Capítulo 39
Al cambiar de carruaje, me aseguré de no ser quien pidiera el cambio, así que no podría pedir que me lo devuelvan.
La situación era tan ridícula que casi me reí, pero el Duque murmuró como si estuviera acostumbrado.
—Evgenia otra vez…
El maestro de la torre mágica, que escuchó de algún modo, se giró de golpe con una expresión desesperada.
El Duque, tras aclararse la garganta, intercambió una mirada con su hijo mayor, que parecía tener el mismo pensamiento, y esbozó una sonrisa.
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—Hmmm.
—Señorita, ¿le pasa algo?
—¿Eh? Es que… el sofá está un poco…
¿Es solo mi impresión, o siento algo incómodo en el asiento?
—No, no es nada.
Negué con la cabeza, mientras pasaba la mano incómodamente por el interior del carruaje.
Tenía tantas ganas de dejar la capital cuanto antes que tomé el primer carruaje del maestro de la torre mágica que vi, pero si hubiera sabido esto, habría usado el carruaje del Duque Vasilian o pedido uno nuevo en la torre mágica.
Aunque uno de los productos representativos de la torre mágica son los carruajes mágicos y las piedras de poder, ¿cómo puede ser tan modesto el carruaje del propio maestro de la torre?
—Tch, ya no importa.
Tanto como no quería usar ese “carruaje cohete”, tampoco quería retrasar más mi salida de la capital.
—Haa…
Sí, escapar.
Desde que me reencarné, he querido salir desesperadamente de la capital y del Duque Vasilian.
La idea de haberlo logrado casi me hacía llorar de emoción. Y qué alivio que me voy cuando el Príncipe Heredero no está.
Quizás es una percepción equivocada, pero la última vez que lo vi, tuve una sensación tan inquietante que no quería volver a cruzarme con él.
Tenía algo siniestro, como si fuera a bloquear mi camino de alguna forma.
Aunque, para el Príncipe Heredero, Evgenia debió de ser alguien importante.
«Aun así, tengo curiosidad.»
Se burló de mis palabras, dándolas por falsas, pero si llegara a enterarse de que realmente me he casado, ¿qué cara pondría?
Por supuesto, no tenía ni el más mínimo deseo de volver a encontrarme con él solo para verlo.
Sin embargo, al igual que con mi relación con Melissa, vivir como una noble de alto rango en este Imperio significaba que, tarde o temprano, tendría que verlo de nuevo, tal vez incluso con más frecuencia de la que desearía, o eso sospechaba.
«Al menos, es un alivio que ya no tenga que adoptar una postura sumisa como la vez anterior.»
En aquel entonces, no tuve más remedio que soportar que me tratara como a una acosadora, pero ahora, siendo una mujer casada, no tendría que demostrarle que había cambiado.
«Vaya, casada…»
El pensar en ello me dio un escalofrío de vergüenza, y temblé ligeramente.
Apreté mis labios.
«He logrado esta difícil hazaña de casarme con mi personaje favorito.»
Quería presumirlo a los cuatro vientos, pero el hecho de no poder hacerlo era una amargura que llevaría siempre.
Probablemente nunca lo olvidaría.
Claro, también me impactó conocer a Euclides ayer, pero… especialmente hoy, después de descubrir algo increíble.
Aunque el asunto del matrimonio y el encuentro con Demian habían apartado el pensamiento, lo ocurrido en la sala de espera de la novia aún me tenía en shock.
«Jamás imaginé que mi personaje favorito fuera un humilde granjero de batatas…»
Robin: acá por lo que investigue se refiere a una persona dulce
En el histórico primer momento, a solas con Euclides, cada palabra que salía de su boca me sorprendía por completo. No solo era el malentendido tan enorme que lo hacía pensar que yo me sentiría miserable.
{—Lamento mucho que tenga que aceptar a alguien tan insignificante como yo como su esposo.}
{—No importa si llega a odiarme. Incluso si la señorita sigue pensando en otra persona, lo aceptaré.}
Que mi Euclides, el ser más perfecto del mundo, dijera algo tan absurdo era inconcebible.
Jamás imaginé que tuviera tan baja autoestima, así que me quedé completamente perpleja.
Aunque… la batata que me dio mi personaje favorito era dulce, aunque me hizo tragar con dificultad.
«Cuando le dije que era un remedio para calmar mis nervios, la expresión de sorpresa que puso fue adorable.»
Él lo tiene todo: es guapo, amable, encantador.
Fue fascinante descubrir una faceta de Euclides que desconocía, y me sentí orgullosa de ello.
Entonces, recordé el momento en que le escribí un correo a quien, sin saber si era el autor original o un dios, usaba el pseudónimo de “Donmisae”, que me gustaba bastante.
En aquel momento, deseaba conocer absolutamente todo sobre Euclides, desde los detalles más insignificantes hasta su gran destino.
Quería saber qué color le gustaba, qué comida odiaba, cómo dormía y quién había sido su primer amor. Y también si, después de romper con la villana, había encontrado la felicidad.
Por eso le pedí que escribiera una historia en la que Euclides fuera el protagonista, y ahora me veía recompensada con esta suerte inesperada.
«A partir de ahora, ¿tendré días tan felices como estos todos los días?»
Supongo que fue por esto que las batatas de Euclides me parecían tan dulces.
Porque de ahora en adelante, estaría a su lado, descubriéndolo más que nadie.
Y, por supuesto, podría ayudarlo a reforzar su confianza y demostrarle con acciones sinceras que mi pasado, que casi consideraba una vergüenza, podía quedar atrás.
Pero en ese momento, no tenía idea.
De que tendría muchísimo tiempo para pasar junto a Euclides.
Y de que no me faltarían oportunidades para disipar sus malentendidos y expresar mis sentimientos.
No sabía cuán arrogantes eran aquellos pensamientos en los que confiaba tan ciegamente.
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Segundo día desde que la señorita de Vasilian se convirtió en la Duquesa de Rhudion.
El asistente de Euclides, Delano, notó algo extraño.
En realidad, aquella extraña sensación comenzó desde el día de la boda.
Claro, ya había escuchado rumores, pero nunca había presenciado en persona una ceremonia oficiada por el gran sacerdote. A pesar de su apariencia solemne, su comportamiento había sido de todo menos reverente, lo cual ya resultaba bastante peculiar.
Sin embargo, lo que realmente desconcertó a Delano fueron los inusuales golpes de suerte que comenzaron a ocurrir en cuanto partieron de la capital, rumbo al norte.
Delano, quien había vivido toda su vida en el norte, una región árida y aislada de los lujos, nunca había tenido ocasión de visitar alojamientos de alta categoría.
Así que, cuando visitó el hotel de la familia Vasilian, no pudo evitar abrir los ojos como platos. Pensó que ya se había sorprendido lo suficiente al ver la mansión del Duque Vasilian, pero el hotel tenía una elegancia que superaba la majestuosidad de la mansión.
En el fondo, había deseado que no se detuvieran y continuarán de inmediato hacia el norte. Le parecía una pérdida de tiempo hacer una parada en la ciudad de Muel, el gran centro urbano entre la capital y el norte, solo por el capricho de la dama. Sin embargo, esos pensamientos se disiparon al instante.
Nada más entrar al hotel, el gerente general, ya advertido por el Duque Vasilian, salió corriendo para recibirlos con una gran ceremonia. Y, para su asombro, Delano recibió una suite de lujo en el piso superior, igual que la que ocupaban Euclides y Evgenia.
Probablemente, con su salario, jamás habría soñado en pasar una noche en una habitación de ese nivel.
Pero, hasta ese punto, solo se trataba de una realidad que le recordaba que la señorita de Vasilian ahora era la esposa del Duque de Rhudion.
Entonces…
—Un momento, tú. Creo que dejaste caer algo.
Fue al cruzar el vestíbulo, siguiendo al gerente que les guiaba a sus habitaciones, cuando la Duquesa se detuvo y llamó a un hombre.
El hombre, que estaba en el mostrador de recepción, al parecer había dejado caer un objeto sin darse cuenta.
Tenía la piel bronceada, lo que sugería que era extranjero. Por un instante mostró una expresión de desconcierto, hasta que vio el objeto en el suelo y se llevó una mano a la boca, sorprendido.
—¡Oh, muchas gracias! Este es un recuerdo que heredé de mi difunta madre… Si lo hubiera perdido… No puedo ni imaginarlo. Quiero mostrarle mi gratitud. ¿Podría darme su nombre?
El objeto del hombre no parecía ser de gran valor.
Tal vez fue por la excesiva efusividad del hombre, pero la Duquesa respondió con indiferencia.
—Aunque no hubiera sido yo, estoy segura de que el hotel te lo habría devuelto. Estás exagerando. No fue nada importante, así que sigue tu camino.
Sin embargo, el hombre fue persistente. Sin mostrar el menor temor ante el rostro gélido de la Duquesa, sacó apresuradamente un reloj de bolsillo de su abrigo y se lo ofreció.
—Soy comerciante en el Reino de Slanka. Un reloj es un objeto sumamente importante para alguien como yo. Por favor, permítame agradecerle aceptando este obsequio. Díganme a dónde puedo enviar noticias de mi gratitud.
Delano pensó, naturalmente, que la Duquesa rechazaría el obsequio.
Después de todo, aunque el reloj estaba adornado con muchas piedras preciosas y parecía muy costoso, la Duquesa era la hija del Duque Vasilian, un hombre conocido en todo el continente por su riqueza.

RAW HUNTER: ANNA FA/ MOKA/ SUUNY
TRADUCCIÓN: MOKA / ROBIN
CORRECCIÓN: ROBIN