Capítulo 5: Una gota de veneno
En el palacio real dorado, el cetro, que Hades sostenía entre sus dedos, se inclinaba repetidamente hacia adelante y hacia atrás como una balanza. Su mirada oscilaba entre la pereza y la agonía, o algún vago límite intermedio entre ambas.
Claramente, el estado de ánimo del Señor del Inframundo había estado bastante bajo desde que regresó del Olimpo hace unos días. No fue en absoluto porque evitase a los otros Dioses o tuviera malos sentimientos hacia ellos, sino porque era extremadamente agotador.
Para resumirlo, en una frase, Hades rechazó de pleno la absurda exigencia de Zeus de tomar represalias por un problema derivado de un escándalo político. Obviamente Zeus, que no tenía forma de perder, cambió de estrategia y optó por una sutil intimidación para ridiculizar el buen juicio del Dios del Inframundo.
{—Hermano, siempre vas de bueno trazando una línea con un carácter tan noble. Ni siquiera sé aún la causa de por la que siempre estás tan aislado.}
«Imbécil.»
Hades estaba tan molesto y cansado de que su hermano menor, de vez en cuando, causara problemas al perseguir los traseros de cualquier chica que se le pusiera por delante. No entendía por qué estaba tan obsesionado con el sexo opuesto y cómo es que no se mantenía fiel a ni una sola mujer.
Hades contempló su cetro mientras se inclinaba hacia adelante y hacia atrás, de derecha a izquierda, hasta que, finalmente, perdió el interés y lo dejó. Tenía que aceptar el hecho de que había otro motivo que ayudó a que su estado de ánimo se hallase tan desorganizado el día de hoy, y no era necesariamente estaba relacionado con Zeus; sino con algo que no se pudo sacar de la cabeza durante días.
La chica de ojos amarillos era el otro problema.
Caronte, diligentemente, lo había estado manteniendo informado sobre las visitas de la joven desde su último viaje de inspección al río Aqueronte el mes pasado.
{—La muñeca de trapo volvió hace cinco días.}
{—Esa ninfa estaba husmeando de nuevo por los alrededores del río haciendo preguntas, tales como si la había olvidado o si estaba demasiado ocupado para verla.}
Cada vez que ella aparecía, el viejo barquero sentía como si sus entrañas estuviesen siendo arañadas por dentro. Parte de ello era porque Caronte, hijo de Nyx y guardián del río Aqueronte, no le gustaba nada la idea de que un ser vivo rompiera las reglas a la ligera.
{—¿Esta vez ella lo busca, mi Rey? ¿No la regañó aquel día hasta el punto de llorar? No hace más que preguntar por usted.}
Aquella vez Hades hizo caso omiso y no la reprendió como Caronte esperaba.
{—¿Desde cuándo yo he hecho llorar a un niño?}
{—¿No es eso lo que hace normalmente con todos aquellos que desobedecen las leyes del Inframundo?}
{—Se supone que serán devorados solos, así que ni me molesto.}
{—En fin, esa porquería me parece sospechosa. No traerá nada bueno dejarla así, merodeando por los alrededores.}
Sin embargo, el asunto no se detuvo ahí, y Caronte volvió a presentar sus quejas después de unos días.
{—Ella vino de nuevo y, para colmo, se está volviendo cada vez más intrépida. Incluso se atrevió a sumergir los pies en el agua del río después de armar un poco de escándalo. Se acuclilló en un rincón, me miró fijamente hasta el amanecer y luego huyó hacia el bosque. Aunque esté fuera de los límites, sigue siendo una ninfa, ¿no hay realmente algo que pueda hacer al respecto?}
Cada vez que Hades escuchaba noticias de la chica, lo invadía un sentimiento desconocido.
¿Por qué le molestaba tanto? A diferencia de Zeus, él ya tenía suficiente con los asuntos del Inframundo, por lo que no tenía motivos para preocuparse tanto por solo una doncella terrenal. Además, para rematar, ella era una fruta inmadura. Aunque bien es cierto que parecía apetitosa por fuera, eso no quitaba el hecho de que no era lo suficientemente madura como para ser tocada. ¿No es de sentido común el hecho de que sea más agradable comer algo en su punto que algo verde?
Mimy: Kore te van a comer… Te están comparando con una fruta. ¡Corre! O no… 😝
Pero, de nuevo, como si la joven no quisiera salir de su mente, las noticias sobre ella no dejaban de llegar. Al igual que hoy.
{—Rey, otra vez.}
Esa ninfa era una mujer que se presentaba inesperadamente. A Caronte se le revolvía el estómago cada vez que sentía su presencia y ella, mientras tanto, solo mataba el tiempo para luego desaparecer, desestabilizando el orden a orillas del río Aqueronte. Así que, como Señor del Inframundo, estaba preocupado por ello y, honestamente, como hombre, tampoco podía dejar de pensar en ella.
«Otra vez…»
Hades miró al cielo y sintió la luz nocturna filtrándose hacia su Reino. En noches como ésta, los residentes del Inframundo se dejan llevar fácilmente por la enajenación, y los Titanes atrapados en el Tártaro se encuentran más inquietos que de costumbre. A veces, parecía como si él también estuviera siendo arrastrado por el desasosiego y la confusión que la mujer propagaba en él mismo, como si de una enfermedad infecciosa se tratase.
Hades, que había estado divagando entre pensamientos, intranquilo por un largo tiempo, finalmente se levantó de su silla.
༻❁༺
—¡Por fin! ¡Ha pasado un tiempo, mi Rey! ¡Ha venido en el momento justo! ¡Haga algo al respecto!—exclamó Caronte.
El juicio del viejo barquero estaba aún más retorcido que de costumbre mientras despotricaba sobre esto, aquello y lo otro. Pero, por suerte, tampoco se dejó llevar demasiado y no se quejó durante mucho tiempo. Había aprendido a ser intuitivo, de alguna forma, y sabía cuando debía parar. Después de un rato justo el que soltó sus maldiciones, dejó los remos a un lado y salió cojeando de la barca para recorrer la orilla; puesto que de poco iba a servir la ayuda de Caronte con el humor de perros que tenía.
Así que, Hades centró su atención en la mujer que estaba agachada un poco más lejos del muelle.
—… De alguna manera lo sabía.—murmuró Hades.
Ciertamente la chica había dicho que volvería y él era consciente de ello; solo que no esperaba que fuera tan persistente. Así que, como ella prometió, allí estaba sentada, mirándolo con ojos ligeramente entrecerrados y con sus carnosos labios fruncidos, temblando de frío. Se la veía agotada, probablemente por larga pelea con Caronte y parecía estar algo molesta. La razón principal de su fastidio era que, aparte de estar exhausta por sus constantes discusiones con el barquero, no había visto a Hades en sus dos últimas visitas, y estaba un poco disgustada por ello.
—¿Por qué no viniste hasta ahora?—inquirió Perséfone.
—Ya estoy aquí, ¿no? Deberías estar al menos agradecida de que haya venido.
Sus ojos naturalmente se volvieron hoscos mientras miraba a Hades, y en vez de estar feliz, se la veía irritada
—Te dije que volvería y te esperaría.
—Y creo haber dicho que eso no tenía sentido.
—Tú… ¡Mentiroso!
Hades frunció los labios. No se equivocaba. La había evitado deliberadamente y al final, la desazón que ella provoca en él, lo habían llevado a las afueras de Aqueronte.
Perséfone se levantó rápidamente, sacudió el dobladillo mojado de su *quitón, se acercó a él y lo abrazó por la cintura. Luego, se quejó coquetamente, como si Hades hubiese preguntado por qué se había puesto de mal humor.
*Túnica pegada al cuerpo que usaban los antiguos griegos
—Casi hieres mis sentimientos…
—¿Por qué volviste?
—¿No es obvio? Para verte, Hades.
—¿Cuánto tiempo vas a estar haciendo esto?
—Hasta que nos acerquemos más y estés feliz de darme la bienvenida cada vez que vuelva a verte.
El corazón de Hades se hundió y, con ello, olvidó sus intenciones de alejarla. Todos, incluso los muertos, querían escapar del Inframundo, arrastrándose si hacía falta o tratando de enmendar sus errores. Así que Hades, se sintió impotente ante ella y simplemente sonrió.
—Tonta.—dijo él resignado.
—¿No somos todos unos tontos?
Hades no lo pudo evitar y la abrazó suavemente. Notó que el cuerpo de la chica estaba frío mientras permanecía apoyada entre sus brazos y le dio unas palmaditas en la espalda.
«¿Por qué esta chica es así? No sé qué le pasa… Pero, ¿por qué se alegra tanto de verme? Es mucho más de lo que esperaba… E incluso parece feliz de darse cuenta de que en realidad la he estado esperando todo este tiempo, sin poder dejar de pensar en ella…»
Sin aviso previo, Hades sintió como si un pequeño tambor latiera en su pecho fuertemente. Sabía lo que significaba y, como era de esperar, comenzó a lamentar el haber venido a verla o que ella fuese tan testaruda de no dejarlo ir.
En el muelle, un poco más atrás, Caronte cantaba:
—La, la, la, rá, Tírala al río, échala fuera. 🎶
Eso era lo más lógico: Llevarla de vuelta al mundo de los vivos y no dejar que la mujer cruzara el río.
Pero cuando la mano de la chica se atrevió a tocar la parte baja de su espalda, comenzó a sentir como se le secaba la garganta y una repentina sed se apoderó de él.
Mimy: A mi me vendieron que Kore era inocente… Pero es la tentación en persona:
—Déjame preguntarte. ¿Estás haciendo esto porque me parezco a tu padre?
—No es exactamente por eso…—Perséfone pensó por un momento y le dio una respuesta que no fue ni positiva ni negativa—. Aunque quizá sea un poco…
—¿Entonces por qué es, exactamente?
—¿Te he ofendido?
—…
Al no obtener respuesta, la chica añadió con impaciencia:
—Nunca pensé en Hades como mi padre… Simplemente, por un momento, tuve ese tipo de sentimiento porque sé qué tipo de persona es mi padre.—Perséfone se excusó con todas sus fuerzas, ladeando ligeramente la cabeza con ternura y clavando sus ojos en los suyos.
—¿Qué tipo de persona es?
—Bueno… No lo sé exactamente… Pero probablemente es alguien tan genial como Hades. Entonces lo que quiero decir es…
Mimy: El “padre” de las ninfas es Urano… (Hades cree que ella es una ninfa) Cuando cronos le cortó los testículos a Urano la sangre que cayó en la Tierra (Gea) dió lugar a varios seres como Afrodita y las ninfas. Hades debería tener una idea de cómo es Urano ya que es su abuelo. Pero supongamos que en esta versión tienen padres de a saber dios quién…
—Te equivocas.
—¿Qué…?
—¿Nunca has oído hablar nada sobre el Inframundo, verdad?
—Por supuesto que no… Ya he escuchado algunas cosas sobre este lugar…
—Entonces, ¿por qué actúas con tanta valentía? ¿No es imprudente de tu parte presentarte aquí, ante mí, sin una pizca de miedo?
La chica frunció los labios, puso cara de insatisfacción y habló con claridad:
—No tengo una razón para fingir tener miedo de las cosas que no me causan temor. Es todo lo contrario, me siento bien. La razón por la que digo que quizás tengo este sentimiento paternal hacia tí es porque nunca conocí a mi padre mientras crecía. Así que, me preguntaba, si esta sensación de calidez y confort que tengo cuando te miro, sería igual a la que una hija tiene por su padre. Así que no te ofendas, Hades, por favor…
Mimy: He descubierto algo peor que la friendzone… La “fatherzone”
El Dios del Inframundo, pensativo, apartó a la mujer y luego miró a Caronte. El viejo barquero permanecía al lado de su barca apoyando la barbilla en el remo mientras miraba ansiosamente más allá de la niebla, esperando a los muertos.
El guardián del Aqueronte, la niebla, la luna gris y el aire; todo era igual que siempre. Sin embargo, Hades no podía librarse de la sensación confusa que tenía estando al lado de aquella chica. Parecía como si, de alguna manera, todo fuera diferente ante la presencia de ella y sabía que, cuando se diera la vuelta, la joven no saldría de su mente durante un largo tiempo. Sus labios entreabiertos, sus ojos redondos, su delicado abrazo, el viento y la forma en que la niebla los ocultaba.
—A lo que yo me refería antes es que sentirte de esa manera hacia mí está mal… Es un error…
—…
—Pero seguiste insistiendo y ahí es donde te equivocaste.
—…
Aquella chica era algo desconocido y problemático para él. Aunque solo se habían visto unas pocas veces, cada vez que se encontraban, ella dejaba una profunda impresión en él, haciendo resurgir sentimientos que creía haber olvidado.
De hecho, esa forma de ser abrazado de manera tan arbitraria por ella, agudizaba sus sentidos y su temperamento se calmaba, volviéndose gentil. Independientemente de la visión errónea que esta mujer inmadura tuviera sobre él, el propio Hades sostuvo que había una clara diferencia en su estado de ánimo en cuanto la veía.
Pero era realmente molesto la razón por la que la joven buscó en él una sombra de su padre. Aquello suponía un problema porque, para él, sin importar cómo la mirara, ella seguía siendo una mujer. Una chica viva que incitaba su deseo de codiciarla y hacerla suya.
—Ahí es donde todo empezó a ir mal.—dijo Hades pensativo.
—¿Qué hay de malo? ¿Qué quieres decir?
—Venir aquí, buscarme y encontrarte conmigo.
—¿Por qué eres tan insensible?
Hades se inclinó y la miró fijamente. Rozo sus labios ligeramente entreabiertos con las yemas de sus dedos. Si ella lo hubiera atraído a sabiendas, él no se habría enterado; si lo hubiera tentado con un falso pretexto, hasta Afrodita lo habría desaprobado de una mirada.
Mimy: No lo creo… Afrodita se tiró a Ares innumerables veces estando casada con Hefesto… XD Es más, hay una versión que dice que ella mandó a su hijo predilecto, Eros, a tirarle una flecha del amor a Hades cuando este salió a la superficie (por culpa de una erupción de un volcán). Haciendo que éste se enamorara de Kore y la raptara. ¿Razón? A Afrodita no le molaba que Hades no fuera partícipe del amor encerrándose en el Inframundo y que Kore fuera por el camino de ser virgen como Hestia, Atenea y Artemisa (Esta es la versión en la que se basa en el comienzo de Lore Olympus, para quien lo leyó).
Él se perdió en los ojos claros de color amarillo que lo miraban intensamente. Estaban llenos de vida, como las llamas ardientes que inundaban el inframundo.
—¿Cómo dijiste que me ves?—preguntó él, con un ligero deje de provocación.
Para que ella no pudiera evitarlo, Hades agarró ligeramente su mejilla e inclinó su cabeza hacia arriba para hacer contacto visual. Sus ojos se encontraron, y los de él estaban llenos de deseo. Ante esa mirada, los hombros de Perséfone se pusieron naturalmente rígidos y a Hades realmente le gustó eso. Era extrañamente placentero.
—¿Tu padre te miraba así?—continuó él.
Toda la ternura se desvaneció, dejando sólo lujuria a su paso.
—¿Crees que tu padre te haría esto?
Moka: Jajaja que no le haría ese.
Dicho esto, Hades acercó su rostro y sus labios rozaron los fríos de ella. Era una broma a medias, pero ni siquiera él podía estar seguro de que lo fuera.
Los hombros de Perséfone temblaron de sorpresa ante la sensación desconocida de su boca sobre la de él. Fue un beso.
Al estar atrapada en la isla, nunca antes había conocido a un hombre, así que, por supuesto, esta era su primera vez. Se le cortó la respiración al sentir el suave roce, y la sensación de presión. Sintió que su corazón iba a explotar.
Hades entreabrió su mirada y la contempló intensamente ,posando sus ojos sobre los de ella, los cuales estaban abiertos como platos. Luego, lentamente tiró de las comisuras de los labios y susurró con una sonrisa:
—¿Lo ves? No me parezco en nada a tu padre, a quien ni siquiera conoces, y esta, es la última advertencia.
—…
—Significa que huyas cuando te suelte. Sé que eres ingenua, pero hay que ser sensatos.
Los lóbulos de las orejas de Perséfone se volvieron de un rojo brillante. Hades pensó en lo feliz que sería si un día esta chica cayera al Inframundo; completamente en sus brazos. Pero intentó apartar inmediatamente esa idea de su mente y esperó que ella diera un paso atrás, asustada. Sin embargo, la joven, como siempre lo había hecho desde el principio, nunca le dio la reacción que él suponía y volvió a sorprenderlo.
En lugar de huir aterrada, Perséfone curvó las comisuras de sus labios y, sin previo aviso, se colgó de su cuello al mismo tiempo que él fruncía el ceño.
Mimy: Ingenua mi culo.
—Esto está bien, es bueno. Pero, ¿por qué me dices que huya?
—…
—No lo entiendo… ¿Por qué actúas como si no te gustara, cuando es obvio que sí?
Los labios de la chica torpemente colgada tocaron tímidamente los del hombre que se había quedado mudo, sin palabras. Un ligero roce, como una caricia, que se separó lentamente.
—¿También haces esto con otras chicas?
Mimy: Hades, no se si compadecerte o reírme XD
—¡Disparates!
—¿Eso significa que no?
Hades, que se había echado hacia atrás torpemente, lanzó una sonrisa pícara echándose a reír.
—Hades, te gusto, ¿verdad?—preguntó Perséfone entusiasmada—. ¿Has estado pensando en mí todo este tiempo?
Él no podía negarlo. La atracción estuvo ahí, desde el principio.
Una gota de veneno puede estropear todo un pozo limpio. Los errores de los innumerables muertos que sufrían en el Inframundo siempre comenzaron con una pequeña chispa, la misma que él sintió la primera vez que la vio.
—Es irrazonable, pero confieso que incluso especulé con esta posibilidad.—dijo Hades nuevamente resignado.
No podía ganar ante esa chica que siempre lo tomaba desprevenido. Además, la paciencia del gobernante tenía un límite. Había estado aislado durante mucho tiempo y sus labios anhelaban el toque cálido que la joven Perséfone le podía brindar. Intentó contenerse, pero ya no podía soportarlo más. Irremediablemente, Hades la agarró por la nuca y la besó apasionadamente. En ese instante todos sus cálculos y juicio perdieron su sentido, haciéndose añicos. Ya no había marcha atrás para el imponente Hades, Rey del inframundo.
Dicen que suceden cosas extrañas en las noches de Hécate y, al igual que una gota de veneno cayendo sobre agua cristalina, ambos, ese día, cruzaron un punto de no retorno. Entre la niebla del Inframundo que los envolvía, el único arrepentimiento que podría haber, no era otro que el precio de aquella dulzura compartida entre un hombre y una mujer. No obstante, las consecuencias de lo prohibido aún estarían por llegar.
༻❁༺
Temprano por la mañana, Perséfone volvía a hurtadillas a sus aposentos. Pero la característica voz de Cyane, la cual era un poco menos aguda que la de las otras ninfas, hizo que la chica se detuviera dando un pequeño respingo:
—¿Dónde has estado?
En ese instante, Perséfone chasqueó la lengua por lo bajo, ya que su plan de esconderse rápidamente dentro de la habitación volvía a fracasar estrepitosamente.
Aunque Cyane era menos astuta que su madre, también era una de las ninfas que ella había asignado con el único propósito de vigilar a Perséfone. Así que, básicamente hacía de el papel de centinela mientras la joven vivía su encarcelamiento en la isla. Deméter había asegurado que eran para protegerla y cuidarla durante su ausencia, pero su hija sabía perfectamente que no era así.
No era de extrañar que, para cumplir las altas expectativas de su madre, las ninfas se mantuvieran alerta en todo momento y, por ese mismo motivo, una vez más, la habían atrapado en el acto.
—Cyane, hoy te levantaste muy temprano.—contestó Perséfone dándose la vuelta con el ceño fruncido.
—Kore, ¿qué diablos has estado haciendo estos días?
—¿Qué quieres decir? No sé de qué me hablas.
—Te has estado escapando por la noche últimamente y sola, además.—dijo Cyane mostrando preocupación en su rostro.
—¡Dejadme en paz! A veces me gusta estar sola. ¿Acaso tampoco se me permite hacer eso?
—¡No es así! ¿Cómo puedes decir eso?
—…
—Kore, solíamos ser cercanas, sé honesta conmigo, por favor…
«Cierto, hubo un tiempo en el que fue así… Cuando aún era muy joven e ingenua…»
Perséfone, siendo tan solo una niña, creía que la isla donde vivía junto con las ninfas era el paraíso. Sin embargo, a medida que crecía se dio cuenta de que, si no huía, quedaría prisionera en ella para siempre.
Se decía que era para mantenerla alejada de los horrores y el daño del mundo exterior. Pero, a veces, se parecía más a un castigo impuesto por su madre. Según su progenitora no podía evitarlo porque lo hacía “por amor”. No obstante, si de verdad fuera así, aquel afecto materno era tan grande y asfixiante como para soportarlo a voluntad.
—¿Has estado cerca del acantilado?—intentó indagarla ninfa.
—… ¿Me has estado espiando?—preguntó Perséfone ofendida.
—Hueles a mar, y además tienes algo de arena encima.
—Estamos en una isla, Cyane. El olor del mar está en todas partes.
—Es cierto que no tengo los agudos sentidos de un cazador nocturno, ni tampoco cientos de ojos como *Aristeo, pero no creas que soy tonta y no sé nada.—reprochó Cyane mostrando una mueca como si la hubieran insultado.
*Aristeo: Dios menor de la mitología griega también conocido como “el guardián de las abejas”. Es el Dios patrón del ganado, de los árboles frutales, de la caza, la agricultura y la apicultura. Además era hijo de Apolo y de la cazadora Cirene, la cual despreciaba el hilado y otras artes femeninas, prefiriendo pasar su tiempo cazando.
Cyane estaba intranquila porque hoy no era la primera vez que Perséfone salía por la noche y regresaba hasta la mañana. La isla era más segura que cualquier otro lugar en el mundo para la joven Diosa, pero era difícil para las ninfas que tenían la tarea de servirla. Como era la adorada niña de Deméter, todos los días temían por la reacción de la Diosa de la agricultura si alguna vez se enteraba de las escapadas secretas de su hija.
Mimy: Alerta Spoiler- En la mitología las convierte en sirenas cuando se entera. Las ninfas siempre sufren en casi todos los mitos, creo que ni una se libra.
La última vez que Perséfone desapareció, Niasis fue la primera en darse cuenta y, por supuesto, rápidamente se lo contó tanto a Aretusa como a Cyane. Ese mismo día, por la mañana, Niasis advirtió a la Diosa con una actitud más brutal que la que hoy Cyane mostraba. Tal como lo hacía ella ahora, preguntaban y reprochaban la actitud de Perséfone. Pero estaba claro que la joven no escuchaba ni le importaba en absoluto sus quejas.
{—¿A dónde fuiste, Kore?}
Niasis y Aretusa, quienes también estaban bajo la autoridad de Deméter, eran mucho más directas que Cyane y no se amilanaban ante la dura actitud de Perséfone.
{—Kore, ¿estás loca? ¡Por los Dioses del Olimpo! Deja de ser tan caprichosa que ya no eres una niña, ¿si? No tienes idea de lo enojada que estaría Deméter si se enterara, o mucho peor, el castigo que nos podría dar. Solo de pensar en todos los problemas en que nos meterían tus tontas escapadas nocturnas… ¡Ack! ¡¿Por qué tienes tantas cicatrices en los pies, Kore?!}
Aquella relación cercana que una vez Perséfone tuvo con las ninfas, se había vuelto inerte e insostenible sin darse cuenta. Todos los día era la misma historia:
{—¡Kore! Dijiste que no volverías a deambular sola.}
{—Kore, ¿crees que existe un lugar tan seguro como esta isla?}
{—Kore, Deméter dijo…}
{—Kore, Kore, Kore, … ¡Parad de una vez y dejadme en paz! ¡Estoy harta!}
A medida que los días pasaban la actitud fría de Perséfone obligó a las ninfas Niasis y Aretusa a rendirse. No importaba cuánto la recordaran de niña, ahora era difícil de soportar.
Sin embargo, Cyane aún no había abandonado a Perséfone por completo. Incluso cuando la joven Diosa acosaba o mataba “accidentalmente” a los animales, cuando ignoraba las órdenes de Deméter descuidando los cultivos y los campos de la isla, o cuando tenía rabietas e intentaba arruinarlas; Cyane, a pesar de todo eso, siempre estaba allí para ella. Se hacía cargo en silencio de la situación confiando en que Perséfone algún día aceptaría la realidad y cambiaría para bien.
No obstante, a veces se arrepentía de hacerlo. Sobre todo cuando Perséfone, sabiéndolo, intentaba utilizarla a su favor. Tal y como lo hacía ahora:
—… ¿Se lo vas a decir a mi madre?—preguntó Perséfone suavizando el tono todo lo que pudo.
—… No, no se lo diré.
—¿Ni siquiera a Niasis y Aretusa?
Cyane asintió de mala gana y continuó diciendo:
—Así que, por favor, respóndeme con sinceridad. ¿A dónde diablos te has ido hasta tan temprano en la mañana estos días? ¿Y qué demonios has estado haciendo como para tener semejantes moratones en las manos y en los pies?
—Fui a dar un paseo por ahí.
—¿Puedes jurar por el río Styx que solo has salido a pasear y no me estás mintiendo?
Perséfone frunció suavemente los labios y luego los apartó lentamente respondiendo duramente:
—Recuerdo que Helios una vez juró sinceridad, pero recibió una tragedia a cambio. Así que, ¿no es demasiado mencionar el juramento de ese río por algo que no es tan importante, Cyane? ¿No crees que eso es algo imprudente de tu parte?
—Las circunstancias de eso y ahora son diferentes. ¿Es verdad que solo saliste a caminar?
—Si no quieres creerlo, pues no lo hagas.
Perséfone entró en su habitación ignorando descaradamente a Cyane. No importaba lo que dijeran. Para ella las ninfas valían menos que un árbol del bosque, y mientras no se lo dijeran a Deméter, era suficiente.
Mimy: Y mientras tanto Perséfone haciéndose pasar por una ninfa XD
Pero hoy, especialmente, no estaba tan molesta con las aburridas quejas de Cyane. De hecho, hacía tiempo que no estaba de tan buen humor.
Una sonrisa tímida se dibujó en el rostro de Perséfone mientras se recostaba boca abajo en la cama. Se tocó los labios, lamentando la sensación cosquilleante que ahora ya había desaparecido. Lo echaba de menos y no había pasado ni una hora desde su encuentro con Hades. Luego, todavía pensando en él, enterró la cara en la funda de la almohada y sacudió la cabeza.
«Me encanta.»
Perséfone tenía muy presente lo bien que se había sentido cuando Hades la besó. El momento en que ambos juntaron los labios y lo mucho que le latía el corazón.
«Un beso, realmente fue un beso.»
El gobernante del vasto Inframundo, la “Muerte” misma y el dueño del Quinair la había besado apasionadamente. Abriendo los labios, metiendo su lengua y explorando el interior de su boca. En aquel instante, es cierto que ella se sintió realmente aturdida. Era la primera vez que experimentaba algo como eso, pero la sensación había sido tan buena que sintió escalofríos de placer recorriendo todo su cuerpo. Por eso, la joven no paraba de rememorar una y otra vez aquel dulce beso, era algo que no podía olvidar ni siquiera después de que terminó la noche.
Por supuesto, para consternación de Perséfone, Hades desapareció en cuanto terminó de besarla. Era como si él mismo estuviera avergonzado de lo que había hecho.
Mimy: Pobre hombre…
Pero por suerte, esta vez él no se había ido diciendo algo que no tenía intención de decir como:
“No vuelvas más.”
Eso era una buena señal para Perséfone y por eso estaba segura de que Hades debía estar, al menos, un poco enamorado de ella.
Es sabido que la base de toda alegría es la “esperanza”. Perséfone creía que Hades era como un padre que la libraría de su aislamiento en la isla. Sin embargo, estaba completamente equivocada. Esa calidez y confort que sintió la primera vez que lo vio no era debido a ningún sentimiento paterno, sino a algo más.
Con esa realidad en mente, la voz de “ella”, que le había estado susurrando obsesivamente, volvió:
«Es él.»
¿Es porque Hades era un ser del Inframundo que la joven sentía tal atracción? ¿O una curiosidad pasajera por probar una fruta prohibida? No, al contrario, Perséfone lo anhelaba demasiado como para ser solo eso.
La voz de Niasis se escuchó afuera de la puerta y la sacó de su ensimismamiento:
—Cyane, ¿qué estás haciendo ahí? ¿Qué le pasa a tu cara?
Perséfone levantó los ojos con frialdad y miró más allá de la puerta cerrada. Las dos ninfas conversaban entre ellas:
—… ¿Qué le pasa a mi cara?
—Parece que no has pegado ojo en toda la noche. ¿Kore está despierta?
Molesta, Perséfone apretó la manta con fuerza hasta que los nudillos se volvieron blancos.
{—Soy N-Niasis.}
Recordó el momento en que le había mentido a Hades. Con sus labios curvados dibujó una suave sonrisa diciendo suavemente: “Niasis”. Perséfone se cubrió con la manta y frunció el ceño.
«No debería haber dicho Niasis.»
Estaba celosa del nombre que mencionó y, frustrada, se escondió debajo de las sábanas cerrando los ojos con fuerza.
«¡Qué maravilloso sería si la misteriosa Diosa Hécate extendiera su velo todas las noches! ¡Qué maravilloso sería si ella se tragara este mundo con vida!»
Los pensamientos de Perséfone estaban llenos de Hades y el Inframundo, anhelándolo y deseándolo.
«Entonces, si fuera así, si pudiera estar con él, a su lado ¿qué tan afortunada y libre sería?»
༻❁༺
Hécate se durmió más allá del horizonte y, a medida que transcurría el tiempo, la misericordia de Nyx acarició pacíficamente la superficie de la tierra. En ese momento, las ninfas, cansadas de jugar todo el día, dormían profundamente. Sin embargo, Perséfone, que había estado mirando por la ventana mientras escuchaba el zumbido de los insectos, se levantó y, de puntillas, salió sigilosamente como una ladrona.
Después de escalar el acantilado y arrastrarse precariamente por las rocas, apareció ante ella una cueva poco profunda sumergida en el agua del mar. Perséfone empujó su cuerpo hacia la estrecha y oscura entrada sin dudarlo, deslizándose hacia adentro, sin siquiera importarle que sus rodillas se lastimaran con el roce.
«Tsk.»
Tal y como esperaba, sin la magia de Hécate, solo se encontró una pared infranqueable que, como siempre, la puso de mal humor. La noche tranquila de Nyx, era así de aburrida. Maldiciendo por dentro a todos los Dioses, Perséfone golpeó la pared de piedra con el puño fuertemente cerrado.
«Lo sabía, maldita sea… No debí haberlo olvidado.»
Después de quejarse por un rato, Perséfone se agachó con las rodillas juntas. Luego cogió una piedra y comenzó a rascar la superficie rocosa. Cuando la noche de Hécate no llegaba, al igual que hoy, ella seguía visitando a menudo la cueva y pasaba su tiempo garabateando pequeños graffitis en la estrecha pared.
Aunque esta vez, en particular, Perséfone tenía la cabeza llena de pensamientos sobre el Dios del Inframundo.
«¿Vendrá Hades a buscarme? ¿Dónde podría conseguir monedas? Si Caronte dice que no de nuevo… ¿Debería de intentar cruzarlo a nado? Hmmm… Pero el río es ancho y a saber qué hay en las profundidades…»
Perséfone arañó la pared hasta que la piedra se desgastó, letra a letra.
[Yo…]
Estaba escrito con letras irregulares. Divirtiéndose sin ser consciente de cómo pasaba el tiempo.

RAW HUNTER: MOKA
TRADUCCIÓN: MOKA
CORRECCIÓN: MIMY