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Capítulo 183

Gracias a su naturaleza indomable por el poder, recordé el momento en que Kaiden luchó por reclutar talentos de la Academia General como asesores. Fue entonces cuando…

—¿P-por qué de repente estudiar en el extranjero? —preguntó Marianne con voz temblorosa—. Originalmente, dijeron que contratarían a un tutor privado. Hasta donde sé, nunca hubo un miembro de la familia ducal de Rhudion que fuera a la academia.

Aun en esta situación, hablaba con tanta claridad que me dieron ganas de acariciarle la cabeza con orgullo.

Euclides también vaciló por un momento, pero pronto respondió con un tono preparado y fluido:

—Así es. Pero después de visitar la capital, me di cuenta de algo. Seguramente se habrán sentido muy limitados al vivir solo en el castillo ducal. Ahora, en un mundo más amplio, podrán conocer gente nueva y aprender más cosas, lo que sin duda será bueno para ustedes. Además, la casa ducal de Rhudion también necesita un cambio.

En apariencia, era una propuesta ideal. Tan convincente que cualquiera podría creer que Euclides lo había decidido por el bien de los niños.  

Pero tanto yo como los niños percibíamos que algo andaba mal.  

Marianne, mordiéndose los labios para contener el llanto, volvió a preguntar:  

—¿Realmente tenemos que ir?  

—… Sería mejor que lo hicierais, si es posible.  

No podía creerlo. Euclides había arrancado hasta el último vestigio de esperanza con suavidad.  

—De hecho, ya le pedí una carta de recomendación a la Señora Matap. Así que pueden ingresar el próximo mes.  

Su voz era tranquila y serena, como siempre, pero esas palabras fueron una bomba.  

«¿El próximo mes?»  

¡Esto no es una propuesta, es una orden!  

Los niños, ya impactados, palidecieron al instante al escuchar la noticia. Yo tampoco pude contenerme más y me levanté de un salto.  

—¿Se ha vuelto loco, Duque?  

Nunca imaginé, al poseer este cuerpo, que terminaría diciéndole eso a mi personaje favorito.  

Pero no tuve opción. Desde que mencionó el tema del extranjero, supe que algo no cuadraba. Sin embargo, pensé que, como su protector, Euclides quien los había criado tendría más autoridad que yo, que apenas llevaba un año con ellos. Pero ¡resultó que solo estaba diciendo tonterías!  

¿Cómo podía sugerir con tanta calma que dejaran el castillo ducal, donde habían vivido toda su vida, para ir a un país extraño y sin conexiones?  

Ni siquiera para un adulto sería fácil, mucho menos para niños que ni siquiera estaban preparados emocionalmente. Permitir esto sería traicionar a los niños que me aceptaron como familia.  

«¡Sobre todo, esto no parece una decisión por ellos, sino un plan para alejarlos de él!»  

Una extraña ansiedad me envolvió, apretándome el corazón con dolor. Pero, apretando los puños, me serené y dije:  

—Creo que deberíamos llamar al médico. Parece que hoy no está en su sano juicio.  

¡En su sano juicio, exactamente!  

No eran palabras para mi personaje favorito, pero no podía evitarlo.  

Al oírme, todos en el comedor los sirvientes, el mayordomo, la dama de compañía, incluso Delano asintieron con seriedad.  

A pesar de ser tratado como un loco, la expresión de Euclides no cambió.  

—No es necesario, señora. Estoy perfectamente cuerdo —respondió con calma.  

Y luego, como si hablara consigo mismo, añadió:  

—Mucho más que cuando acepté la propuesta de matrimonio.  

──── ∗ ⋅✧⋅ ∗ ────

Euclides realmente lo creía así.  

Aceptar la propuesta matrimonial de la casa Ducal de Vasilian había sido la mejor decisión de su vida. En ese entonces, cargaba con un plan que no podía compartir con nadie, lleno de culpa y miedo.  

Pero ahora era diferente.  

El proceso de tomar la decisión había sido doloroso y difícil, pero después, no hubo más confusión ni vacilación.  

Estaba más lúcido y claro que nunca, por eso podía decir cuerdo sin dudar.  

Sin embargo…  

—¿…?  

De repente, el ambiente se volvió gélido.  

Como si hubiera cometido un gran error.  

Sintiendo su boca seca, Euclides miró a Evgenia.  

Ella, que se había levantado furiosa, lo miraba ahora con una mirada tan fría que helaba la sangre, agarrando su falda con fuerza.  

Finalmente, Euclides entendió que sus palabras podían interpretarse como que no estaba en su sano juicio cuando aceptó el matrimonio.  

—Señora, lo que quise decir… —tartamudeó, mordiéndose los labios.  

Aunque no era su intención, quizá era lo mejor.  

Si Evgenia lo malentendía, lo odiaba y así podía seguir adelante… entonces aceptaría el divorcio, como él deseaba.  

Pero, aun pensando eso, su expresión se tornó amarga.  

Quizá, al pedir el divorcio, quien recibió la herida más grande no fue Evgenia, sino él mismo.  

—Puede que ahora no lo entiendan, pero algún día lo harán. Sabrán que esta decisión fue por su bien —murmuró Euclides, bajando la mirada y dirigiendo sus palabras a Marianne y Dior, aunque en realidad eran para Evgenia.  

Pero su sinceridad no llegó a nadie.  

—Marianne, Dior. No tengan miedo. Si no quieren ir, no los enviaré.  

—Señora…  

—De verdad, pare el tema antes de que llame al médico.  

Euclides calló de inmediato.  

No fue por el tono frío de Evgenia, sino por la mirada herida que contrastaba con su voz gélida.  

Había esperado resistencia, pero no que le pesara tanto.  

Al suspirar, un silencio incómodo llenó el comedor.  

Marianne y Dior, atrapados en la tensión entre Euclides y Evgenia, reflejaban en sus rostros una ansiedad indescriptible.  

──── ∗ ⋅✧⋅ ∗ ────

—¡Esto es increíble! ¿Cómo pudo el tío tratar así a la tía? —exclamó Marianne, tan alterada que su voz temblaba.  

Sus pequeños puños estaban apretados, mostrando su indignación.  

Era comprensible. Cuando escuchó lo del divorcio, creyó que Delano había malinterpretado las cosas otra vez.  

¡Pero resultó ser cierto!  

Aunque lo escuchó directamente de su tío, aún le costaba creerlo.  

Si a ella le impactó, ¿cuánto más no le dolería a la tía?  

Aun así, después de la cena, Evgenia se disculpó por alzar la voz y les sonrió con cariño.  

Les aseguró que no los obligaría a ir al extranjero ni aceptaría el divorcio si ellos no querían.  

—Después de todo lo que la tía ha hecho por nosotros y por la casa ducal… ¡Esto no puede pasar! —dijo Marianne, sintiendo un nudo en la garganta.  

Incluso recordó cuánto se había esforzado Evgenia por su tío.  

De pronto, miró a Dior, quien, en lugar de enfurecerse como siempre, estaba callado y con gesto triste.  

—¿Dior?  

—Hermana… ¿Realmente tendremos que irnos del castillo? —preguntó él con voz temblorosa.  

Marianne se quedó sin palabras.  

Aunque fingía enojo, la propuesta de estudiar en el extranjero la había impactado tanto como el divorcio.  

Dior, a pesar de las palabras de Evgenia, aún estaba inseguro.  

—Hermana —insistió, ansioso.  

Marianne mordió sus labios.  

Euclides era su protector y el cabeza de la familia ducal.  

«La tía dijo que no debíamos preocuparnos, pero…»  

Si el tío no cambiaba de decisión, ¿acabarían teniendo que obedecer?  



RAW HUNTER: ANNA FA/ MOKA/ SUUNY
TRADUCCIÓN: MOKA / ROBIN
CORRECCIÓN: ROBIN


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