Skip to content

ACOSB

  • INICIO
  • ROFAN
  • BL & GL
  • FANTASÍA
  • +15 & +19
  • VIP
  • MANHWAS
  • My Bookmarks
ACOSB

Capítulo 1: La hija de Deméter.

“Retorcida Diosa de la noche, guíame hacia la Puerta.

Déjame alcanzar la muerte, al borde de la orilla”.

༻❁༺

Démeter, quien además de ser la Diosa del Grano y la Abundancia, también era una existencia divina admirada por todos. No obstante, su infinita devoción, en la que dedicó todo su amor, fue, únicamente, para alguien de su propia carne y sangre. Tan grande era ese sentimiento, que decidió esconderla en una pequeña isla; de la cual brotaban hojas verdes incluso en pleno invierno. Por eso, las ninfas que allí habitaban, la adoraban como un “regalo”; un ser especial fruto del profundo afecto maternal que Démeter vertía en ella.

Sin embargo, la beneficiaria de ese amor, su hija, sabía mejor que nadie que el cariño de su madre conllevaba consigo el pagar un alto precio por ello. Para ella, toda esa veneración se asemejaba más a un castigo que a una gracia. Un detalle desconocido, a los ojos de los demás.

Quizás fuera porque dicha hija nació fruto del pecado. 

Se decía, que un día, hacía ya décadas; existió un hombre, aquel que era conocido como el Dios del Trueno y el Relámpago, quien forzó su insaciable lujuria hacia su hermana, una Diosa, al igual que él. Dos protagonistas de una dramática historia los cuales eran su padre y su madre respectivamente. Así que era difícil que la niña, concebida en una desgracia tan trágica, no fuera conocida como “la hija”.

Para colmo, la progenitora, una deidad inocente con la arrogancia de la autosatisfacción, era admirada y respetada con radiante orgullo. Por eso, no había sido aceptable para alguien así, ser el centro de tal repulsivo acto.

{—De esa manera te di a luz.}

Cuando Deméter fue sometida a una coerción inimaginable; un asalto humillante en el que él la doblegó, como un grano maduro incapaz de resistir sus fuerzas; ella, lo que menos había deseado, fue tener un vástago nacido de tal inmoral relación. No obstante, una niña fue concebida y la Diosa llegó a amarla con todo su ser, probablemente porque ella misma era una amante de la vida en abundancia.

{—Aun así, yo, tu madre, te aprecio y me preocupo profundamente por ti.}

Pero, un punto muy importante a tomar en cuenta, era que “esa” maternidad, se había originado a partir de emociones sumamente contradictorias, las cuales se plasmaban alrededor de aquello que la Diosa creaba y tocaba alrededor de su retoño.

Por ejemplo: La existencia de la isla. En un principio se perfeccionó con el deseo de ser benevolente con todas las cosas que allí moraban. Sin embargo, al final se convirtió en un lugar sagrado que simbolizaba su afán de sentirse completa como un ser divino y de cumplir esa auto promesa que se hizo a sí misma. Aquella en la que, tras dar a luz a su hermosa hija, juró no volver jamás a sufrir otra deshonra. Con semejante ambición, impuso sus pretensiones en su niña; que, con el fin de mantenerla pura e ignorante de las aberraciones del Olimpo, la mantuvo allí, como si no existiera en el mundo en lo absoluto.

Pese a que no lo parece, eso también se consideraba amor. Era la única forma de estar a salvo de la esposa principal de su padre; Hera, quien dijo que no perdonaría a las mujeres y descendientes producto de las aventuras de su marido. Por eso, tener a su preciosa niña en una pequeña isla con abundancia en todas las estaciones, en la que era visitada y abrazada por su madre cada vez que cambiaban las estaciones, era la expresión más pura de afecto maternal. 

Pero la hija era demasiado inteligente para su bien y reconoció por sí misma la naturaleza oscura de aquel aprecio. La libertad, de la que fue privada, era un objetivo esencial para ganarse el respeto de uno mismo y, por ende, el mundo antes y después del conocimiento, no podría ser el mismo que antes. 

No obstante, para la joven llamada Kore*, el mundo más allá del Mar Jónico era desconocido. En la isla, solo había ninfas que servían a su madre, así como árboles pequeños, pocos animales salvajes y aves migratorias. Lo único que se le permitió fue tiempo, mas lo que podía hacer era tan limitado como eso. Cuando le apetecía, salía con las náyades a recoger flores para hacer coronas, atormentaba a las pequeñas bestias, trepaba un acantilado para disfrutar del viento e imaginaba la grandeza de Monte Olimpo que nunca antes había visto. Eso era todo lo que la pequeña Kore podía hacer.

*Kore es el apodo de Perséfone que significa virgen o doncella.

El amor de una madre que no había cambiado en décadas.

Una prisión estrecha que permaneció igual por años.

Motivos que, una vez, le dieron a la hija el suficiente coraje como para preguntar:

{—¿Cuándo dejaré la isla y seré libre?—inquirió la niña con valentía a su madre, quien parecía decepcionada.}

{—Me preocupa que te parezcas a él… Cuando siempre eres así de testaruda. Mi pequeña Kore, ¿ acaso no lo sabes ya? Mis pensamientos sobre ti, la profundidad está lejos de ser mensurable…}

Entonces, la gran Diosa, al final terminaba aquellas conversaciones contestando que esto sería imposible por causa de su infinito amor maternal. Como era de esperar, estas respuestas no eran suficientes como para satisfacer la curiosidad de su hija. Es por esto que Deméter recurría a otro tipo de métodos como los de alimentar el miedo a lo desconocido.

{—Mi buena hija. ¿Qué te hizo sentir tan incómoda como para intentar decepcionar a tu madre? El mundo fuera de la isla no está tan lleno de grandes aventuras, confianza y felicidad como te lo imaginas. Insectos insidiosos y peculiares infestan los países, los guerreros atrapados en las artimañas de Ares surgen día tras día y diversas criaturas misceláneas como Zeus están esparcidas por toda la tierra, lo que te haría fruncir el ceño si fueras testigo en persona.}

Es más, las advertencias de la madre eran innumerables. Razones que Deméter siempre decía sin cesar. Tales como que los Dioses no saben lo suficiente como para contentarse con lo que tienen, toman y toman porque son tontos; u otras cosas como que ellos gobiernan un lugar donde las cabezas de los débiles caen como granos de arroz. Todo giraba en torno a crueldades que ponen a uno la piel de gallina. 

¿Cómo podía dejarla salir a un mundo así? ¿Cómo podría enviarla a un sitio como ese para escuchar que insultan a la hija de Deméter? ¿Cómo aquella Diosa podría soportarlo? 

Pero había de qué preocuparse tanto. Como su madre, Deméter la cuidaría de forma segura hasta el día en que cerrara los ojos.

Vivirían ambas felices para siempre, en aquella isla, sin saber cómo morirían.

{—Así que no vuelvas a decir eso.}

A lo que Kore, cansada de escuchar lo mismo, respondía con un “Sí Madre”.

{—Entonces, ¿harás una promesa? Ofrece tu amor por tu madre al río Estigia*…}

*O también conocido como “Stýx”. Aquel río que separa la tierra (el mundo de los vivos) con el de los muertos (donde gobierna Hades). Deméter, en cierta manera, es la protectora de la tierra por ser la sucesora de Gea y Rhea, siendo la que “da vida” de ahí la promesa.

Un juramento que siempre se repetía constantemente y que ya, por hartazgo, su hija lo aceptaba con un “Lo haré”.

{—No traiciones a tu madre, mi niña. Porque te quiero, y he perdonado a Zeus por amarte. Tal es mi afecto por ti, que incluso después de todo lo que pasó, aún te amo.}

Pero, aun así de nada servía, lo que de verdad Kore deseaba decirle a su madre se ahogaba en el silencio y, en consecuencia, por su mente solo rondaba un pensamiento

«Por favor perdóname.»

Desde el día en que ella acogió la idea de que nunca podría escapar, sintió en sus entrañas un sufrimiento como el del propio de Prometeo; quien, encadenado al monte Cáucaso estaba condenado a que su hígado fuese devorado todos los días por un águila. Su corazón se agitaba en la desesperación. Tal y como si fuese una hoja carcomida por insectos que se alojaba en su pecho aprisionado en la impotencia; roída, hasta la muerte. 

*Es un titán que ayudó a Zeus en la Titanomaquia (Batalla Dioses vs Titanes) y por eso se libró de ser encerrado en el Tártaro. Fue un gran benefactor de los humanos y, debido a su amor por ellos, les entregó el fuego que Zeus les había prohibido. Debido a la desobediencia de Prometeo, Zeus lo condenó a ser encadenado en el monte Cáucaso sufriendo un dolor eterno. Cada día un águila comía su hígado y, cuando al día siguiente éste se regeneraba, el ave volvía a devorarlo. 

Kore, con aquellas emociones imbuidas en ella, se la pasaba dando vueltas alrededor de la isla, que era lo suficientemente pequeña como para recorrerla en un solo día. Es más, aún le sobraría tiempo si lo hacía deprisa. Incluso veía aquel lugar burlándose de ella entre susurros que decían: “Te quedarás aquí para siempre hasta que mueras en mis manos”. Era exasperante.

Ese era el amor de su madre Deméter que solo Perséfone conocía. La persona que más la quería y la única que la condenaba a estar confinada en un minúsculo trozo de tierra de por vida. Una realidad que hacía del afecto algo inusual, más cercano a una obsesión.

Pero todo cambió hasta que llegó aquella noche. Descubrir “ese lugar” fue pura  coincidencia. 

En las profundidades del cielo oscuro, antes del amanecer, cuando Nyx, en todo su esplendor extendía su negro velo sobre el horizonte; Kore, acostada en su cama mantuvo su mente despierta pensando en un solitario narciso que florecía precariamente en el acantilado.

Sin llamar a las ninfas, salió y se dirigió a la orilla, lejos de las miles de estrellas parpadeantes. Una sola luciérnaga zumbaba perezosamente en el interior del acantilado.

Todo lo que había en la isla era suyo, incluso aquellos pequeños bichos que iluminaban la oscuridad. Así que, sin más dilación, cogió una, la atrapo entre las manos y la llevó consigo hasta lo más profundo de una cueva sin salida.

Allí fue donde la encontró. Una puerta que nunca había visto antes. Estaba en aquel lugar como si hubiera estado siempre. Oculta, como una parte integral de la cueva.

«¿Qué es esta puerta?» 

Con su delicada mano blanca abrió la puerta como si se tratara de la caja de Pandora.

Era un paraíso indescriptible para Perséfone, una joven que guardaba en su pequeño corazón un secreto inconfesable. Los deseos por ver aquel mundo fuera de la isla, que apenas podía imaginar. Por ello, la vista la dejó sin aliento, aunque fuera la entrada al inframundo, lo que la atraía era el sueño por escapar de esa isla.

Suceden cosas extrañas en la noche de Hécate*. Un lapso de tiempo indescriptible en el que incluso se niega la injusticia. El poder de la Diosa que se extiende desde los confines del cielo hasta el mundo invisible sin que nadie la cuestione.

*Aquella que gobierna y separa el mundo normal y el de los espíritus. Es la diosa de la hechicería y también recibe el nombre de “Reina de los fantasmas”. De ahí que sucedan cosas inusuales y fuera de lo normal en el misterio de la noche donde ella aparece.


RAW HUNTER: MOKA
TRADUCCIÓN: MOKA 
CORRECCIÓN: MIMY


¿TE HAS CANSADO?

© 2026 ACOSB

No puedes copiar el contenido de esta página.

    Previous Post

  • CAPÍTULO 0

    Next Post

  • CAPÍTULO 2
Scroll to top
  • INICIO
  • ROFAN
  • BL & GL
  • FANTASÍA
  • +15 & +19
  • VIP
  • MANHWAS
  • My Bookmarks