Extra 19
Primero, Argen calentó el cuerpo de Elliott con agua tibia. Movía la ducha con la misma meticulosidad y cuidado con que un artista ilumina su obra maestra. Elliott, incapaz de soportar la idea de estar completamente expuesto ante los ojos de Argen, bajó la cabeza y encogió ligeramente los hombros. Estaba tan tenso que, de haberlo visto un desconocido, habría pensado que tenía espinas clavadas en las plantas de los pies.
Cuando el agua había calentado lo suficiente el cuerpo de Elliott, Argen cerró la ducha y tomó el jabón. Sus manos resbalaron suavemente sobre la piel mojada, cubriéndola de espuma. No había rastro de malicia en los movimientos de Argen mientras limpiaba el torso. Simplemente se aseguraba de que la espuma llegara a cada rincón: hombros, brazos, e incluso entre los dedos.
Pero cuando el jabón rozó su pecho aunque Argen no tuviera intenciones ocultas Elliott no pudo evitar estremecerse. La sensación fría y resbaladiza del jabón al pasar por sus pezones erectos lo hizo temblar.
―¡Hmm…!
Elliott cerró ligeramente las piernas y se encogió. Argen, como si no hubiera oído el gemido, continuó enjabonando su abdomen. Elliott apretó el estómago, resistiendo la mezcla de cosquilleo y excitación. Sentía con claridad cada movimiento: el jabón recorriendo su ombligo, bajando por la cintura y subiendo por su espalda. Cada vez, se le erizaba la piel cerca de las pantorrillas.
Cuando el jabón descendió aún más, Elliott estuvo a punto de gritar. Agarró el brazo de Argen, pero este no se detuvo y continuó limpiando su entrepierna con la espuma.
―Hff…
Elliott enterró la cara en el hombro de Argen. Le daba vergüenza estar haciendo esos sonidos obscenos antes de siquiera comenzar el juego. Además, su miembro ya estaba medio erecto, presionando contra el muslo de Argen. Aunque este último aún llevaba la bata puesta, era obvio que no estaba en el mismo estado.
―No es justo… Tú también deberías desvestirte.
Elliott murmuró hacia el suelo, evitando su mirada.
―Tienes razón. Al final, me mojaré igual.
Argen dejó el jabón a un lado y se quitó la bata. En ese instante, Elliott dudó de lo que veía. Algo enorme y grueso sobresalía entre las piernas de Argen.
―¿Eh? ¿Q-qué es… eso?
―¿Hmm? ¿Qué pasa?
―N-nada, es solo que… ¿eso es… humano?
«¿Es un pene humano o de caballo?».
Elliott abrió la boca, mirando fijamente aquel miembro que parecía listo para la acción. No entendía cómo podía estar tan erecto solo por ver su cuerpo enclenque. ¿En serio eso lo había excitado tanto?
Alzó la vista para mirar el rostro de Argen, pero este no mostraba ni vergüenza ni excitación. Simplemente recogió el jabón con expresión impasible.
―Sigamos.
Su tono era tan natural que Elliott, sin darse cuenta, volvió a entregarse a sus manos. Argen terminó de enjabonar sus muslos, piernas y pies, y luego cubrió sus propias manos con espuma. Comenzó a deslizarlas por el cuerpo de Elliott como si lo estuviera masajeando.
Sorprendentemente, las palmas de Argen estaban cubiertas de callosidades, y cada roce contra la piel suave de Elliott despertaba oleadas de placer. Pero cuando esas manos se cerraron alrededor de sus nalgas, ya no pudo quedarse quieto. Elliott saltó y se aferró a los hombros de Argen.
―¡A-Argen!
Sin detenerse, Argen respondió:
―¿Qué pasa, Elliott Brown?
―E-espera… Necesito prepararme… ¡Ah!
Los dedos de Argen, cubiertos de espuma, comenzaron a circular alrededor de su entrada. La sensación era tan extraña que Elliott se puso de puntillas y apretó los glúteos. Argen soltó una risita burlona, apartó las manos y tomó la ducha.
―Voy a meter agua. Si sigues apretando así, se derramará.
―¿Q-qué?
Antes de que pudiera reaccionar, Argen abrió el grifo. El sonido del agua corriendo llenó el baño, y antes de que Elliott pudiera protestar, Argen separó su entrada con los dedos y acercó el chorro.
―¡Ah! ¡A-Argen! ¡El agua está entrando! ¡Espera!
Gritó Elliott, desesperado, pero Argen solo sonrió con una expresión maliciosa, disfrutando de su pánico.
―No dejes que se derrame ni una sola gota.
Parecía estar divirtiéndose con su tormento. Apartó la ducha y le dio una palmada en las nalgas. Elliott se estremeció y lo miró con reproche, pero en ese momento, el miembro de Argen se movió, como si estuviera ansioso por entrar en él.
Sin embargo, Elliott no tenía energía para pensar en eso. Aferrándose a los brazos de Argen como si fueran un salvavidas, jadeó:
―¿Hasta cuándo… tengo que aguantar esto?
―¿Te cuesta?
La voz relajada y burlona de Argen lo irritó. Estuvo a punto de clavarle las uñas en el brazo, pero entonces Argen le dio otra palmada.
―¡Ah!
El golpe lo tomó por sorpresa, y sin querer, relajó su cuerpo. Sintió el agua escapándose entre sus piernas.
«No puedo mirar… esto es demasiado humillante».
Su rostro se enrojeció al instante, pero Argen, indiferente a su vergüenza, cerró la ducha, limpió rápidamente la bañera y volvió a dirigir el chorro hacia su interior.
―¡Hff…!
Elliott, tratando de soportar la presión, tropezó y apoyó la cabeza en el pecho de Argen. Este, como si fuera parte del plan, lo abrazó y continuó. Después de varias repeticiones, una mano acarició su cabello, ya exhausto.
―Terminamos.
―¿Entonces ya…? ¡Ah!
―…Ahora toca inspeccionar si quedó bien limpio.
«¡Este tipo da miedo!».
La sensación de un dedo introduciéndose donde no debía hizo que Elliott tensara todo el cuerpo. Era mucho más intenso que cuando entraba el agua.
―Hff… ¡Ah!
El dedo grueso que entraba y salía se sentía casi como un pene.
«Si así se siente un dedo, ¿qué tan grande será el real?». Elliott mordió su labio, al borde de las lágrimas.
―Elliott Brown, ¿de verdad nunca has usado este agujero? Está increíblemente flexible. Parece hecho para recibir hombres.
―¿Q-qué? ¿F-flexible?
Argen se rio ante su tartamudeo.
―Ni siquiera puedes seguir una conversación obscena.
A pesar de sus palabras, parecía estar disfrutando mucho. Justo cuando Elliott iba a replicar, los dedos de Argen presionaron un punto específico, y una explosión de placer lo recorrió.
―¡Ahhh!
Sus muslos temblaron violentamente. Todo su cuerpo se relajó y luego se tensó como si le hubieran aplicado una descarga eléctrica.
―Aquí estaba.
Argen murmuró, concentrándose en ese punto. Cada vez que lo presionaba, Elliott gemía y se aferraba a él. Argen sonreía, satisfecho. Después de diez días sin dormir, ahora parecía lleno de energía.
El miembro de Elliott, que antes estaba semi-erecto, ahora apuntaba hacia el techo. Argen lo tomó junto al suyo y comenzó a frotarlos. La estimulación era abrumadora, y Elliott sintió que se desmayaría.
―Ah… Hff… ¡A-Argen!
Argen no respondió. En lugar de eso, movió sus manos con más fuerza. La espuma del jabón hacía que todo fuera más suave, intensificando el placer. Elliott gimió y se retorció, pero no podía escapar. Cada movimiento suyo solo excitaba más a Argen.
El sonido de sus pieles chocando llenaba el baño, avergonzando a Elliott.
―Hff… C-creo que voy a… ¡Argen!
Susurró, como si hablar más fuerte lo delatara. Argen, en respuesta, mordió su oreja suavemente, como diciendo: “Si vas a venirte, hazlo”. Elliott se estremeció, concentrándose en la sensación que lo inundaba. Cuando finalmente llegó al clímax, su mente estalló en mil pedazos.
Argen miró el semen salpicado en ambos cuerpos y chasqueó la lengua.
―Vaya, tendremos que lavarnos de nuevo.
Elliott no supo si sentir esperanza o terror ante esas palabras.

RAW HUNTER: ACOSB
TRADUCCIÓN: ROBIN
CORRECCIÓN: ROBIN