Skip to content

ACOSB

  • INICIO
  • ROFAN
  • BL & GL
  • FANTASÍA
  • +15 & +19
  • VIP
  • MANHWAS
  • My Bookmarks
ACOSB

Capítulo 90. Nuritas Romagnolo (2)

El Conde Romagnolo había descubierto recientemente que pasar el tiempo en brazos de mujeres le resultaba algo aburrido en comparación con antes, así que a menudo se encontraba visitando las salas de juego.

Aunque no llevaba mucho dinero, su apellido siempre había hecho posible lo imposible. Después de conseguir algunos fondos aquí, se unió sólo a los juegos más grandes.

Llevaba horas jugando a las cartas, pero hoy la suerte no estaba de su lado. Después de perder todo el dinero que le habían prestado, no pudo evitar sentirse irritado.

—Conde Romagnolo, ¿quiere continuar?

Le preguntó amablemente un empleado del salón de juego, pero él negó con la cabeza, se levantó y se bebió un vaso de vino reservado para los invitados.

—Con la mala suerte que tiene mi familia, ¿cómo va a salir bien algo fuera?

De repente, le vino a la mente el recuerdo de su reciente regreso al castillo Romagnolo, y su expresión se ensombreció aún más.

El castillo, que había visitado por primera vez en un mes, tenía peor ambiente que la última vez que se había marchado. Las rosas de los muros exteriores parecían haber contraído alguna enfermedad y sus pétalos rojos se tornaban amarillos y se marchitaban.

—¿Ha llegado mi señor?

Un mayordomo encorvado le saludó respetuosamente.

Este mayordomo, cuya familia había servido a la casa Romagnolo durante generaciones, era alguien en quien el Conde podía realmente confiar.

—Sebastián, no ha pasado nada raro, ¿verdad?

El Conde le entregó la capa, el bastón y el sombrero mientras le hacía las preguntas de rigor. Sin embargo, el mayordomo permaneció largo rato en silencio, como si le costara responder.

Sólo entonces el Conde se dio cuenta de la expresión preocupada del mayordomo y repitió su pregunta.

—¿Qué ocurre?

El mayordomo, con el pelo escarchado por la edad, sabía todo lo que ocurría en la casa, grande o pequeño.

Últimamente, suspiraba con más frecuencia de lo habitual.

En sus mejores tiempos, la familia Romagnolo había sido tan influyente como cualquier otra familia noble. Los invitados llenaban el camino frente al castillo y los regalos que dejaban podían formar una montaña.

Aunque no se atrevía a decírselo a su señor, el declive de la familia había comenzado durante el reinado del actual Conde. Durante un tiempo después de su matrimonio, el Conde y la Condesa habían parecido perfectamente emparejados, y el mayordomo se había alegrado enormemente. Sin embargo, después de que la Condesa diera a luz una serie de hijas, el Conde comenzó a descuidar a la familia y se volvió indiferente hacia los suyos. El joven y enérgico Conde dirigió su atención a las criadas del castillo y pronto comenzó a vagar por el exterior.

El mayordomo había sufrido mucho por el abandono del castillo por parte del Conde.

«Si tan sólo hubiera terminado allí….»

El heredero tan esperado, Abio, era enfermizo y demasiado sensible. Y después del matrimonio con el duque de Morciani, sólo quedaba una persona en el castillo.

Sólo de pensarlo, su blanca cabellera se hizo aún más pesada.

El Conde, al notar la expresión preocupada del mayordomo, miró a su alrededor y preguntó por su esposa, que no aparecía por ninguna parte a pesar de su llegada.

—¿Dónde está la Condesa?

—Bueno… La señora está durmiendo.

El mayordomo quiso decirle al Conde que la Condesa parecía adicta a las drogas y preguntarle qué debían hacer, pero las palabras no le salían.

—¿A estas horas?

El Conde notó inmediatamente el ligero temblor en la voz del mayordomo, habitualmente sereno, y se dirigió rápidamente al dormitorio de la Condesa. Ignorando la voz jadeante del mayordomo a sus espaldas, abrió la puerta de un tirón.

—¡…!

La mujer que yacía en la cama no se parecía en nada a la persona que él conocía.

—¿Qué es esto?

El Conde le gritó al mayordomo con voz fría.

La mujer de la cama era mucho más delgada y su piel mucho más oscura que la última vez que la había visto. Si no fuera por el pelo rojo que caía débilmente sobre la almohada, no la habría reconocido como su esposa. Su rostro estaba tan desfigurado que resultaba difícil de creer.

—¿Está gravemente enferma?

—Bueno…

Mientras el mayordomo dudaba en explicarse, el Conde percibió un extraño y penetrante olor en la habitación.

—¿Qué es este olor?

Finalmente, el mayordomo inclinó la cabeza como resignándose y dijo la difícil verdad.

—La señora es adicta al hachís.

—¿Qué?

Le gritó al mayordomo y lanzó una mirada despectiva a su esposa tendida en la cama.

La señora de la casa Romagnolo, adicta a las drogas…

No podía creerlo incluso después de escucharlo.

Después de todo el alboroto que había montado por tener un solo hijo, algo que otros hacían con tanta facilidad, ahora había traicionado el honor de la familia con semejante comportamiento. La idea de que alguien se enterara de esto le hizo estremecerse.

El Conde abandonó rápidamente el lugar, no queriendo quedarse ni un segundo más.

—¿Qué clase de hogar es éste? Sólo hace que la gente se sienta incómoda. Por eso odio volver aquí.

Mientras descargaba su ira y se preparaba para marcharse de nuevo, el mayordomo gritó algo que sentía que debía decir.

—Conde, no puede marcharse así.

Pero el Conde no dudó en subir a su carruaje, ignorando la desesperada súplica del mayordomo. El lento mayordomo sólo pudo observar impotente cómo el carruaje levantaba polvo y desaparecía.
—¿Qué va a pasar con la Señora? Además, están llegando avisos de cobro de deudas al castillo. Conde…
Más allá de la mirada gris ceniza del mayordomo, el sol se ponía sobre las montañas al oeste.

 

***

 

Arietty: Y ahora toca Say yes to heaven de Lana Del Rey :v

Nuritas…

El nombre que el Conde Romagnolo había dado casualmente a su hija, a la que no veía desde hacía más de una década, como un favor.

Aquel nombre, que no era más que una cáscara vacía, parecía hoy cobrar un significado diferente para Nuritas.

Sentía como si le susurrara, diciéndole que no era una existencia sin sentido, instándola a reunir fuerzas y no dejar escapar la oportunidad que tenía ante sí.

Finalmente, armándose de valor, ella habló.

—Mis sentimientos son sinceros, pero temo que salgas herido por mi culpa.

—Entonces olvida todo lo demás y mírame solo a mi.

Lucious rozó suavemente las sienes de Nuritas con sus manos, fijando su mirada en él. Al mirarle a los ojos tranquilos, los recuerdos dolorosos y todas sus preocupaciones parecieron desvanecerse.

—Lucious.

Cuando Nuritas lo llamó por su nombre, él la levantó repentinamente en sus brazos.

—¡…!

Con cuidado, la tumbó en la cama.

La luz de la luna se derramó sobre la cama, iluminando suavemente el cuerpo de Nuritas. Lucious se inclinó lentamente sobre ella, con la mirada fija en ella.

¿Cuánto tiempo había esperado este momento?

Lucious acercó sus labios a la piel debajo del cuello de Nuritas, ligeramente expuesta a través de la abertura de su bata. Y con sus manos desató la cuerda que le rodeaba la cintura.

Bajo la mirada y el tacto del duque, Nuritas se sintió como si estuviera desnuda en un lago helado de invierno.

Temblaba tanto que una parte de ella quería escapar de aquel momento, mientras que otra anhelaba que él la estrechara en su cálido abrazo.

—Ah…

Mientras el suave suspiro de Nuritas escapaba de sus labios, Lucious miró su clavícula expuesta. Sólo con verla, se mareaba de deseo.

Él exhaló bruscamente y trazó la prominente curva de su clavícula con los dedos índice y medio. Nuritas se estremeció ligeramente bajo su contacto, pero sus miradas permanecieron fijas una a la otra.

Lentamente, Lucious le dirigió unas palabras:

—Eres tan hermosa.

Nuritas sintió que oía su voz con claridad y respondió con una sonrisa. Cuando sus ojos azules, llenos de alegría, se curvaron en una suave sonrisa, Lucious sintió una abrumadora sensación de plenitud.

Su mirada viajó de los ojos de ella a los labios, bajó por el cuello y luego más abajo, donde algo reluciente le llamó la atención. Sus dedos rozaron el medallón alojado entre los pechos de Nuritas.

—Estoy completamente cautivado por ti.

Lucious bajó la cabeza y besó el medallón antes de volver a colocarlo suavemente. Al quitarse la bata, Nuritas quedó vestida sólo con una camisola translúcida, como las alas de una libélula.

«¡Ah! Siento como si todo mi cuerpo ardiera».

Nuritas sintió que su cuerpo y su mente temblaban bajo su mirada. Estiró la mano y le rozó la mejilla. Él cerró los ojos, disfrutando su tierno contacto.

Entonces, Lucious entrelazó sus dedos con los de ella y bajó las manos. En el siguiente movimiento, apretó los labios contra el hombro de ella.

No había ni una sola parte de ella que no fuera hermosa.

Nuritas, al notar que sus ojos se oscurecían más de lo habitual, trató tardíamente de cubrirse el pecho con las manos.

Sólo ahora se sentía cohibida por mostrar su cuerpo. Miró hacia abajo, preocupada por si su delgada y frágil figura le decepcionara.

—¿Hace tanto calor porque es verano?

Gotas de sudor se formaron en su frente y rodaron por sus mejillas.

Para aliviar su tensión, Lucious susurró suavemente.

—Estoy tan nervioso como tú.

Con los ojos llenos de deseo, la tomó de la mano en silencio y le besó cada uno de los dedos.

—Si no quieres, esperaré.

Nuritas pudo sentir el calor de sus manos y de su cuerpo al tocarla.

«Una persona tan amable».

Incluso en su primera noche juntos, cuando aún eran desconocidos, la había tratado con respeto, priorizando siempre su comodidad sobre sus propios deseos.

Aunque tenía los ojos enrojecidos por la contención, le sonrió con dulzura, y en sus musculosos brazos tenían los recuerdos dolorosamente grabados en ellas.

Olvidando su vergüenza, Nuritas se incorporó. Su cabello plateado le caía en cascada por la nuca, lo que hizo que Lucious se sobresaltara y se inclinara ligeramente hacia atrás.

Con ojos tan tranquilos como un lago en calma, Nuritas trazó sus cicatrices con los dedos y susurró:

—No vuelvas a hacerte daño.

—¿Por qué no?

Aunque ya conocía sus pensamientos, Lucious le preguntó con los ojos inyectados en sangre y la voz tensa.

—¿Por qué no debería hacerme daño?

—Porque…

Nuritas acarició suavemente la parte de su muñeca que conectaba con la palma de su mano y susurró.

—Porque si te hacen daño, a mí me dolerá aún más.

Su respuesta, sencilla pero sincera, hizo que Lucious se diera cuenta de que la felicidad podía hacer que a uno se le saltaran las lágrimas.

Y entonces, abrazó suavemente a su preciosa mujer.

Respiró hondo en la oreja enrojecida de Nuritas, acariciándole la mejilla con una mano mientras la otra le quitaba lentamente la camisola.

Nuritas, con la mirada nublada por el deseo, captó cada parte de Lucious.

Le llenaba de alegría saber que era ella quien había hecho temblar a aquel hombre.

Con cuidado, alargó la mano y tiró del cordón de la bata que aún llevaba puesta. Lucious no llevaba nada debajo, así que sus anchos hombros y su pecho quedaron al descubierto en un instante.

Al ver las cicatrices grandes y pequeñas que marcaban su pasado, se puso sombría. Dudando un momento, le tocó las heridas con su pequeña mano.

«¿Cuánto dolor ha sufrido?»

Su toque tierno, a diferencia del dolor en el corazón de Nuritas, fue suficiente para cortar el último hilo de contención de Lucious.

Antes de llevarla al dormitorio, Lucious se había prometido en repetidas ocasiones que no se precipitaría esta noche. Pero sus húmedos ojos azules y sus dedos, que despertaron todos los sentidos de su cuerpo, lo dejaron tambaleándose como si estuviera intoxicado.

—Tómame.

Las manos urgentes de Lucious la alcanzaron y su rostro se cernió sobre el de ella. Nuritas se recostó lentamente sobre la almohada, y la luz de la luna se derramó sobre la espalda desnuda de Lucious.



RAW HUNTER: ACOSB
TRADUCCIÓN: ARIETTY 
CORRECCIÓN: ANN


¿TE HAS CANSADO?

© 2026 ACOSB

No puedes copiar el contenido de esta página.

    Previous Post

  • CAPÍTULO 89

    Next Post

  • CAPÍTULO 91
Scroll to top
  • INICIO
  • ROFAN
  • BL & GL
  • FANTASÍA
  • +15 & +19
  • VIP
  • MANHWAS
  • My Bookmarks