Capítulo 9
Disfrutaba de la calma de una taza de café después de la comida, cuando escuchó un bullicio. Parecía que los empleados que habían salido a almorzar estaban regresando. Y, efectivamente, caras conocidas entraron en la oficina. Al ver al jefe de equipo Choi sacudiendo la cabeza como un perro, Lee Chayeong le preguntó: —Parece que está lloviendo afuera.
—Ni me lo digas. De repente empezó a llover a cántaros y tuve que correr como loco para no empaparme.
—¿No será que Lee Chayeong no salió porque sabía que iba a llover? —intervino Park Hongjun, buscando pelea con una de sus típicas provocaciones infantiles.
Aunque no valía la pena responder, Lee Chayeong contestó con una sonrisa en su rostro atractivo.
—¿Cómo se te ocurre? ¿Te presto un pañuelo?
—No, gracias —Park Hongjun, visiblemente molesto, agarró su cajetilla de cigarrillos y salió.
Después de encestar su taza vacía en el basurero, Lee Chayeong también se levantó. Tomó su cepillo de dientes y su teléfono móvil, pero justo cuando iba a salir, el jefe de equipo Choi lo llamó.
—Lee Chayeong, ven aquí un momento.
Él obedeció sin problemas, y Choi giró su silla para mirarlo a los ojos. Observó la oficina, que aún estaba tranquila, y luego habló en voz baja, casi como si susurrara.
—¿Te gusta La Flat?
—La Flat… ¿se refiere a la banda que está haciendo promoción?
—Exacto. Me han dado entradas, pero a mí no me interesa nada de eso. Si te gusta, llévatelas. Eres el principal responsable de que el plan saliera adelante.
—Déselas a su hija. He oído que ahora es difícil conseguirlas.
—Ya le pregunté ayer y solo se rió, diciendo que qué tontería. En fin, si las necesitas, son tuyas.
El jefe de equipo Choi era un poco quisquilloso y susceptible. Aunque dijera “si las necesitas, llévatelas”, si realmente las rechazaba, seguramente estaría molesto durante mucho tiempo. Y quien acabaría sufriendo las consecuencias sería Lee Chayeong.
—Muchas gracias —Lee Chayeong sonrió y aceptó las entradas. Cuando Choi le urgió a guardarlas rápidamente fuera de vista, las metió en el bolsillo trasero de su pantalón y salió de la oficina.
Cuando regresó después de cepillarse los dientes, la oficina ya estaba bastante llena. Miró el reloj y vio que aún le quedaban unos quince minutos. Normalmente, habría empezado a trabajar de inmediato, pero acababa de enviar un nuevo plan por correo, algo en lo que había estado trabajando durante casi un mes.
Sentado en su silla, extendió la mano hacia su teléfono. Aunque rara vez encontraba información útil, pensó en matar el tiempo revisando las noticias económicas, algo que hacía tiempo que no hacía.
El empleado a su lado estaba absorto en una llamada. Alcanzó a escuchar algo sobre un plan para el fin de semana, lo que le hizo darse cuenta de que hoy era viernes. Cerró la aplicación de noticias y abrió su bandeja de mensajes.
[¿Qué haces?]
Esperó un momento, pero no recibió respuesta. Seo Gyuha no era del tipo que solía retrasarse en contestar los mensajes. Al contrario, solía ser impulsivo y de carácter bastante impaciente. Entonces…
«Debe estar durmiendo.» pensó.
Le vino a la mente lo que Seo Changshik había dicho, preocupado porque Seo Gyuha aún no se reponía del todo. Lee Chayeong se rió entre dientes y pulsó el botón de llamada. Después de varios tonos, una voz ligeramente somnolienta respondió.
[—¿Qué?]
Incluso con una sola palabra, se podía notar la irritación en su tono. Pero la sonrisa de Lee Chayeong se hizo más grande. Tal y como había supuesto, Seo Gyuha había estado durmiendo cuando recibió la llamada.
—¿Dónde nos vemos hoy?
[—…¿De qué estás hablando de repente?]
—Hoy es viernes. ¿Quieres venir a mi casa?
En lugar de una respuesta directa, escuchó un murmullo. Aún no del todo despierto, Seo Gyuha dijo algo con una pronunciación confusa, pero Lee Chayeong supuso que lo había llamado “perro en celo”.
“Perro en celo”. Qué comparación tan adecuada. Solo pensar en el apretado agujero que se tensaba a su alrededor hizo que la parte baja de su cuerpo comenzará a doler.
—Entonces, ¿no nos vamos a ver hoy?
[—¿Quién dijo que no? … Espera. Déjame despejarme y te llamo de nuevo.]
—De acuerdo. No te olvides de comer algo.
Después de colgar, Lee Chayeong estaba a punto de volver a abrir la aplicación de noticias cuando sintió una mirada fija en él. Levantó la cabeza y vio a varios empleados charlando cerca, mirándolo. Entre ellos, la sub líder de equipo, Imihee, que lo miraba con curiosidad mientras preguntaba:
—Lee Chayeong, ¿acaso tienes novia?
La pregunta inesperada hizo que Lee Chayeong sonriera y respondiera —¿Por qué lo dice de repente?
—Es que parecías muy contento cuando hablabas por teléfono. ¿De verdad tienes novia?
—No, estaba hablando con un amigo.
Imihee continuó con una expresión traviesa, como si quisiera ponerlo a prueba.
—¿Seguro que es solo un amigo? Tu voz sonaba tan dulce que cualquiera pensaría otra cosa.
—Es realmente solo un amigo.
Cuando agregó que era un hombre, Imihee finalmente desvió la mirada y continuó charlando con los demás. La expresión de Lee Chayeong mostró un leve cansancio. Era cierto que Imihee era una superior competente y eficaz, pero aún no se acostumbraba a su interés en la vida privada de sus empleados.
Poco después, Lee Chayeong comenzó su trabajo de la tarde. Dos horas más tarde, un breve zumbido le indicó la llegada de un mensaje.
[Voy a llegar antes de las 8]
Era Seo Gyuha. Lee Chayeong comprobó la hora y volvió a teclear rápidamente en su computadora, concentrado. Por primera vez en mucho tiempo, esperaba con ansias la hora de salir del trabajo.
—Sí… Ah… Aaah…
Los sonidos de piel contra piel resonaban incesantemente desde abajo. El cuerpo de Seo Gyuha se sacudía sin poder evitarlo. Cada vez que la dura columna se hundía en él, era como si una luz estallara frente a sus ojos. En el momento en que fue penetrado tan profundamente que se escuchó un golpe sordo, el dilatador uretral se expandió, y el semen salió disparado.
Aunque sabía que estaba a punto de correrse, Lee Chayeong no dejó de moverse. Apretó la base de su miembro y siguió con el frenético vaivén de sus caderas, para luego embestir con fuerza una última vez y descargar su semen.
—Haa… haa… —jadeaba, mientras Seo Gyuha, sintiendo cómo algo que lo llenaba se retiraba de golpe, se dejó caer sobre la cama, agotado. Su abdomen bien definido subía y bajaba rápidamente con cada respiración. Se quedó tirado ahí, intentando recuperar el aliento, cuando Chayeong, ahora con una bata puesta, se le acercó y le tendió una botella de agua.
—¿Quieres beber?
Gyuha, apenas incorporándose, tomó la botella y bebió grandes sorbos. El agua fría descendió por su garganta, dándole una sensación de alivio inmediato. Volvió a tumbarse, esta vez mirando a Chayeong sin mover más que los ojos.
—¿Qué hora es?
Su voz salió ronca y entrecortada, con una ligera punzada en la garganta. A pesar de que detestaba hacer ruido durante el sexo, una vez que comenzaba, se le hacía imposible contener los gemidos. Lo había intentado las primeras veces, pero acabó rindiéndose, aceptando que al menos su mente estaría más tranquila. Sin embargo, esa molestia en la garganta siempre se quedaba como un recordatorio.
—Son las once pasadas.
Habían llegado a las ocho, lo que significaba que llevaban más de tres horas rodando por la cama. Gyuha estiró los hombros adoloridos antes de levantarse finalmente de la cama.
—Voy a ducharme.
—¿Quieres que me una? —le dijo Chayeong con una sonrisa insinuante.
—Vete a la mierda.
Completamente desnudo, Gyuha se dirigió al baño sin inmutarse. Se plantó bajo la ducha y abrió el agua fría. Quizás era por cómo había sido embestido tan fuerte que incluso su estómago se sentía algo revuelto. Se quedó un rato bajo el chorro, dejando que el agua lo calmara. Cuando finalmente llevó la mano a su entrepierna, se dio cuenta de que la piel estaba hinchada y le dolía ligeramente.
Desde que Chayeong le propuso que fueran “sex friends”, Gyuha había estado pasando casi todos los fines de semana enredado con él. Todo lo que el otro había dicho era cierto: en la cama, Chayeong era como un semental. Decía todo tipo de vulgaridades mientras embestía como un animal en celo, pero, curiosamente, nunca descuidaba el placer de su compañero. Al terminar, Gyuha siempre sentía que sus testículos estaban vacíos, completamente drenados. No había estado con otros hombres y no tenía intención de hacerlo, pero encontrar a otro “top” como ese no parecía algo fácil.
Sin embargo, había otra razón por la que disfrutaba tanto de tener sexo con Chayeong. Cada vez que sus cuerpos se unían, sentía como una corriente que recorría su piel. Estaba seguro de que el otro estaba liberando feromonas, lo cual era extraño. En una ocasión, Chayeong había mencionado que prefería a los Betas como pareja sexual porque encontraba aburrido dominar con feromonas. Aunque por razones distintas, Gyuha también había preferido siempre a hombres Beta. Estar con otros omegas le resultaba incómodo, y ningún Alfa en su sano juicio querría someterse a él.
Era extraño que Chayeong liberara feromonas cuando estaban juntos, pero no podía preguntar por qué. Chayeong seguía creyendo que él era un Beta, y si le hacía alguna pregunta al respecto, eso levantaría sospechas inmediatamente. Después de todo, se suponía que los Betas no podían percibir las feromonas de los alfas ni los Omegas.
Al volver del baño, se encontró con Chayeong cómodamente apoyado en el cabecero de la cama. Sin querer, sus ojos se detuvieron en él por un momento: el cabello caía de manera natural, su nariz alta y recta, y las largas piernas que sobresalían de la bata. A decir verdad, su apariencia era exactamente su tipo. Gyuha reanudó el paso, pero ya Chayeong había notado su presencia y lo miraba fijamente.
Sin cruzar miradas, Gyuha recogió la ropa esparcida por el suelo. Al agacharse para tomar su ropa interior, dejó escapar un leve quejido. Justo cuando estaba poniéndose los calzoncillos, escuchó la voz de Chayeong.
—Quédate a dormir. Ya es tarde.
Gyuha ni siquiera lo miró mientras respondía —¿Estás loco? No voy a dormir contigo.
—¿Quién dijo que íbamos a dormir juntos?
Gyuha levantó la cabeza para ver cómo Chayeong sonreía con sorna.
—Tengo una habitación de invitados, puedes quedarte ahí. Pero ya te estabas adelantando a los hechos.
—Maldita sea, haberlo dicho antes.
—Aunque, si quieres, también podemos dormir juntos.
Ni siquiera valía la pena responder a eso, así que Gyuha se limitó a seguir vistiéndose en silencio. En el fondo, estaba un poco tentado. Después de cómo había sido embestido esa noche, todavía sentía un hormigueo en la parte baja de su cuerpo, y conducir se le antojaba una molestia.
—Por cierto, ¿todavía te gusta La Flat? —preguntó Chayeong de repente.
El nombre familiar hizo que Gyuha girara la cabeza.
—¿Te refieres a la banda británica?
—Sí, esos mismos.
—Claro que me gustan.
Recordó cómo, siendo adolescente, su amigo Park Chan-woong lo había arrastrado a ver un video del concierto de la banda. Aunque al principio había sido a regañadientes, al final del video de apenas cinco minutos, Gyuha también se había vuelto fan. Ver a los miles de fans en el público y la manera en que la banda dominaba el escenario con una presencia imponente lo había fascinado.
—Qué suerte. Tengo unas entradas para su concierto. Si te interesa, te las doy.
—¿En serio?
Por primera vez en toda la noche, el rostro de Gyuha mostró una sonrisa. No era para menos, ya que había intentado conseguir entradas sin éxito. Se había pasado horas tratando de comprarlas en línea, pero se agotaron en segundos. Incluso Park Chan-woong, quien se jactaba de ser un maestro en esas cosas, había fracasado. Gyuha ya estaba considerando la idea de comprar entradas de reventa, pero si Chayeong las tenía, no podía estar más contento.
—¿Cuántas tienes?
Pensó que dos serían perfectas para invitar a Park Chan-woong y hacer que le pagara una buena comida a cambio. Ya se imaginaba cómo se pasearía con aires de grandeza delante de su amigo. Pero, como siempre, la vida tenía otros planes.
—Solo tengo una.
—…¿En serio?
Era decepcionante, pero no había otra opción. Tendría que ir solo y luego frotárselo en la cara a Park.
—Está bien, dámela entonces.
—Espera un momento.
Chayeong se levantó y salió hacia la sala. Cuando regresó, llevaba en la mano la ansiada entrada. La mano de Gyuha se movió por instinto para alcanzarla, pero justo antes de agarrarla, Chayeong la levantó fuera de su alcance.
—¿Qué pasa? —preguntó Gyuha, frunciendo el ceño.
—No voy a dártela gratis. Dicen que las revenden por más de un millón de won.
—Claro, sabía que no me iba a salir gratis. ¿Y yo que pensaba que por una vez me estabas haciendo un favor? —dijo Seo Gyuha, frunciendo el ceño. Por un momento olvidó que hacía apenas unos segundos había estado a punto de aprovecharse de Park Chan-woong de la misma manera.
—¿Por qué te pones así de tacaño entre nosotros? —añadió con una mueca de descontento.
—¿Nosotros? ¿Qué somos, exactamente? —Chayeong esbozó una sonrisa ladina, y en ese instante Gyuha se arrepintió de haber mostrado tanto interés por el maldito ticket. No debió dejar ver que le importaba tanto.
—Somos dos personas que se acuestan juntas cada semana. ¿Ni así puedes dármelo? —intentó presionar Gyuha, medio en serio, medio en broma.
—Eso no tiene nada que ver con esto. —Chayeong parecía decidido a no ceder tan fácilmente.
Con una gran exhalación teatral, Gyuha lo miró con una expresión desafiante.
—¿Qué quieres, entonces? ¿Que te lo haga con la boca? —preguntó, medio frustrado.
—Eso ya lo haces de vez en cuando, ¿no? —Chayeong respondió con una risa ligera.
Tenía razón, después de todo. Gyuha, con toda la naturalidad del mundo, disfrutaba del contacto físico, de tocar y de hacer cosas con la boca. Casi parecía que ser gay corría por su sangre. Mientras sus ojos se fijaban en el suelo, pensando qué más podría ofrecer, Chayeong volvió a mirarlo, con una chispa de idea en la mente.
—Aún no se me ocurre nada… ¿puedo decírtelo después? —propuso.
—Como te atrevas a pedirme una tontería… —respondió Gyuha con una advertencia, aunque en el fondo se sentía un poco inquieto.
El deseo de obtener el ticket era más fuerte que sus dudas, así que poco después, lo tenía en sus manos. Al verlo, sus ojos se agrandaron de inmediato. La palabra “VIP” estaba grabada en él, lo que significaba que era casi imposible conseguir una entrada como esa, incluso con dinero.
—Te quedarás a dormir, ¿verdad? —preguntó Chayeong, conociendo la respuesta.
—Sí —respondió Gyuha, sin dudarlo.
—¿Dormimos juntos? —insistió Chayeong, todavía con esa sonrisa juguetona.
—Vete a la mierda —le respondió Gyuha, con su clásica frialdad.
Chayeong soltó una risita y salió del dormitorio, invitándolo a seguirlo. Mientras Gyuha lo hacía, no pudo evitar sentirse increíblemente satisfecho. Esa noche, pensó, tendría sueños muy felices.

RAW HUNTER: ROBIN
TRADUCCIÓN: ROBIN
CORRECCIÓN: ROBIN