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Capítulo 8

──── ∗ ⋅✧⋅ ∗ ────

«¿Qué acabo de escuchar?»

Sentí como si me estuvieran dando una excusa.

Desconcertada, parpadeé, sin comprender.

En ese momento, Alexis de repente miró hacia la puerta y, inclinándose, susurró. 

—¿No le dije a mi padre que estabas vagando por ahí sin permiso? Así que, no te pongas rebelde, solo guarda silencio.

Me quedé mirando a Alexis con una expresión de sorpresa, pero él, al ver mi mirada, se estremeció y desvió la vista. 

Sus orejas se habían teñido de rojo. 

—… 

Esperaba que Alexis no hablara de eso, pero no imaginé que sería de esta manera. 

Aunque pensaba fríamente, sin saberlo, seguía mirando fijamente a Alexis, sin tener ni idea de qué expresión estaba mostrando. 

Al parecer, Alexis también se dio cuenta de mi mirada, y me miró de vuelta. 

—¿Qué pasa ahora…? —comenzó a decir, pero en ese momento. 

La puerta cerrada se abrió con un suave click, y el sonido me hizo dar un sobresalto en el pecho. 

—¿Sabes dónde estás para estar conversando de esta manera? 

Una voz fría descendió sobre nosotros como una capa helada.

—¡Hermano! No es lo que crees… 

—Cállate.

La única persona a la que Alexis llamaba “hermano” era el primogénito de la familia Vasilian, el sub Duque Shiönel, quien respondió con voz glacial. 

Cuando levanté la cabeza y miré a Shiönel, me quedé observándolo en silencio. 

Shiönel, al igual que Evgenia, tenía el cabello negro y unos ojos azul hielo que eran impresionantemente hermosos. 

Pero tan pronto como lo miré, sentí que la sangre se me helaba por completo y me faltaba el aire. 

Apreté el puño con fuerza. 

Ese enojo inexplicable… ya lo había sentido antes.

Cuando vi los ojos rojos de Richard. 

Deseaba con todo mi ser estar equivocada, pero parece que mi hipótesis era correcta. 

Aunque no tenía los recuerdos de Evgenia, podía sentir con claridad sus emociones. 

Comencé a sospechar desde que vi a Richard el día anterior, y supe que se confirmaría cuando me encontrara con el Duque Vasilian. 

Y al ver a Shiönel, quien en la novela era descrito como similar en apariencia al Duque Vasilian, mis emociones ajenas comenzaron a surgir una vez más, empujándome hacia la garganta. 

—Si vas a hacer lo mismo que la última vez, mejor vete ahora. No conseguirás lo que quieres de esa forma —Shiönel, que me miraba desde lo alto, habló con frialdad. 

De inmediato, una oleada de hostilidad surgió en mí, y sentí como si una respuesta cortante se fuera a escapar de mi boca. 

Sin embargo, apreté los dientes y traté de sofocar esas emociones, forzándome a poner una expresión lo más tranquila posible. 

—No vine aquí para hacer un escándalo… 

—… 

Shiönel no mostró ninguna emoción, salvo una leve contracción en su ceja izquierda. Sin embargo, no parecía confiar en mí en lo más mínimo.

No podía hacer nada más. 

—Hermano, por favor, entra. No podemos seguir haciendo esperar a padre.

Pensé que lo mejor era encontrar al Duque y resolver este asunto rápidamente. En ese momento, cuando estaba a punto de decir algo más, 

—¿Qué acabas de decir? 

Los ojos de Shiönel, que hasta ese momento solo habían mostrado un cambio sutil de expresión, se abrieron de par en par, como si algo lo hubiera sorprendido.

Mis ojos, que reflejaban el profundo azul de Alexis pero con una intensidad más oscura, seguían su movimiento desconcertado. Entonces, dije con firmeza:

—Ya basta, entremos. Padre está esperando.

Un ruido fuerte se escuchó desde el interior de la oficina, como si algo se hubiera caído.

—¿Qué demonios…? —murmuró Alexis.

—Cállate.

Rechacé con brusquedad su mano sobre mi hombro, sujeta por la preocupación sobre mi estado de salud, y lo regañé sin vacilar. 

Parece que notó mi malestar, porque se apartó de inmediato, retrocediendo con una mirada fugaz. 

Guardé el furor que emergió dentro de mí y, controlando mi expresión, volví a mirar al frente.

La figura de Shiönel, el hijo mayor del Duque Vasilian, contrastaba completamente con la impulsividad y la naturaleza volátil de Evgenia. Él siempre había sido descrito como una persona racional, fría y perfecta. 

Sin embargo, al verlo frente a mí, pude notar que su rostro mostraba una leve indecisión, algo que se desvaneció rápidamente, y su mandíbula se tensó con firmeza.

Él, que había perdido el control por un instante, giró con rapidez y abrió la puerta con un gesto brusco.

──── ∗ ⋅✧⋅ ∗ ────

Fue un desafío, un acto de desafío deliberado. 

Sabía perfectamente que si me dirigía a Shiönel llamándolo “hermano” y al Duque Vasilian “padre”, todos se sorprenderían, y aun así lo hice. 

No sé de dónde venía la profunda ira y resentimiento que Evgenia sentía hacia su familia, pero yo no era ella. 

Mi mente no se dejaba llevar por los recuerdos ni por las emociones de su cuerpo. Y si alguna vez sentía deseos de apartarme de Euclides o de dejar de lado al Príncipe, el solo pensamiento de eso me aterraba. 

Lo bueno es que mis palabras y acciones no estaban restringidas, por lo menos no aún. Con el paso del tiempo, mis emociones comenzaban a desvanecerse poco a poco.

Así que, reafirmando mi resolución de no dejarme influir, avancé por la amplia oficina y me acerqué finalmente al escritorio donde estaba el Duque Vasilian.

Pero a pesar de la firmeza con la que me había preparado, al ver al Duque frente a mí, con su cabello negro perfectamente peinado y su aura gélida, algo dentro de mí se quebró.

—…¡Evgenia?!

El Duque, que me había estado mirando con la frialdad de un lago congelado en invierno, se levantó de un salto al escuchar mi nombre.

—¿Por qué lloras? ¿Te duele algo?

—Ah… —mi voz se quebró, y toqué mi mejilla con la mano, dándome cuenta de que mis ojos se habían llenado de lágrimas sin darme cuenta.

No entendía por qué, pero las lágrimas seguían cayendo.

El Duque parecía no poder creer lo que veía. Su rostro, siempre tan distante, mostró una expresión de preocupación mientras dejaba de lado su habitual frialdad.

Rápidamente, se levantó y, sin atreverse a tocarme, sacó un pañuelo de su bolsillo y me lo tendió.

Al recibirlo, mi visión se despejó un poco, y cuando mis ojos se cruzaron con los suyos, pude ver la preocupación genuina reflejada en sus ojos azules, lo que hizo que mis emociones se desbordaran aún más.

«No puedo… no puedo seguir así. Necesito salir de aquí después de decir lo que tenía planeado.» 

—Lo siento, padre —murmuré rápidamente, llevando el pañuelo a mis ojos. A pesar de que sentía su cuerpo rígido por la tensión, no me detuve y continué hablando.

—Sé que te preocupaste mucho la última vez, cuando causé un alboroto en la oficina. No volverá a suceder. También he renunciado al Príncipe heredero.

—¿Eso… es cierto? —preguntó el Duque, después de unos momentos de vacilación.

No sabía si iba a creerme, pero decidí mostrarme firme y asentí, levantando la cabeza con decisión. 

Aunque el nudo en mi garganta me dejaba sentir un leve mareo, logré mantenerme controlada, sin dejarme llevar por la intensidad de la emoción.

—Tengo mi orgullo. No puedo permitir que, sabiendo cómo me siento, envió una carta de compromiso a Melissa.

—Eso es cierto, pero… —El Duque, a pesar de la firmeza de mi voz, parecía dudar, dejando que sus palabras se desvanecieran al final.

Después de todo, era Evgenia, quien había expresado constantemente sus sentimientos hacia el Príncipe Heredero. 

No hacía más de unos días, había amenazado con su propia vida como una forma de chantaje. No era de extrañar que le costará creer que podría abandonar todo tan fácilmente.

Sin embargo, en este asunto, no podía dar marcha atrás.

Aprovechando las lágrimas que aún caían de mis ojos, hice un esfuerzo por contenerlas. Mordí mis labios con resolución y luego, al soltarlos, dije con una grave determinación:

—Voy a casarme.

—¿Hm? 

—Voy a casarme.

El Duque, con los ojos tan abiertos como cuando vio mis lágrimas, mostró un asombro similar al anterior.

—Ahora mismo siento una gran traición hacia el Príncipe Heredero, pero no sé si este sentimiento cambiará en el futuro. Sin embargo, no quiero vivir de esa manera. Si me casara, tendría responsabilidad. No actuaría de forma tan imprudente como lo hice antes.

Por supuesto, Evgenia nunca tuvo ningún sentido de responsabilidad, ¡y continuó persiguiendo al Príncipe Heredero incluso después de casarse!

—Por eso, me casaré. Lo antes posible.

Ahora, viviré solo para mi futuro esposo, Euclides.

Al esconder mis verdaderos sentimientos detrás de una máscara, pronuncié las palabras con firmeza, mientras lo miraba con una expresión melancólica.

—¿Es en serio? —preguntó Shiönel, interrumpiendo el tenso silencio con una voz severa.

A pesar de que su mirada seguía careciendo de confianza, me sentí un poco complacida al ver que sus cejas se levantaban ligeramente, mostrando una reacción genuina. 

Sonreí con el corazón palpitante mientras me preparaba para dar una respuesta más firme.

—Es mi sincera intención. El que se convierta en mi esposo, por favor, que lo decidan ustedes, padre y hermano.

El Duque se quedó en silencio, su mirada penetrante, mientras yo observaba a Shiönel, que parecía procesar lo que acababa de escuchar.

—… —sus ojos se agrandaron levemente al notar que estaba hablando en serio.

Recibí esto como una señal positiva, y mi respiración se hizo más pesada mientras un destello de esperanza iluminaba mi rostro.

—Sin embargo, preferiría casarme antes que el Príncipe Heredero —No podía perder el tiempo, tenía que adelantarme. Después de todo, cuanto antes me casará, antes podría reunirme con Euclides.

—El compromiso ni siquiera tiene que hacerse formalmente. Ni siquiera necesitamos una gran ceremonia. Solo quiero salir de la capital lo más rápido posible, para estar lejos de él.

Y una vez en el ducado de Rhudion, ¡disfrutaría de mi vida de recién casada…! Bueno, más como una fanática feliz… pero ese detalle no importaba.

Solo pensarlo me emocionaba, y no pude evitar que la sonrisa se asomara a mis labios.

Sin embargo, una sensación de incertidumbre comenzó a invadir mi mente.

«¿Y si al decir que quiero casarme, el futuro esposo cambia?»

No, eso no podría suceder.

Probablemente, el Duque y Shiönel ya tenían planes de viajar al norte bajo el pretexto de revisar los asuntos de la casa, y seguramente ya habrían visto a Euclides.

Sin embargo, no podía evitar una ligera preocupación. Me humedecí los labios y comencé de nuevo:

—Pero… —Justo cuando iba a hablar, los ojos del Duque y Shiönel se giraron hacia mí, interrumpiendo mi pensamiento.



RAW HUNTER: ANNA FA/ MOKA/ SUUNY
TRADUCCIÓN: MOKA / ROBIN
CORRECCIÓN: ROBIN


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