Capítulo 64. Te amo y te amo.
La inquietud que Abio había sentido al entrar en el dominio del marqués de Spinone pareció amplificarse al entrar en esta habitación. Las piernas le temblaban de miedo, pero enderezó la espalda, recordando su orgullo aristocrático.
«¿Crees que tengo miedo?».
Tras unos instantes en la oscuridad, las cosas empezaron a aparecer poco a poco. Tal vez las cortinas estaban echadas sobre la ventana, impidiendo que entrara la luz.
La habitación del Marqués era grande, pero, al igual que el primer piso, carecía de adornos. La única diferencia era que no había cabras pastando.
«¿Qué haces en esta habitación tan oscura?».
Con voz ronca y sin esfuerzo, habló hacia el mueble en ángulo que parecía ser un escritorio.
—¿Estás ahí?
La voz debió de sonar completamente imperturbable.
Por primera vez desde que llegó aquí, a Abio le gustaba su fachada. Pero no hubo respuesta a su pregunta.
Abio intentó disimular su ligera incomodidad jugueteando con el cuello de su camisa, que estaba confeccionada con las telas más finas. Tosió ligeramente y se paseó un poco más.
Entonces noto el inquietante brillo de los ojos de alguien detrás del escritorio.
«Debe de ser el marqués de Spinone».
Su mente se centró en la única luz de la habitación oscura. Pensando que tal vez la otra persona no había escuchado su voz, intentó hablar más alto.
—Saludos, marqués de Spinone. Mi nombre es Abio, de la familia Romagnolo.
Cuando terminó de presentarse, se oyó el sonido de una silla que era arrastrada, seguido de pasos pesados. Las cortinas que cubrían el gran ventanal detrás del escritorio se abrieron de un tirón.
La repentina luminosidad le abrumó y estiró un brazo para protegerse los ojos. Cada hilo de luz que se filtraba parecía revelar los detalles del polvo que flotaba en la habitación.
En la penumbra, alguien le habló.
—¿Eres un hombre?
Abio bajó el brazo para mirar a la persona que tenia la voz ronca similar al metal raspando contra algo. Pero sus ojos, acostumbrados a la oscuridad, no le permitieron ver fácilmente a su oponente.
«¡Cómo te atreves!».
Para ser un hombre, no tenía una estructura ósea grande y su rostro era inusualmente pálido, por lo que a menudo escuchaba que se parecía a la hermana menor de Meirin cuando era joven. Pero desde que había crecido, nadie había hecho tales comentarios sobre el heredero del condado.
Sus orejas se aguzaron ante el insulto, pero tragó saliva al recordar el rostro despreocupado del Conde cuando lo envió a una zona remota.
La primera mujer que tuvo en su corazón fue arrebatada por otra persona, y ahora lo único que le quedaba era ser el heredero del Conde. Apretó los dientes, dispuesto a soportar todo aquello por su propio bien.
Desde territorio desolado hasta el castillo en ruinas, ¿no revela el nivel actual del Marqués? El que es un hombre culto debería mostrar generosidad soportando a semejante bestia.
—Como puede ver, por supuesto que soy un hombre como el Marqués.
Se mostró reacio, pero se obligó a responder, pues aunque fuera descortés, no podía mostrarse insolente en presencia del Marqués. Abio hinchó su estrecho pecho y trató de fingir despreocupación.
—Hmm. Supongo que debería darte la bienvenida.
Abio se quedó mirando al hombre que pronunciaba aquellas palabras ininteligibles. Era muy alto. Si Abio se colocara frente a él, apenas le llegaría al pecho.
Y qué grandes eran sus manos.
Si el duque de Morciani parecía delicado y fuerte, el Marqués era rudo como una bestia salvaje. Su rostro bronceado tenía un toque de negro en contraste con el rostro pálido de Abio, y su cabello era gris.
«Un lobo…».
Es evidente que al frente se encontraba una persona.
Pero no pudo sentir ninguna emoción o calor en ese rostro. Se preguntaba si aquel lobo gris que atrapó en el bosque con el Conde se vería así si fuera un humano.
Y los ojos…
Los ojos dorados ligeramente rojizos emitían una luz extraña hacia Abio. Era un tipo de persona diferente en todos los sentidos.
Durante todo el camino desde el carruaje, todo lo que había planeado parecía torcerse.
Él esperaba que con su innata posición todo sería tan fácil aquí como lo había sido en Romagnolo.
Estaba seguro de que simplemente hablarían de principio a fin y que en realidad no le pedirían al heredero del condado que hiciera ningún trabajo. Pensó que sería una simple cuestión de añadir una etiqueta honorable más a su nombre, como cualquier otro noble.
Pero al enfrentarse a su oponente, Abio tuvo la premonición de que no sería fácil. No sería capaz de derrotar a un hombre así.
Y esa comprensión pronto dio paso a una profunda desesperación.
De repente, una brisa helada entró por la ventana y le rozó la mejilla, haciéndole toser y cubrirse apresuradamente los labios con la mano. El Marqués, al notar el enrojecimiento de su pálido rostro, chasqueó la lengua como si estuviera mirando a un animal enfermizo.
—No creo que seas capaz de sobrevivir ni un solo invierno.
Los labios del marqués de Spinone se curvaron ligeramente, sus ojos recorrieron los rizos rojizos de Abio y las puntas polvorientas de sus zapatos. Sus ojos eran ávidos, como los de un hombre que ha descubierto un vino muy fino.
La mirada pegajosa hizo que Abio se sintiera incómodo.
—Parece que el Duque me ha hecho un regalo interesante.
Arietty: Oh sisi, disfrutelo tanto como guste.
Ann: ¡¡¡Oh por Dios!!!
La voz baja era tan débil que se disolvió entre los ruidos menores de la habitación en cuanto salió.
Abio se sorprendió al ver al gran Marqués hablando solo y sonriendo levemente, así que echó el pie hacia atrás.
«Ahora que hay suficiente luz en la habitación, ¿por qué me siento como si estuviera atrapado en un arbusto oscuro?».
Abio se frotó los ojos y se estremeció ante la extrañeza de los aposentos del Marqués. En pocas horas, pudo sentir que estaba lejos de su verdadero hogar.
***
Arietty: Escuchen con Apocalypse – Cigarettes after sex.
Lucious se sintió impotente ante la increíble sensación de este momento.
La idea de que podría tratarse de una ilusión que se desvanecería si cerraba los ojos y volvía a abrirlos le hizo sentirse débil.
Se obligó a abrir los ojos de nuevo y miró a su oponente.
«Ella tiene razón».
La que había robado el único corazón de Lucious se acercaba a él.
Ella era alguien que siempre se había mostrado tímida y dispuesta a dar un paso atrás, la que siempre se iba dándole la espalda.
«Pero ahora viene hacia mí».
Ante aquel pensamiento, Lucious se sintió como si tuviera todo el mundo en sus manos, y entonces le invadió un nerviosismo extremo que le hizo castañear los dientes.
Luego se armó de valor y dio un paso adelante, enderezando los hombros de ella.
—Eres demasiado buena para mí.
Lucious tomó aire, tratando de no dejarse vencer por sus emociones crecientes, y habló a continuación.
—Quiero estar contigo dondequiera que sea.
Nuritas siempre había creído que los dioses los habían abandonado. De lo contrario, desde sus antecesores hasta su madre, pensó que la vida no podía ser tan dura.
¿Pero estaba equivocada?
¿Dios siempre estuvo ahí velando por ellos? ¿La razón por la que el cielo siempre estuvo azul no fue sólo para reírse de ella?
Nuritas estaba tan confundida. Quería convertirse en alguien digna del Duque y quería acercarse a él. Todos sus pensamientos internos fueron revelados de forma transparente.
«Pero, ¿qué sigue?»
Ella nunca había sido tan codiciosa como para pensar que podría caminar al lado del Duque, pero ahora él le estaba diciendo con todo su cuerpo que quería estar con ella.
Sus labios se apretaban con fuerza, sus ojos brillaban como obsidiana intacta.
¿Es esto realmente posible?
De repente, Nuritas se tapó la boca con la mano ¿Y si esto también era lo que el Conde esperaba?
«Ah….».
¿Y que alguien tan valioso derramara sangre por ella?
Lucious, sintiendo su extraña vacilación, rodeó el cuerpo de Nuritas con sus brazos.
—No tienes nada de qué preocuparte.
«Pero, ¿y si…?».
Nuritas, incapaz de decir estas palabras, hundió su cabeza en el hombro del Duque y colocó una mano en el pecho, tratando de reprimir sus temores.
Aunque la persona que tanto deseaba la abrazaba, ¿por qué se sentía tan ansiosa?
Lucious le rodeó el puño con la mano y con la otra trazó la línea de la mandíbula de Nuritas en un movimiento giratorio y dibujado. Exhaló dulcemente al sentir la piel de Nuritas contra las yemas de sus dedos.
—¿Puedo besarte?
Con una sola palabra del Duque, la cálida brisa que flotaba allí pronto se convirtió en una fiebre de verano que soplaba por la tierra cálida y húmeda.
«Preferiría amarte y confesarte que te amo una y otra vez, pero no lo sé…».
Estaba claro que esto estaba muy por encima de sus capacidades. El mero pensamiento de los labios del duque sobre los suyos ya estaba nublando su conciencia.
Y entonces recordó algo en lo que nunca quiso pensar: el aliento de Abio que había dejado su rostro cubierto de saliva.
«Por qué tiene que venir a mi mente en tan buen momento».
Lucious sintió que la espalda de Nuritas temblaba y se ponía rígida entre sus brazos, por lo que bajó la mano de su barbilla para acariciarle suavemente la espalda.
Le entraron sudores fríos, pensando que incluso un monje de la más alta reputación podría no ser capaz de seguir su propio autocontrol en ese momento. Pero siguió calmando a Nuritas con suavidad, intentando no demostrarlo.
Era su corazón lo que quería ahora, no sus labios.
—Shhh. Estás a salvo. Nadie puede hacerte daño, ¿vale?
Nuritas fue consciente de que los fuertes latidos que había oído a través de las ropas del duque se ralentizaban lentamente, y se sonrojó extrañamente ante sus palabras, que ahora crujían en sus oídos.
«Como si fuéramos verdaderos amantes…».
Nuritas alargó la mano y le rodeó el cuello con los brazos, sin querer perderse el calor del cuerpo del Duque, que retrocedía lentamente.
«Temo que te hagan daño al estar si me acerco a ti, y me duele el corazón si te alejas».
El Duque se dejó cautivar por ella de buena gana.
Los brazos de ella se deslizaron por su pecho y sus hombros, superponiéndose en su nuca, y la coronilla de Nuritas le hizo cosquillas en la base del cuello. Era un momento tan perfecto que no tenía sentido desear más.
—Me rindo. Duquesa.
Intentó lanzar una broma ligera para aliviar la tensión entre ellos. Nuritas apenas levantó la cabeza, sonriendo levemente ante las palabras del Duque.
Lucious inclinó la cabeza hacia abajo en respuesta, y sus narices rozaron el rostro del otro. El aliento fresco de Lucious le hizo cosquillas en la mejilla.
Nuritas pudo comprobar que su anterior preocupación había sido infundada. La piel y el aliento del Duque no se parecían en nada a los suyos. Cada mirada, cada caricia, la hacían sentirse querida.
¿Quién fue primero?
Sus labios secos se encontraron al sonreírse, y el más leve roce hizo que sus corazones latieran al unísono.
Nuritas se aferró al Duque, con las pestañas agitadas, sin saber si abrir o cerrar los ojos. La sorprendió sentir tantas sensaciones en los labios.
Tenía la respiración entrecortada, pero no quería que la sacaran de aquel momento.
—Oye, respira.
Los labios de Lucious se separaron un momento y pronunció las palabras en su pálido rostro. Nuritas abrió la boca rápidamente e inhaló profundamente, sintiendo una punzada de pesar por haberse separado de él.
Sintiéndose viva, miró los labios del Duque, que, a diferencia de la primera vez, empezaban a brillar con su propia saliva.
—¡…!
Y como una brisa del bosque, su aliento se precipitó en ella.

RAW HUNTER: ACOSB
TRADUCCIÓN: ARIETTY
CORRECCIÓN: ANN