Capítulo 49. Devuelta a la capital
Tanto Dawa como la señora Shula vinieron a despedirme, preocupados.
—¿Está bien, señorita?
—Sí, sí, estoy bien.
Claro que no estaba bien, el dolor punzante en mi vientre hacía que incluso sonreír fuera difícil, pero no podía quedarme para siempre.
Dawa se rascó su espesa cabellera refunfuñando.
—Es la primera vez que veo una avalancha tan feroz dentro de los límites del Gran Ducado y que fuera una maldición antigua de la que ni el señor Weitz era consciente es inimaginable.
—¿Una maldición?
Ante sus palabras inesperadas, arrugué la frente, Dawa se encogió de hombros y señaló a Kanzel.
—Si hubiera sido magia, el mago del príncipe la habría detectado al instante, ¿no?
Kanzel se estremeció ante el comentario de Dawa.
—¿Mago? ¡Soy un gran mago! ¿Cuántas veces tengo que decirlo?
—¿Qué gran mago es aquel que, en su pánico cuando la señorita se desmayó, ni siquiera pudo generar una llama?
—E-eso fue…
Por su regaño, pude deducir lo que había pasado.
—Claro, era una avalancha, habría que derretir la nieve. Dijeron que la congelación en mis piernas era grave, solo Kanzel podía usar magia de fuego. Pero para él, que enfrentaba algo así por primera vez, mantener la calma debió ser difícil. Era un gran mago, sí, pero también un príncipe mimado siempre excluido de misiones peligrosas y cercano a un investigador.
Kanzel, después de pelear con Dawa, me habló desanimado.
—Lo siento, Lili. Si hubiera activado mi magia un poco más rápido, podría haberte rescatado antes.
Tras decir esto con desánimo, se apresuró a añadir.
—Tenía que generar solo el fuego suficiente para derretir la nieve, pero tenía miedo de lastimarte por accidente y no supe qué hacer
—Su Alteza.
Yo pensaba que simplemente había que lanzar un hechizo, pero para el mago debía ser más complejo, un error y podías quemar a la persona que intentabas salvar.
—Tienes razón, soy un mago mediocre, no tengo excusa.
—¿Eh? ¿Por qué de repente se menosprecia? Solo tomó un poco más de tiempo, pero usó la magia correctamente.
—¿Yo?
Dawa rió a carcajadas y consoló a Kanzel, que parecía cavar su propia tumba, por alguna razón, Kanzel parecía aún más herido.
—¿Pasó algo más?
Weitz también había estado muy serio, parecía que lo de quedar sepultada por la nieve fue un asunto mayor de lo que pensaba.
—Pero al principio era una colina verde con árboles y hierba, de repente había una avalancha.
Por más que lo pensaba, la situación era sospechosa.
Una maldición, aunque no quería creerlo solo una maldición podía explicarlo, una vez que deje el Norte, ya no será mi problema, sabía que debía advertir a la gente del Norte que no se acercara a esa zona.
Justo cuando iba a hablar con expresión incómoda sobre la estatua que vi, Dawa habló primero.
—Pero, ¿dónde está el señor Weitz?
Podría haber hablado con Weitz desde el principio, sonreí incómoda y me acomodé el cabello detrás de la oreja.
—Creo que no vendrá hoy.
—¿Qué? Eso no puede ser. ¿Discutieron?
—No es eso…
Hablar de eso me dejó un sabor amargo en la boca, suspiré y murmuré:
—Éramos indiferentes el uno con el otro, no pasa nada.
Esa era la respuesta correcta, originalmente era alguien que no debería haberme conocido ni querido.
—No, eso…
Dawa parecía tener mucho que decir, pero no continuó, probablemente pensó que no era correcto inmiscuirse en mi relación con Weitz .
Kanzel, cargando el equipaje en el carruaje antes de partir, preguntó una última vez.
—Entonces, ¿nos vamos?
—Sí.
—Toma asiento en el carruaje primero, Lili debe estar cómoda.
—Ah, pero…
¿Era apropiado que yo tomara asiento antes que Su Alteza? Mientras vacilaba Miau en mis brazos, maulló largamente.
—¿De verdad te lo llevarás?
Kanzel miró a Miau con expresión de disgusto, me encogí de hombros.
—Ahora es mi Gatito.
—Aún así, es peligroso, olvídalo está bien si Lili lo dice, así será.
¿Por qué dejó la frase a medias de manera tan inquietante?, justo cuando fruncía el ceño y miraba a Kanzel, una voz grave resonó detrás de mí.
—A mí me criticabas, pero al final tú tampoco puedes hablar.
No puede ser, no debería estar escuchando esa voz ahora.
Me di la vuelta, Weitz vestido con una camisa negra, botas de montar y una armadura ligera, movió la cabeza con una sonrisa altiva.
—Lilianne.
Al verlo mover el dedo hacia mí, me sentí repentinamente emocionada.
—¿Q-qué? Enviaste a los Cream Puffs. ¿Por qué estás aquí?
Sin querer, hablé con un tono frío, él se encogió de hombros con indiferencia.
—¿Prefieres a los Cream Puffs antes que a mí?
—¿No es obvio?
—Eso me hiere.
Aún diciendo eso, Weitz sonreía ampliamente, su dedo se acercó y rozó ligeramente mi barbilla.
—Tu rostro dice que estás feliz de verme, ¿o me equivoco?
—¡Para nada!
Respondí con un tono agudo y giré la cabeza rápidamente, Weitz puso las manos en la cintura y se encogió de hombros. Kanzel, que estaba desconcertado por la aparición de Weitz, le habló con un tono cortante: —¿Por qué apareciste de repente, Gran Duque?.
—La Duquesa resultó tan herida en mi territorio, debo responsabilizarme y acompañarla a la capital.
—Yo me encargaré de eso, así que el indiferente Gran Duque puede retirarse.
—¿Cómo voy a confiar en el príncipe?
El gruñido de Kanzel era comprensible, pero a Weitz no le importó, respondió con tono indiferente. Ante la respuesta Kanzel se quedó paralizado y tembló ligeramente, luego apretó los puños y discutió.
—Sé que eres fuerte. ¡Pero yo tampoco soy un rival fácil! No creas que porque me ayudaste una vez puedes manipularme a tu antojo.
—Manipular, la Duquesa está tan complacida con mi compañía.
—¿Es verdad, Lili? ¿Prefieres que este hombre te acompañe?.
Ante la respuesta de Weitz, Kanzel me preguntó con ojos brillantes, haciéndome difícil responder. Apreté a Miau en mis brazos, aunque forcejeaba, la comisura de mis labios se curvaban involuntariamente, finalmente giré la cabeza hacia el otro lado y respondí con tono desdeñoso.
—Por supuesto que es reconfortante.
—¡Pero dijiste que era un romance por contrato!
Ante el arrebato de Kanzel, me quedé sin palabras. ¿Qué tiene que ver que sea reconfortante con el romance por contrato?.
—No sé cómo nuestro príncipe se convirtió en mago con esta capacidad mental.
Kanzel frunció el ceño y miró a Weitz quien se encogió de hombros.
—¿He dicho aunque sea una palabra de que voy como novio?.
—¿Qué?
Kanzel abrió los ojos desmesuradamente, Weitz puso una expresión deliberadamente desanimada y refunfuñó.
—Le confesé mis sentimientos a la Duquesa y fui rechazado rotundamente.
—¿En serio?
¿Puede el rostro de una persona cambiar de color tan rápidamente? Kanzel sonrió ampliamente y me miró, yo puse una expresión incómoda.
—Más que rechazado es que mi corazón no está en situación de tener un romance…
—¡Eso es lo mismo que ser rechazado!
No, pero ¿por qué Su Alteza se altera tanto por el asunto entre Weitz y yo?, como si no viera mi expresión lamentable, Kanzel ahora eufórico, sacó el pecho y se jactó.
—Da pena verlo tan insistente, Gran Duque.
Por supuesto Weitz no se quedaría callado.
—Soy mejor que alguien que solo observa por miedo.
Kanzel miró a su alrededor nerviosamente, preocupado de que yo hubiera oído eso, como una noble educada fingí no haber escuchado. Pero Weitz, a quien no le importan las maneras de la nobleza, se acercó a mí audazmente.
—Al final no pude rendirme, así que voy a intentarlo de nuevo, será mejor que te prepares, Lilianne.
Su gesto de pasar el pulgar por los labios, desafiante, era extremadamente provocativo ante su descarado intento de seducirme sentí que me mareaba.
La discusión entre Kanzel y Weitz continuó un buen rato más, como no parecía tener fin simplemente me apoyé en la señora Shula y me acosté en el carruaje, Miau se sentó cerca de mi nuca y frotó su mejilla contra la mía.
Los dos, que discutían sobre quién entraría al carruaje para viajar conmigo, al parecer terminaron acordando sentarse juntos en el asiento del conductor, yo solo acaricié el pelaje de Miau.
—Ah, debe haber sido un tiempo corto pero muy agotador, tengo sueño.
A través de la ventana entreabierta, llegó la conversación entre ambos.
—¿Así que dejará el castillo de nuevo, señor Weitz?
—Así es.
—Jajaja, desde mi punto de vista son noticias muy gratas, pero ¿estará bien su salud? Esta vez especialmente, volvió y ni siquiera pudo descansar.
—Estoy bien.
¿Había sido demasiado para él después de todo? Justo cuando tensé los hombros, una frase peculiar rozó mis oídos.
—Porque pienso que esta es la última vez.
* * *
Retrocediendo en el tiempo, justo cuando Lilianne era sepultada por la nieve, después del accidente Weitz estuvo fuera de sí por un momento, al ver la masa de nieve que bloqueaba completamente la entrada de la cueva, puso una expresión aturdida.
—¿De dónde salió esto?
A diferencia de Lilianne, que vio una colina cubierta de nieve como una ilusión, para Weitz este lugar era solo una cueva, no había razón para que un montón de nieve así se derrumbara.
—Hace un momento la tenía tomada de la mano.
Sentía que el calor de su mano todavía palpitaba en su palma, pero ella estaba enterrada bajo la fría nieve, y él ni siquiera comprendía completamente lo que acababa de suceder ante sus ojos.
—¿De dónde salió toda esta nieve?
Dawa salió corriendo, consternado, al verlo intentar cavar la nieve con las manos desnudas Weitz recobró bruscamente la conciencia.
—Esto no es un desastre normal. No pueden engañar mis ojos.
Pero, ¿quién se atrevería a hacer algo así en su territorio? El murmullo de Dawa llegó a sus oídos mientras rechinaba los dientes.
—La señorita decía que eso era una colina.
—¿Decía que era una colina?
Eso significaba que un poder que podía engañar sus ojos, los del mago Kanzel y los del animal Dawa, no había funcionado en Lilianne.
—Sí, sí, y dijo que veía una estatua de una mujer con el cabello suelto ¿Señor Weitz?
Solo una persona podía ejercer un poder que él no podía ver.
—La Santa…
Era indudablemente obra de ella.

TRADUCCIÓN / CORRECCIÓN: AKANAE
REVISIÓN: GIGI
RAWS: ACOSB