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ACOSB

Capítulo 8: Hasta las profundidades del puro deseo. (+19)

Hades, con la espalda enderezada, se colocó detrás de su culo en pompa. Perséfone notó cómo sus manos separaban sus nalgas. Luego, con sus pulgares abrió completamente la entrada húmeda de su vagina y ella se estremeció sin saber qué hacer. De pronto, algo grueso y caliente ejerció presión contra su sensible interior, frotándose lentamente. Sabía exactamente lo que era. Era su polla dura que, hacía tan solo unos minutos, había estado chupando con la boca hasta el punto en que su lengua podía recordar su forma y tamaño con los ojos cerrados. A medida que la respiración de Hades se hacía cada vez más pesada, ella sentía cómo si fuera a asfixiarse de un momento a otro. Pese al dolor y el sentimiento de ser resquebrajada por dentro, prevaleció la euforia de ser llenada por él.

—Resiste solo un poco más, Kore. Aunque al principio te resulte un poco incómodo…

A diferencia de las amables palabras, una mano bastante áspera jaló de su cabello hacia atrás. El cuerpo de Perséfone, involuntariamente, se arqueó y se levantó siguiendo la dirección del tirón. En el momento en que ella estuvo lo suficientemente cerca de él, su beso llegó como un regalo sobre sus labios forzosamente inclinados hacia arriba. Su lengua entró fácilmente en su boca ligeramente abierta que jadeaba continuamente en busca de oxígeno para respirar. Sus alientos se mezclaron entre gemidos ahogados, sollozos y suspiros. Hades continuó haciéndose dueño de sus labios en un beso absolutamente apasionado y, en un instante, sus caderas empujaron hasta el fondo. La parte inferior de Perséfone se abrió a la fuerza, su pene había penetrado hasta la raíz, y ella se sobresaltó por la enorme presión que nunca antes había sentido. Hades soltó un gruñido por lo bajo con su miembro completamente deslizado entre sus paredes vaginales. 

«Joder… ¡Qué estrecho! No creo que me pueda controlar si me aprietas así, pequeña…»

Pensó él mientras esperaba a que ella se acostumbrara a la sensación de tenerlo dentro. Cuando la joven comenzó a recuperar el aliento, el hombre sacó hasta la mitad de su pene y comenzó a empujar de nuevo su enorme punta hacia dentro. Repetidas veces; pero incluso así, era un espacio excesivamente estrecho para su tamaño.

—¡Ah…! ¡Oh, Dios…! ¡Sí! ¡Ah! ¡Ah, Hades!—gritó Perséfone con la boca abierta mientras a cada empujón de las caderas de Hades su cabeza respondía sacudiéndose frenéticamente. 

Una pureza que nadie había mancillado jamás había sido desgarrada y tomada por la virilidad del Rey del Inframundo. Pero, a pesar de que la doncella había perdido su virginidad, temblando y respirando con dificultad, el hombre no se detuvo, y hundió el glande con violencia, hasta los límites de su angosta cavidad. La chica, cuya vagina se retorcía entre el dolor y la excitación, tenía la mente nublada hasta el punto de no ser consciente de que todo lo que salía de su boca eran gemidos obscenos: 

—Aaah… Aahh… Aaaahh… Aaaahhh

Su mandíbula estaba desencajada y sus sollozos se mezclaron con su pesado aliento, como alguien a las puertas de la muerte. Esa “muerte” que la había penetrado y que ahora era suya, entre dolores que aguantaba con sus jadeos ahogados. Hades, eufórico y siendo presa del placer, sujetó su cuerpo con fuerza inclinándose hasta que su pecho se pegó a la blanca espalda de Perséfone. Después de que la punta gruesa de su pene se hundiera violentamente golpeando varias veces el cérvix de la joven sin piedad, lo que siguió fue una inserción más llevadera donde el miembro se deslizaba fácilmente de dentro hacia afuera. En ese instante, Hades se deleitó en la estimulación y, empujando suavemente sus caderas hasta el fondo, llenó la parte inferior del abdomen de Perséfone. Sin poder evitarlo, un gemido bajo se escapó de sus masculinos labios:

—¡Ugh…! Ahhh… Es más estrecho de lo que pensaba…

Lentamente siguió moviendo su cintura con un rítmico vaivén donde el cariño y el frenesí se mezclaban entre sí. Era sexo puro y duro. Por momentos parecía estar preocupado, por otros intentaba consolarla, pero al final siguió dando rienda suelta a las intensas sacudidas a las que ella se sometía. No hubo misericordia y ni siquiera mostró su voluntad de hacerlo. Perséfone, incluso se vio obligada a abrir más las piernas mientras sentía el grosor de aquella inmensa polla implacable, que entraba y salía de su cuerpo como una ola. Era tan abrumador que incluso el más mínimo movimiento de Hades la dejó sin aliento. Se aferró con todas sus fuerzas al sofá, clavando sus uñas y gritando entre sollozos.

—¡Ah! ¡Ah! Duele, duele…

Hades se lamió los labios secos mientras sus ojos se desviaban brevemente hacia su abertura, verla suplicar era demasiado tentador. Inmediatamente, la agarró por la cintura, puso fuerza en las caderas y empujó sus genitales sin piedad de atrás hacia adelante. Su miembro duro y caliente se estrelló contra la estrecha entrada de la joven, que, incluso estirada hasta el límite, no podía soportar ni la mitad. Hades, pese a ser consciente de sus límites, no le importó en absoluto, o más bien su estimulación era tal que su mente no podía pensar en otra cosa que no fuera penetrarla, metiendo todo su pene hasta su gruesa raíz y golpeando su clítoris con su escroto.

—¡Ahhhh!

El cuerpo de Perséfone se estremeció al sentir el constante empujón de su polla contra su vientre. Con solo tocarlo le dolía toda la parte inferior del abdomen, y sintió ganas de llorar. Pero más allá de eso, de algún modo, comenzó a sentir un placer inexplicable.

—Ha… Hades.

—Está demasiado apretado, Kore. Es un poco incómodo para mí también…

—Hazme más daño… Hmm, por favor. Quiero más, más…—las lágrimas corrían por su rostro y su respiración se hacía cada vez más entrecortada.—. Ugh… oh… duele.

Hades la miró fijamente por un momento, y sonrió después de una larga pausa.

—Dices que te duele mucho, ¿Seguro que quieres que siga?

Como burlándose de ella, él sacó por completo su pene y lo introdujo repentinamente de un fuerte empujón. Perséfone gimió con un intenso grito:

—¡¡Aaaaaahhhhhhhhh!!

—¿Y? ¿Qué dices? ¿Debo tomar eso como un sí? ¿Debo continuar?

—Más, por… Favor… Solo un poco más…

—Buena chica.—susurró con una inmensa sonrisa.

Las embestidas de Hades se volvieron audaces. Su pene entraba y salía de su vagina, penetraba dentro y fuera, el ritmo se aceleró, se metió en lo más profundo, sin piedad, sin misericordia, un momento donde la pasión y la lujuria se desataron convirtiéndose en las dueñas del tiempo.

PLAF, PLAF, PLAF. 

El único sonido de la habitación era de piel contra piel que se golpeaba frenéticamente con cada embestida. Un calor abrasador se elevó desde el lugar donde ambos estaban unidos; ese lugar en el que él clavaba su lanza mientras ella, a su merced, era atravesada. Gemidos, jadeos, gritos y gruñidos, el acto más animal en el que sus instintos se desencadenaron hasta límites insospechados; simple y puro placer carnal.

—¡Argh!

—¡Ugh!

—¡Ah, Hades, duele, ahh, ahh, Hades!

La abertura vaginal, que apenas había podido tragar su enorme polla, estaba siendo arrastrada por un vaivén bestial y, como olas rompiéndose en un acantilado, de su interior comenzó a salir espuma que se derramaba por sus ingles. Fue como si el falo de Hades estuviera jugando con algo desconocido que respondía a su intenso frote. Por ello, a medida que él empujaba más fuerte, el sonido del agua comenzó a pasar de un ligero gorgoteo a un sonido obsceno y descaradamente audible.

—Más, más, más, más… ¡Ahhh!—ella imploró ciega de codicia por aquel nuevo placer que sentía.

—Tsk.—en respuesta, Hades chasqueó la lengua, pero por dentro estaba eufórico y satisfecho de ver como la mujer disfrutaba como nunca de sus embestidas. 

Así que, obediente como un esclavo, levantó aún más la cintura de Perséfone y la penetró vigorosamente. Lo que, en un principio, fue él dominante sobre ella, ahora era un intercambio mutuo donde ella apretaba las paredes de su vagina alrededor de su pene y él, en cambio, la abría con más violencia como burlándose de sus intentos fallidos por retener los movimientos de su miembro.

El interior estrecho y caliente que se cernía sobre su dura polla le resultaba, en cierto modo, desconocido; hasta el punto de sentirse algo incómodo con la opresión. Sin embargo, la mujer que rogaba por más, estaba completamente excitada y derramaba tanta agua que incluso sus muslos estaban empapados de fluido vaginal.

—Uf, ahh, ugh. ¡Dios…! ¡Qué bueno! ¡Por Dios, Hades, sigue!

Hades se sentó a horcajadas sobre su espalda y la abrazó. Empujaba sus caderas cada vez más rápido y fuerte.

—¡Más! ¡No pares! ¡Hazme daño! ¡Destrózame! ¡Por favor, más!

—¡Joder! Me estás volviendo loco en muchos sentidos, tú pequeña diablesa.

—¡¡¡Aaaaaah!!! Mi señor, mi Rey, mi dueño… ¡Hades, dame más!

Hades le dio una fuerte palmada en el culo y Perséfone gimió estremeciéndose desde la punta de la cabeza hasta los pies. Por un momento, sus paredes internas se contrajeron de tal manera que su pene fue succionado violentamente y él lo supo, ella había llegado al orgasmo por primera vez en su vida. Cuando se relajó, como una liberación, el calor floreció por todo el rostro de la joven.

—De nuevo, Hades. Hazme tuya una vez más…

—Kore… ¿Quién diablos te llamaría así?

Moka: Recuerden que Kore significa “Virgen”.

Mimy: Hades la llamaron así porque lo era… Hasta que llegaste tú con tu xxxx… 

Esa noche, el Rey y Señor del Inframundo la corrompió por completo.

༻❁༺

Exhausta, Perséfone reposaba sobre el cuerpo de Hades como un sauce húmedo. Una vez que la euforia del placer había desaparecido, lo único que quedaba era el sentimiento de plena satisfacción. Ahora, una buena noche de sueño era todo lo que ambos necesitaban.

—Ese pasatiempo tuyo fue algo sorprendente e inesperado.—dijo Perséfone rompiendo el silencio.

—¿Quién dice que es mi pasatiempo* y no el tuyo?—protestó Hades golpeando ligeramente su rojo trasero mientras se tragaba una risa. 

*Se refiere a los azotes en el culo.

Perséfone tensó sus muslos, pero pronto se dio cuenta de que él se estaba burlando de ella. Así que, hizo un mohín hinchando sus mejillas y se acurrucó en sus brazos.

Él la miró con ternura y con una dulce voz, preguntó sobre su cabeza:

—¿Te quedarás aquí, bajo tierra?

Perséfone lo miró con los ojos muy abiertos y frunció suavemente los labios. Borró la sonrisa que amenazaba con extenderse y frotó su rostro contra su pecho. Su corazón empezó a latir desbocado mientras un torbellino de emociones comenzó a debatirse entre sí.

— … Eso… No es posible. Mi madre se montará en cólera si se entera de esto…

—¿Tienes más miedo de que tu madre se enfade antes que adentrarte en el Inframundo peligrosamente con tu sombra? Increíble…

—No es tan simple, mi madre… Ella no sabe que estoy aquí. Pero si me quedo aquí para siempre, seguramente se enterará y…

—Un hijo debe dejar a sus padres algún día. No lo digo yo, es ley de vida.—dijo Hades interrumpiendo la vaga explicación de Perséfone.

—Me gustaría, créeme, pero no puedo.—como si la rotunda negativa le hubiera cogido por sorpresa, él la miró con extrañeza, a lo que Perséfone, dándose cuenta, añadió con impaciencia—. Hades, no lo sabes… Pero soy muy amada por mi madre… Demasiado diría yo…

—…

—Verás, sé que es difícil de entender pero mi madre fue la que me llamó “Kore”, porque quería que fuera suya para siempre. Además, no solo ella, las otras ninfas que la escucharon también comenzaron a llamarme “Kore”. Y sabes “Kore” aquí, “Kore” allá, fue tanto, que al final terminó convirtiéndose en mi apodo. Esa es la gran influencia que tiene mi madre sobre mi vida. ¿Puedes creerlo? 

—Mmmm, entiendo. No obstante, estoy seguro que tu madre no es la única que te quiere.

—… No sé cómo son otras madres, Hades. Pero te aseguro que la mía es diferente.—dijo Perséfone mientras su voz se volvía gradualmente más baja hasta convertirse en un mero susurro—. Porque, al principio, yo no era la hija que ella quería…

La frase quedó en el aire y el final de ella, solo se reflejó en los pensamientos internos de la joven.

«Porque mi padre violó a mi madre y así nací yo.» 

Moka: La mitología griega está llena de relaciones incestuosas, violaciones y otros hechos que van en contra de lo que dicta la razón moral. Sin embargo, debemos recordar que NO son humanos, sino Dioses. En lugar de sangre, los Dioses tienen una sustancia dorada llamada “icor”. Su estructura genética es exclusiva de ellos. Por lo tanto, aunque obviamente son parientes, realmente no tienen los inconvenientes y problemas derivados de una relación donde la sangre se comparte.

Mimy: En juego de Tronos bien que comparten sangre. Sin contar que el incesto y relaciones entre pariestes es más que bienvenido en la casa Targaryen (Si no chau al pelo plateado). Son humanos y nadie se queja XD Siempre que se vea con mente abierta sin tomarlo como ejemplo en la vida real, está bien. Es ficción.

El brazo de Hades, que había estado acariciando el cabello de la mujer con un gesto inerte, se detuvo. No era una historia especialmente triste, ni especialmente lamentable. ¿No era algo común? El hecho de que Sísifo, que había surgido como el mayor dolor de cabeza en los últimos tiempos, cayera en desgracia, comenzó cuando Zeus secuestró y violó a la hija de cierto Dios. Sin embargo, si la obligaba a quedarse, ¿no estaba él también haciendo lo mismo que su hermano? ¿Aquello que él tanto odiaba?

Por supuesto, su invitación no pretendía ser coercitiva. Simplemente se lo había dicho porque se sentía incapaz de llevarla de vuelta a su lugar de origen como si nada. No había malas intenciones, era algo natural. Sencillamente, para él, era difícil resistirse y dejar ir el calor que ella le había dado con tanto cariño.

De repente, Hades preguntó:

—¿Tu madre es una ninfa o una diosa?

Como supuestamente Kore era una ninfa, eso significaba que uno de sus padres era un Dios o ambos eran ninfas. Además, si fuera una criatura de la naturaleza, no había forma de que pudiera mencionar la existencia de una “madre”.

Mimy: Como ya dije las ninfas nacen de la sangre de los testículos de Urano (el cielo) cuando ésta cae sobre Gea (la Tierra). Así como otros seres. ¿Puedes considerar que Gea es la madre? Yo diría que sí, pero aquí, en esta novela se interpreta como que no. Así que, las ninfas primordiales surgen y están ahí para sufrir, porque ahora no me viene a la cabeza ninguna que acabe bien… Hasta Adamanthea (ninfa cabra) se queda sin un cuerno (cornucopia) cuando cuida a Zeus de pequeño. Y después tenemos las ninfas que nacen de otras o de un Dios con otra (normalmente una violación).

—Umm…—dudó Perséfone.

—¿Umm, qué?—la instó Hades.

—Mi madre… Es una ninfa… Si, una Ninfa.—y, tras su incómoda respuesta, Perséfone rápidamente añadió—. No la conocerías incluso si te dijera su nombre. Así que, no importa.

—Bueno… Y entonces, ¿Quién es tu padre?

Los labios de Perséfone se cerraron automáticamente. Si bien el interés de Hades en ella significaba algo bueno, la oscura verdad que revoloteaba en lo más profundo de su interior llenó su garganta.

«Él es tu hermano. Tu hermano pequeño es mi padre. El que violó a mi madre y, por ello, ella me encarceló en una isla.»

Mimy: Y por tanto, le has dado como cajón que no cierra a tu sobrina. Bienvenido a la depravación y el libertinaje de la mitología griega, Hades, muchacho, ni tú te salvas XD

Sin embargo, ella se tragó aquellas palabras porque no había ninguna razón para revelar eso. Al menos, por ahora. Mas eso no significaba que las mentiras de la joven se dejaran de amontonar una tras otra haciendo más difícil ocultar la realidad. Así que, cambió de estrategia y optó por la ignorancia:

—No sé mucho sobre mi padre.

—¿No me dijiste hace unos días que conocías bien a tu padre?

—¡Ah! ¿Lo hice? Creo recordar que lo que dije fue que sabía que mi padre era “esa” clase de hombre. ¿Desde cuándo saber solo eso significa que lo conoces bien? Debes haberlo malinterpretado…

Perséfone abrazó a Hades con más fuerza. La sospecha, que cruzó por los ojos de Hades como un relámpago, pronto desapareció. No tenía la disposición para simpatizar con todas y cada una de las situaciones no relacionadas con él. Eso era porque parte de su cortesía se debía a su pereza a la hora de lidiar con problemas y, por ese motivo, Hades siempre intentaba evitar situaciones molestas.

—¿Qué vas a hacer si no te envío de regreso?— Preguntó, con voz ahogada.

—¿Tanto te gusto?

—…

—Si me quedo, ¿me vas a entregar el Inframundo?

Hades deslizó sus dedos por su cabello. 

—¿Lo quieres?

—¿Puedes dármelo?

—Tómalo. Todo tuyo. ¿Qué vas a hacer ahora?

—Entonces, ¿eso significa que me convertiré en tu Reina?

—Si te conviertes en mi Reina, ¿ya no tendrás miedo de tu madre?

Era un juego de preguntas sin una definitiva respuesta. Una conversación, medio en broma, donde ambos construían un escenario superponiendo sus anhelos ocultos tras las cortinas de diversas cuestiones. No importaba qué tanto se dijera porque la realidad era mucho más complicada de lo que aparentaba ser. Perséfone, quien era mucho más consciente de esto que Hades, sonrió levemente pensando: 

«¿Qué puedo hacer? Por mucho que quiera, se lo he jurado a mi madre. Que no la traicionaría nunca y que, pase lo que pase, jamás saldría de la isla sin su permiso…»

Así que, con pesadumbre, ella confesó:

—Lo haría encantada. Sin embargo, ya le juré al río Styx que nunca elegiré hacer nada que le cause dolor a mi madre.

Hades la atrajo hacia sí, y la abrazó. Cuando le coloco el cabello detrás de las orejas, contempló sus mejillas y lóbulos sonrojados.

—¿Desde cuándo ha sido así?—preguntó él pensativo.

—¿Así cómo?

—Por cómo hablas debes haber crecido siendo muy amada.

—Eso creo.

—¿Vivas sola con tu madre?

—Hmmm… No exactamente.

—¿Qué quieres decir?

—Bueno… Solo he conocido ninfas.

—Entonces, ¿Vives recluida con sus compañeras y hermanas, como las sirvientas vírgenes de Artemisa?

Perséfone negó con la cabeza despertando aún más la curiosidad de Hades, quien volvió a preguntar: 

—¿Qué tipo de ninfa eres? ¿Cuál es el río en donde se encuentra tu territorio?

Perséfone, frunció los labios con una expresión triste en el rostro y lo abrazó evadiendo la respuesta:

—Esa historia es muy larga y aburrida, Hades. ¿Por qué no hablamos de cosas más interesantes? Como los muertos, el bosque brumoso, el Inframundo, … Ya sabes, todo esto…

—No es nada en especial.

—Bueno, si no sabes cómo empezar, puedo ayudarte.—dijo Perséfone con una sonrisa juguetona—. Así que, Hades, ¿te gusta que esté aquí contigo, verdad?

Él lo pensó por un momento y luego sonrió débilmente.

—Por supuesto…—al contestar, el ambiente se sintió pesado y rápidamente, para aligerar la conversación, Hades bromeó añadiendo—. Pero creo que te estoy mimando demasiado, y por eso, ahora tu cabeza está en las nubes. No puedo seguir así, pequeña. Dame un respiro

Tras una leve risilla, Perséfone miró por la ventana, para medir el tiempo que le quedaba. Todos los momentos que había pasado junto a Hades se sentían cortos, como si Cronos* hubiera hecho malabares para acortar los minutos a escondidas. Si iba a jugar así con el tiempo, preferiría que lo detuviera en ese mismo instante, alargando aquel encuentro tal como una eternidad infinita. 

*Es el Titán que, con ayuda de Gea (su madre), castró a su padre, Urano. Zeus, Hades, Hera, Hestia, Deméter y Poseidón fueron sus hijos. Debido a la profecía de Urano que decía que sus hijos acabarían con él como él mismo hizo. Los devoró a todos menos a uno, Zeus; ya que Rhea(su madre) lo engañó dándole una piedra en lugar de su hijo. Cuando Zeus creció, se disfrazó de sirviente y le dio un brebaje a Cronos liberando a sus hermanos. Así fue cómo empezó la Titanomaquia, donde Dioses y Titanes se enfrentaron entre sí. Al final, los Titanes fueron derrotados y encerrados en el Tártaro. Desde allí, Cronos se encarga de contar el tiempo.

Perséfone, que, con los ojos, había estado siguiendo la luna ensimismada, murmuró:

—¿Has visto alguna vez a Hécate?

—Bueno, sí, suele pasar por aquí. Ella tiene raíces Titánicas. Así que, de vez en cuando viene a ver a sus hermanos en el Tártaro.

—¿Es hermosa?

—Ehhh… Es más bien ruidosa y retorcida.

—¿Crees que Nyx quería darla a luz?

Hécate, la Diosa de la hechicería, era llamada a menudo la ominosa Diosa de la noche y ella misma tampoco lo negaba. Se consideraba la “Merodeadora Nocturna” nacida de la negra noche; Nyx, por lo que, las connotaciones que denotaban su naturaleza oscura y misteriosa no era algo que a Hécate le importara. Así que, lo dejaba ser.

Perséfone, en cierto modo, sentía cierta simpatía por la Diosa de la hechicería. Gracias a ella, pudo conocer este mundo y, por consiguiente a Hades. Pero había también otras razones, como por ejemplo: la duda de sí la madre realmente quiso tenerla al principio o no. 

“¿Amaría Nyx, como madre, a una hija que intentaba robarle su lugar cada noche?” 

“¿La hija amaría a su madre?”

Eran preguntas sin respuesta, pero cabía la posibilidad de que Hécate se encontrara en una situación similar a la de ella, y esa consciencia, la hacía sentirse, de alguna forma, cercana a la “Merodeadora Nocturna”. Aunque nunca llegó a saberlo con certeza, porque siempre había visto sus noches alejarse como estrellas fugaces, sin poder siquiera comunicarse con ella.

—Nyx es una madre que ama a su hija… Pero, ¿desde cuándo, por ser su hija, se decide que debe obedecer a su madre incondicionalmente? Una cosa no quita a la otra. 

Hades, levantó su cintura suavemente y Perséfone, sorprendida, abrió mucho los ojos, porque sintió cómo le frotaban algo duro cerca de los muslos. Ella gimió por la estimulante sensación. Su cuerpo aún recordaba el dolor y la alegría del placer, ¿a cuál debía encomendarse ahora?

Hades no le dio tiempo para pensar. Sin dudarlo, tiró de sus caderas y frotó su pene entre sus piernas.

—… Ahhhh…—jadeó ella.

Una sensación vibrante y excitante subió desde la parte inferior del vientre de Perséfone cuando él rozó su polla contra su entrada hinchada.

—Al menos, conmigo, ya no estás obedeciendo a tu madre.—dijo él riéndose por lo bajo.

—Ahhhh… Eh, hmmp, Ahhh…

—Porque ahora ya no eres “Kore”, ¿verdad? Dime, pequeña “Kore”, ¿Quién ha robado tu castidad?

—Ahh, Lord Hades… Hades…

—Ya has traicionado los deseos de tu madre porque ahora eres mía.

Cada vez que ella movía sus caderas provocativamente, estimulaba la punta de su pene. Las paredes interiores secas pronto comenzaron a mojarse y la sensación de shock al recibir a un hombre por primera vez todavía estaba reciente en su memoria. Una sensación que oscilaba entre el tormento y el deleite donde, su continua penetración, acentuaba los escalofríos que la envolvían desde la cabeza hasta los dedos de los pies. Perséfone se aferró a su pecho con las uñas, jadeando pesadamente.

—Ah… Aaaahh…

Hades disminuyó la velocidad, agarró sus nalgas con ambas manos y la apretó con fuerza.

—¿Por qué?—gruñó Hades.

Perséfone levantó la cabeza sorprendida ante su fría voz. Mientras empujaba suavemente sus caderas y la embestía sin piedad, Hades sintió otra presencia en la cámara. Volviendo la cabeza, miró a su alrededor y vio a una sirvienta muerta cuyo rostro era pálido. Se encontraba a un lado de la habitación, cerca de la cama donde ambos retozaban, y no tenía ojos, como todos los muertos. Hades sabía perfectamente que era ciega, pero Perséfone no estaba convencida de ello y se puso roja como un tomate. Esto se debió, en parte, a que ella misma se encontraba cabalgando encima de Hades, desnuda, gritando de placer:

 

—Ah… Aaaaahh… Hades…

Perséfone intentó arrastrarse de nuevo bajo el cuerpo de Hades, obviamente él no la soltó. En su lugar, con una mano sujetó sus magulladas nalgas mientras con la otra frotaba frenéticamente su clítoris con su pulgar grande y fuerte. Un placer intenso se extendió por todo el cuerpo de la joven y su espalda se arqueó por los espasmos que la atravesaban.

—No te avergüences, ella está muerta y no tiene la capacidad para verte.—susurró Hades juguetonamente y, con picardía, añadió—. De todos modos no tienes nada que envidiar. Tus habilidades en la cama son insuperables.

Como decía el refrán, los muertos no ven. Así que, la sirvienta, permaneció en absoluto silencio sin aceptar o rebatir lo que Hades decía. En su lugar, los gritos de Perséfone y los sonidos obscenos de las intensas penetraciones hicieron acto de presencia resonando por toda la habitación.

—Ahhhhhh…

FLOP, FLOP, FLOP, FLOP,…

El cuerpo de la chica se estremeció ante la continua perforación a la que Hades la sometía sin una pizca de misericordia. 

—Mi Rey. Tengo un mensaje para usted.—anunció de repente la criada muerta volviendo su rostro hacia donde provenían los jadeos y gemidos.

—Ugh… ¿Se trata de Thanatos?—preguntó Hades, con voz áspera y entrecortada.

En ese momento, las orejas de Perséfone estaban coloradas y tenía la cabeza gacha con la esperanza de que sus largos cabellos, que caían en cascada, la taparan por completo. Hades apenas pudo aguantar la risa y se le ocurrió una pequeña travesura. Puso ambas manos alrededor de su cintura, y, con fuerza, la hizo subir y bajar para descubrir su rostro avergonzado con cada sacudida. Su pene, húmedo y reluciente, fue salvajemente empujado hacia adentro y hacia afuera a través de la estrecha cavidad de la joven. Pronto, la vergüenza de Perséfone quedó en el olvido y pronto su rubor se convirtió en los indicios del éxtasis. 

Esto también formaba parte de su viaje por el Inframundo sin ser detectada por nadie. Un acto indecoroso que consistía en ser encontrada montando sobre Hades literalmente desnuda y ser descubierta por una sirvienta muerta. Independientemente de si la otra persona tenía ojos o no, era consciente de lo que estaban haciendo. Además, cada vez que Hades movía violentamente sus caderas, ella quería aferrarse y rogarle que lo hiciera más fuerte. Quería sentirlo por completo.

—¡Ah! Hades, Aaaah… Sigue… ¡Más duro! ¡Más fuerte! ¡No pares!—gritaba perséfone.

—Radamantis me dijo que le dijera: “Me imagino que te habrás dado cuenta del escándalo que se ha formado en el Tártaro”.—dijo solemnemente la muerta.

Hades dejó de moverse, como preguntándose desde hace cuánto tiempo hacía que los Titanes no le habían jugado semejante mala pasada. Pero, ¿cómo pudo olvidarlo? Era la noche en que Hécate no se marchaba y, por eso, en días como hoy, las tenebrosas criaturas del Tártaro estaban aún más desenfrenadas que nunca. Mas, ¿por qué ahora, en el momento más inoportuno, lo necesitaban? Él gruñó por lo bajo, no quería irse. Cada vez que ella meneaba sus caderas, su pene era tragado superficialmente y luego volvía a salir, sin perder el ritmo. Era tan placentero que hacía difícil la separación.

—Hades…—susurró Perséfone siendo consciente de que ella también se estaba demorando en volver, pero aún podía alargarlo unas horas más.

Entonces ella, desde arriba, contempló el hermoso cuerpo de Hades que era el doble que el suyo, fuerte y musculoso. Olvidando su vergüenza, expuso sus nalgas y lo abrazó, frotando su cuerpo de arriba a abajo. Sin embargo, por mucho que le pesara a ambos, él tenía que irse antes. Era su deber como Rey del Inframundo y daba igual cuánto ella intentara detenerlo, no podía faltar a sus obligaciones.

Él tiró de la nuca de Perséfone y la besó apasionadamente. Luego, mirando los ojos suplicantes de la joven, soltó una suave risa besando su frente con ternura mientras susurraba:

—Es una pena para mí, también, mi niña.

Perséfone le rodeó el cuello con los brazos, frotando frenéticamente los labios por sus mejillas, mandíbula y boca.

—Sigue como lo estabas haciendo, Hades… Solo un poco más… Aún hay tiempo…

—No le des más vueltas, pequeña.—Hades frunció el ceño sin ocultar su molestia—. No me lo pongas más difícil. 

Él contempló el tentador rostro de la chica y, al momento, suavizó su expresión. Con delicadeza, la apartó y se puso de pie. Perséfone se mordió los labios con fastidio mientras bajaba desnuda de la cama. Tras una pausa, ella preguntó:

—¿Realmente tienes que irte ahora mismo?

—Sí.

—Pero… ¿No es muy tarde?

—No te preocupes, Volveré pronto.

Perséfone se tragó las palabras que llegaron a su garganta. 

«Hades… Si Hécate regresa, no podré quedarme aquí por mucho más tiempo y solo podré volver a verte cuando ella vuelva de nuevo, merodeando por la noche en lugar de Nyx…»

Mimy: Cinderella tiene que volver a ser prisionera. Bueno Hades, siempre te quedará la de Vladimir XD 

Mientras se aguantaba las ganas de retenerlo, fulminó a la mujer muerta que había interrumpido su valioso tiempo con Hades.

Pronto, otros sirvientes muertos, convocados por la criada sin ojos, entraron. Perséfone se sorprendió por su fea apariencia, debido a que tenían los labios cosidos. De hecho, algunos ni boca tenían. Hades, al verla estupefacta, explicó: 

—Ellos son los muertos que mentían al amo al que servían.

Respetuosamente, cada uno de aquellos criados horripilantes, se arrodillaron y comenzaron a limpiar cuidadosamente la ingle de Hades con un paño fino. Una vez limpio su cuerpo completamente, desde las pantorrillas hasta los tobillos, extendió los brazos detrás de la espalda y lo ayudaron con la ropa.

Hades volvió a ser tan maravilloso y perfecto como al principio. Volviendo a su aspecto habitual, como si nada hubiera pasado. Tras esto, se alejó sin mirar atrás. Perséfone, decepcionada, lo siguió con la mirada durante un largo rato hasta que desapareció de su vista.

«Se fue… Así, como si nada…»

Perséfone siguió sus pasos de vuelta con un profundo pesar, y no tardó en desplomarse sobre la cama de la habitación.

PLAF. 

Rodó sobre las sábanas y examinó las paredes del dormitorio de Hades. Había una habitación contigua y ella tardó un momento en reconocer lo que estaba destellando en aquel cuarto oscuro.

Enrollando la colcha a su alrededor, Perséfone atravesó el umbral. Solo había estantes para armas, pero la armadura de Hades se destacó de entre todos los demás artilugios.

Se sintió extasiada cuando imaginó al valiente Dios del Inframundo que había confiado su duro y hermoso cuerpo para luchar contra los Titanes durante la Titanomaquia. La mano de Perséfone lentamente tocó el frío casco.

«Quinair. El invisible.»

La capacidad del casco de hacer invisible a quien lo llevara estaba ligada a la invisibilidad de “la muerte”.

Simbolizaba a Hades, el Rey del Inframundo, y se consideraba un tesoro precioso en el mundo de los muertos. 

En ese instante, ella sonrió como poseída acariciando el casco mientras recordaba lo que él le dijo hace apenas unas horas:

{—Si te conviertes en mi Reina, ¿ya no tendrás miedo de tu madre?}

༻❁༺

 

Los Titanes, que habían olvidado que ni siquiera la Noche de la Diosa Hécate podía salvarlos, volvieron a acurrucarse tras recibir innumerables epifanías en las que recordaban que jamás serían liberados de su castigo.

Hades tenía su propio apego al Inframundo. Aunque al principio no quería gobernar aquellas inhóspitas tierras, eventualmente se convirtió en el Soberano del Inframundo y permaneció allí durante incontables años. Sin embargo, siempre tuvo una mezcla de sentimientos complejos hacia los Titanes en muchos sentidos. Era una compleja combinación entre simpatía, odio, disgusto y asco. Claramente visitarlos no era un acto agradable por donde se viera.

Tan pronto los Titanes se calmaron y la tierra agrietada comenzó a estabilizarse se escuchó la voz de un hombre maldiciendo a los cuatro vientos:

—¿Por qué no se callan de una puta vez? Si al menos estuvieran calmados para siempre…—se quejó Radamantis cabreado y, con ironía, prosiguió con sus protestas—. Pero no, ¿por qué ponerlo fácil si podemos seguir jodiendo al personal? ¿Verdad? ¡En serio, Hades! Cada año que pasa, más locos se vuelven en la maldita noche de la “Merodeadora Nocturna” olvidando quienes son… ¿Es que nunca nos van a dejar tranquilos? ¿Hades…? ¡Hades! 

Radamantis era uno de los jueces del Inframundo. Juzgaba los pecados de los muertos y decidía qué castigo merecían. Por supuesto, era uno de los sirvientes en los que Hades más confiaba y siempre le prestaba atención. Pero ahora, él se encontraba a su lado, ensimismado, haciendo caso omiso a lo que decía y con una sonrisa estúpida de oreja a oreja.

—Por cierto, Rey, ¿has sucumbido tú también a la locura? ¿Por qué te ves tan feliz?

Dado que Radamantis siempre permanecía en el Palacio de justicia ubicado a la entrada del Tártaro, también actuaba como guardián de éste y poco se enteraba de lo que ocurría en otros lugares del inmenso Inframundo. Sin embargo, tenía una afición personal muy peculiar; la de imponer el mayor castigo a los criminales que mentían y no reconocían sus pecados. Para ello, había perfeccionado sus habilidades hasta el punto de ser un maestro a la hora de leer el lenguaje corporal de una persona. Puesto que, en muchas ocasiones, era mucho más fiable ver las expresiones de un estafador que oír las meras palabras que salían de éste. No obstante, hoy, utilizó aquella capacidad para estudiar el rostro de Hades, al que nunca había visto antes comportarse de esa manera.

—Mi rey, te ves… Como fascinado… ¿Ha ocurrido algo bueno? 

Hades sonrió en voz baja mirando hacia la espantosa puerta de hierro del Tártaro. 

—Encontré a alguien que me gusta.

—¿Qué? ¿Quién? ¿Ha cometido algún crimen?

—Ja, ja, ja, … No, ¿por quién me tomas? Su juicio todavía está lejos, ya que todavía sirve a su sombra.

—¿Estás diciendo que es una de las esclavas libres de Phoibos? ¿Cuándo subiste tú a la superficie? Rey, ¿lo dices en serio? ¿Te gusta alguien que pertenece al mundo de los vivos?—preguntó Radamantis quien parpadeó como si estuviera realmente sorprendido.

Como todo el mundo sabía, Hades era el Rey del Inframundo, el lugar donde se separaba completamente la superficie del subsuelo y siempre había sido indiferente a las cosas de la Tierra. Pero Hades, ignoró su pregunta escuchando en silencio los sollozos, cánticos y gritos sulfurados que resonaban desde las profundidades del mundo subterráneo.

—No escuches con demasiada atención, mi Rey. Nada cambiará.

—Por supuesto. A estas alturas ya lo sé perfectamente.—tras decir esas palabras Hades se dio la vuelta y se marchó.

Ahora que los Titanes volvían a estar tranquilos, regresaría al Palacio Real Dorado, donde ella seguramente estaría esperándolo. Pensó en el pequeño cuerpo de la mujer que había sostenido hace no mucho y por la que había sentido sed durante todo el tiempo en el que realizaba sus labores en el Tártaro. El calor de su cuerpo, el suave tacto de su piel, todo, permanecía grabado en su memoria. Incluso su inesperada lujuria era tan linda y encantadora, que se le hacía imposible soportar un minuto más lejos de ella.

Se acercó a su residencia, el único punto que destacaba en aquel mundo gris oscuro debido a su brillante estructura dorada. El interior y el exterior de la valla de latón que rodeaba ampliamente el jardín estaban protegidos por un pantano viviente. El pantano fluía constantemente por los jardines en busca de refugio y alimento. Hades, que caminaba por el parterre, se detuvo un momento cuando algo llamó su atención.

Era un hombre muerto que había caído en la encantadora ciénaga, que lo engullía todo a su paso, bien estuviese vivo o muerto. Al parecer, él era uno de sus sirvientes. Su alma ya había sido masticada y su piel arrancada. Solo quedaban, de lo que una vez había sido, los huesos que se asomaban desde las aguas del pantano que devoraba cualquier cosa sin piedad.

«Pobre.»

En ocasiones, había habitantes que perdían el equilibrio o eran capturados por la ciénaga. No podía haber otra muerte para lo que ya estaba muerto, a no ser que te descuartizaran el alma como un carnicero. Ello también se podía catalogar como“morir”, solo que de un tipo distinto y más aterrador.

Hades, que había estado mirando las cuencas vacías de sus ojos con los que ya estaba familiarizado, perdió el interés y siguió caminando. Los sirvientes muertos del Palacio Dorado, en general, eran similares y nunca les había prestado demasiada atención. Por lo que, para él, era natural sentir indiferencia hacia las personas.

Sin embargo, sentía algo diferente por Perséfone. Se preocupaba por ella, e incluso en esos momentos, no podía dejar de pensar en la joven. ¿Qué podría estar haciendo en este momento? ¿Con qué expresión lo recibiría? 

Sus ansias por reencontrarse con ella aumentaron, al igual que el paso de la marcha. Cuando entró en el castillo, le dio la bienvenida el habitual aire frío y lúgubre de siempre. Lo que hizo que extrañara aún más la calidez de la chica.

Joyas, oro, pinturas famosas y artesanías que incluso el Rey más rico del mundo envidiaría perdían su brillo e importancia en aquella atmósfera lóbrega y solemne. De pie, frente al dormitorio, Hades observó el interior en silencio. Lentamente, miró a los alrededores, buscando algún indicio de su presencia. Mas, todo seguía igual que antes, sin calidez, sin emoción, sin rastro de ella. Como si aquella mujer hubiera sido un mero espejismo fruto de su soledad.

Aun así, no se rindió y salió en su búsqueda.

«¿Se ha perdido otra vez?»

No se la veía por ningún lado en el Palacio Dorado. Lo mismo sucedía cuando miro dentro y fuera de la cerca de latón, donde se arrastraba el pantano viviente, al igual que los huesos, bichos y esqueletos de las víctimas que caían en él.

Rastreó por la cuenca del río Lethe, pero no había ni señal alguna de la joven. 

«¿Habrá cruzado el río ella sola ya que las aguas solo le cubrían hasta la cintura? Es probable, lo mismo pasó cuando vino a verme, ¿no?» 

A pesar de continuar la búsqueda por la orilla del río Phlegethon, no pudo ver ni un solo mechón de cabello de la chica. Angustiado, ordenó a Kerberos* que la encontrara.

*Cerbero, o Kerberos en griego, es el perro de 3 cabezas que protege las puertas del Reino de Hades, Dios del Inframundo. Su principal función era que los muertos no salieran del subsuelo y, por consiguiente, los vivos no pudieran acceder a él.

El enorme perro guardián de tres cabezas, que perseguía cualquier cosa viva o muerta, salió disparado hacia el jardín. Pero no mucho después, Kerberos regresó solo arrastrando su cola. Cuando le preguntó a Caronte, el viejo barquero del Aqueronte, la única respuesta que obtuvo fue que no la había visto.

{—Mi Rey, ya se lo he dicho. La chica que está buscando no ha cruzado por aquí, ¿por qué tanta insistencia por una esclava de Phoibos?}

Hades inclinó la cabeza y miró hacia el helado cielo. Bajo la luna gris, envuelta en niebla, no había rastro del calor de la hermosa joven, como si nunca hubiera existido. 

Aquel día, la ominosa Diosa de la noche, que se alejaba con la mañana, se había llevado consigo la alegría de Hades.


RAW HUNTER: MOKA
TRADUCCIÓN: MOKA 
CORRECCIÓN: MIMY


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