dónde había ido Elliot Brown? ¿Acaso…?

—¡Elliot Brown! —Argen gritó desesperadamente hacia el interior de la habitación. Sin embargo, nadie respondió excepto un gato negro que corrió hacia él con tristeza.

La mirada de Argen se volvió severa. Se arrodilló sobre una rodilla y tocó con la punta de los dedos las manchas de sangre en la alfombra. La sangre todavía estaba húmeda y caliente. También quedaba un rastro muy tenue de energía mágica en el lugar de las manchas de sangre. Era evidente que el culpable había usado un pergamino de teletransportación.

La expresión de Argen se endureció.

—Cómo se atreven…

Salió de la habitación de Elliot con pasos inusualmente agitados. Un gato negro salió disparado por la rendija de la puerta, pero Argen no tenía tiempo para prestarle atención.

—Lure. Llama a un mago. Necesitamos usar magia de rastreo.

Pasaría bastante tiempo hasta que pudieran encontrar y traer a un mago, preparar el hechizo de rastreo y activarlo. Argen rezaba para que Elliot Brown estuviera a salvo hasta entonces. Sin darse cuenta, apretó el puño. En la palma de su mano quedaron marcas de uñas que no desaparecerían por un tiempo.

* * *

Al final del hechizo de rastreo estaba el bosque Salters. Argen usó un pergamino de teletransportación para ir al bosque Salters antes de que Lure o el mago pudieran detenerlo.

El bosque estaba compuesto por árboles enormes y frondosos, y emitía un olor muy intenso a naturaleza. Y en un rincón de ese bosque, en un claro creado talando torpemente algunos árboles, había un cobertizo. Era un pequeño cobertizo medio podrido.

La puerta del cobertizo estaba medio abierta, y dentro se podían ver muy tenuemente las sombras de personas moviéndose. Los árboles altos eran tan densos que ni siquiera entraba la luz de la luna, y ni siquiera con la vista de Argen era posible distinguir sus rostros.

Pero, ¿realmente necesitaba confirmarlo? Argen corrió hacia el cobertizo a una velocidad comparable a la teletransportación. Desde el interior de la puerta se filtraba una voz familiar.

—Ja, ja, qué lindo. Ahora entiendo por qué Su Excelencia el Gran Duque te protege tanto.

Era la voz de ese bastardo del vizconde Tullion. Y esas palabras eran tonterías dirigidas atrevidamente a Elliot Brown.

Argen respiró hondo una vez para no destrozar el cobertizo y arrancarle la cabeza al vizconde en ese mismo instante. Y dio un paso adelante.

—¿Ah sí? ¿Lo entiendes?

—¿Su… Excelencia el Gran Duque?

Thesius Tullion miró a Argen sorprendido. Dentro del cobertizo apestaba a sangre. Argen sonrió al ver la cabeza de un hombre enmascarado tirada en el suelo.

—Al menos se ha reducido en una las cabezas que tengo que cortar.

Mientras decía esto, Argen desenvainó su espada.

—Es un malentendido. Estaba castigando a mis subordinados por haber secuestrado por error a este sirviente.

Thesius habló con suavidad. Parecía tan relajado como si realmente no hubiera cometido ningún crimen.

Por otro lado, Elliot, que estaba arrodillado en el suelo… tenía miedo de ese Thesius que parecía tan tranquilo. También tenía miedo del cadáver en el suelo con la cabeza separada del cuerpo, y de Argen que había desenvainado su espada al igual que Thesius. Todo le daba un miedo terrible.

«¿Por qué la gente de este mundo mata a otros tan fácilmente? Los nobles pueden matar, inculpar y tratar mal a los plebeyos y esclavos como les plazca. Siendo todos humanos. Teniendo la misma carne, sangre y huesos, cómo pueden…»

Por primera vez desde que se había encarnado en este mundo, Elliot deseó fervientemente volver al mundo del que venía. Volver al lugar donde estaba originalmente…

Volver… Pero, ¿qué diferencia habría entre ese mundo y este?

El rostro de Elliot palideció. Sentía que no podía respirar. Un pitido resonó en sus oídos. De repente, las puntas de sus manos y pies y sus labios empezaron a temblar. Su visión se volvió borrosa.

En ese momento, como una lluvia torrencial en el desierto, una voz rescató a Elliot.

—¡Elliot Brown!

—G-Gran, agh, Gran Duque…

Argen cubrió la nariz y la boca de Elliot con una mano, dejando solo un pequeño espacio.

—Respira lentamente. Inhala corto y exhala largo.

—Huff… hagh…

—Mírame a los ojos.

Elliot hizo lo que le decían y miró a los ojos de Argen. Unos ojos gris claro con un toque azulado lo miraban con una comprensión profunda, muy profunda, en la oscuridad.

—Respira lentamente dentro de mi mano. Está bien.

Era extraño. Aunque tenía la nariz y la boca cubiertas por la mano y el espacio que se le daba a Elliot era muy, muy pequeño, dentro de esa palma Elliot podía respirar más cómodamente que nunca. Las inhalaciones cortas y las exhalaciones largas se fueron equilibrando y estabilizando con el tiempo.

Sin embargo, el temblor del cuerpo de Elliot persistía. Aunque su respiración había vuelto a la normalidad, pronto se desmayó.

Argen miró por un momento a Elliot, que yacía flácido, y luego, abrazándolo, dijo: —Sería mejor que bajaras la espada, vizconde Tullion.

Argen había dejado caer su espada al suelo en su prisa por llegar a Elliot. Y Thesius, detrás de Argen, no había dejado pasar ese momento. Thesius había recogido sigilosamente la espada y se estaba acercando silenciosamente a la espalda de Argen.

—Vaya, vaya, realmente los maestros de la espada no son humanos. Parece que tiene ojos hasta en la nuca. Qué injusto.

—Esa no es la manera correcta de usar la palabra ‘injusto’.

Argen se levantó cargando a Elliot. Miró a Thesius con ojos vacíos de toda emoción.

—No me importa si eres Vizconde o Conde, puedo matarte si quiero. Matarte y deshacerme de ti sería fácil para mí.

—Lo sé, Su Excelencia el Gran Duque.

—Pero no quiero que Elliot Brown vea más sangre, así que por hoy me retiraré.

Ante las palabras de Argen, Thesius inclinó la cabeza y saludó teatralmente.

—Le agradezco su gracia, tan vasta como el océano.

—No agradezcas tan pronto. Solo me retiro por hoy. No te he perdonado. Pronto estarás rogando que te mate.

Argen amenazó sin pestañear. Pero Thesius tampoco se quedaba atrás. Sonrió mientras inhalaba el olor a sangre.

—Solo devuélvame a mi hermano menor. Entonces aceptaré cualquier castigo de buen grado.

En sus ojos bullía el deseo. Al darse cuenta de esto, Argen se burló. Qué tipo tan repugnante.

—Al oír eso, me dan ganas de acoger a Genowyn Tullion.

—Su Excelencia el Gran Duque —el rostro de Thesius se agrietó—. Genowyn no sería de su gusto, ¿verdad?

—Es cierto, no lo es. Pero al ver tu rostro sombrío, me pregunto si el gusto importa.

Ahora que lo pensaba, Genowyn Tullion también era un pobre diablo. Tener a alguien así como hermano mayor.

Argen creía entender por qué Elliot Brown trataba bien a Genowyn Tullion. Elliot Brown también lo sabía. Seguramente no entendía exactamente qué pasaba, pero por alguna razón sentía simpatía y compasión por el segundo hijo de la familia Tullion, y por eso…

Por eso lo trataba amablemente, al igual que había hecho con Argen.

Al llegar a ese pensamiento, Argen volvió a sentirse molesto. En cualquier caso, ahora no era momento para esos celos, no, para esos pensamientos. Rompió otro pergamino de teletransportación y desapareció al instante.



RAW HUNTER: ACOSB
TRADUCCIÓN: RIVER 
CORRECCIÓN: ROBIN


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