Capítulo 8
Joo Han, sorprendido, intentó juntar rápidamente las rodillas, pero la mano grande de Ji-woon se adelantó, impidiéndole el movimiento.
—¿Qué harás si alguien entra?
Los ojos de Ji-woon se dirigieron hacia la cortina que se balanceaba con la brisa del ventilador de techo, como si esperara que en cualquier momento el doctor la corriera y entrara. La tensión en su cuerpo crecía, pero Ji-woon parecía completamente indiferente ante la posibilidad.
—Solo pensarán que soy un buen líder de equipo cuidando a un miembro herido.
—…
¿Cuidando? Eso no parecía exactamente el caso cuando tenía la cara enterrada entre sus piernas.
Cada vez que el aliento de Ji-woon rozaba la piel expuesta de su parte inferior, los músculos de sus muslos se tensaban involuntariamente. Los dedos de los pies, apoyados contra el frío suelo, se curvaban hacia adentro, como si intentaran aferrarse a algo y la ropa del hospital que colgaba a medio quitar alrededor de sus tobillos, se sentía tan pesada como si fueran cadenas a pesar de que solo era tela, dejándolo incapaz de moverse.
—¿Dónde estás mirando?
—Definitivamente, no deberíamos hacer esto antes de una misión. La última vez tampoco pudiste mantenerte enfocado.
Parecía estar observando las marcas que quedaban en la parte interna de los muslos de Joo Han.
—Ah, uh.
Cada vez que Ji-woon presionaba y deslizaba sus dedos firmes sobre su piel, una punzada de dolor sordo emergía, señal de que probablemente le había quedado algún moretón. Sin embargo, más que la preocupación de que alguien los escuchara, lo que realmente le incomodaba era el sentimiento amargo que crecía dentro de él. Era como si esta situación le recordara que, sin el sexo, él no tenía otro propósito para Ji-woon. Joo Han siempre había sido muy consciente de su lugar.
—¿Cuándo no pude mantenerme enfocado?
Aunque recordaba vívidamente haber caminado con dificultad después de la última vez, fingió indiferencia. Su descaro hizo que Ji-woon soltara una risa seca, luego sin previo aviso, le quitó por completo la parte inferior del uniforme del hospital, que aún colgaba de sus tobillos.
—Muévete, puedo vestirme solo.
—Entonces, ¿Por qué no te cambiaste antes? En lugar de armar un escándalo con las tijeras.
—Eso fue porque…
Eso había sido porque la línea entre el sueño y la realidad era demasiado borrosa. Si todo era un sueño, quería despertar y si era la realidad, no había forma más clara de confirmarlo que esa, pero sabía que si decía eso en voz alta, Ji-woon lo miraría como si estuviera loco. Quizás incluso lo acusaría de hacer tonterías después de un mal sueño, así que, en lugar de responder, Joo Han se limitó a morderse el labio.
—Termina de vestirte, no tenemos tiempo.
Ji-woon se incorporó de un salto, arrojó la parte inferior del uniforme a un lado y se sacudió las manos como si ya estuviera listo para irse. Atrapado por sus movimientos rápidos, Joo Han se apuró en ponerse el pantalón del uniforme, mientras subía la cremallera apresuradamente, Ji-woon le extendió su teléfono.
—¿Lo tenías tú?
Había estado tan desorientado al despertar que ni siquiera se dio cuenta de que su teléfono había desaparecido. Mientras terminaba de acomodarse la ropa, Ji-woon corrió la cortina de un tirón. Observando la ancha espalda de Ji-woon alejarse con pasos firmes, Joo Han abrió la boca, como si apenas se diera cuenta de algo.
—Woo Ji-woon.
—¿Qué?
A pesar de que solo había dos años de diferencia entre ellos, Ji-woon nunca le exigía que usara honoríficos ni que lo llamara “jefe de equipo”, a veces le lanzaba alguna queja, diciéndole que al menos debería llamarlo “hyung” o “líder”, pero nunca insistía demasiado en eso.
Tal vez Ji-woon también pensaba que Shim Joo Han había crecido como el único hijo del director de la sucursal, seguramente sin muchas responsabilidades y mejor lo aguantaba.
Él sabía que probablemente los otros agentes también lo soportaban por razones similares, pero por alguna razón, con Ji-woon siempre deseaba algo más.
Cosas como afecto, atención… algo más que el simple silencio que recibía.
—No tengo zapatos.
—…
Ji-woon se detuvo de golpe y lanzó una mirada por encima del hombro. Al ver los pies descalzos de Joo Han, chasqueó la lengua brevemente, mostrando claramente su molestia y fastidio, sin embargo, esa expresión era tan familiar para él que en lugar de incomodarlo, le produjo un leve alivio, quizás esto era una prueba más de que esto es real, pensó mientras soltaba un suspiro silencioso. Su sonrisa, aunque tenue, se asomó en la comisura de sus labios, pero Ji-woon retiró la mirada antes de notarlo.
Había perdido sus zapatos en algún punto mientras lo trasladaban y no logró encontrar ningún par de sandalias en la enfermería que le quedaran bien por lo que sin otra opción, terminó montado en la espalda de Ji-woon hasta llegar al estacionamiento.
Por suerte, la catedral no estaba muy concurrida ya que si alguien hubiera visto a dos hombres de casi 1,90 metros en esa posición, sin duda habrían atraído demasiadas miradas.
Ji-woon lo dejó caer en el asiento del copiloto como si fuera un bulto y se dirigió al maletero, sacó algo y lo arrojó dentro del coche sin miramientos.
—Póntelos aunque no te queden, no pienso cargarte otra vez.
Eran unas zapatillas deportivas, un número más grande que su talla, eran de un azul oscuro que no combinaba para nada con su uniforme, pero seguían siendo mejor que andar descalzo.
—Menos mal traes tú auto, de lo contrario habría tenido que ir descalzo.
—Si hubiera sabido que ibas a armar un escándalo para salir del hospital, no te habría traído.
No fue un escándalo, pensó Joo Han, mientras apretaba la bolsa de analgésicos que le habían dado, pero prefirió tragarse las palabras. Era mejor que pensara que había causado problemas por salir del hospital a que lo acusaran de algo mucho peor, como ser sospechoso del asesinato de Woo Ji-woon.
El coche salió del estacionamiento de la catedral lentamente. Había mucho tráfico porque justo al frente había un hospital grande, lo que dificultaba la incorporación a la carretera.
—¿Vas a Wanchai?
—No, a Repulse Bay.
Sabía que todo había sido una pesadilla, pero aún así necesitaba confirmarlo. Tenía que ver con sus propios ojos que en su apartamento de Repulse Bay no había rastros de una incursión de Abyss, sólo entonces podría estar realmente tranquilo.
Mientras el auto pasaba por las calles congestionadas y se dirigía hacia el túnel de Cross Harbour, Joo Han revisó su teléfono, esperaba que la batería estuviera medio descargada después de estar encendido durante toda la operación, pero estaba completamente cargada.
—…
«¿Ji-woon lo habrá cargado?» Pensó, frunciendo el ceño mientras revisaba los registros recientes, quería ver si había recibido alguna llamada mientras estaba en la clínica.
Pronto apareció un historial de llamadas de un número no guardado. Eran los números cambiantes de su padre, que usaba cada vez que intentaba contactarlo durante las misiones, normalmente mientras estaba en operación llevaba el auricular puesto, pero siempre dejaba el número de su líder de equipo como contacto de emergencia. Esta vez, debería haber aparecido el número del teléfono de trabajo de Ji-woon.
—¿Revisaste tu teléfono?
La pregunta fue casual, sin ninguna intención oculta, Ji-woon tenía la costumbre de saber cada movimiento de sus subordinados y si era necesario, no dudaba en revisar sus teléfonos.
—Nunca se sabe qué podrías estar haciendo a mis espaldas.
Joo Han quiso preguntar si también revisaba los teléfonos de los otros miembros del equipo, pero a veces, la curiosidad era mejor dejarla en eso, simple curiosidad. Especialmente cuando se trataba de Ji-woon.
—Bah, ¿Qué podría estar haciendo? No hay nadie más inocente que yo.
—No existe nadie cien por ciento inocente en este mundo.
—…
«Con lo frío que puede llegar a ser, parece que ni siquiera sangraría si lo pincharan», pensó Joo Han, haciendo una mueca de fastidio, pero Ji-woon no desvió la mirada ni una sola vez del camino.
—¿No dijiste que guardarías los números del equipo? ¿Por qué aún no lo has hecho?
—Ah…
Joo Han alargó la respuesta. Así que por eso estaba revisando su teléfono, no era por sospecha ni por control, después de todo, cualquier expectativa que pudiera haber tenido se desvaneció antes de que el semáforo cambiara a verde.
—Hay registros de llamadas, con eso basta.
—¿Y cómo distingues quién es quién?
—Si hace falta, los guardaré todos.
Mientras arrancaba el coche de nuevo, Ji-woon le lanzó una mirada rápida de reojo, una fría y cortante, como si lo viera como un estorbo. Esa simple mirada lo dejó con un amargo sabor en la boca.
—Está bien, los guardaré. Ya está.
Aunque había dicho que lo haría, una vez más, Joo Han no guardó los números de los demás miembros del equipo.
No había razón para contactarlos fuera del trabajo, así que lo consideraba un paso innecesario. Además, no le interesaba guardar nombres en su teléfono a menos que fuera el de Ji-woon.
Fingió estar distraído revisando el dispositivo y después de un momento, habló con cautela.
—Oye, tú… no estarás pensando en sacarme de Abyss ni en algo parecido, ¿verdad?
No había rastro de los mensajes furiosos que le había enviado a Ji-woon por haber solicitado su salida sin permiso, tampoco aparecía el registro de la última llamada perdida que él mismo le había hecho.
Incluso después de haber repasado mil veces su historial de comunicaciones, asegurándose de que todo había sido un sueño, Ji-woon permaneció en completo silencio.
—¿Qué pasa? ¿Lo estabas pensando? ¿Por qué no respondes?
La incertidumbre lo hacía sentir inquieto. Alzó la vista y se encontró con los ojos de Ji-woon, que lo observaban con fijeza.
—Es una estupidez tan grande que no sé ni qué responderte.
El rostro de Ji-woon, ya de por sí serio, adquirió una frialdad aún más cortante. Ese era el Ji-woon que él conocía.
La respuesta corta e impasible que le dió, hizo que Joo Han se sintiera un poco más tranquilo. Sin embargo, no pudo evitar preguntarse por qué el Ji-woon de su sueño lo había expulsado de Abyss con tanta facilidad.
Seguramente era porque todo había sido solo un maldito sueño.
—Es solo que tuve un sueño raro…Por eso te pregunto y además, déjame dejarlo claro: No tengo la menor intención de salir de Abyss.
—¿Qué clase de estupidez hiciste en tu sueño esta vez?
Ji-woon chasqueó la lengua con fastidio, apartando finalmente la mirada de él mientras el coche se deslizaba con suavidad por la carretera. Joo Han exhaló un suspiro de alivio sin que se notara demasiado.
Tal vez, mucho más adelante, en el futuro, podría contarle lo que había soñado.
Podría decirle que había soñado con su muerte y con ser acusado de su asesinato.
Que el sueño había sido tan vívido que le costaba distinguirlo de la realidad.
Aunque, quién sabía si Ji-woon tendría la paciencia para escucharle.
Con esos pensamientos, Joo Han dejó atrás su pesadilla en Mong Kok y se dirigió a Repulse Bay.
***
A pesar de que hacía mucho que no visitaba su apartamento en Repulse Bay, se sintió como si hubiera estado allí ayer.
Ji-woon, a quien Joo Han había asumido que simplemente lo dejaría en la entrada y se marcharía, sorprendentemente lo acompañó hasta la puerta.
Sin embargo, no se hizo ilusiones.
Seguramente lo único que quería era recuperar las zapatillas que le había prestado.
—Espera un momento.
Dejó a Ji-woon ocupándose de revisar si había micrófonos ocultos en el apartamento y se dirigió al almacén cerca de la ventana del salón.
Agarró una bolsa de compras grande y al incorporarse lentamente, su mirada se perdió en el paisaje.
Frente a él, la playa de Repulse Bay se extendía hasta el horizonte.
El sol brillaba con fuerza, haciendo que la superficie del mar destellara como una lámina de cristal pulido.
Incluso bajo ese calor sofocante, Joo Han sintió un escalofrío recorrerle la espalda.
Golpeó suavemente el cristal de la ventana con los nudillos.
Un sonido sordo y firme respondió.
No había grietas, no estaba rota. Todo estaba intacto.
Aún así, su pecho latía con una intensidad abrumadora.
No sabía si era ansiedad o miedo, pero su corazón retumbaba con tal fuerza que podía sentirlo en la garganta.
La humedad de su boca desapareció por completo.
Miró la esquina del sofá.
La misma donde en su sueño, una bala se había incrustado y destrozado el reposabrazos.
No había nada, todo estaba exactamente igual que antes.
Sus labios, ahora secos y agrietados, se tensaron cuando los mordió con fuerza.
Sus dedos se curvaron en un puño, aferrándose a la bolsa con desesperación.
—¿Qué pasa?
La voz de Ji-woon retumbó grave y baja.
Su tono no era de curiosidad, sino de alerta.
Sus ojos recorrieron el apartamento con frialdad, como si estuviera analizando un posible escenario de peligro.

RAW HUNTER: IDGAMEORVEXX
TRADUCCIÓN: IDGAMEORVEXX
CORRECCIÓN: ROBIN