Capítulo 8. No dejas de rondar por mi mente (2)
La Princesa Catherine era mi amiga íntima. En parte se debía a que desde pequeña tuve intercambios frecuentes con la Familia Imperial, pero la razón principal fue que nos volvimos inseparables en la Academia.
{—Habla con naturalidad, sin formalidades.}
{—Pero, Princesa…}
{—Nada de peros. Es una orden, así que deja de usar el lenguaje formal.}
Así fue como me convertí en una amiga con la que la Princesa Catherine hablaba con confianza y a quien le contaba hasta los detalles más nimios de sus historias amorosas. Sin embargo, mi relación con el Príncipe Kanzel, el hermano mellizo de Catherine, era todavía ambigua.
«¿Por qué parece estar tan feliz de verme?»
El Príncipe Kanzel que yo recordaba siempre era un hombre de estilo académico y tímido que se me acercaba vacilante, así que me resultaba extraño verlo aproximarse con tanta disposición.
«Además, ¿por qué insiste tanto con Weitz?»
Me resultaba muy sospechosa esa actitud de preguntar una y otra vez quién era Weitz. Naturalmente, me asaltó una duda.
«… ¿Acaso habrá escuchado algo?»
El encuentro con Weitz ocurrió mientras yo estaba completamente disfrazada de plebeya en una cantina, por lo que lo lógico sería que no hubiera rumores pero… uno nunca sabe lo que puede pasar en la vida.
«Además, los informantes de la Familia Imperial son realmente excelentes. Teniendo en cuenta que Weitz es de la Familia Rohard, no sería extraño que tuviera a algún informante vigilándolo.»
Llegué a la conclusión de que la repentina visita del príncipe Kanzel se debía a sus dudas sobre Weitz y sobre mí.
«Aun así, pensar que el mismísimo Príncipe saldría a escena personalmente.»
¿Les habrá parecido divertido que nosotros dos estuviéramos involucrados?
«Bueno, incluso a mí me parecería una historia intrigante.»
Rohard, el monstruo del Norte, una Familia rodeada de misterio que protegía el país pero que nunca salía de sus tierras septentrionales.
«Y un hombre así ha venido a la capital y se ha involucrado conmigo, que acabo de sufrir un desengaño amoroso.»
Mis dudas, que se encadenaban una tras otra, fluyeron naturalmente hacia Weitz.
«¿Por qué habrá venido a la capital?»
A juzgar por el hecho de que aceptó un periodo corto de un mes, era evidente que él tampoco disponía de mucho tiempo. Incluso aceptando eso, la duda persistía.
«Entonces, ¿por qué pasar ese poco tiempo conmigo…?»
Por más que lo pensara de una forma u otra, no hallaba respuesta. Mientras me apartaba el flequillo con nerviosismo, mis ojos se cruzaron con los del Príncipe Kanzel, que me observaba fijamente. Me sobresalté y volví a enderezar mi postura rápidamente.
«¡Ay, qué susto! ¿Por qué me está mirando de esa manera?»
Mi corazón latía con fuerza. Puse una mano sobre mi pecho y esbocé una sonrisa forzada.
—¿Por qué tiene esa expresión, Su Alteza?
—Mi corazón no se siente bien.
—¿Perdón?
Ante sus palabras de que “no se sentía bien”, miles de pensamientos cruzaron mi mente. Sin embargo, mis pensamientos se detuvieron en seco ante lo que dijo a continuación.
El príncipe Kanzel bajó la mirada con aire melancólico y dijo:
—Me parte el corazón pensar que habrás sufrido sola después de que tu prometido se marchara de esa manera.
—Ah…
«Era por eso.»
De pronto sentí que le había dado demasiadas vueltas a las cosas. Podría ser que realmente hubiera venido porque estaba preocupado por mí.
«Catherine debe de estar ocupada preparando el banquete de su cumpleaños. Quizás por eso envió a su hermano.»
Aunque, por supuesto, la Catherine que yo conozco era el tipo de persona que, en lugar de consolarte, soltaría una carcajada y diría: “¡Oye, felicidades por la ruptura!”.
Le mostré una sonrisa radiante al Príncipe Kanzel.
—Realmente estoy bien. Los vasallos tampoco se sintieron muy confundidos y el trabajo como Duquesa de Johannes no ha sido difícil.
—Pero…
—Incluso llegué a pensar que tal vez las cosas tenían que ser así desde el principio. Eran las dos personas que estaban a mi lado; creo que habría sido mejor si me hubiera dado cuenta antes y los hubiera bendecido.
Negué ligeramente con la cabeza. Al principio fueron palabras que dije para excusarme ante el Príncipe Kanzel, pero después de soltarlas, me di cuenta de que eran sinceras.
«Ah, lo que me dolió no fue que ellos dos se enamoraran.»
Me dolió que ambos me dejaran sola y se marcharan.
«Porque me quedé sola.»
Desde que perdí a mis padres a los 13 años, viví dependiendo exclusivamente de ellos dos. Esa fue la razón por la que me comprometí con Alberth a pesar de la oposición de todos.
{—No llore, Señorita.}
Porque Alberth me protegió durante aquel tiempo difícil.
«Habría preferido que me dijeran que se habían enamorado. Yo habría apoyado su amor.»
Y solo después de pensar hasta ese punto, comprendí por qué Alberth no tuvo más remedio que huir. Él sabía que yo no lo amaba desesperadamente.
«Al final, todo es culpa mía.»
Lai: No digas eso preciosa. 😩
No pude ser un refugio acogedor para mi hermana Mimi, ni fui una amante apasionada para Alberth. Quizás sea natural que alguien que no fue ni lo uno ni lo otro termine quedándose sola.
—Simplemente espero que ahora ellos dos sean felices.
Respondí con total sinceridad. Al escuchar mis palabras, las pupilas del Príncipe Kanzel temblaron con agitación.
—¿Cómo puedes ser así…?
—¿Perdón?
—No, no es nada.
—¿…?
Si vas a decir algo, dilo hasta el final, ¿por qué titubeas tanto?
«Bueno, el Príncipe Kanzel siempre ha sido así.»
Cada vez que lo veía tenía la cara roja como un tomate, así que pensaba que debía de tener mucha fiebre. También me preguntaba cómo alguien tan tímido podía ser un mago de tipo ofensivo.
«En realidad, tiene una naturaleza bondadosa.»
Sonreí con dulzura mientras miraba al Príncipe Kanzel. Al cruzar su mirada con la mía, su rostro se encendió de rojo otra vez. Se cubrió la cara con las palmas de las manos y me dijo casi en un murmullo:
—Por, por favor, no pongas esa expresión.
—¿Eh? ¿Qué expresión?
—E-esa…
Ladeé la cabeza. No tenía forma de saber por mí misma qué expresión estaba poniendo.
«Seguramente estaba sonriendo.»
¿Será que mi cara sonriente se ve extraña? Me acaricié la barbilla con expresión dubitativa. Al ver esto, el Príncipe Kanzel me miró de reojo a través de los huecos entre sus dedos y refunfuñó.
—Apártate un poco, por favor.
—Sí, sí.
«Realmente es muy tímido.»
Pensaba que hoy se estaba portando de forma inusualmente cariñosa, pero al parecer solo se dejó llevar por sus emociones un momento y ahora por fin volvía a ser el de siempre.
Me alejé dos pasos tal como el Príncipe ordenó. Kanzel, sintiéndose avergonzado, carraspeó con incomodidad.
—Entonces…
—Sí.
—¿Con quién has decidido ir al próximo banquete? ¿Ya tienes pareja?
—Ah.
Abrí mucho los ojos ante su pregunta.
«Realmente parece que Catherine lo envió.»
El Príncipe Kanzel siempre ha escoltado a su hermana melliza, Catherine. ¿Cuál sería la razón por la que vendría aquí a preguntar eso?
Seguramente era una consideración hacia mí, que me había quedado sin nadie que me escoltara tras la desaparición de Alberth.
«Qué joven Princesa tan considerada. La próxima vez que la vea, tendré que agradecerle de verdad.»
Le expresé mi más profundo agradecimiento interno a mi amiga, quien seguramente estaría holgazaneando en el Palacio Imperial. Luego, le mostré una sonrisa educada al Príncipe, quien se tomó la molestia de visitarme personalmente siguiendo las palabras de su hermana.
—Sí. Ya conseguí una pareja.
—Si no tuvieras, yo podría… ¿Eh? ¿Dices que ya conseguiste?
—Sí.
Ante mis palabras, el Príncipe Kanzel tartamudeó sumamente desconcertado.
—Dices que conseguiste pareja… ¿la buscaste entre tus parientes? Si alguien mediocre se presenta a tu lado, serás el hazmerreír. Es el día en que te convertirás oficialmente en la Duquesa de Johannes, ¿no es así?
Las palabras del Príncipe Kanzel eran totalmente acertadas.
Sin embargo, con una sonrisa impecable, rechacé su propuesta de forma tajante.
—De todos modos, no usaré vestido. No bailaré ni una sola pieza, así que es una pareja sin mucha importancia.
—Pero…
—Gracias por su preocupación, Su Alteza. Prometo compensárselo.
—…
Mi conciencia me dio un pequeño pinchazo al ver al Príncipe Kanzel tan desanimado, pero no podía evitarlo.
«Si entro con él, se difundirán rumores de romance sobre el Príncipe Kanzel y yo por todas partes.»
A diferencia de los Nobles, los miembros de la Familia Imperial buscan pareja temprano, pero el Príncipe Kanzel aún no la tenía. Esto se debía a que la Princesa de otro país con la que se casó siendo muy niño falleció a causa de una enfermedad endémica.
«Eso fue cuando tenía ocho años. Ya es hora de que empiece a pensar en volver a casarse. Por eso, no está bien que asista a un banquete con una mujer soltera.»
Incluso si no podía devolverle el favor, no podía entrometerme en su futuro. Despedí al Príncipe Kanzel con una sonrisa perfecta.
—Gracias por venir a visitarme. Por favor, dígale a la Princesa Catherine que pronto iré a verla también.
—… Está bien.
A diferencia de cuando llegó al Ducado, el Príncipe Kanzel regresó arrastrando los pies con paso pesado.
«Ahora de verdad tengo que descansar.»
Después de ir a la calle de los plebeyos y atender al Príncipe, me latía la cabeza.
«¿Debería cuidar el jardín después de mucho tiempo?»
Mientras pensaba en eso tras despedir al Príncipe, el mayordomo me habló.
—Duquesa.
—¿Sí?
—Uno de los invitados dejó una nota antes de irse.
Hubo dos invitados, pero como acababa de despedir al Príncipe Kanzel, probablemente la nota era de parte de Weitz.
—Dámela.
Realmente era difícil encontrar a alguien cuyas acciones sean tan impredecibles. Acepté la pequeña nota que el mayordomo me entregó cortésmente. Tal vez la dejó por un impulso, ya que el trozo de papel llevaba impreso el sello de nuestra familia.
El contenido era conciso:
[No olvides que somos amantes durante este mes, señorita coqueta.]
—¿Cuál coqueta?
En el momento en que lo leí, se me escapó una risita involuntaria.
«¿De verdad cree que soy su novia?»
Pero a juzgar por el contenido de la nota, era evidente que se lo tomaba en serio.
«Es más serio de lo que pensaba.»
Creía que pasaríamos el mes sin pena ni gloria.
«Pero realmente actúa como un amante.»
El recuerdo de salir hoy a la calle envueltos en túnicas seguía vívido en mi mente.
«Además, incluso hicimos una cita adicional.»
Según ese compromiso, planeábamos pasar este mes de forma muy intensa.
«Es un hombre fascinante.»
Entre risitas, saboreé una y otra vez la nota que él había dejado. Y entonces me di cuenta. Con solo unos pocos encuentros, él ya había tenido una influencia enorme en mí.
«Es gracias a ese hombre. Por eso me recuperé tan rápido del impacto.»
No había pasado mucho tiempo desde que mi hermana Mimi y Alberth huyeron por amor. Sin embargo, el hecho de poder observarme a mí misma con tanta objetividad, como si fuera el asunto de otra persona, era totalmente gracias a Weitz.
Porque él me consoló y me dio ánimos.
—Parece que tengo a una persona más a quien agradecer.
Pensando en eso, apreté la nota con fuerza.

TRADUCCIÓN / CORRECCIÓN: LAI
REVISIÓN: WOLF
RAWS: ACOSB