Capítulo 184
En su corazón coexistían la fe de que Evgenia encontraría una solución de alguna manera y el miedo de que, si se divorciaban, no habría más esperanza.
Marianne habló con una voz carente de seguridad:
—No estoy segura de nada, hermana.
¡HAA!
Al mismo tiempo, Dior tembló como si hubiera sido alcanzado por un rayo.
Era demasiado impactante escuchar a su siempre sabia hermana pronunciar palabras tan impotentes.
Marianne no pudo soportar mirar directamente a Dior, cuyos ojos se llenaron de lágrimas, y bajó la cabeza.
—Dior, es hora de la siesta, ¿no? Descansa un poco. Yo me voy.
Originalmente, era hora de ir a la biblioteca a estudiar.
Pero ahora era una emergencia.
No era momento para estudiar con tranquilidad.
Marianne, como si hubiera tomado una decisión, acarició la cabeza de Dior y, evitando con esfuerzo la mirada suplicante de su hermano, cerró la puerta en silencio.
Tenía que ver a Delano.
Y juntos, debían discutir cómo evitar que su tía se fuera.
…SNIFF.
Dior, ahora solo en la habitación, bajó la cabeza.
Las lágrimas y los mocos le corrían al mismo tiempo.
Se sintió aún más triste porque no había nadie para secárselos.
Pero Dior aspiró fuerte, se limpió los ojos con el dorso de la mano y, apretando los puños como nueces, levantó la cabeza.
—No es momento de llorar.
Su tío estaba actuando muy raro.
¡Querer divorciarse de su tía, mandarlos a él y a su hermana a estudiar al extranjero de repente… todo!
Era una clara señal de que algo andaba mal.
Y en estos casos, su tío y su tía siempre decían que no debían sufrir solos, sino pedir ayuda.
Pero ahora no podía acudir a ellos…
—¿Entonces a quién le pido ayuda?
Mientras mordisqueaba su pequeño labio, en la mente de Dior apareció Alexis, el genial hermano mayor que conocieron en la capital.
¡TAP, TAP, TAP!
Dior corrió hacia el escritorio, abrió el cajón y sacó las hojas de carta que había guardado.
Luego, comenzó a escribir con cuidado y urgencia todo lo que había sucedido ese día.
Sus pequeñas manos se movían sin descanso sobre el papel.
Aunque su letra era torpe, su corazón era más sincero que el de nadie.
Tal vez Alexis, al recibir la carta, se llevaría a su tía de inmediato.
Pero era mejor eso que no hacer nada y terminar yéndose al extranjero.
«¡Aferrarme al vestido de mi tía y pedirle que me lleve con ella a la capital sería mejor!»
Si Marianne lo hubiera sabido, habría dicho: “¿Crees que eso funcionará?”, pero Dior, recordando lo amables que fueron los de la casa ducal cuando se quedaron allí, terminó la carta con determinación.
Sin imaginar siquiera el impacto que tendría su carta al llegar a la capital.
──── ∗ ⋅✧⋅ ∗ ────
PLAF. PLIP, PLOP.
PLIC, PLAC.
SWOOSH…
¿Acaso su ánimo melancólico había llegado hasta el cielo?
El cielo, despejado y sin una sola nube por la mañana, ahora estaba oscuro y comenzaba a arrojar gruesas gotas de lluvia.
No era común que en el norte lloviera en lugar de nevar.
Euclides miró la lluvia por un momento, aturdido.
Después de sugerir en el comedor que los niños estudiaran en el extranjero y de herir sin querer a Evgenia con sus palabras.
Al notar las miradas punzantes de los sirvientes, Euclides no pudo dirigirse a su oficina de inmediato y, en cambio, se desvió hacia el patio.
Delano seguramente lo estaría esperando en la oficina.
«Incluso cuando intenté distanciarme de mi esposa, nunca dejó de ser franco conmigo…»
Por la mañana, estaba demasiado distraído para prestarle atención, pero ahora Delano lo atacaría sin piedad.
En otras circunstancias, lo habría tomado con humor.
Pero entre las caras llorosas de los niños, la mirada herida de Evgenia y la reacción fría de los sirvientes, su corazón estaba demasiado afectado como para soportarlo.
Sin darse cuenta, Euclides dejó escapar un suspiro y levantó la cabeza de nuevo.
De pronto, recordó a Evgenia jugando con los niños en ese mismo lugar, cubriéndoles los ojos con un pañuelo.
«Ese día, por primera vez, albergué esperanza.»
Y Euclides aún no había abandonado esa esperanza.
No quería que todo terminara como un sueño vano, por eso estaba hiriendo a todos ahora.
Extendió la mano y acarició suavemente las frías gotas de lluvia.
Reafirmando su determinación, se dio la vuelta hacia su oficina.
Pero.
—¿Señora…?
Al llegar, Euclides no pudo evitar quedarse boquiabierto, sin importar cuánto se hubiera preparado mentalmente.
Parpadeó, atónito, y preguntó:
—¿Qué está haciendo aquí?
—¿Ya llegó?
Sentada cómodamente frente al escritorio y mirándolo fijamente, estaba Evgenia.
Con una expresión que no mostraba el menor rastro de incomodidad, Euclides por un momento pensó que había entrado a la oficina equivocada.
Pero no.
El entorno era inconfundiblemente su oficina.
Solo que había una pequeña diferencia.
Junto a su escritorio… había otro escritorio y una silla que no estaban allí por la mañana.
Y Evgenia estaba sentada allí.
Como si hubieran fusionado las oficinas.
«No puede ser…»
La idea era tan absurda que Euclides negó rápidamente con la cabeza.
No haría algo tan irracional.
Aunque no recordaba bien… seguramente tendría una razón válida.
Mientras se convencía a sí mismo, Euclides abrió la boca con cuidado.
—Ese escritorio, ¿qué…?
—¿Se mojó?
Pero antes de que pudiera terminar, Evgenia se acercó rápidamente hasta quedar frente a él.
Un dulce aroma lo envolvió.
Su rostro estaba demasiado cerca.
Y sus hermosos ojos violeta también.
Su corazón latió tan fuerte que Euclides bajó la mirada de inmediato.
──── ∗ ⋅✧⋅ ∗ ────
—…
Al ver que Euclides evitaba descaradamente su mirada, su pecho se sintió adolorido.
En realidad, estaba ocultando su corazón herido y actuando con indiferencia.
Pero al ver a Euclides regresar empapado, como un perrito perdido, su compostura se derrumbó.
«¡Aunque el clima sea más cálido, podría resfriarse!»
Solo se acercó por preocupación, pero él la evitaba como si fuera una molestia.
Era frustrante…
Pero al mismo tiempo, una oleada de admiración la invadió, y llevó una mano a su pecho mientras respiraba hondo.
«Esto es una locura.»
Sabía que no era momento de maravillarse.
Pero…
«¡¿Cómo se supone que lo ignore?!»
Su cabello húmedo por la lluvia.
Sus pestañas perladas de gotas.
Incluso las gotas que caían de su rostro.
Su aura melancólica, pero letal, combinada con sus rasgos perfectos, le quitó el aliento.
Su rostro se calentó de golpe.
El éxtasis le provocó mareos.
Aun así, frunció el ceño y se obligó a concentrarse, sacando un pañuelo.
En realidad, lo racional sería llamar a una sirvienta para que trajera una toalla o sugerirle que se cambiara de ropa.
Pero.
«Hoy me hirieron, ¿no? Así que merezco esta compensación.»
Aunque era un poco descarado, necesitaba este consuelo.
Así que, siguiendo su instinto, limpió el rostro de Euclides mientras satisfacía sus deseos egoístas.
Quizás por la humedad.
La piel de Euclides parecía más pálida de lo usual, y casi podía sentir cómo su nariz amenazaba con sangrar.
Por supuesto, no podía permitir que eso pasara, así que contuvo la respiración mientras pensaba, como una pervertida, que guardaría ese pañuelo por un tiempo.
—¿Se… señora?
Euclides, que había evitado su mirada todo el tiempo, de pronto levantó la cabeza y la llamó con voz alarmada.
«¿Por qué me interrumpe cuando estoy concentrada?»
¿Habría notado que seguía limpiándolo aunque ya no había humedad?
Avergonzada, pero manteniendo la compostura, inclinó la cabeza.
Entonces, las pupilas de Euclides se agitaron con más fuerza.
—¡Sangre…! ¡Le está saliendo sangre, señora!
Solo al escuchar su grito alarmado sintió algo cálido bajo su nariz.
Al tocarse, vio sangre roja en sus dedos.
«¿Eh? ¿Me sangra la nariz…?»

RAW HUNTER: ANNA FA/ MOKA/ SUUNY
TRADUCCIÓN: MOKA / ROBIN
CORRECCIÓN: ROBIN