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Capítulo 76. El parto

Cuando Hee-seong estaba a un mes de dar a luz, se Yoon Chi-Young tomó una licencia. Se dice que los lobos machos están más sensibles en esta época. Sin embargo, no muestran agresividad hacia su familia inmediata porque los perciben como parte de la manada, pero por desgracia, Yoon Chi-Young percibía incluso a su hermano y a su familia como enemigos, lo cual es comprensible dada su vida pasada.

Por ejemplo, casi atacó a Yoon Jin-young cuando vino a comprobar el embarazo de Hee-seong. Yoon Jin-young es el segundo hermano de Yoon Chi-Young, y no tienen una buena relación. Era un enemigo porque le daba dinero en secreto a Hee-seong para comprar actualizaciones regulares sobre la vida de Yoon Chi-Young. Por supuesto, Yoon Chi-Young sabía del trato, así que Hee-seong daba información falsa y cogía el dinero como si fuera calderilla. Sin embargo, el día que Yoon Jin-young vino a explorar, casi fue atacado por un lobo por dar dos pasos delante de Hee-seong mientras éste dormía. Inmediatamente se transformó en lobo y cargó contra él como un cazador, amenazando con despedazarlo, hasta el punto de que toda la pandilla tuvo que apresurarse para salvarle la vida. Por suerte, no pasó nada malo porque todos sabían lo sensibles que son los lobos embarazados.

A partir de ese día, Yoon Chi-Young decidió tomarse un descanso, una decisión que hizo que la pandilla respirara secretamente aliviada, lo que, dada su habitual lealtad, demuestra lo cerca que habían estado de vivir al límite. El tiempo pasó, y Hee-seong estaba a unas dos semanas de dar a luz.

Yoon Chi-Young salió a comprar boniatos* para Hee-seong. Aunque las preferencias alimentarias de Hee-seong cambiaban de vez en cuando, iba a cualquier parte por su cachorro. Aunque a menudo contaba con la ayuda de sus compañeros debido a su sentido de la territorialidad, prefería elegir lo que Hee-seong comía, así que normalmente salía solo.

*

Pero Yoon Chi-Young llegó un poco tarde. Solo en casa, Hee-seong se sentía extrañamente incómodo. Tenía un poco de calor y le dolía el estómago. Estaba hecho un ovillo, moviendo la cola, y él le llamó con ansiedad.

[Hee-seong: 

¿Dónde estás?

Date prisa.

Rápido]

[Baby ♡: 

¿Qué pasa?

¡Me estoy apresurando!, no puedo esperar a verte] 

Se sentía aliviado al ver su respuesta. 

«Mientras él venga, estará bien.»

Hee-seong miró el apodo que había guardado en secreto en su teléfono, luego se escabulló debajo de la cama para ir al baño.

«No me siento bien…»

Hee-seong se levantó tambaleándose y se miró. En el espejo de cuerpo entero se veía el vientre, ahora bastante abultado. Los niños crecían muy sanos, pero últimamente Hee-seong se sentía débil. No dormía bien debido a la presión sobre sus órganos. Pero hoy estaba especialmente mal.

«No me siento fuerte…»

Iba de camino al baño, pensando eso simplemente. Algo se deslizó por su nuca hasta su entrepierna. Sintiéndose débil, Hee-seong miró hacia abajo aturdido. Sus piernas estaban empapadas de un líquido transparente. Era extraño, teniendo en cuenta que faltaban dos semanas para el parto. Sintió una sensación de urgencia, pero ya estaba fuera de sí. De hecho, apenas podía hablar porque sentía que el estómago se le iba a hundir.

—Yoon, Chi-Young…

Tambaleándose, Hee-seong buscó a alguien con ojos desesperados. Se movió instintivamente, sin saber a quién estaba llamando. Hee-seong enterró la frente en la alfombra y jadeó, luego se arrastró, incapaz de levantarse.

«Duele, duele…»

Hee-seong gruñó y se dirigió al armario que comunicaba con el dormitorio, donde de algún modo consiguió arrastrar un montón de ropa de Yoon y se agachó sobre ella. El dolor se apoderó de él, no pudo soportarlo. Su visión parpadeó en amarillo y un ruido sordo retumbó en sus oídos. Hee-seong se lamió los labios secos, buscando desesperadamente a alguien. 

—Yoon Chi-Young, ¡Hyung!—gritó instintivamente.

No tardó en oírlo. Oyó la brillante voz de Yoon Chi-Young en la distancia.

—Hola, cariño, he vuelto.

—…

—¿Baby?

Su voz sonaba cada vez más cerca mientras lo buscaba. Hee-seong apenas estaba consciente, pero a partir de ese momento, se sintió aliviado. Sabía que Yoon Chi-Young lo encontraría rápidamente.

Pronto, el montón de ropa que Hee-seong había estado cubriendo se destapó suavemente. Hee-seong sintió que la mano de Yoon Chi-Young le rodeaba urgentemente el hombro, pero ni siquiera podía sostenerse, y su cabeza cayó impotente.

—Hee-seong…

Estaba claramente sorprendido y asustado, y aunque Hee-seong quería decirle con firmeza que no debía preocuparse, ya se le estaba yendo la conciencia. Era un día en el que estaba resentido por la debilidad de su cuerpo.

♡………………..♡………………..♡

Los recuerdos de Hee-seong eran escasos. Cada vez, gritaba del dolor que provenía desde el bajo vientre hasta la columna y buscaba a Yoon Chi-Young, que le cogía la mano y le escuchaba inquieto. Oía a las enfermeras a su alrededor diciéndole con urgencia que no debían reanimarlo aquí, pero todo había sido tan borroso que no estaba seguro. 

Cuando despertó, no podía decir cuánto tiempo había pasado. Un dolor sordo en el estómago le hizo arrugar la frente y abrir los ojos. En su visión borrosa, podía ver el techo blanco y sentir el calor de la mano de Yoon Chi-Young junto a la suya. Hee-seong vio que fuera de la ventana estaba oscuro y se dio cuenta de que llevaba mucho tiempo durmiendo.

«¿Qué demonios ha pasado…?»

Sus blancas orejas se movieron con ansiedad. Intentó incorporarse, pero el malestar estomacal era abrumador. Con el ceño fruncido y una dolorosa exhalación, Hee-seong se obligó a girar la cabeza y mirar a su alrededor. Por suerte, la persona con la que quería quejarse estaba justo delante de él. Yoon Chi-Young, con el rostro pálido y ojeras, se acercó a él como si le hubiera estado esperando.

—¿Estás despierto?

—… 

—¿Te duele algo, no puedes moverte?

—Shhh, arrrg… Abrázame…

Ante su habitual queja, Yoon Chi-Young rodeó a Hee-seong con sus brazos como si lo hubiera estado esperando. Con una mano firme en la espalda de Hee-seong, lo levantó suavemente y, entre sus brazos, apretó los labios y dejó escapar una larga e incómoda respiración. Sentía un hormigueo en todo el cuerpo, pero su estómago se sentía extraño y vacío.

«Estómago vacío.»

En cuanto reconoció la sensación, los ojos de Hee-seong se abrieron de par en par, incrédulo. Debían de haber sacado a los niños y completado la operación. Hee-seong se olvidó del malestar e hizo la pregunta que más le preocupaba.

—Los bebés… la gamba, el cangrejo de río… ¿Cómo ha ido? ¿Están bien? ¿Han nacido? ¿Eh?

—Bebé.

—¿Es pequeño como yo, o… es débil? ¿Eh?

—…

Ante la pregunta impaciente, Yoon Chi-Young se tranquilizó bastante. Miró a los ojos preocupados de Hee-seong y mantuvo su mano quieta como para calmarlo, esperando pacientemente.

Pero Hee-seong se sintió desconcertado por su calma. Normalmente, era tan cariñoso y despreocupado, pero en momentos como éste, estaba aún más afligido. Yoon Chi-Young besó el pelo de Hee-seong y dijo:

—Dejaré que lo veas por ti mismo.

La forma en que sonreía, tan despreocupada, le hizo relajarse. Hee-seong asintió y se armó de valor.

♡………………..♡………………..♡

Yoon Chi-Young trajo a los cachorros de la guardería con la ayuda de una enfermera. Los bebés, envueltos en pañales, emitieron gorjeos desde el pasillo y, en cuanto Hee-seong los oyó, el corazón le dio un salto en la garganta. Se sintió emocionado, nervioso e innecesariamente lloroso. Lo único que sabía con certeza era que su corazón latía sin control.

Y en cuanto los vio, supo que eran suyos. Los dulces trozos de cachorros eran exactamente iguales a un mini-yo de Yoon Chi-Young.

—Mmm, mmm… 

—¡Aung, aung!

Cuando dejó caer a los bebés desprevenidos sobre la cama de Hee-seong, forcejearon e intentaron meterse en sus brazos. Eran dos bultos negros y redondos. Su pelaje era limpio y esponjoso, y debían de haber nacido durante la noche, pero ya tenían el mismo tamaño que el cuerpo de Hee-seong. Hee-seong los miró con emoción mientras le olisqueaban la nuca.

—Ah…

A primera vista, ambos estaban sanos. Su tamaño parecía mayor que el de los lobos recién nacidos. Sólo eso hizo que Hee-seong, que había estado preocupado, se relajara. Aliviado, Hee-seong examinó detenidamente a los cachorros negros y redondos. A su lado, Yoon Chi-Young, sentado en la cama, le decía impaciente lo que se había estado preguntando.

—Los dos están muy sanos. El primero es un macho y la segunda una hembra.

—…

—¿Puedes distinguirlos?

—… Sí.

Hee-seong sonrió débilmente. Miró de cerca a los cachorros y pudo ver la diferencia. Pensaba que sólo se parecían a Yoon Chi-Young, pero los genes de Hee-seong habían trabajado duro y habían dejado su huella.

El primero tenía pelaje blanco en la pata delantera derecha, como si llevara un calcetín, y el segundo tenía pelaje blanco en medio del pecho. La del pecho blanco era hembra y un poco más grande. Ambos tenían las orejas medio dobladas como las de Hee-seong, pero aún estaba por ver si se abrirían al crecer. Hee-seong los observaba atentamente, incapaz de abrir los ojos, mientras le lamían las yemas de los dedos instintivamente.

—Los dos están… muy sanos, ¿verdad?

—Sí, los dos están excelentes.

—…

—Supongo que por eso te tomas tantas molestias.—Hee-seong sonrió débilmente a través de sus ojos llorosos. 

De hecho, Hee-seong no lo había sentido cuando estaban en el útero, pero ahora que podía verlos con sus propios ojos, se dio cuenta de que tenía hijos. Yoon Chi-Young y sus propios hijos. Niños nacidos de milagro. Eran los niños, los que crecieron y dio a luz cuando no soñaba con un futuro.

«¿Cómo podría mostrarse a sí mismo estos adorables perros lobo, viviendo en una casa de juego y sin mirar hacia el mañana?»

Él nunca lo habría creído, pero ahora había mirado hacia el futuro y había tenido algo de esperanza para pasar el día. Había tenido la esperanza de que algún día tendría su propia familia. Hee-seong sonrió débilmente. Su costumbre de pensar en su doloroso pasado cuando estaba feliz no era tan mala después de todo. Hacía que el presente tuviera más sentido y le permitía tomar resoluciones más maduras.

—Mis bebés…

Hee-seong miró con cariño a los cachorros y los abrazó mientras se retorcían en sus brazos. Luego susurró en voz baja, como si hablara a su propio pasado solitario.

—… No los dejaré solos, pase lo que pase.

—…

—Cuando estén tristes, cuando se sientan solos… yo estaré ahí.

Como si también se lo dejera a Chi-Young, Hee-seong apretó su mano y le sostuvo la mirada un momento. Las comisuras de sus ojos se humedecieron y enrojecieron cuando volvió a mirar a los bebés. Hee-seong juró ser él mismo por ahora.

—No voy a ser duro con ellos y no voy a regañarlos.

—…

—Está bien estar enfermo y débil, siempre estaré a tu lado.

Hee-seong sonrió alegremente mientras acariciaba a sus cachorros. Yoon Chi-Young no podía apartar los ojos de él, como si estuviera viendo una escena de una película. Nunca había visto a Hee-seong sonreír tan feliz, y con tanto cariño, abrió la boca.

—Me encanta que los bebés se parezcan a ti…

—…

—Habría estado bien independientemente del tamaño que tuvieran, porque se parecen a ti.

En retrospectiva, Yoon Chi-Young sintió una emoción en su interior. Su amante se alegraba de que sus hijos se parecieran a él. Las comisuras de sus ojos se sonrojaron, pero no dejó que Hee-seong lo viera; se limitó a observar a los niños juntos, rodeó sus hombros con los brazos y le abrazó con fuerza.

Yoon Chi-Young sintió algo extraño.

Pensaba que nunca tendría una buena familia porque había crecido con un padre disfuncional, y su vida estaba rota de todos modos. Siempre había pensado en las heridas de su infancia como una carga personal que tendría que llevar solo el resto de su vida. Pero ahora, mientras veía a Hee-seong abrazar a los bebés con cariño, el pequeño lobo negro de su corazón se sintió reconfortado. De repente, Yoon Chi-Young sintió en lo más profundo de su ser la bendición de haber conocido a ese hombre.

—Baby…

—Sí.

—Te quiero.

—¿Qué? Siempre dices que me quieres…

Al ver las orejas de Hee-seong sonrojadas por la vergüenza, Yoon Chi-Young no pudo evitar soltar una risita mientras Hee-seong respondía: 

—Yo también—con voz baja. 

Con los ojos enrojecidos, besó el pelo de Hee-seong durante largo rato. Tal y como Hee-seong había jurado antes, se dijo a sí mismo que lo protegería a él y a los niños el resto de su vida. Abrazando fuertemente a Hee-seong por detrás, Yoon Chi-Young rió suavemente. Hoy era uno de esos días en los que podía sonreír tan feliz como cualquier otra persona, y su alegría iba acompañada de una broma juguetona.

—Son nuestros bebés, pero no son cachorros grises.

—Mis genes deben ser muy fuertes. Los dos tienen las orejas caídas como yo.

—Se enderezarán cuando crezcan, yo tenía las orejas caídas cuando era niño.

—No creo que se enderecen nunca… 

—En realidad, yo tampoco.

Hee-seong se rió y apretó el dorso de la mano de Yoon Chi-Young que le rodeaba la cintura. Miraron a los bebés y hablaron durante un buen rato. Pensaban que sólo se tenían el uno al otro en el mundo, pero ahora tenían una nueva familia, y la prueba estaba en las etiquetas con sus nombres.

El primer niño se llama Do-yoon. El segundo, Seo-yoon. Los dos perros lobo recibieron nombres con los apellidos de sus padres. Era un nombre que Yoon Chi-Young había elegido por sí mismo y que Hee-seong había aceptado encantado.

Los dos lobeznos se arrastraron entre Hee-seong y Yoon Chi-Young, chillando y gimoteando mientras buscaban algo. A su lado, Yoon Chi-Young aullaba juguetonamente y los cachorros, cuyas orejas aún no se habían abierto, parecieron percibir algo. Se esforzaron por levantar sus cabezas temblorosas, pero luego, como si estuvieran contentos de encontrar a su grupo, imitaron torpe pero vigorosamente el aullido. Era su primer grito al mundo.

—¡Aung…!

*M.R.: Después  de todo lo que pasaron, por fin mis amorcitos son felices. 


RAW HUNTER: 0666 BLACKIE 🦇
TRADUCCIÓN: ZAM 
CORRECCIÓN: MR


¿Aquí no ibas?


¿Te has cansado?


¿Uno más?

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