Capítulo 71. La amabilidad también puede ser una enfermeda
—¿Te has levantado otra vez?
Lucious, que había salido después de recibir un mensaje sobre el territorio Morciani, encontró a Nuritas sentada en una silla, y exclamó como si algo hubiera sucedido.
Su llegada bastó para disipar cualquier sentimiento desagradable que ella pudiera haber tenido al pensar en el Conde. Nuritas se puso en pie con dificultad, apoyándose pesadamente en los reposabrazos mientras se dirigía a la cama.
—No vuelvas a esforzarte levantándote tan deprisa.
Lucious se acercó a Nuritas y la levantó con cuidado, como si su cuerpo fuera un artefacto de cristal. Pero al observar cómo el rostro de Sophia se sonrojaba, le empujó ligeramente el pecho.
Lucious dejó a Nuritas suavemente en la cama y Sophia desapareció.
—Duque, ya estoy mejor, así que por favor…
Ahora que estaba casi bien, el Duque seguía siendo sobreprotector con ella. Le preocupaba que pudiera resfriarse con el viento o que volviera a enfermar de agotamiento.
Sus sentimientos no eran irrazonables, y a Nuritas no le disgustaba sus extraordinarios cuidados. Pero era una pena y una vergüenza que tuviera que continuar.
Antes de que pudiera terminar la frase, Lucious se estremeció violentamente. Dejó escapar un breve gemido cuando Nuritas comprobó su rostro.
—¡Tú!
Los ojos de Lucious estaban enrojecidos e inyectados en sangre, y era evidente que luchaba por mantener la calma.
—Desde hace tiempo, te digo. Eres realmente…
Lucious siempre había tenido que contentarse con observar la espalda de Nuritas, desde que la conoció y empezó a entregarle su corazón en solitario. Sólo podía soñar con que algún día compartieran el mismo corazón.
Entonces, justo cuando estaban a punto de confirmar sus sentimientos mutuos y construir un futuro prometedor, ocurrió un trágico accidente. No había dicho una palabra sobre ello desde que Nuritas despertó.
—Si me hubieras salvado, y no hubieras vuelto a abrir los ojos.
Ni siquiera podía sacar las palabras de su boca, preguntando si había pensado en cómo viviría después de dejarlo atrás. Quería preguntarle si sabía lo que se siente al perder a la persona a la que has pasado toda una vida buscando delante de tus ojos.
—Por eso no pienso darte las gracias por salvarme.
—Duque.
—Eres una persona sin corazón.
Nuritas se recostó en la cama, recordando la conversación que había tenido con él antes del accidente.
«Ah… ».
Incluso en su profundo sueño, lamentó no haber podido llamarle por el nombre que él quería.
—Lo siento, no lo he pensado bien, Lou.
Nuritas se levantó suavemente de la cama y rodeó con sus brazos el puño tembloroso de Lucious. Nuritas se sintió abrumada por lo mucho que la querían.
Qué podía decir en respuesta a un Duque que mostraba tanto afecto cuando ella tenía tan poco que ofrecer.
—Lou. No podía pensar en otra cosa en ese momento, simplemente no quería que te hicieran daño, así que…
Mientras intercambiaban palabras, las comisuras de sus ojos empezaron a humedecerse.
Lucius se estremeció ante los susurros de la mujer bajita que apenas le llegaba al pecho ¿Acaso lo abrazó con ese sentimiento? ¿O fue que, al amar, no se detuvo a considerar su propia vida?
—Pero tú, está bien si me amas un poco menos.
Tal vez sería mejor si ella lo odiara. Que triste se sintió cuando creía que iba a morir, cuando pensaba que no volvería a verle.
—No me dejes solo.
—Ah.
Nuritas abrazó la cintura del Duque al oír su voz grave.
No solo tenía miedo de quien se iba.
Podía ver la sombra de un niño pequeño en los ojos del Duque, temblando ante la idea de quedarse solo. No había esperado causarle tanta pena.
—Lo siento, lo siento mucho.
Nuritas frotó la mejilla contra su pecho, recogiendo las lágrimas que habían brotado.
Lucious sintió una punzada de pesar por la mujer que sabía tan poco de su corazón, y luego una súbita plenitud que le hizo sentir como si tuviera el mundo a sus pies. Antes de darse cuenta, estaba extendiendo la mano y acariciando su espalda.
Nuritas pensó en la historia que había oído una vez del Duque que había quedado huérfano a los ocho años y desde entonces no había tenido familia.
Ella no solo no tenía ese tipo de tranquilidad, sino que al vivir con su madre, no tenía tiempo para sentir soledad.
—Si eres feliz conmigo, aunque no sea lo bastante buena… seré tu familia.
Nuritas levantó el rostro bañado en lágrimas y miró al Duque, enamorándose de su corazón bondadoso, sus ojos profundos, su voz grave y sus manos grandes y cálidas, pero ésta era una promesa diferente.
Estaría a su lado, pasara lo que pasara.
El rostro rígido de Lucious se suavizó lentamente al oír sus palabras y su boca se arqueó.
—Ya te llamé familia en la cueva.
Estiró uno o dos dedos y limpió una lágrima del rostro de Nuritas. Quería hacerla sonreír, pero de algún modo seguía haciéndola llorar, y eso dolía.
Aun así, de alguna manera, Lucious no podía evitar que la risa fluyera.
***
Aquella noche, Ludwig invitó formalmente a cenar a los duques de Morciani.
Nuritas llevaba un vestido de terciopelo de amatista, enviado especialmente por el Rey, y una joya de color blanco puro alrededor del cuello. Su deslumbrante cabello plateado estaba recogido en un moño y adornado con un broche joya carmesí, y su rostro, pálido por la enfermedad, estaba lleno de una belleza misteriosa.
—Mis ojos estaban en lo cierto.
Ludwig estaba sentado en el asiento central, con las manos entrelazadas, mirando a Nuritas que entraba lentamente. Mientras Lucius, vestido con una camisa blanca pura, pantalones negros y una capa corta de brillo oscuro, le saludaba, pero fingiendo ser invisible.
—Majestad, disculpe el retraso en saludarlo, y gracias por compartir su poder con nosotros.
Nuritas se sentó y no olvidó hacer una reverencia al Rey. No sabía mucho sobre el poder divino, pero gracias a él pudo regresar del borde de la muerte.
—Si es por mi hermana.
—¿Qué?
Nuritas sabía que iba contra la etiqueta, pero respondió a la afirmación del Rey. Entonces Ludwig se llevó una fresa roja a la boca y entrecerró un ojo como si no fuera para tanto.
La última vez, ella había pensado que le había oído mal y lo había dejado pasar.
—Normalmente, debería llamar al Duque “cuñado” en este caso, ¿verdad?
—No tiene derecho. Majestad.
Lucius recogió el tenedor y estuvo a punto de tirarlo, luego entrecerró los ojos mirando al Rey. Aquel hombre astuto le había incomodado todo el tiempo que llevaba en palacio.
—Supongo que el Duque aún no se ha explicado.
Ludwig se encogió de hombros ante la mirada de Lucious antes de volverse hacia Nuritas y hablar con una voz casi demasiado dulce.
—El poder divino infundido en tu cuerpo no puede ser utilizado más que por la realeza. Has perdido tanta sangre que sería inútil que viniera el médico, así que este cuerpo te lo ha concedido.
—¿Pero cómo es eso posible?
Nuritas cuestionó a Lucious con ojos confundidos. Lucious le habló en voz baja con una expresión de frustración en su rostro.
—Su Majestad te ha nombrado hermana de sangre, por lo que pudiste recibir ese sagrado tratamiento y, gracias a eso, pudiste vivir.
Nuritas se quedó estupefacta ante aquellas palabras. Ella y ese exhibicionista eran hermanos…
«¿Es por eso que seguiste llamándome hermana?»
Ludwig levantó su copa de vino hacia Nuritas, que levantó la vista sorprendida.
—¿Y he mencionado que tengo encerrado a Michael Slytherin?
Nuritas recordó al rubio ante las palabras de Ludwig, aunque no había pensado en él desde el accidente. Seguramente un incidente así no quedaría impune, ni siquiera para un noble.
—Fue en presencia del Rey. Es como si hubiera intentado matar al Rey. Le daré su merecido, así que no te preocupes.
Ludwig apuró su copa y saboreó la aromática bebida, murmurando para sus adentros que había estado tan cerca de perder a su preciada hermana.
El resto de la conversación consistió sobre todo en palabras entre Lucious y el Rey, y aunque el aire entre ellos no era precisamente tranquilo, transcurrió sin incidentes.
Mientras Nuritas yacía en la cama, con el corazón encogido por lo que había oído del Rey, se dio cuenta de que algo le había ocurrido al reino.
Una extraña enfermedad había empezado a extenderse por el reino, y se propagaba rápidamente.
Al principio, se descartó como un simple resfriado. Pero cuando el número de pacientes llegó a ser abrumador y la situación empeoró mucho, la percepción cambió.
Una vez que se producía un brote, dos o tres de cada diez personas morían. Después de morir de fiebre alta y decir tonterías, todavía se veía en su cuerpo una erupción en forma de rosa.
Como era la primera vez que veían esos síntomas, no había tratamiento, y a los pobres les costaba ir al médico aunque fuera una vez.
Se desconocía la causa, si era el agua potable contaminada o las ratas que corrían desbocadas de casa en casa, por lo que no había forma de prepararse para ello. Circulaban rumores de que los pobres estaban malditos, pero no tenían mucho sustento.
Para evitar un brote masivo entre el pueblo llano, la corte real creó varios centros de ayuda temporal. La idea era evitar que el contagio se extendiera a quienes no podían trabajar ni conseguir alimentos y no tenían energía para atender a los enfermos.
«Una vez que todos mueran, ¿quién hará el trabajo?»
Ese fue el consenso del noble consejo. No se trataba de salvar vidas, sino de evitar la pérdida de aquellos que pudieran ser utilizados como ganado o caballos.
Se decidió que no sólo los nobles, sino también las mujeres serían empleados en los centros de ayuda temporales. Los hombres se encargarían de establecer y dirigir los centros de ayuda, mientras que las damas asistirán a los médicos de turno y ayudarían a las familias de los enfermos.
Mientras Nuritas escuchaba estos relatos, sintió una emoción conmovedora en el corazón y le vino a la mente una imagen.
Los hombros encorvados de un padre, viendo impotente cómo su hijo moría mientras una erupción le cubría la cara.
De repente, los ojos de Nuritas se abrieron de par en par al darse cuenta de algo.
«Si puedo ayudarles»
Sus ojos empezaron a brillar en azul y Lucious los observó con inquietud desde el otro lado de la habitación.
—Por supuesto, la familia Morciani también proporcionará activamente apoyo material.
Sólo era cuestión de volver con Nuritas, que apenas se había recuperado de tan devastador accidente. Levantó la barbilla con la firme determinación de que nada les impediría regresar a casa.
Lucious no sabría decir cuántas veces deseó no haber venido a Heathfield. O que no hubiera venido a la mansión, para poder descansar tranquilamente.
«Yo nunca te dejaré marchar»
—Duque, me uniré a las otras damas nobles.
—¿De qué hablas? ¡Has vuelto de entre los muertos!
—Pero ahora me siento mejor. Pasaré por la mansión, recogeré mis cosas y me reuniré con ellos.
Ludwig, que estaba observando la conversación entre Lucious, que estaba enojado y persuadiendo a Nuritas, que tenía un tono firme como si no fuera a ceder, se rió disimuladamente.
Tal vez la habían curado con poder divino, así que no tendría que preocuparse por la enfermedad durante un tiempo. Pero, de algún modo, le parecía absurdo decirlo ahora.
Ludwig odiaba ver sufrir a Nuritas, quien aun tenía ojeras en sus ojos azules. Pero su determinación le parecía inspiradora.
—Por el bien de la familia Morciani y de los enfermos, por favor, permítanme.
Sus palabras dejaron a los dos hombres en la mesa sin palabras. Incluso Nuritas tenía miedo de tratar con los enfermos de peste. También era un reto para ella hacer algo en medio de mujeres nobles.
Por verdadero honor, a diferencia del Conde Romagnolo.
Juró que una vez más no temblaría ante la muerte.

RAW HUNTER: ACOSB
TRADUCCIÓN: ARIETTY
CORRECCIÓN: ANN