Capítulo 11: ¿Quién demonios eres?
Hades se derretía de placer; no solo por la sensación de Perséfone comiéndole la polla entre lametones y chupadas, sino por los estímulos que se apoderaban de él al encontrarse con la mirada nublada de la joven. Unos ojos húmedos que lo contemplaban, ardientes de deseo y llenos de hambre. Era demasiado tentador y provocativo verla así, arrodillada ante él mientras se deleitaba con su dura erección. Era como rebobinar los recuerdos de su último encuentro; donde la besó con lengua apasionadamente, le metió el pene entre los labios varias veces hasta que, al final, terminó penetrando su virgen coño sin descanso.
Pero ahora, la urgencia de aquella noche se había atenuado un poco y Perséfone se tomaba su tiempo para deslizar su longitud por su garganta mientras exploraba cada detalle de su polla con la boca.
Más que lujuria desenfrenada, aquel era un momento de deseo, relajado y lleno de dulzura.
En ese instante, ella sacó la punta del glande y se relamió los labios.
—Dices cosas raras.—dijo Perséfone rompiendo el ambiente mientras acariciaba su miembro con la mano.
Hades, que llevaba un tiempo perdido en las inmediaciones del éxtasis, no pudo entender sus palabras y se quedó sin palabras contemplando la forma en que ella sonreía inocentemente con una mirada fascinada. Tardó un tiempo en darse cuenta de que ese era su modo de evitar responder a la pregunta de si era una ninfa o no.
—¿Te entristece que haya pasado tanto tiempo desde la última vez que nos vimos? ¿Es por eso que estás así?—continuó la joven antes de volver a chuparle la cabeza del pene con los labios como si fuera un caramelo.
Hades, con los dedos la cogió suavemente de la barbilla y ella se levantó siguiendo el movimiento de su mano hasta que sus rostros estuvieron a un palmo de distancia. Con su pulgar, apretó el labio inferior de su boca entreabierta, como diciéndole que era hora de parar y continuar con la conversación.
Sin embargo, Perséfone cerró su mandíbula colgante y lo besó de manera ardiente. Como si la hubiera estado esperando, Hades se dejó llevar, el baile de sus lenguas se intensificó y sus respiraciones se volvieron entrecortadas. Para él, era muy difícil resistirse a aquel juego de seducción donde la excitación calentaba tanto el cerebro de uno que era imposible pensar con claridad.
Pero entonces, de repente, y haciendo acopio del poco control que tenía en aquella situación, Hades retrocedió. Si seguía así, era como encontrarse ante la visión de estar hundiéndose él mismo en un pantano de pura lujuria. Además, ahora había cosas más importantes que resolver antes que entregarse por completo al deseo carnal que Perséfone le ponía en bandeja de plata.
—¿Eres realmente una ninfa?—insistió el Rey del Inframundo.
—…
—No me hagas preguntar tres veces lo mismo, Niasis.—perseveró el Dios resistiéndose a los encantos de la chica.
—Por favor, no me mires de ese modo y ya te dije que no me gusta que me llamen así.
—Entonces, ¿por qué no puedes responderme con claridad, Niasis? Supongo que sabrás que una simple ninfa no es libre de abandonar mi reino sin cruzar de nuevo el Aqueronte, ¿verdad?
Perséfone lamentó su mentira. Si hubiera imaginado que él pronunciaría el nombre de Niasis con tanta dulzura, nunca se lo habría dicho.
«Hades… ¿Acaso tienes idea de cuánto tiempo he estado esperando este día de libertad nuevamente para poder volver a verte? Todo lo que he hecho, lo que tuve que pasar… ¿Y solo ha sido para terminar siendo tratada así por ti, con tanta frialdad?»
Perséfone levantó la vista hacia él, frunciendo el ceño ante la angustia que brotaba de su interior. Aun así, lo único que veía en sus grises pupilas era una mirada tan distante que le costaba creer que fuera el hombre que la había besado con tanta pasión momentos antes.
—Nia-
Mas antes de que terminara la palabra, Perséfone se puso de rodillas, agarró la mano del Rey del Inframundo con fuerza y tiró de él hacia abajo hasta que estuvo a la altura de sus ojos. Luego, con vehemencia, ella suplicó:
—Hades, aunque hieras mis sentimientos, todavía seguiré volviendo a ti. Tan sólo busco estar a tu lado, pero no puedo ser honesta con mi adorada madre acerca de esto… Incluso he llegado a pelear con esas molestas otras ninfas porque eres el único al que quiero ver… Ha sido así desde la primera vez que te conocí. ¿No me crees? Si es así, ¿qué se supone que debo hacer? Por favor, dime, Hades…
—Niasis.
—Kore. Si no me llamas Kore…
Extendiendo sus brazos, las manos rápidas de Perséfone se aferraron al rostro de Hades sujetándolo por las mejillas. Sus dedos se apretaron con tal fuerza, que cada nudillo que dobló se tornó de color blanco, y sus uñas se clavaron en la piel de la cara del hombre, dejando largas hendiduras tras de sí.
Hades contempló a Perséfone, quien se había abalanzado como una bestia, con una mirada que oscilaba entre indiferencia y burla. Ni siquiera podía sentir dolor por algo como eso, así que, si eso era lo que ella pretendía, sus esfuerzos eran en vano.
—Estoy muy molesta, Hades…—continuó Perséfone—. Lo suficiente como para herirte de esta manera.
—…
—No tienes ni idea… He estado pensando en ti todo este tiempo, ¿y tú solo tienes sospechas? ¿Qué tanto importa si soy o no una ninfa?
—… Kore.
Finalmente, Perséfone apartó las uñas y acunó su cabeza entre sus brazos.
—Te he echado tanto de menos.––confesó la chica—. Pero no podía salir porque mi madre estaba allí conmigo. Ese lugar es como una prisión y, por mucho que quiera, no puedo hacer nada al respecto… Me has estado esperando, ¿verdad? ¿Desde cuándo? Dímelo, si no, nunca lo sabré.
A veces, cuando Hades hablaba con ella, había momentos en los que se sentía fuera de sí, como si sus actos discreparan de su habitual comportamiento. Desde un principio había sido ella la primera en decir que le gustaba, fue también la que lo había perseguido sin cesar y los sus sentimientos que le mostraba siempre permanecieron constantes, concordando con lo que hacía y decía. Perséfone era genuina con él, en términos de querer y deseo. Sin embargo, había demasiadas incógnitas que despertaban el interés y las dudas de Hades. Pero, aun así, lo que era más extraño de todo era él mismo. Había sucumbido tanto a los encantos de la joven que, no haberla tenido a su lado durante un tiempo, fue como no despertar de una amarga pesadilla.
Hades se mordió el labio inferior. Tanto había criticado tanto a su hermano y ahora él estaba así por una mujer; con el corazón latiendo a mil por hora.
—Hay muchas más cosas que no sabes.—respondió él con sorna—. Como por ejemplo…
—…
—Qué es lo que estoy pensando ahora mismo…
Ella, al escuchar aquellas palabras que Hades pronunciaba con voz sensual, podía sentir cómo las cosquillas brotaban en sus entrañas. Tuvo la corazonada de que algo andaba mal, pero su razón no funcionaba correctamente. Los brazos de Hades rodearon su pequeña espalda y tiraron de ella en un abrazo aplastante. Su temperatura corporal, su calor; fuera lo que fuera, hizo que los latidos de la muchacha se aceleraran in crescendo. Hades, que había dejado escapar un suave gemido, la rodeo con más fuerza diciendo:
—¿Qué demonios eres?
—Hades, me duele, no puedo respirar.
—¿Qué demonios…? Maldita sea… ¿Qué clase de mujer me hace eso?
Abrazándolo fuertemente, mientras él enterraba su rostro en el hueco del cuello de la joven, Perséfone le acarició los hombros por detrás.
—Se siente tan bien abrazarte así, que no puedo pensar en otra cosa más que desear que este momento dure para siempre. Así debe ser el amor, ¿verdad, Hades?
Durante todos los años que Hades había vivido aislado de la Tierra, no había conocido ni el amor espiritual de Eros ni el amor sexual de Afrodita. Así que, para él, la palabra “amor” en sí, era una “exageración inexistente”. Algo sin fundamento por el que miles de seres codiciaban sin saber muy bien lo que era.
Mimy: Como curiosidad; Afrodita, es la Diosa de la belleza y el amor. Sin embargo, el amor que representa, más bien se relaciona con la pasión, deseo carnal y lujuria. Aparte, si alguien quiere acostarse con Afrodita sin que ella lo desee, es capaz de inhibir el deseo sexual de la otra persona; ya que es su dominio (Por eso Zeus no llega a tener relaciones con ella) Sin embargo, Eros representa el amor genuino en sí; un amor que no tiene por qué conllevar sexo entre medias. Parece bonito, pero si no es correspondido puede terminar en obsesión y hasta destruir ciudades (créeme las flechas de Eros son más peligrosas de lo que parecen). También tiene flechas de lo contrario (odio sin igual) y es el hijo predilecto de Afrodita. Así que es mejor no ofenderlos XD.
A pesar de que había hecho la vista gorda ante el comportamiento grosero de aquella chica, simplemente porque le parecía encantadora, nunca pensó que la palabra “amor” se escaparía de sus labios. Quizás otra persona esperaría oírlo; ya que la joven había corrido hacia él varias veces sin dudarlo, no había rehuido cuando se besaron y muchos menos renegó de él cuando se acostaron durante toda una noche. Era evidente que una cosa llevaría a la otra.
No obstante, Hades era primerizo ante aquellos sentimientos tan fuertes que lo llevaban a extremos impensables; tales como el haber perdido la cabeza cuando no la vio en sus aposentos o el terminar vagando locamente por todo el Inframundo en consecuencia. Además, a todo eso se sumaba el hecho de que era incapaz de asimilar el tiempo que se desvanecía cuando ella estaba a su lado; como si fuera una dimensión que se escapaba al conteo de Cronos. ¿Acaso todo eso se podía explicar con una palabra tan simple? ¿Amor?
Si tuviera que describirlo, la joven era más bien como una espina clavándose profundamente en su corazón. Era alguien por el que anhelaba y codiciaba, a diferencia de las demás cosas triviales que se podían lavar en el río del olvido. Eso era ella, para él.
En un descuido, Hades soltó con indiferencia:
—Te daré el Inframundo
—Hades.
—A cambio, solo pido una cosa; que te quedes por siempre a mi lado. Entonces, ¿te liberarás de la esclavitud de Phoibos para unirte a mí en mi Reino?
—¿Te refieres a…? ¿Vivir aquí?—preguntó Perséfone mientras lo apartaba.
Mimy: Pues chica, te lo has buscado que le quieres… Pena ninguna. Aparte serías Reina, dime tú si no es un buen negocio. Si no, tranquila que también te dará todas sus posesiones.
—Sí, estaría bien, ¿no? Aquí, en el Inframundo, hay suficientes tesoros como para desbordar todas las riquezas de la Tierra juntas. Aunque bien es cierto que este lugar está lleno de muerte, sufrimiento y gritos atemorizantes que pueden llegar a asustarte al principio; pero…
—Estoy realmente muy… feliz.—interrumpió Perséfone viendo que Hades iba muy en serio—. Pero no puedo hacer eso.
—…
—Si me quedo aquí, le rompería el corazón a mi madre porque, para ella, debo ser una buena hija obediente.—al ver que el Dios no respondía, ella añadió con nerviosismo—. No me malentiendas. La verdad es que yo… quiero verte todos los días. Sin embargo, juré que no la decepcionaría ni abandonaría. Pero, sobre todo, Hades…
—…
Él, con una expresión seria que era difícil de descifrar, permaneció mudo. A lo que Perséfone se vio obligada a confesar lo que le pesaba más en el corazón:
—Hades, si te pones a pensar… Realmente nunca me has dicho que me amas. Por eso no puedo vivir en el Inframundo y darle la espalda a mi madre, que sí me ama. ¿Me equivoco? ¿O me amas lo suficiente como para obligar a que me quede contigo por una eternidad?
Se hizo un breve silencio. Hades, con una mano en la frente, apretó la mandíbula y gimió. El gemido pronto se convirtió en algo parecido a una risa sarcástica mezclado con una mueca de desprecio.
—Ahora lo veo… Esto es superior a mí. Cuando por fin me tienes a tu merced, intentas burlarte de cómo me siento.
—No quise decir eso…
—¿Entonces? ¡Tú fuiste la que me deseó primero!—cortó Hades con una sonrisa mordaz.
—Sí, y todavía lo hago.
—No importa cuánto me atraigas, nunca te obligaría a permanecer en el Inframundo en contra de tu voluntad. ¿Y qué es eso de amar lo “suficiente” como para hacer que te quedes aquí? Me decepciona que pienses así… ¡Bah! Olvida lo que dije. Ni siquiera sé por qué me seguiste en primer lugar.
—Hades, ¿por qué eres tan desconfiado?
Pero antes de que el Rey del Inframundo respondiera, la voz de otra mujer interrumpió la conversación.
—Mi señor.—dijo Keres parada frente a la puerta—. ¿Qué hace esa cicatriz en tu cara?
Perséfone, al verla, abrió los ojos con incredulidad, pero rápidamente borró la expresión de asombro de su rostro al darse cuenta de quién se trataba.
Por otro lado, Hades se frotó distraídamente la mejilla y la miró con el ceño fruncido. Sabiendo que sus subordinados acudían a él para informarle de lo que ocurría en el Reino, el Dios preguntó:
—¿Qué ha pasado?
Perséfone recordó perfectamente cómo se llamaba aquella mujer:
«Keres…»
No solo se acordaba de ella porque la aborrecía, sino porque odiaba especialmente su nombre. No entendía cómo una Diosa como ella, cuya denominación era similar al segundo nombre de su madre, permanecía al lado de Hades.
Mimy: el nombre de “Keres” es similar a “Ceres”. Como sabéis los romanos copiaron la mitología griega con unas pequeñas variaciones. Pues “Deméter” (Diosa griega de la agricultura) se la conocía con el nombre de “Ceres” en la antigua Roma. Tanta era su importancia que hoy en día permanece su legado en forma de palabra: “cereal” 🙂
Keres arrugó las cejas lentamente, mirando con rabia la mano de Perséfone. Hades, que notó la tensión en el ambiente, se dio la vuelta hablando en un tono bastante nervioso:
—Bueno, ¿Está Hermes aquí?
—Sí. Cruzó el río Lethe hace un rato.
De soslayo, la mirada de Hades se posó por un momento en Perséfone.
—Hades, ¿te vas a ir así otra vez? Estábamos en medio de una conversación. Hace mucho que no te veo, ¿y ahora me plantada aquí, de forma tan arbitraria?
—Hermes lo está esperando y trajo consigo un mensaje de Zeus.—cortó Keres con un tono punzante.
Perséfone, se giró hacia ella, apretó los puños y la fulminó con la mirada. Estaba empezando a hartarse de la suficiencia con la que esa mujer irrumpía su tiempo con Hades.
«Mujer despreciable… ¿Quién crees que eres como para contestarme cuando no te pregunté a ti?»
Para ella, Keres no era nada más que una zorra que se pensaba que era tan superior como para responderle en nombre de Hades y, para colmo, él ni siquiera se molestó en llamarle la atención. Por eso, su aversión hacia ella no hizo más que crecer en desmesura.
Hades, que había notado el malhumor de la joven, articuló:
—Cuando regrese.
Perséfone adivinó completamente cuál era la oración incompleta de Hades. Significaba “quédate aquí hasta que regrese”. Sin embargo, eso no tranquilizó a la chica, quien ya estaba bastante irritada por ver a Keres en carne y hueso.
—Esperaré.—se limitó a decir Perséfone.
—…
—Te lo prometo, así que ven rápido. Me entristece mucho que te vayas y no quiero despedirme cuando estás así de enfadado. Así que, date prisa en volver.—concluyó ella.
Tras esto, Hades y Keres se fueron dejándola completamente sola.
༻❁༺
Perséfone esperaba que hoy hubiera sido un día un poco más diferente; un reencuentro constructivo y agradable. Se alegraba mucho de que no la hubiera olvidado. Pero, por otro lado, verlo irse de esa manera, tan alterado y malhumorado, la dejó preocupada. Todo habría ido bien, si no hubiera aparecido esa intrusa llamada Keres. Toda esta situación la dejó bastante nerviosa, además de que también estaba realmente dolida y decepcionada por cómo Hades había actuado.
«¿Qué puede ser más importante que mostrarme afecto en este momento?»
Moka: Damn nena tranquila, jajaja la más posesiva.
Mimy: Yo no sé qué pensar de ella. Es una mezcla entre infantil, controladora y tóxica celosa. Le dedicaría tranquilamente la canción “Bye Bye Bye” de NSYNC (que ahora está muy de moda). Aunque, todo hay que decirlo, a diferencia de otras novelas +19 donde la prota es una estrella de mar / saco de patatas en la cama, ésta es bastante proactiva XD
Perséfone, que estaba descansando sobre la cama, se disponía a levantarse, cuando escuchó pasos afuera. No habían pasado ni diez minutos desde que él abandonó la habitación, por lo que la chica se alegró prematuramente.
«Lo sabía. Seguramente, Hades habrá vuelto porque no quiere dejarme sola».
Pensó Perséfone mientras volvía la vista hacia la puerta con una sonrisa que pronto se desvaneció.
Keres, que se había ido con Hades, había vuelto y estaba apoyada pesadamente contra el marco de la puerta. Su mirada era gélida y afilada como un cuchillo, mientras la observaba con los ojos entrecerrados. Perséfone, al verla así, sintió cómo un escalofrío le recorría la espalda.
—Mucho tiempo sin verte.—dijo la mujer con un semblante grave y serio.
Keres parecía bastante disgustada. Había algo sospechoso en la chica, por no decir otra cosa. Hacía un par de meses, Hades le había ordenado encontrarla y le había dicho que era una ninfa. Pero, obviamente ella no lo había creído fácilmente. ¿Cómo podría ser una simple ninfa?
El Inframundo no había estado en paz en los últimos dos meses. Especialmente desde que aquella misteriosa muchacha atrajo la atención de Hades y desapareció. Sin embargo, hoy, viendo el daño que le había hecho a su Rey, realmente no quería quedarse de brazos cruzados y verla salirse con la suya. Aquella ninfa impostora se había pasado de la raya.
Moka: Recuerden que le encajó sus uñas a Hades.
Mimy: Aunque creo que a Hades le duele más que lo hubiera rechazado después de haberle ofrecido todo. Es como indirectamente decir: “nunca seré tuya” Bye Bye Bye.
—¿Quién te crees que eres?
—¿Qué quieres decir?
—Si huiste, no deberías haber vuelto.—atacó Keres y, con una mirada suspicaz que cruzó sus ojos fugazmente, añadió—. ¿Eres siquiera una ninfa?
Perséfone frunció los labios y guardó silencio. Recordó que Hades le había preguntado lo mismo hoy, y se convenció de que él había empezado a sospechar de ella por culpa de la intromisión de aquella mujer.
Tras pensarlo unos minutos, Perséfone preguntó:
—¿Amas a Hades? ¿Por eso le dijiste que yo no era una ninfa?
—Él es el Rey. Hace años que vino a estas tierras inhóspitas para gobernar sobre ellas y, gracias a él, todo permanece en orden. No obstante, a veces vienen molestos esclavos libres de Phoibos como tú, que bajan para vagar libremente sin pensar en las consecuencias, trayendo consigo todo tipo de problemas. Aun así, mi Señor siempre se esfuerza y sacrifica por mantener la calma en el Inframundo. Por eso no puedo evitar quererlo y lo respeto con toda mi alma.
—Entonces, ¿A él le gustas?
—Yo no soy más que su devota seguidora. Su sierva más fiel, que lo ama con todo su ser.—concluyó Keres curvando levemente sus labios.
La sonrisa mezquina de la mujer era la más hermosa que cualquiera que Perséfone hubiera visto jamás. Desde el principio, le había parecido la pareja perfecta para Hades, por eso no le había gustado desde la primera vez que la vio.
La mayoría de las personas que Perséfone había conocido a lo largo de su vida habían sido a través de rumores. Había oído hablar de Afrodita, cuya belleza era magnífica y por eso tenía muchos seguidores. Pero también estaba la Princesa Atenea, que se sabía que su aspecto era comparable al de dicha Diosa del amor. Sin embargo, después de observar detenidamente a Keres, Perséfone estaba segura de que ambas Diosas, orgullosas de su hermosura, se pondrían rojas de ira al verla.
Es por eso que ella estaba molesta y furiosa. La insinuación de que Hades tuviera a su lado a semejante mujer mientras ella estaba fuera despertó unos celos indescriptibles.
—¡Hades me amará a mí, no a ti!—gritó Perséfone.
—… Perra loca.—murmuró Keres que, sin previo aviso, dio un paso adelante y agarró a Perséfone por el cuello—. Debería haber dejado que Kerberos te despedazara y te devorase hasta las sombras, maldita zorra.
Su mano era tan fría y fuerte, que Perséfone se sintió como un animal pequeño. Se acordó de los conejos y ratones que maltrataba en su isla, comparándose con ellos.
—¡Ugh!—Perséfone, sin aliento, forcejeó y clavó las uñas en el dorso de la mano de Keres.
—¡Ja! ¿Solo ahora temes a la muerte? Descarada.—dijo la mujer con una sonrisa diabólica.
Como una burla, su agarre se hizo más fuerte y Perséfone sintió que le iba a partir el cuello en dos, si no la paraba de alguna manera. Keres la observó como si fuera un mero insecto, viendo como el rostro de la joven se enrojecía mientras empezaban a formarse lágrimas en sus grandes ojos amarillos.
Tras esto, la mujer soltó la garganta de Perséfone con prepotencia y, con un empujón, la chica se tambaleó hacia atrás, golpeando con un ruido sordo, su cabeza contra la cama. Al mismo tiempo que Keres la veía tirada ante ella, como un ser insignificante, aprovechó y se rió a carcajadas para mofarse aún más de Perséfone.
—¡Qué débil eres! Pequeña bruja desgraciada.
La rabia inundó el mundo de Perséfone, cegándola de ira.
—Quien…—murmuró la chica apretando los dientes.
«¿Quién te crees que eres? ¿Quién crees que soy? Maldita zorra, ¿cómo te atreves a insultar así a la hija de Deméter?»
Del enfado, la boca de Perséfone estaba tan rígida, que apenas pudo articular las palabras que aparecieron por su mente. Éstas simplemente se desvanecieron en el aire como un pequeño susurro imperceptible, pillando a Keres desprevenida.
—¿Qué demonios has dicho?
—¡Cómo te atreves! ¿No sabes quién soy? ¿Acaso quieres morir a manos de mi madre?—Perséfone continuó, masticó y escupió sus amenazas, incapaz de resistir la furia que le pateaba en la mandíbula.
Los labios de Keres se apretaron en una línea recta mientras cuadraba los hombros y agudizaba los ojos. El silencio fue breve, porque, una a una, las voces que habían estado acechando en su interior comenzaron a hablar.
Niños, adolescentes, hombres y ancianos, de ambos sexos, discutían entre sí:
[—¿Quién es?]
[—Mira sus ojos…]
[—Pensé que eran extraños desde el principio.]
[—¡Arrojémosla a escondidas en el Tártaro!]
[—¿Cómo que a escondidas? Te abofetearé si vuelves a decir algo blasfemo.]
[—¡No lo hagas! ¿Por qué yo? ¿Por qué siempre tienes que hacerme daño? ¡No es justo!]
Mimy: A partir de ahora, para que se entienda mejor, las voces de seres que no tienen presencia corporal las pondré entre […] Véase así las varias voces de Keres o la otra voz de “ella” que a veces Perséphone escucha en su cabeza. Perdón por las molestias <3

RAW HUNTER: MOKA
TRADUCCIÓN: MOKA
CORRECCIÓN: MIMY