Capítulo 54
Cuando miré desconcertada al mayordomo que de repente dijo algo extraño, el cerró los ojos con fuerza como si lo hubieran pillado haciendo trampa.
—Sin embargo, las piedras mágicas son tan caras que el presupuesto actual del Ducado no nos permite usar ninguna de ellas.
Miré incrédula al mayordomo mientras hablaba en tono de resignación, reconociendo la miserable realidad de su jactancioso, pero al fin y al cabo abatido, intento de salvar de algún modo el orgullo del duque Rhudion.
Cualquiera diría que lo estaba torturando.
—¿Acaso no sé de la situación de la familia Ducal? Sé muy bien lo increíble que era el primer Duque como mago, y también sé lo caro que es el precio de las piedras mágicas.
—Bueno, entonces por qué…
Los ojos del mayordomo se abrieron de par en par, asombrado, preguntándose si de verdad iba a dejar que la situación del Duque saliera de su boca.
Me sentí como una mala anfitriona intimidando a un viejo mayordomo, así que le dije.
—¿Creo que el Duque Vasilian ha enviado suficientes piedras mágicas junto con el carruaje mágico antes de la boda?
De hecho, aunque le preguntaba al mayordomo, ya estaba medio convencida de que la lámpara era un artefacto mágico que usaba piedras mágicas, como los de la familia Ducal Vasilian.
No ignoraba su pobreza, y deseaba decirle que si había tenido la costumbre de ser ahorrativo, no tenía por qué serlo ahora.
—¡Ah! Así es. Pero lo puse todo en el almacén de la señora según las órdenes del maestro —dijo el mayordomo desconcertado, con el rostro lleno de orgullo por haber cumplido fielmente las órdenes de su señor.
Y me quedé aún más desconcertada.
—¿Qué? ¿Todas esas piedras mágicas?
—¡Sí! Me dijo que lo tuviera listas para cuando la señora quisiera usar el carruaje.
—Entonces, ¿qué pasa con el castillo del Duque?
Puedes usar un carruaje normal para lugares cercanos, pero para distancias largas, tendrás que coger un carruaje mágico. ¿Cuándo usares todas esas piedras mágicas? ¡Por supuesto, lo conseguí insistiendo en que el Duque Vasilian ayudara al Ducado!
—¿Sí? De ninguna manera, No querrás decir…
El mayordomo, que tardíamente se dio cuenta de la intención de lo que dije, se tapó la boca.
Sus ojos se humedecieron, como si estuviera aún más abrumado que cuando se había ofrecido a cuidar de la casa.
No doné de buen corazón, solo les estaba diciendo a todos que vivieran bien, pero cuando respondieron de esa manera, me sentí muy avergonzada.
—¡Ejem, ejem!
—¡S-Señora! Realmente aprecio sus palabras. Sin embargo, como dije antes, no fue asignado dentro del presupuesto del Ducado… Incluso si fuera asignado, creo que sería difícil usar esas costosas piedras mágicas a diario debido a la deuda acumulada.
Como si mi corazón se hubiera abierto por completo antes de darme cuenta, el mayordomo explicó la situación de manera más honesta.
En resumen, podría usar piedras mágicas en el castillo si quisiera, pero sería un desperdicio.
Pero a pesar de la directa explicación del mayordomo, mi mente se llenó de más preguntas.
—¿Deuda? ¿No se supone que lo va a pagar todo este mes?
—¿Es eso lo que dijo el maestro?
—Esa es sólo mi suposición. El Duque no mencionó una palabra sobre la deuda.
—Como se esperaba.
—Entonces, ¿quiere decir que pagará la deuda o no?
—Bueno, no lo sé. Pero no sería descabellado pagarla toda de una vez…
—¡Tonterías!
¿No decía en la historia original que se cancelaron todas las deudas del Duque inmediatamente después de casarte con Evgenia?
¿No será que el Duque Vasilian, a pesar de que me disculpé y comí para complacerlo, no me ha cuidado menos que a la original Evgenia?
Solo revisé la lista de mi dote, pero no pude verificar la lista de regalos entregados al Duque Rhudion, lo que me hizo sentir incómoda.
—¡Ahora mismo, trae un libro de contabilidad que muestre una lista de sus activos aumentados y cuánta deuda le queda!
—¿Eh? ¿Ahora?
—Está bien. Estaré en mi oficina ahora mismo.
—Ja, pero es probable que la limpieza no esté perfectamente hecha. Además, en cuanto a la lista de bienes y los libros contables, creo que necesitaré el permiso del Duque…
—Con que el escritorio esté limpio en la habitación es suficiente, y consigue el permiso de inmediato. ¡Ah! Y además…
Abrí la boca, recordando lo que Euclides se había apresurado a decir.
Originalmente, estaba planeando actuar indiferente y tratar de sumar algunos puntos, pero viendo la situación, no pensé que fuera el momento adecuado.
———— ∗ ⋅✧⋅ ∗ ————
—… ¿Duque?
—Ah.
Euclides, que había estado perdido por un momento, recobró el sentido después de escuchar las palabras de Delano.
—Lo siento. ¿Qué pasa?
—No, parece que está demasiado cansado…
Delano miró en silencio la expresión de Euclides.
Euclides estaba deslumbrante hoy, bañado por la luz dorada del sol que entraba por la ventana, pero Delano, que veía su cara todos los días, se daba cuenta.
¡Había una extraña sombra bajo los ojos de Euclides!
Y que a veces tenía ese aspecto cuando se pasaba la noche en vela con demasiado trabajo.
—Por casualidad… ¿no dormiste bien anoche? —Preguntó Delano preocupado, aunque sabía que la de anoche habia sido su primera noche.
No era que, como las sirvientas llenas de ilusiones, estuviera esperando en vano que el jefe de familia y la señora hubieran llevado a cabo sus planes, solo porque habían decorado con esmero el Salón Grace.
Mientras ya estaban de camino al Ducado, la idea de que la nueva señora podría no ser tan mala como se rumoreaba no dejaba de rondar por su mente.
Seguía pensando en ello, pero había decidido no hacerse ilusiones demasiado pronto.
Además, ¡podría revelar sus verdaderos colores sólo cuando los dos estuvieran solos en medio de la noche!
Sus sospechas parecían tanto más justificadas cuanto que los dos nunca habían estado tan juntos como él pensaba, excepto en la boda.
Al menos no había oído que hubieran echado a Euclides en mitad de la noche en un arrebato, pero incluso entonces podría haberse negado a acostarse en la misma cama y haberle hecho dormir en el suelo o de pie para pasar la noche.
Los ojos de Delano se abrieron de par en par, miserables y melancólicos ante la mera idea de que su honorable Duque pudiera haber sufrido semejante desgracia.
Euclides, leyendo su preocupación, enarcó una ceja.
—Señor Delano. Comprendo su curiosidad, ya que aún no está casado, pero sigo pensando que está haciendo demasiadas preguntas personales.
—¡Ah, Duque! ¡Usted sabe que no lo pregunté con esa intención!
—¿De verdad?
—¡Sí! Me preocupaba si, por acaso, la señora le habría causado algún inconveniente.
—No tienes que preocuparte por eso. Mi esposa no me da el más mínimo problema…
Iba a decir que no.
Euclides cambió sus palabras sin darse cuenta.
—No, creo que fue un poco difícil.
—¡Ya veo!
—Sí. En realidad, un poco demasiado.
Delano, que estaba a punto de indignarse, se detuvo un momento, preguntándose qué diablos había hecho para que alguien que no tenía idea de quejas e insatisfacciones dijera algo como esto.
A pesar de decir que fue difícil, sus ojos dorados, que asomaban ligeramente entre los párpados suavemente curvados, brillaban más que nunca.
—¿Duque…?
Fue sólo después de escuchar la voz aturdida de Delano que Euclides se dio cuenta de que se había estado riendo y rápidamente se tocó las comisuras de la boca para endurecer su expresión.
En realidad, no era el momento de reírse, así como un idiota.
Al contrario, se encontraba en una situación seria, por no decir muy grave.
Euclides recordó la noche anterior, cuando tuvo que fingir que dormía.
Podía soportar el agotamiento físico, pero lo que era más difícil de soportar eran las palabras y acciones de Evgenia que no podía entender en absoluto.
«Tal vez…»
Tal vez sus planes habían estado condenados desde el momento en que oyó los votos matrimoniales.
Euclides estaba sumido en sus pensamientos mientras recordaba a Evgenia mirándole fijamente, completamente ajena al hecho de que llevaba puesto un fino camisón que dejaba al descubierto cada línea de su cuerpo y de su carne.
Delano, al ver nuevamente el rostro cansado de Euclides, se levantó de su asiento.
—Voy a presentar una denuncia formal. ¡No importa cuánto se le llame anfitriona, el Duque no es el tipo de persona a la que se debe tratar así!
Y antes de que Euclides tuviera tiempo de detenerlo, en el momento en que Delano se giró y se dirigió hacia la puerta, ¡BOOM!
—¡Wow!
La puerta se abrió de golpe sin previo aviso, y Delano dio un paso atrás, tapándose la nariz.
—¿Ma-Mayordomo?
El dolor repentino fue doloroso, pero Delano aún más al darse cuenta de que el visitante inoportuno que había abierto la puerta del despacho del jefe de la casa sin llamar era el mayordomo, un hombre que normalmente era muy educado.
Sin embargo, el mayordomo no le prestó atención y en lugar de eso levantó las manos y gritó.
—¡La señora, es una persona noble! ¡Una persona noble ha venido al Ducado de Rhudion!

RAW HUNTER: ANNA FA/ MOKA/ SUUNY
TRADUCCIÓN: MOKA / ROBIN
CORRECCIÓN: ROBIN